LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 166

30 diciembre 2015 at 10:57 8 comentarios

Hay que pensar que en momentos en que Aron polemizaba con la izquierda francesa en todas sus vertientes, los resultados económicos de la URSS eran una de las banderas que enarbolaban sus adherentes, que exhibían los resultados del crecimiento económico, de la importancia de la industria pesada y de sus paulatinos logros espaciales.

Fue mucho después que el sistema soviético se desmoronó por no poder competir con sus adversarios capitalistas.

Aron con sus libros y artículos quería demostrar que la dicotomía capitalismo/socialismo o comunismo, no daba cuenta de los procesos de cambio de la modernidad. Analizaba las innovaciones de lo que llamaba “sociedad industrial”, y pensaban que eran decisivos para comprender los nuevos modos de gestión que imponía la modernidad a partir del desarrollo de sus fuerzas productivas.

Creía que el estatismo era contrario a la dinámica que exigían las nuevas formas de producción. Por otra parte, pensaba que la URSS tenía una política expansionista, que por medio de sus partidos comunistas intervenían en las cuestiones internas de otros países en beneficio propio, y que la denuncia de la existencia de los campos de concentración, de trabajo forzado y la persecución de disidentes, eran una muestra clara de la calidad y el objetivo de su política.

Durante la guerra de Argelia, tuvo una actitud distante; estuvo al margen de la intelectualidad que se solidarizaba con la lucha de los argelinos contra el colonialismo francés. Pero no por eso se acercaba a la posición de Albert Camus que deseaba una solución negociada. Ni siquiera denunció la tortura y las violaciones a los derechos humanos de las fuerzas militares francesas. Se defendía diciendo que no le parecía ético mostrar su condición moral denunciando algo tan obviamente abominable, y menos usarlo como bandera política.

Se inclinó por la indepencia de Argelia recién cuando pudo elaborar los argumentos para mostrar que era totalmente inconveniente para Francia que mantuviera a su colonia.

Aron escribía para los ocupantes del poder, pero nunca a su favor. Intentaba convencerlos de que modificaran su política cuando así lo consideraba necesario. Sabía que lo leían. Lo llamaban con frecuencia para amonestarlo por sus artículos, y nunca participó de componendas con la clase dirigente.

Al mismo tiempo que era un columnista de prestigio, prosiguió su carrera académica hasta llegr a ser profesor en el College de France, y, además, como parte continua de su menester polémico, nunca dejó de leer a Sartre.

Cuando éste publica la “Critique de la raison dialectique” en 1960, apenas dos años después, inicia una serie de conferencias sobre el libro, que darán lugar a un nuevo texto:  “Historia y dialéctica de la violencia”.

Aron lleva a cabo una lectura meticulosa del texto de Sartre. Muchos que adoraron este  libro no hicieron más que solapearlo, Aron para criticarlo lo leyó completo, y más de una vez. Sorprende que se haya dedicado con tal esmero a leer una obra no sólo alejada de sus intereses, sino, como todos saben, o al menos aquellos que intentaron leerla, de una complejidad enmarañada, de una repetición en su formuleo, de una verborragia incontinente, y de tal arbitrariedad en sus tesis, que hay que tener muy buena voluntad para leerla, y una gran devoción para hacerlo en su totalidad.

Cita a Sartre que escribe: “La verdad del marxismo exige la totalización de las totalizaciones concretas efectuadas por una multiplicidad de singularidades totalizantes”.

Cuesta entender el motivo por el que un sociólogo especializado en economía política y en relaciones internacionales, que además tiene la rutina de escribir diariamente sobre la coyuntura política, pueda interesarse por una obra filosófica construída con una jerga que obliga al desmenuzamiento de un ojo incansable.

Se le suma que ya en momentos en que se edita la obra, Sartre está en retroceso respecto a su influencia en el medio cultural francés, y su prédica se apaga como un eco tapado por nuevas voces.

¿A quien podía importarle la nueva obra de un filósofo que se quedaba sin causa nacional una vez que un presidente que aborrecía como de Gaulle, a quien trataba de fascista y monarca anacrónico, fue quien le otorgó la independencia a Argelia, poniendo fin a la guerra colonial y sustrayendo de la izquierda intelectual la bandera que la mantenía aún viva?

Sin duda a Raymond Aron. Por tres motivos. Uno es que nunca fue un positivista que creyera que el pensamiento se reduce a su manifestación científica, menos aún en cuestiones que tienen que ver con la política y la moral. Por otra parte, su interés por la filosofía, y en especial por la filosofía de la historia, nunca fue dejado de lado, ya que su formación teórica abrevó en aquellas fuentes. Y, finalmente, porque quería dar cuenta del pensamiento de Sartre, aprovechar la circunstancia de la publicación de lo que su ex amigo consideraba su obra fundamental, en la que exponía las razones por las que el marxismo era la filosofía insuperable del siglo XX, para poner por escrito su posición filosófica y la síntesis de su crítica a esa filosofía.

Como el mismo título lo sugiere, Aron intentará mostrar cómo una filosofía de la historia que se presenta como dialéctica, lleva por el mismo proceso de su argumentación, a legitimar la violencia, que, en su grado extremo, culmina en el terror.

Para llegar a enunciar su tesis, comienza por resituar a Sartre en la historia de la filosofía, y en particular, en un momento de su desarrollo que conocía muy bien. El de la filosofía llamada “neokantiana”, que desarrolló la idea de libertad y finalidad en Kant, a partir de una epistemología basada en la distinción entre `explicación´ y `comprehensión´.

Hay una inesperada “h” en la palabra “comprensión”, que se le metido al vocablo de uso cotidiano, comprensión, que la alarga en la pronunciación, como si la dijera un `cooordobés´, y que nos anuncia que se está hablando de “hermenéutica”.

Me remite a mis primeros meses en la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires, en las que el titular de Introducción a la Historia, nos hacía leer apuntes relativos al pensamiento de Windelband, Rickert y Dilthey, un triple de miga idealista, que aburría hasta el sopor como lo hacen casi todos los apuntes, y que hablaban de ciencias del espíritu enfrentadas a ciencias de la naturaleza, y de otras minucias tan interesantes como si nos enseñaran a bordar.

El esquema es simple. El hombre no es un animal instintivo sino un animal razonante, ya que es el único que puede plantearse fines más allá de los mecanismos que lo determinan.  Siguiendo a Kant: el mecanismo natural no agota la posibilidad de acción y pensamiento humanos.

Por lo que lo que se llama “espíritu” ya no es un derivado teológico comprobado por la presencia del alma en el cuerpo, sino la certificación de la condición ética del ser humano.

Somos libres porque tenemos valores. “La acción humana es teleológica”, recuerda Aron, mientras recupera de sus archivos el momento en que se especializaba en la filosofía neokantiana cuando redactaba su tesis de doctorado, y da una vuelta de tuerca para emparentar a Sartre con esa tradición.

Es como meter a un elefante en un bazar o a un zorro en un gallinero, o cualquier otro ejemplo de tipo patafísico. Pero Aron pretende demostrar que la intencionalidad de la conciencia aunque se elabore sobre fundamentos filosóficos más cercanos a la fenomenología, persigue la misma meta: la de la libertad basada en la finalidad, y en el caso de nuestro filósofo, la sustitución de las mentadas ciencias del espíritu por una ontología de la libertad no modifica el fondo de la cuestión.

Por eso agrega: “Sartre nunca se interesó por los problema de la epistemología. Pertenece a la línea de los filósofos en su mayoría alemanes, procedentes del idealismo pero preocupados,  fines del siglo pasado y a comienzos de éste, por fundar las ciencias del espíritu” (pag 21). Y cita a Sartre: “ Lo que llamamos libertad es la irreductibilidad del orden cultural al orden natural” (Cuestiones de Método, 96)

Que Sartre nunca se haya interesado en cuestiones de epistemología, es una materia opinable. Sus libros sobre la imaginación, sobre el estatuto teórico de la imagen, y sus análisis del funcionamiento de la conciencia y la memoria, bien pueden ubicarse en problemas que atañen al conocimento.

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8 comentarios

  • 1. Gustavo Berti  |  30 diciembre 2015 en 12:02

    Creo que es necesario una nueva manera de evaluar los logros económicos de cualquier sistema y estaría basada en el porcentaje de créditos hipotecarios disponible para un determinado número de personas. Si los habitantes de un país no tienen vivienda propia no se puede hablar de progreso económico, independientemente del sistema.La libertad es ausencia de necesidad

  • 2. Marcelo Grynberg  |  30 diciembre 2015 en 17:03

    Un libro donde Aron tambien habla de estos temas y que vale la pena mencionar es: “Los Marxsimos Imaginarios: de Sartre a Althusser”, editado en castellano por Monte Avila, Caracas 1966. Por otras parte: qué lejos estan estas disquisiciones del buen (?) pragmatismo de Richard Rorty (ya que menciona las ciencias del espiritu vs. las de la naturaleza), un pensador orientado al futuro. Una instancia que nunca podria llegar a agotarse o comprenderse con los elementos del pasado. Recuerdo que hace unos años se ocupó de el en su blog. Habrá otras oportunidades para Rorty en 2016 ? Saludos.

  • 3. marlaw  |  31 diciembre 2015 en 2:24

    Tendría 18 o 19 años cuando a principios de los 60 ví el film: “La balada del soldado”. A esa edad el film me emocionó hasta las lágrimas. En ese momento pensé, de buena fé, que sí los soviéticos eran capaces de crear una película que lograra despertar tanta emoción, estos no deberián ser tan crueles, como los trataban de mostrar los Americanos.
    Hace poco tiempo la volví a ver a esta película. Habían transcurrido cerca de 50 años.En esta oportunidad el film me pareció de factura muy tosca, inclusive logré descubrir algunos burdos trúcos de la filmación, y en esta oportunidad la vista no me trasmitió ninguna emoción.
    “Aron con sus libros y artículos quería demostrar que la dicotomía capitalismo/socialismo o comunismo, no daba cuenta de los procesos de cambio de la modernidad. Analizaba las innovaciones de lo que llamaba “sociedad industrial”, y pensaban que eran decisivos para comprender los nuevos modos de gestión que imponía la modernidad a partir del desarrollo de sus fuerzas productivas.

    Creía que el estatismo era contrario a la dinámica que exigían las nuevas formas de producción.”

    Veinte años después, con la llegada de Gorvachov. Con la implementación de la Perestroika, y el Glásnost volví a pensar que esta vez, la Unión Soviética sería imbatible.
    Para fundamentar esta idéa, pesaba en mi, en parte una insinuación, que en sus clases sobre historia de Roma habia hecho hacía mucho tiempo atras el Dr.Cassani durante el curso de Ingreso a la carrera de Derecho en 1965 en la UBA. Este llegó a decir que los Romanos conocían los rudimentos de la “máquina de vapor” pero que no los llegarón a desarrollar para no provocar una grave crisis económica en el Imperio durante el reinado del Emperador Caracalla año 214 DC, por la gran cantidad de mano de obra esclava, que había sido manumitida, por un Edicto de este.

    En esta tesitura yo pensaba que él desafío que debía enfrentar el desarrollo Industrial en la segunda mitad del Siglo XX no era ya la “máquina de vapor” sino la “automatización de la industria”. Que para enfrentar este desafío de la “automatización” una economía socialista, donde los medios de producción se encontraban en poder del Estado, este tendría menores dificultades, para reducir las jornadas de trabajo de los operarios, sín necesidad de tener que acudir al paro o la desocupación como de hecho ocurría en el sistema capialista. Es decir en suma, que a través de un clima de mayor libertad impulsado por la Perestroika y el Glásnost, a lo que se le sumaba la posibilidad de que el avance tecnológico, fuera en beneficio dirécto de la clase obrera, a través de la consecuente disminución de la jornada de trabajo, hubiera provocado, que estas condiciones habrían hecho imbatibles a las economías socialistas.

    Bueno, pero nosotros ya conocemos, como terminó esta utopía…..

  • 4. Elías  |  1 enero 2016 en 11:34

    Un comentario ameno para empezar el año: insistir con la filosofía del siglo XX después de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, es lo mismo que insistir con el comunismo después de la caída del Muro de Berlín.

  • 5. philo  |  1 enero 2016 en 16:06

    A las 12 am la carroza se convirtió en calabaza y hoy ya estoy leyendo nuevamente, realmente creo que soy una adicta

    Tiene y no tiene que ver con el post, pero lo menciono porque es justo el tema que estuve viendo recien.

    Clotaire Rapaille, psiquiatra y antropólogo cultural, hablando de los códigos culturales.
    Dos ejemplos: Francia y EE UU

    Dice que los franceses tienen como código cultural pensar ( no el trabajo) y por lo tanto sienten que son por lo que piensan. Pero no hacen nada con lo que piensan.
    En EE UU en cambio se ve con desprecio el pensar, prefieren la acciòn. Ve a los estadounidenses como cultura adolescente, jovenes por siempre , que pasados los 50 años se plantean ¿que voy a hacer cuando crezca?
    (el mundo, como dice uno de mis hijos, esta hecho de todos)

    Ahora viene mi pregunta ¿ y los códigos culturales argentinos?
    pensar …sabemos que poco … hacer?

    De todos modos me parece que hay dos formas y la gran pregunta ¿se podrá imponer una sobre la otra? o ¿estarán en perpetua beligerancia?

    Ejemplo de la vida real de lo que quiero decir:
    Un mismo punto de partida y trayectoria, una “amiga” gasto siempre todo lo que ganó y ahora sin casa propia tiembla con lo que va a recibir de jubilación.
    Yo , a costa de privaciones reserve siempre una parte y hoy con una casa acomodadada tengo cierta tranquilidad, y no se me ocurre vivir una vida de jubilada.

    Ella es K, yo No , y no es casualidad

    Otra…Si, insistir con la filosofía, porque? permite unir puntos, sin ella la figura no se ve clara.

    el post me gusto

  • 6. rodolfo lópez  |  2 enero 2016 en 12:24

    Estimado Marlaw,
    2 puntos de contacto con su interesante comentario 3. Con pocos años de diferencia me pasó lo mismo con “La balada del soldado”. O segundas partes no son buenas o la peli no era tan “clásica”.
    Respecto de Roma, Marguerite Yourcenar le hace decir a Adriano Emperador en vísperas de su muerte: “…Vendrán las catástrofes y las ruinas, el desorden triunfará, pero también, de tiempo en tiempo, el orden. La paz reinará otra vez entre dos períodos de guerra; las palabras libertad, humanidad y justicia recobrarán aquí y allá el sentido que hemos tratado de darles. No todos nuestros libros perecerán, nuestras estatuas mutiladas serán rehechas y otras cúpulas y frontones nacerán de nuestros frontones y nuestras cúpulas. …Si los bárbaros terminan por apoderarse del Imperio del mundo, se verán obligados a adoptar algunos de nuestros métodos y terminarán por parecerse a nosotros. …Si por desgracia llegara el día en que un obispo cristiano se instale en Roma, al borde del ribazo vaticano, habrá dejado de ser el jefe de un círculo de afiliados o de una banda de sectarios para convertirse a su turno en una de las figuras universales de la autoridad. Heredará nuestros palacios y nuestros archivos, no será tan diferente a nosotros como podría suponerse. Acepto serenamente esas vicisitudes de la Roma eterna” (!!!). Su profesor en 1965 y Adriano en el siglo 1 preven el mundo posterior a la gran Roma.

  • 7. rodolfo lópez  |  2 enero 2016 en 17:02

    En el cuaderno de notas de “Memorias de Adriano”, subraya Yourcenar una frase de Flaubert que le pareció inolvidable: “Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre”. Dice que gran parte de su vida transcurriría en el intento de definir, después de retratar, a este hombre solo y al mismo tiempo vinculado con todo.

  • 8. r .nadaud  |  3 enero 2016 en 9:35

    y borges que nos habla de Flaubert.


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