LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 174

18 enero 2016 at 9:45 11 comentarios

Pasa el tiempo. Nos situamos en los primeros años del tercer milenio. Demos vuelta la página unos treinta años, y escuchemos ahora aquello que se discute y cómo se lo lleva a cabo en nuestra cultura nacional cuando de revolución, violencia y muerte se trata.
Esta vez quienes debaten son Oscar del Barco, Héctor Leis, y nuevamente Léon Rozitchner.
En estas tres décadas los acontecimientos que marcaron rupturas en la Argentina fueron la guerra de Malvinas, el retiro de la dictadura militar, el advenimiento de la democracia con Alfonsín, el gobierno de Menem durante diez años, un breve ciclo con de la Rúa y la crisis del 2001, y el gobierno de los Kirchner durante tres períodos.
Hubo juicio a los jerarcas de la Junta Militar, leyes de amnistía, indultos, y reapertura de los juicios a los acusados de crímenes de estado.
En los finales del año 2004 el filósofo Oscar del Barco, escribe una carta a una revista de la ciudad de Córdoba, dirigida a Sergio Schmucler, hijo de un dilecto amigo quien tiene un hijo desaparecido. Tiene por título “No matarás”. Del Barco se decide a escribirla luego de leer una entrevista que se le hizo a quien fuera miembro del Ejército Guerrillero del Pueblo, Héctor Jouvé, el primer grupo guerrilero que se formó en el norte argentino a principios de la década del sesenta del siglo pasado. Su jefe era Jorge Masetti, alias el Comandante Segundo.
Dos miembros del grupo fueron fusilados por sus compañeros por no estar en condiciones de proseguir la lucha. Uno por débil y enfermo, el otro por ya no creer en la eficacia de la misión.
Del Barco dice “tuve la sensación de que habían matado a mi hijo”. Se siente responsable de esa tragedia porque desde su revista “Pasado y presente” apoyaba la lucha armada y probablemente a ese grupo en particular. El “no matarás” de los mandamientos se convierte para él en un mandato absoluto. El prójimo es Otro absoluto. Sostiene que la convivencia humana debe sostenerse en el precepto de jamás atentar contra la vida de un ser humano. Es un imperativo categórico.
Dice que todos quienes apoyaron al ERP, a Montoneros o las FAR, son responsables de sus acciones. No tenían que haber participado ni formado parte de esas organizaciones, basta con haber dado el apoyo intelectual.
Nombra a Lévinas quien dice: “la maldad consiste en excluirse de las consecuencias de los razonamientos”. Por eso afirma que quien simpatiza con acciones que producen muertes es también un asesino.
Cree que el fracaso de los movimientos revolucionarios que produjeron millones de muertos en Rusia, Rumania, Yugoeslavia, China, Corea, Cuba, etc, se debe principalmente al crimen.
Señala que si bien es cierto que el capitalismo chorrea sangre por sus poros, lo mismo sucede con el comunismo. Aclara que el asesinato es siempre el mismo y lo mismo; pero lo que no es lo mismo es la tortura, la sevicia, el dolor intencional, que califica de formas de la maldad suprema e incomparable.
Dice que corresponde hacer un acto de constricción y de pedido de perdón. Hace acreedor de la misma falta al poeta Juan Gelman, porque tanto uno como el otro, “fuimos partidarios del comunismo ruso, después del chino, después del cubano y como tal callamos el exterminio de millones de seres humanos que murieron en los diversos goulags del mal llamado “socialismo real” ”.Asegura que ellos sabían lo que sucedía en esos regímenes ya que no faltaban testimonios, cita a Gide, Koestler y Trotsky, entre otros.
Esta carta provocó un gran revuelo. Las respuestas eran contundentes. Los intelectuales de izquierda la consideraron una muestra de idealismo ingenuo. Hasta hubo quienes se burlaban de una postura lacrimosa que ignoraba las mínimas lecciones que cualquier adolescente sabe de haber leído un manual de historia.
La lucha de clases, la política misma, el ejercicio del poder, el funcionamiento de la sociedad, están atravesados, declaraban, por distintos niveles de violencia. Del Barco hace referencia a una especie de pacifismo basado en mandamientos bíblicos que hablan de un prójimo sin sexo, sin deseo, sin nombre, sin codicia. Un mundo de ángeles. Ignora que los explotados y los oprimidos de la tierra, tienen derecho a la justicia, y que no se las regalarán por sus buenas costumbres.
Yo mismo intervine en la disputa aprovechando mis columnas en el diario La Capital de Rosario, y mandé a las mismísima mierda a un grupo de lacanianos que le tomaban el pelo a del Barco, reforzando el escarnio con referencias al trabalenguas lacaniano. Los comparé a los ideólogos del nazismo que buceaban en Nietzsche, en ontologías solemnes, en mitos arcaicos, para ofrecer un relato de altura para legitimar crímenes. Prometieron enjuiciarme.
Nadie me había invitado a esa fiesta entre compadres ideológicos, pero me metí igual, porque la reminiscencia de lo acontecido en la década del setenta, volvía a florecer como política de gobierno y relato oficial en el tercer milenio.
Desde la apertura de la Esma como Museo de la Memoria, se instaló la reinvindicación de la “maravillosa juventud de los setenta”, y un par de políticos de la derecha peronista y otros acompañantes oportunistas, vieron que podían lucrar con una gesta cuya herocidad diagramaban.
Tuvieron el apoyo de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo, las figuras máximas de la resistencia a la dictadura, y víctimas absolutas del terrorismo de estado.
Con esa legitimidad toda crítica a una política vil que ocultaba los negocios del poder con un relato prefabricado que hacía de la memoria, un buscador de conveniencias, quedó sellada y silenciada. El país nuevamente quedaba dividido en dos, entre enemigos irreconciliables, y en un contexto histórico totalmente distinto, con otros protagonistas, se reprodujo el escenario que había llevado al país a un baño de sangre.
Por eso la carta de del Barco hizo ruido, porque era un acto político, que, lamentablemente, renunció a escribirse políticamente, no nombró al hecho que provocaba su escritura, y se cobijó en una moral fundamentalista derivada de máximas universales que obviaba circunstancias.
El pedido de perdón era una invitación a un arrepentimiento entre quienes se proclamabam revolucionarios de ayer, o de hoy, y un alerta a quienes sostienen consignas que promueven actos violentos con sus muertos.
Pero nada sucedió porque todo lo que podía decirse era fagocitado por la denuncia de la teoría de los dos demonios, escenario repelido porque era un ecualizador entre el injustificable terrorismo de estado y la resistencia a la dictadura.

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11 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  18 enero 2016 en 10:56

    Excelente lo referido a:
    “Nombra a Lévinas quien dice: “la maldad consiste en excluirse de las consecuencias de los razonamientos”. Por eso afirma que quien simpatiza con acciones que producen muertes es también un asesino.”

    Supongo que se trata tambien de los llamados “asesinos de escritorio”. Pero el tema no es en absoluto trivial, porque con simpatia o sin ella, incluso por inaccion, omision o indeferencia, las acciones que producen muertes, siguen produciendose.

  • 2. Manuel  |  18 enero 2016 en 11:50

    Comparto el rechazo a lucrar políticamente reivindicando la lucha armada de los setenta. Pero “la juventud maravillosa” de los setenta a la que se hace alusión no eran solamente jóvenes empuñando armas, eran mayoritariamente chicos y chicas que creían en la posibilidad de un mundo más justo, es justo decirlo. Las madres y las abuelas de plaza de mayo representan las formas más puras de resistencia a la dictadura, también es justo decirlo. No obstante toda forma de lucro político o económico de esas organizaciones en los últimos años también es reprobable. Hay que tener presente de que lo que se trata es de exigir justicia, porque no se puede usar el Estado para exterminar y hacer desaparecer a nadie. Y eso fue lo que pasó en aquellos años.

    Me parece que las peleas que vamos a tener que dar en esta nueva etapa que está empezando en el país en materia de derechos humanos va a tener que ver con resistir el desguace del Estado que es la única herramienta que tenemos para vivir en un país un poco más equitativo.

  • 3. marlaw  |  19 enero 2016 en 0:20

    Aclaro por si acaso fuera necesario, que no deseo incluirlo a usted Profesor en mi comentario, pero a mi modo de ver desde los 70s para aqui, nada de lo que se discute en el plano tratado, es real o es verdad, solo se trata de alucinados discutiendo sobre sus alucinaciones. Ello no obsta para que algunas de esas alucinaciones se hayan traducido en actos que provocaron sus efectos en el mundo real.

  • 4. marlaw  |  19 enero 2016 en 1:06

    Creo que era mas o menos en esos años que circulaba el siguiente dicho popular: “Los locos crean los castillos en el aire, los neuróticos los habitan, y los psicoanalistas cobran el alquiler”

  • 5. Alejandro A  |  19 enero 2016 en 13:00

    “A eso de las 11 de la mañana del día 25, un hombre de unos 30 años de edad, alto, de cabellos lacios y largos se presentó en la casa de la familia Ramos: ¨soy consejero de presos políticos -se identificó- y les vengo a avisar que su hijo murió en Monte Chingolo. El padre de Guillermo en un ataque de nervios, tomó al visitante de las solapas y le gritó: Cómo pudieron envenenar la mente de mi hijo con todo lo que nosotros hicimos por él?”¨
    El padre de este joven guerrillero había sido combatiente contra el nazismo al lado de los aliados en la II guerra..Gustavo Plis Steremberg Monte Chingolo, la mayor batalla de la guerrilla argentina. pág. 351
    .
    “En Santucho hubo un atisbo de autocrítica cuando dijo que el lanzamiento de semejante operación revelaba un rasgo de aventurerismo en la dirección sin embargo esa apreciación no fue incluida en el documento con que el bureau político evaluaba la acción” -Gustavo Plis Steremberg: ídem, pág. 381-

    “La evaluación política fue tan catastrófica como la militar. La conclusión que sacó Santucho fue que la acción fue una derrota militar y un triunfo político” -Gustavo Plis Steremberg ídem, pág. 382 citando a Luis Mattini-

    “Me parece que en algo nos estamos equivocando” Maria Seoane, “Todo o nada”, citando a Santucho mientras realiza el recuento de bajas de Monte Chingolo…..

  • 6. Aldo  |  19 enero 2016 en 13:51

    hay de todo , están aquellos que opinan o escriben en ” valiente – calientes ” sobre un tema tan oscuro , y otros para la caja con marcha y todo , pero despues esta ” la gente ” la que le importa 3 carajos ,,,, en 2001 ,ya que hablamos del 3 milenio desde cristo para acá , en el país ( argentina ) casi estalla un guerra civil , anarko-civil de la cual safamos ,,, no acortemos la historia como si fuese una carrera de 100 metros , lo digo lo mismo para la filsofia , por eso de chico nos preguntábamos por esos libros con tantas paginas , no se puede correr en estos temas y el que no quiere el rigor de la historia y la filosofia que la narre como Borges en sus geniales cuento de lo contrario es muy difícil

  • 7. philo  |  19 enero 2016 en 15:43

    Los pensadores trazaron senderos que no transitaron
    Los incautos soñadores los siguieron
    La sociedad primero los miró con simpatía , luego golpeo la puerta de los cuarteles.
    Todos fuimos de alguna forma cómplices ( por acción u omisión)
    Luego no rasgamos las vestiduras.

    Las madres no tenian nada que perder, pues ya todo habían perdido, por ello actuaron

    Seguir analizandolo, ¿para que? tal vez es algún mecanismo psicológico que nos hace sentir que no hemos sido responsables.

    Profe, no quiero ser inclemente con usted, pero me parece que ni siquiera estaba en Argentina en los 70, y yo estaba en la escuela, sin embargo cuando en un operativo se llevaron a mi vecino, supe que no debía hablar del tema.

    ¡¡¡QUE VERGÜENZA!!!

    Superemoslo y pongamonos a construir

  • 8. r .nadaud  |  19 enero 2016 en 17:09

    Hic Sunt Dracones : los sueños de la Razón de Estado produjeron
    dos demonios que se prestaron rápidamente a crecer de modo exponen-cialdemente.
    y una vez más somos recuerdo de la muerte.

  • 9. Alejandro A  |  19 enero 2016 en 23:12

    Hay que cuidar los recuerdos, a fin de cuentas es todo lo que tenemos. El brujo Taboada. A.B. Casares ” El sueño de los héroes “

  • 10. Elías  |  20 enero 2016 en 9:18

    “Para no ser un recuerdo, hay que ser un re-loco” Federico Manuel Peralta Ramos

  • 11. r .nadaud  |  20 enero 2016 en 9:38

    Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte !
    Savonarola, Robespierre, Aguirre, Gambetta y tantos más: los muros del laberinto del tiempo perdido.
    qué vemos en el espejo de la historia?
    dime del valor si eliges la memoria.


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