La enseñanza de la filosofía 172

15 enero 2016 at 9:33 4 comentarios

Mucha agua corrió bajo el puente desde que Les temps modernes publicara los textos de los intelectuales argentinos en el exilio – treinta y cinco años – mucha agua pero siempre la misma. Al revés de lo que decía Heráclito, los argentinos siempre nos bañamos en el mismo río. No hay devenir, hay eterno retorno. Y no es lo mismo, a pesar de interpretaciones forzadas de algunos nietzscheanos.
Lo que se discutía hace décadas vuelve tal cual, sin una coma agregada y menos un punto y aparte.
El escrito de León Rozitchner reproduce una conferencia del filósofo durante su exilio en Venezuela, en el año 1978. Son tiempos en que la represión en Argentina aún era sangrienta para que el país estuviera en condiciones de organizar el campeonato mundial de futbol.
La disertación tiene por título “Psicoanálisis y política: la lección del exilio”.
Dice que el país vivió una alucinación colectiva. Hubo una sobrestimación de las fuerzas propias y la subestimación del enemigo. Piensa que es necesario analizar el rol de la ilusión y del delirio en los procesos sociales. “¿Cómo entender la categoría de delirio a nivel político?”, se pregunta.
Sin embargo, no sabemos a quien le habla Rozitchner, más allá de que evidentemente lo hace frente a una audiencia que no deja de ser ajena a lo acontecido en otro país, más allá de que pudieran haber presenciado la ponencia otros exilados compatriotas, suponemos que también se habla a sí mismo, aunque no lo parece, por más que confiese que “el enemigo está en nosotros mismos”.
Habla de una matriz despótica subjetiva. De un fantasma proyectado sobre un líder político. Una fuerza tiranica y alucinada que cubrió de ilusiones a las fuerzas populares, que colaboró en la constitución de masas artificiales, que ungió de un poder desmedido a caudillos y que se representó a conveniencia a un enemigo impotente.
Nos describe una patología de masas de la que presuntamente él tambièn formó parte aunque fuere como “jefe ideológico” – de acuerdo al autorretrato que Sartre hace en un cierto momento de sí mismo – pero que objetiviza en los otros con una mirada que se conserva íntegra. León nunca se contradice, se desdobla o se reafirma.
Sostiene que este tipo de psicosis colectiva tiene funestas consecuencias si es que es cierto que “el criterio de la verdad política reside en la guerra”. Agrega que la teoría de la guerra diseña el sentido completo de toda ciencia humana que pretenda ser una teoría de la acción. Pero aclara: “nuestra posición no consiste en reinvindicar la guerra, es el adversario quien la impone”.
Esta afirmación es de una veracidad relativa. El poder militar en los años setenta estaba en crisis. Por eso levantaron la proscripción impuesta al peronismo durante diecisiete años. Los problemas de hegemonía de los que hablaba Portantiero, no sólo apuntan a las fuerzas populares sino también al poder militar. Por otra parte, el peronismo político comandado por Perón, y el radicalismo, pactaban una convivencia pacífica. La violencia nace de la confrontación entre dos tendencias del peronismo sindical y militante. Secuestros y matanzas se dan en primera instancia entre fuerzas paramilitares – la triple A – y formaciones especiales o guerrillas urbanas. ¿Dónde está el enemigo que impone la violencia del que habla Rozitchner? ¿En nosotros mismos? ¿Cuál es la localización y la identidad de este nombrado enemigo? ¿Quién es “nosotros”? ¿Si la guerra es el modelo teórico de la acción colectiva, no será ese modelo parte de la alucinación de la que se habla?
Recomienda un tratamiento, nos habla como un terapeuta, que destruya lo que llama el fantasma y el idealismo que germinaron en la psique colectiva. Da una pista freudiana porque cree que la mentada matriz despótica se genera en el Edipo. Hay que hundir hasta el fondo el cuchillo en el inconsciente para extirpar el fantasma de muerte que nos hace adherir a causas imposibles y que nos somete a una lógica delirante.
¿Quién lo hará? ¿Los filósofos? ¿Un psicoanálisis revolucionario? ¿Quién comienza esta labor quirúrgica y da el ejemplo?
Rozitchner habla de fracaso, pero también emplea otro concepto freudiano: lo siniestro. Dice que actuamos en política sin remover el fundamento del poder implantado como terror infantil en nuestra propia subjetividad militante. Lo que trae como consecuencia todas las gamas del horror.
Y habla, además, de los placeres inconfesados del exilio. De la protección y de la comprensión de un nuevo hogar que ofrece su hospitalidad. Un campo de amor, que encuentra similar a una situación que también se manifiesta con un manto protector. Se refiere a la democracia representativa, a la ilusión republicana, a un refugio cálido que satisface un deseo infantil.
La democracia burguesa y los placeres del exilio se complementan y nos regalan la posibilidad de expresarnos libremente sin peligro y con garantías, nos permite ejercer una profesión, disfrutar días y noches con nuestra mujer, rodearnos de nuestros hijos, gozar del amor y, agrega el filósofo …tener un diván!
De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad, el comunismo le da lugar al psicoanalista. Es parte de los placeres de la vida. Todo es goce familiar, dice Rozitchner, hasta que aparece lo siniestro, y el nido vuela, estamos a la intemperie, el vacío que no supimos comprender, y que llenamos con fantasmas.
¿Qué hacer? El mal está en nosotros. Hay un déspota en nuestro interior. Debemos extirparlo. De no hacerlo, buscaremos un tirano afuera, en el mundo, y estaremos sometidos a sus designios. Más aún, seremos sus cómplices. La tesis de Rozitchner es que entre la matriz individual y la historia existe una convergencia. Hay un padre asesino y una madre redentora. Su teoría sobre la madre primordial la hará años después.

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LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 171 LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 173

4 comentarios

  • 1. Elías  |  15 enero 2016 en 17:45

    ( Sobre el primer párrafo) Me parece que el problema de los argentinos no es que nos bañemos dos veces (o más) en el mismo río. Únicamente los poetas se bañan dos veces en el mismo río – Isidoro Blaisten dixit-. El problema de los argentinos es que tenemos más afinidad, estamos más cerca de las canciones de Julio Iglesias que de la filosofía de Heráclito. Por lo general, en todos los aspectos de la vida, principalmente en la política, tropezamos dos veces con la misma piedra y como más o menos dice la canción: ” hagamos lo que hagamos, votemos a quien votemos, siempre terminamos llorando”.

  • 2. philo  |  15 enero 2016 en 23:14

    Me gusto este post.
    Como ya le he dicho mi parte preferida es cuando se escucha ( yo la escucho) su voz.

    Rozitchner . Cuanto de lo que dice , no es consecuencia de sus propias vivencias? no es él y sus demonios?

    Quien soy yo para hablar? NADIE (como le escuche decir en una conferencia a Sartre).Pero en algunas consideraciones ( y perdone la expresión) me parece se fue de mambo.

    Aunque entiendo es su objetvo, mostrarnos sus tesis

    “No hay devenir, hay eterno retorno”…una cosa o la otra? Dualismo? como se dice en filosofía , cuando ambas procesos son mutuamente condicionantes?

    me parece cuando se retorna nunca se es el mismo , en menor o mayor grado hubo devenir y si el devenir es total , en este caso si creo dificil el retorno

    cariños

  • 3. rodolfo lópez  |  16 enero 2016 en 14:00

    Quedamos a la espera de la “madre redentora” o “primordial” que promete Rozitchner. Mientras tanto, y sin conocer qué aporte hizo a la teoría revolucionaria del setenta que costó tantas vidas a nuestro país, ni el de Portantiero, me permito consideraciones. Mi aporte claro no será neutral, objetivo, y menos académico. Estará teñido del color oscuro de mis jugos gástricos.
    Me merece respeto aquel que murió por un ideal (equivocado o no), que pagó caro su osadía; con la muerte misma o con grandes sufrimientos. De ese podemos aprender, sacar conclusiones. Estemos o no de acuerdo con su testimonio -que es historia- el diálogo con y sobre su figura es posible, hasta es imprescindible.
    Pero hubo otros, revolucionarios de café, de revistas francesas, que daban cátedra de cómo debía tomarse el poder por las armas, que nunca fueron capaces de agarrar ellos una; se escudaron -aún lo hacen- en un perfil intelectual que los excusaría. Yo los llamo “animémonos y vayan” (incluyo al mismo Sartre), y creo que no aportan nada a la historia, son meros figurines -o figurones- de esa historia. Con ellos nada es posible construir porque llevan “la muerte en el alma”.

    La Nación publica hoy una estupenda nota de Francisco Seminario, “Elige tu propia fuga, elige tu propio juicio”. Dice allí que al revés de los cuentos infantiles “Elige tu propia aventura”, en la fuga de los Lanatta y de Schillaci el final es siempre el mismo: el penal de máxima seguridad de Ezeiza. Pero lo interesante -e inquietante- de la trama no es el desenlace -conocido- sino el capítulo inicial: la fuga y los pasos siguientes de una aventura que duró 15 días. En cada etapa ofrece a un lector -supuesto co-protagonista de la fuga- tres opciones: A, B y C. En cada elección al lector le irá su propia vida, razonamientos que -además- aportarán claridad a una trama oscura y desconocida.
    La nota es muy buena no puedo reproducirla entera, termina diciendo que el final de la aventura no finaliza bien para el lector (co-protagonista) pero tampoco termina del todo, porque ahora viene “Elige tu propio juicio”. Y se pregunta, A:¿entregara el lector a sus cómplices poderosos de la política?, B ¿Guardará silencio con la esperanza de cumplir una condena sin nuevos sobresaltos?, C ¿Vivirá un infierno de temor y locura, a la espera del sicario que, tarde o temprano, lo alcanzará?. Digamos una versión libre de “El jardín de los senderos que se bifurcan” (!!).

    Como sea los Lanatta y los Scillaci me provocan más simpatía y afecto que los figurones que escriben en revistas francesas, impunemente, o los que se beneficiaron de los servicios de estos tipos -que se la bancan- y ahora desde la misma impunidad quisieran verlos muertos.

  • 4. r .nadaud  |  16 enero 2016 en 14:23

    otros más que tropezar dos veces llevan la misma piedra en el morral.
    de todo en la viña del mundo.


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