LA ESEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 165

26 diciembre 2015 at 12:57 9 comentarios

Pero volvamos a Aron, el excluído, y su pensamiento respecto de la ideología dominante. ¿Podemos llamarla así? De acuerdo al marxismo, la lucha de clases se repite en el mundo de las ideas, la conocida superestructura, y la división dominante/dominado marca la identidad de las ideologías.

La definición misma de “ideología” connota su relación con el poder. No hay ideología sin esta referencia. Cuando se dice concepción del mundo, visión de la vida, sentimiento oceánico o ser para la muerte, otras pueden ser las referencias. Metafísicas quizás. O cuando hablamos de autonomía, libertad, tolerancia, la remisión a la ética es casi cierta. Pero decir “ideología”, ya es involucrar al poder.

El problema que tuvieron los marxistas con el tiempo, es…justamente: el tiempo. Es decir la historia que no mantiene sus casilleros siempre iguales a sí mismos. La división burguesía/`proletariado, se resquebrajó con el desarrollo de las fuerzas productivas, y se llegó a simplficar el embrollo con el término de clase media, que ha servido a algunos escritores a continuar sus anteriores invectivas a un grupo social maldito con un nombre menos comprometido y confuso. Aunque siguió confuso.

Pero puede ocurrir que, como en este caso francés, la clase dominante en lo económico no sea el que domina en la cultura. Hay dominaciones cruzadas. Otros podrán argumentar que en la posguerra francesa hay otros sectores de la cultura con una presencia importante, por ejemplo los que rodeaban el aura de Malraux, pero estino que es indiscutible que los nombres de Sartre y Camus, no sólo fueron galardonados por el premio Nóbel, sino que, además, traducidos hasta en tupí guaraní y venerados en los cuatro puntos cardinales.

Aron, por su lado, se convirtió en un periodista de política internacional, escribía para “Le Figaro”, un periódico de derecha, y se especializaba en sociología. Entendía a la disciplina como una herramienta de comprensión del mundo, para lo que requería el auxilio de otra disciplina a su entender imprescindible: la economía política.

Con el conocimiento de la geopolítica y de la economía, arremetió contra los intelectuales que suponían que con el marxismo de Marx y de sus divulgadores, o de sus posturas morales en nombre de la justicia o la igualdad, de la revolución o del sentido de la historia, no sólo creían comprender los acontecimientos sino, además, transformar el mundo.

La función de estos intelectuales que dominaban la escena editorial, no era otra que la de un placebo, en realidad, más que eso, de un narcótico, análoga al denunciado por Marx en “La ideología alemana” y en “La sagrada familia”, cuando atacaba el espiritualismo de los neohegelianos, o en cuando en “La crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, dice que la religión es el opio de los pueblos.

El libro que publica Aron en el año 1955, “L`opium des intellectuels”, lo convierte en el Marx de esos falsos marxistas, con Sartre a la cabeza. Un Marx liberal, es decir un monstruo de la derecha como sin duda pensaba la compañera Simone.

Dice que los franceses son revolucionarios en sus palabras y conservadores en sus acciones. Que la revolución les sirve para excitarse. Este afán por reventarlo todo tiene sus antecedentes artísticos típicos en las vanguardias estéticas, aquellas que calificaban de filisteos a los gordos burgueses que les compraban los cuadros, o a quienes no se los compraban, lo mismo daba. Una palabra, la de `filisteo´, que le gustaba emplear a Nietzsche cuando apuntaba a los cancerberos de la cultura alemana.

Es éste asunto de la clase media, llamada así con un nombre que agrupa a seres semejantes, que se diferencia del `burgués´, que se enuncia en singular, porque su característica es la de ser propietaria. Pero no de medios de producción o de capital, la clase media no es por definición capitalista, sino almacenera, comerciante, chacarera, todos los oficios terrestres que son vinculados por sus detractores a la mezquindad.

Incluimos a los empleados, que a pesar de no ser propietarios, conservan una propiedad que les permite una cierta distinción social: la cultura o la educación. Cuello blanco, que le decían.

Quienes odian a esta clase son miembros de la misma, con lo que todo se vuelve más interesante hasta que se convierte en un asunto hartante, porque la autocomplacencia tanto como el resentimiento están a la vista. Lo veremos en el momento en que nos detengamos en los `existencialistas´argentinos como Carlos Correas y Oscar Masotta, que se hacen eco de las preferencias de una `lumpenburguesía´, para inventar un término sino es que ya ha  sido inventado, lo que es más probable.

Para Aron lo que tiene prestigio es la ostentación del inconformismo moral, de una metafísica de la rebelión y de la revolución, reunidas en el ateísmo. Dios ha muerto y yo me porto mal, sería la frase adecuada a este tipo de actitud.

Es como si Aron nunca hubiera sido joven, pero el problema es que los que se comportan de un modo tan transgresor, hace mucho que tampoco lo son. Por lo que no sabemos si es un asunto de juventud. Pero reconozco que el tono admonitorio del sociólogo parece el de uin preceptor que ingresa intempestivamente al aula y descubre a la muchachada haciendo quilombo.

Por eso en mis años mozos lo odiaba tanto. Me tenían podrido esos señores respetables que tenían una idea de la responsabilidad que siempre debía ser severa, solemne, gris, compuesta, contenida, reprimida, y distante. Una “porrrquería”, como decía Luisito Sandrini.

Raymond – ahora lo llamaremos por su nombre de pila para hacerlo más humano – a veces posaba de ingenuo y preguntaba: “¿Por qué la reconciliación de todos los hombres debe resultar de la victoria de una sola clase?”

Aron pensaba que los intelectuales revolucionarios ya en la década del sesenta eran un anacronismo. Sólo escandalizaban sin asustar a nadie. Le parecía que la Francia de la posguerra intentaba conducirse de un modo bastante razonable. Miraba con simpatía a la Cuarta República y la consideraba superior a la Tercera.

Lo hacía comparando su política económica. Prefería la inflación a la deflación, y juzgaba que la política de la entreguerra cuya principal preocupación fue la defensa de la moneda, hizo fracasar a los gobiernos del Frente Popular.

Lo que sí tomaba en cuenta era la configuración de la escena mundial, y pensaba que la división del mundo en dos polos antagónicos, determinaba la elección de la postura política a adoptar.

En esto estaba de acuerdo con Sartre, sólo que en veredas opuestas. Mientras que para uno de ellos el socialismo era el único sistema que podía crear un mundo de igualdad y justicia, para el otro éste mundo sólo sojuzgaba la libertad. Aron pensaba que la democracia liberal era mejorable por vía de reformas graduales, mientras el socialismo real, poque no había otro, instauraba un sistema despótico, inmune al cambio, y, además, ineficiente.

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LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 164 AMIGOS

9 comentarios

  • 1. r .nadaud  |  26 diciembre 2015 en 16:41

    ‘en mis años mozos lo odiaba’ : ahora, tras las nubes del tiempo?

  • 2. marlaw  |  26 diciembre 2015 en 19:13

    Quienes odian a esta clase son miembros de la misma, con lo que todo se vuelve más interesante hasta que se convierte en un asunto hartante, porque la autocomplacencia tanto como el resentimiento están a la vista. Lo veremos en el momento en que nos detengamos en los `existencialistas´argentinos como Carlos Correas y Oscar Masotta, que se hacen eco de las preferencias de una `lumpenburguesía´, para inventar un término sino es que ya ha sido inventado, lo que es más probable.

    “Buenos Aires Vida Cotidiana y Alienación” (1964) Juàn José Sebrelli

  • 3. Diana  |  26 diciembre 2015 en 23:24

    Feliz Navidad y Feliz y Próspero año Profesor! Gracias por tantos temas interesantes desplegados para nosotros solamente.
    Pronto terminarán las lecciones y este curso y aunque se siga hablando de la Burguesía y del Proletariado , de las Ideologias y del Marxismo, del Existencialismo de Sartre y del Psicólogismo de Freud, o las referencias a Merleau Ponty, Albert Camus, Nietzsche y a tantos otros; nosotros , hemos compartido información de primera mano en muchos casos y una reflexión clarisima como la que nos ha brindado un deleite. Nada concluye y ningún tema queda cerrado, así es esta tarea del pensar filosófico o del filosofar, ya estamos en el pensamiento próximo. …
    Gracias por este Blog y en.usted saludo a todos los participantes por sus brillantes aportes,.augurandoles los mejores deseos de paz y felicidad.
    Y Feliz 2016!

  • 4. Alejandro A  |  27 diciembre 2015 en 8:02

    Aguante Aron! En un país como la Francia de 1940 con el enemigo sentado en el living y una historia plagada de levantamientos y carnicerías por la justicia y la igualdad no debe haber sido muy difícil ser -o como bien sugiere el Dr. Abraham “profesar” ideas marxistas y revolucionarias
    Cuando los historiadores miran estos doscientos años de la historia de ese país se deben preguntar porqué hubo una revolución en Francia y no en otros países de Europa con monarquías igualmente absolutistas y mas que nada, porqué no terminó Francia -con semejante mochila- siendo la gran potencia socialista del mundo occidental tras las experiencias de 1789, 1848, 1871, la resistencia al fascismo, y los parisazos de los sesenta…
    Para la primera pregunta está la basta obra de demolición del absolutismo de Voltaire, Montesquieu y Rousseau, y para la segunda aunque no es menor el papel de la espada anglonorteamericana, seguramente la obra de los Arons y la decepción oculta o visible que traen los filósofos marxistas que visitan la Unión Soviética y mas adelante Cuba, para no hablar de quienes como André Malraux marchan -socialistas aún- a subirse a los avioncitos republicanos y vuelven como ministros de De Gaulle que no es poco. Sartre recoge las tribulaciones del socialismo por las buenas o por las malas en el protagonista de los caminos de la libertad que termina finalmente haciendo nada.
    Es muy ilustrativa y pedagógica la diferencia que señala Tomás entre entender porqué pasan las cosas y pretender que la misma herramienta pueda servir para cambiar el mundo.
    A diferencia de los historiadores que ven a Louis XVI como un bobo, hay quienes señalan sus intenciones de limitar los privilegios de la nobleza, eliminar impuestos y gabelas, cortar los gastos de la monarquia, e instalar en Francia gobiernos locales que representaran a los que hasta ese momento no tenían ningún tipo de representatividad ni derechos (Yo hubiese incluído tambien controlarle un poco los horarios a Marie Antoinete)
    El encargado de semejante plan era un tal Turgot que fracasó gracias a la oposición férrea de las futuros beneficiarios de la guillotina…

  • 5. Marcelo Grynberg  |  28 diciembre 2015 en 19:16

    Alejandro: que tal una buena monarquia constitucional para America del Sur ? 🙂

  • 6. r .nadaud  |  28 diciembre 2015 en 20:05

    ‘con tal mochila’ : no solo hubo revolucionaires, que los Brumarios, Directorios, Sedan, paredon y después tenian sus propios planes.
    mejor que monarquía hubiera sido el triunfo de las invasiones inglesas : una historia de anglicanos y aburridos.

  • 7. Gustavo Romero  |  29 diciembre 2015 en 11:31

    Me genera mucha curiosidad el pensamiento de Aron respecto de las cuestiones llamadas de “seguridad”, las relaciones internacionales y la guerra, a las que les dedica dos tomos a partir de la figura de Clausewitz (Penser la guerre). Digo que me genera curiosidad porque todavía no los leí, pero me llama la atención que mantenga ciertos ejes problemáticos paralelos a Foucault durante los años 70.

  • 8. Alejandro A  |  30 diciembre 2015 en 0:11

    Gustavo, Nadaud: No recomendaría plantear esos tópicos para una cena de año nuevo que se pretenda armónica. A pesar de los preclaros ejemplos de Canadá, Nueva Zelanda etc. el ponente suele terminar en la guardia del hospital mas cercano donde se le practican las curaciones del caso previo decomiso de la botella de sidra. Hay consignas alternativas.
    Feliz año nuevo para todos!

  • 9. r .nadaud  |  1 enero 2016 en 12:43

    vidas paralelas : Evita-Tatcher. Las consecuencias ecónomicas de la paz-Volver a crecer.Menem-Bolocco-Winston-Clementine.
    qué un valiente siga.


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