LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 162

16 diciembre 2015 at 10:13 24 comentarios

Sartre le reconoce a Merleau la paternidad de haberlo iniciado en la política. Nunca dejó de respertarlo por eso, y sus críticas no fueron más allá de cuestiones teóricas, o de política. Pero nunca pudo descubrirle una falta moral, de esas inautencidades que la comedia humana siempre le proveyó. Merleau era sincero, quizás, su falta no era otra que un exceso de sinceridad.

A distancia de Camus, no veía en él una pose narcisista ni un afán de seducir. Merleau parecía vivir lo que decía, y no mostraba sus “llagas” a la manera de Bataille, de quien Sartre se rió a sus anchas. La duda merleaupontiana era la del propio pensamiento, pero a diferencia de Descartes, no llegaba a una evidencia, ni profesaba el escepticismo elegante a la manera de Montaigne.

Buscaba una certeza, y era en ese camino en el que mostraba sus dificultades. La situación no dejaba de ser personal. Como si lo que a Sartre lo perturbaba era que su amigo lo criticara, no tanto el contenido de lo que pensara, sino que lo hiciera contra él.

Era cierto. Nadie entre los intelectuales de la izquierda francesa, ni entre los comunistas, pudo obviar a Sartre. Cualquiera que se metiera en el universo de la ética o de la política, incluso de la metafísica, siempre tropezaba con el totem sartriano.

Ya fuera para idolotrarlo o defenestrarlo, no quedaba resquicio sin su nombre. No sólo por su fama, sino por el modo en que la construía. Escribiendo. No hacía más que escribir, y lo hacía en todos los géneros imaginables, salvo la poesía, que despreciaba porque era un género que obviaba la comunicación, un refugio de surrealistas.

Sartre buscaba interlocutores, por lo general, enemigos. Adversarios en el estilo, en las ideas, en las declaraciones políticas. A su manera – como el mismo diría: “à sa façon” – era un moralista. Con la salvedad que también moralizaba contra sí mismo.

Tengo la dicha de leer estos días “Les mots”, en francés, comprado en la librería Strand de Nueva York, confesión personal que hace eco a la que leo hoy, domingo, 22 de octubre, día de elecciones en mi país – de la que me ausentaré sin votar con cierta culpa – en la página 52 de la edición de bolsillo de Gallimard, dice: “Hoy 22 de abril de 1963, corrigo este manuscrito desde el décimo piso de un edificio nuevo: por la ventana abierta veo el cementerio…”

Digo `la dicha´ porque recupero el perdido ejemplar en castellano de la editorial Losada que leí en mi adolescencia, apenas editado, en 1964, a mis diecisiete años.

En este libro, el moralista Sartre es objeto de su propio sarcasmo, que interrumpe el relato de su infancia feliz apadrinado por su abuelo materno y cobijado por su madre viuda, con esta instantánea de su departamento en un décimo piso en el que escribe a los cincuenta y ocho años, cuatro niveles por encima del sexto piso de su niñez, que le hace escribir: “De niño,  más allá de poder merecer una posición elevada, habría que considerar que ese gusto por vivir a la altura de los palomares, era un efecto de la ambición, de la vanidad, una compensación de mi pequeña estatura”.

Para seguir con la descripción edilicia, Sartre, a pesar de su autorretrato, siempre escribió desde una planta baja intelectual. El discurso desde el punto de vista de la rana, como señalaba Nietzsche. Y nunca vió que su amigo, a pesar de sus diferencias, lo hiciera desde el desprecio de las alturas.

Juntos inventaron la revista, y fueron ellos dos juntos los que le dieron su estilo “…en nuestra revista `confidencial´ como si se tratara de un periódico de gran tirada, cuidarnos de toda forma virtuosa, en particular de la vanidad y de la cólera, predicar en el desierto como ante una multitud sin perder de vista, no obstante, nuestra extrema pequeñez, recordar siempre que no es necesario triunfar para perseverar pero que la perseverancia tiene como fin el triunfo” (pag 32)

Era mucho lo que lo unía a su compañero. Las desavenencias políticas perturbaron a Sartre. No es que no creyera que su posición era la justa, sino que ese modo de hacer justicia no parecía del todo definitivo ni satisfactorio. Elegir a los comunistas y a su patria socialista en lugar de la duda y la ambigüedad de Merleau, podía ser una actitud defendible pero nunca gloriosa. Dice en la página 39 de su escrito: “ Existe una moral de la política? –  cuestión difícil de desentrañar y nunca tratada de manera clara – y cuando la política debe traicionar su moral, elegir la moral, es traicionar la política”. Y sigue con esta sentencia casi mística: “Arduo es desentrañar todo esto, sobre todo cuando la política tiene por objeto el advenimiento del reino del Hombre”.

Sartre pregunta: ¿”Qué hacer? ¿Golpear a ciegas a izquierda y derecha, a dos gigantes que ni siquiera sentían nuestros golpes? Era una mísera solución”. Para redondear la frase, agrega: “ ¿Vivir en Buenos Aires como los franceses ricos?”.

Quizás fuera un desenlace mísero para Sartre en esos días, aunque años después esa miserabilidad fuera mayor retrospectivamente por haber elegido aliados que nunca dejaron de tratarlo, como él mismo lo reconoce de `rata´, de `hiena´, de `víbora´ o `hurón´. Aunque diga que ese bestiario le agradaba, hasta lo distraía. No tanto a Merleau, “que aún recordaba la camaradería de 1945, por lo que se sentía profundamente afectado”.

Sartre tenía la obsesión de la utilidad. Lo desesperaba convertirse en un artista de la nada, un escritor autocomplaciente, y un niño mimado por el Parnasso. La comedia humana montada por la burguesía tenía un protagonista estelar que no era más que el idiota de la familia, ungido como genio y figura. Huía de ese destino, como de cualquier destino.

La solución, por no decir la salvación, sólo era posible con la política, pero no bajo el cobijo de la otra fase de la comedia burguesa llamada “república”, sino la política auténtica con el nombre de revolución.

Lo que exigía barrer con la fuente supuestamente respetable de la comedia, nos referimos a la moral. Para él, Merleau al no querer quedar varado en una elección que consideraba amoral, no salía de la nada de la indecisión, y estaba atrapado en el solipsismo político. Otra fuente del egoísmo basado en sanos principios y respetabilidad burguesa.

Abandonar la política es el mejor modo de ser domesticado por ella. Al menos Sartre tenía una pasión: el odio. Dice: “sentí por la burguesía un odio que sólo morirá conmigo”. Suena extraño ese encono en un escritor que ha contado la infancia burguesa con detalles que muestran algo más que odio, para no decir que trasmite amor. Su abuelo Karl Schweitzer es retratado con cariño, y su madre con intenso amor. Es posible que ese odio fuera la transfiguración de un sentimiento posterior, uno que fue elaborándose con los años. “La infancia de un jefe” es el relato de un destino que llega a su meta por sus mismas desviaciones. Tiene un antecedente edípico, en el que se combinan Sófocles y Freud, la tragedia y el deseo inconsciente.

Sartre no quería un destino, y menos el que lo conminaba a complacer. Su infancia mostraba que lo querían convertir en una especie de foca que hace piruetas para ser aplaudida. Es la misma imagen que confiesa el historiador Paul Veyne acerca de sus vivencias frente al público del College de France. Buscar la aprobación, sobreactuar cada conducta para que la pose conseguida tenta su premio.

Nuevamente Sartre se dirige a su amigo definitivamente ausente, y señala que la muerte de la madre de Merleau fue un golpe al corazón. “Ella era su vida”, nos dice. Puede resultar curioso que los tres filósofos más importantes del llamado existencialismo ateo, tuvieran tal pasión filial por la madre. Si nos trasladamos a nuestra tierra, veremos cómo León Rozitchner compartió la misma pasión.

Pienso en Agustín, el santo, que a través de su madre llegó a Dios, esta vez, el ateísmo permite que la madre lo abarque todo, es divina.

Sartre se presenta como un ateo humanista, y critica a Merleau que se presenta a sí mismo como un ateo…humanista! Hay dos ateísmos humanistas en pugna, ¿por qué esta mismidad enfrentada? Sin agregar nada a lo que ellos dicen, la diferencia es explícita: el `optimismo´de Sartre, y el escepticismo político de Merleau, compensado por su última  afición por las ciencias sociales y las artes figurativas.

Este optimismo sartreano se fundamenta en la dialéctica hegeliana que culmina en la síntesis de todos los momentos de la historia. Para Hegel se encarnaba en Napoleón montado en su Rocinante, y en Sartre después de Marx, en el proletariado revolucionario. Merleau, según su amigo, atacó a la dialéctica para convertirla en una ida y vuelta eterno y perder así su función de motor de la historia. Aparece ante sus ojos como un índice de la paradoja, un signo viviente de la ambigüedad fundamental. Por eso dice Sartre que para la filosofía de Merleau, “hijos del barro, nos reduciríamos a una huella en la arcilla” (69).

Una imagen casi idéntica a la `muerte del Hombre´de Foucault.

Dice Sartre que “es realmente penoso que un hombre pueda escribir hoy en día que lo absoluto no es el hombre” (74). Pobre conclusión la de nuestro filósofo. Sartre busca al hombre, como Diógenes, pero sin su humor. Es un humanismo flaco, casi quejoso. Sartre no está satisfecho consigo mismo, lo sabe, cree que su relación con Merleau fue un fracaso. Recuerda su último encuentro en el que Merleau fue a saludarlo después de una conferencia y lo destrató aún sin querer, por estar resfriado. Su amigo creyó ver un desprecio y se retiró en silencio. No hubo posibilidades de posteriores explicaciones.

Sartre dice que vivió con Merleau una amistad sin felicidad. Y termina: “Así viven los hombres en nuestra época, así se aman: mal” (83).

Confiesa que Merleau es para él una `una herida permanentemente abierta´.

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24 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  16 diciembre 2015 en 11:28

    No soy un fan de la poesia (generalmente no la entiendo …), pero lamento el desprecio que Sartre (como Platon ?) tenia(n) por ella. Respecto a: “Así viven los hombres en nuestra época, así se aman: mal”, me recuerda una opinion muy similar de Adorno: “En el capitalismo los hombres aman poco y son poco amados.” Supongo que lo mismo ocurria en el comunismo. Sera el arte (especificamente la Musica) el ultimo refugio, la ultima promesa ?

  • 2. marlaw  |  16 diciembre 2015 en 20:47

    Sartre buscaba interlocutores, por lo general, enemigos. Adversarios en el estilo, en las ideas, en las declaraciones políticas. A su manera – como el mismo diría: “à sa façon” – era un moralista. Con la salvedad que también moralizaba contra sí mismo.

    Arriesgando una opiniòn, es probable que Sartre haya sido un moralista, sí es que buscamos definirlo de algún modo.
    Un moralista es esencia una persona en la que prevalecen los dictados de su conciencia. Para los que conocemos algo de psicoanálisis, sabemos el lugar que ocupa la conciencia en la Teoría Psicoanalítica. Que moralizara contra sí mismo, refuerza esta opinión.
    Como se comenzó a decir ultimamente entre nosotros utilizando el verbo lunfardo “garpar” (pagar) “Ser un moralista no garpa”, no se es alguién.decididamente convocante, y Sartre también debe haber sido plenamente conciente de esa situación. De ahí su búsqueda, el tratar de encontrar a través de todos los medios a su alcance, ya sea la filosofía, la novela o el ensayo, la posibilidad de reflejar su moral, sus puntos de vista éticos, incluida en esta búsqueda también su adhesión al marxismo, en la inteligencia que esta adhesión implicaba como finalidad última la creación de una sociedad mas justa

  • 3. philo  |  16 diciembre 2015 en 21:42

    No es la primera persona que nace en cuna burguesa y termina odiandola.
    Observo en muchas personas ese pudor de gozar de privilegios que no saben de donde provienen. Y debe ser algo vergonzoso contar con algo que no generamos.

    otra cosa que me vino a la mente con la palabra burguesía
    Vio ” El discreto encanto de la burguesía” me gusta Buñuel, en sus películas, las personas no logran satisfacer sus deseos. En esta quieren comer y no pueden, en “El angel exterminador” quieren salir y no pueden, en ” Ese oscuro objeto de deseo” quieren tener sexo y no pueden.
    Es que cuando logramos satisfacer el deseo este se diluye en ese instante, deja de existir, tal vez Buñuel no soporta esa pérdida

    Otra: “Los hombres de nuestra época se aman mal” ¿ y como podemos saber como se amaban los hombres de otras épocas? ¿podemos afirmar que todos los hombres de esta época se aman mal?

    Otra…porque algunas personas no cierran sus heridas? esta es una pregunta que siempre me hago ¿ porque de una experiencia negativa no se rescata lo bueno? además en todo vinculo hay algo de éxito y fracaso…

    no es algo que me suceda, por ello me cuesta entender

  • 4. marlaw  |  16 diciembre 2015 en 23:16

    Pienso en Agustín, el santo, que a través de su madre llegó a Dios, esta vez, el ateísmo permite que la madre lo abarque todo, es divina.

    Por mas que se rechiflen las feministas, es “mami” las que nos hace ser como somos a los varones. Es ella quién cuenta con todo el tiempo del mundo para melonearnos, y lavarnos la cabeza con su inefable y misterioso champú

  • 5. marlaw  |  16 diciembre 2015 en 23:33

    “Porquè te fuiste mama con ese señor mayor” cantaban Les Luthiers”

  • 6. marlaw  |  17 diciembre 2015 en 11:44

    Palabras como: “amor”, “justicia” parecerian no tener un signifícado unívoco. ¿Que es amor? una afección, un sentimiento que nos embarga, un deseo que nos erotiza, la ternura que nos inspira la mirada de un niño, las lágrimas que nos brotan cuando escuchamos el Tango “Pobre mi Madre Querida” cantado por Carlos Gardel. ¿El afecto es un sinónimo del amor? Es lo mismo decirle a una mujer te amo locamente, o con pasión, a decirle: “siento un gran afecto por usted” ¿La camaradería es amor? ¿La amistad es amor ? ¿Qué clase de amor habrá experimentado El Cristo que murió en la Cruz, para salvar a todos los hombres?

  • 7. r .nadaud  |  17 diciembre 2015 en 18:07

    Grynberg: G. Steiner: Poesía del Pensamiento, del helenismo a Celán. FCE

  • 8. mario  |  17 diciembre 2015 en 19:51

    Sartre que opinaba de cristo alguien lo sabe

  • 9. Marcelo Grynberg  |  17 diciembre 2015 en 20:55

    Gracias Nadaud por el dato. No conocia ese trabajo de Steiner. Tratare de conseguirlo. Un libro interesante y accesible sobre Arte (y Musica en particular) fue editado recientemente en español por Editorial “Las cuarenta” con el titulo de “Estetica”. Se trata de la transcripcion de un curso que Adorno dicto durante el semestre 1958/59 (en el famoso Instituto de Investigaciones Sociales de Frankfurt), y que mas tarde utilizara en la composicion de su “Teoria Estetica” (obra postuma quasi-indescifrable).
    Saludos.

  • 10. philo  |  17 diciembre 2015 en 21:12

    No se si es mami?

    Lo que si creo que en la vida de un hombre debe haber una mujer significativa.

    Cuando no se tiene en la primera infancia, queda toda la vida para encontrarla

  • 11. marlaw  |  18 diciembre 2015 en 6:09

    Nadaud Parece bueno el ensayo de Steiner por las primeras 18 páginas que pude leer en la Web

  • 12. r .nadaud  |  18 diciembre 2015 en 8:25

    Grinberg: en momentos de la vida en que el Abismo está lejano el viajero se atreve con Celán y sus sombras.
    pero hay otros senderos,donde la desesperación halla la ambrosía del amor: Kavafis , por decir, y la posibilidad de volver los pasos al estante donde nos esperan Homero y sus retoños.

  • 13. r .nadaud  |  18 diciembre 2015 en 8:29

    PD. De Kavafis, a versión de Catillo Didier, Tajamar editores, Chile.

  • 14. Marcelo Grynberg  |  18 diciembre 2015 en 8:58

    Gracias Nadaud por sus comentarios. Le conteste recomendando un curso de Estetica que dicto Adorno en 1958/59 (recientemente publicado aqui), pero no salio. Si no aparece vuelvo a enviarlo.

  • 15. Marcelo Grynberg  |  18 diciembre 2015 en 10:14

    Nadaud: copio la contratapa de “Estetica”, editorial “Las cuarenta”, de reciente aparicion en Bs. As.

    Adorno planifico durante largo tiempo un libro sobre Estetica: guardaba apuntes y anotaciones con ese proposito, por lo menos desde 1956. En el proceso de gestacion de ese libro -que se suponia que iba a ser su obra capital- juegan un rol decisivo las clases teoricas que el dicta sobre Estetica entre 1950 y 1968, seis veces en total.

    El presente curso (del semestre de invierno 1958/59) corresponde a la cuarta vez que Adorno dicta Estetica. Al mismo tiempo es el primer curso que esta documentado de manera completa a traves de transcripciones de grabaciones, que se realizaban por entonces en Instituto de Investigacion Social del Frankfurt. Tal como muestran las huellas de la escritura manual sobre el tipeado, Adorno volvio a trabajar con este texto tanto para la preparacion de los siguientes cursos como para la eleboracion de lo que iba a ser su Teoria Estetica (publicada finalmente de manera postuma, en 1970). En este sentido, este libro de clases es tanto un curso de Estetica desde la perpectiva adorniana como un curso preparatorio para la Teoria Estetica.

    Traduccion y prologo de SIlvia Schwarzbök

  • 16. r .nadaud  |  18 diciembre 2015 en 16:01

    Grinberg: según dicen , Adorno gustaba de la fotografía, hay una foto tomada así mismo, ante el espejo creo.
    no sabría si la Estética debe tratar solo de lo bello, o qué sean los parámetros que definen tal cosa, pero el filósofo allí nos parece
    inolvidable, para nuestra galeria de los pasos perdidos, ellos, el Coro, y el, coreuta, cronistas del tiempo nuestro.
    PD: si puedes bajar la foto o subirla, compartirla con la parcialidad,
    yo no domino este arcano binario.

  • 17. Marcelo Grynberg  |  18 diciembre 2015 en 19:10

    Salué Nadaud
    Va entonces el self portrait de Adorno. Pero mas que la fotografia a Teddy le interesaba la Musica. Como resultado de sus estudios con Alban Berg y bajo la fuerte influencia de la 2da. escuela vienesa (Schönberg, Webern, Eisler), ya de joven logro componer varias obras de camara muy interesantes. Va una muestra de ello tambien.

  • 18. Marcelo Grynberg  |  18 diciembre 2015 en 19:53

    Recien envie el autoretrato pero todavia no salio … Respecto a su observcaion: “no sabría si la Estética debe tratar solo de lo bello, o qué sean los parámetros que definen tal cosa”, en la clase nro 4 de Estetica, en un parrafo Adorno dice lo siguiente:

    “… la experiencia de lo disonante o de lo satisfactorio, es infinitamente multifacetica. Si un artista, – un compositor por ejemplo-, establece hoy sus disonancias, no lo hace para duplicar, por medio de ellas, el horror del mundo, -aunque seguramente en estas disonancias, en su exclusividad y en su uso constructivo, tambien esta presente algo de ese horror-, sino que lo hace, ante todo, porque ya solo una disonancia como esa, por su diferencia con la convencion adaptada y, mucho mas aun, por lo no afectado en ella, por lo nuevo y por su carga de furia como expresion, sea por lo que fuere, es algo pleno de felicidad.”

    A que felicidad se refiere, no tengo idea … (aunque el decia que el Arte es una promesa de felicidad).

  • 19. r .nadaud  |  19 diciembre 2015 en 13:24

    Grinberg : gracias por la contratapa.

  • 20. Marcelo Grynberg  |  19 diciembre 2015 en 14:23

    Nadaud: le envie mas comentarios pero no salieron. Eventualmente se los vuelvo a enviar este lunes. Saludos

  • 21. Aldo  |  19 diciembre 2015 en 14:43

    si lo absoluto no esta en el hombre los buscadores de Dios seguirán a paso dócil . buscando el silencio de una iglesia o el llamado de un ángel ,,, ,,,, un Dios que vele por ellos , pero tambien podria ser la ciberenética un todo al llamado de la realización , como conviven Dios y la cibernetica ? aqui se da la contradicción que tiene que resolver el hombre ,,,, pero si los que insisten sesudamente en la palabra del Dios ,,, esos benditos hombres abrumados muy abrumados de pensamientos buscaran un lugarcito por alli mientra los hombres van a su realización

  • 22. r .nadaud  |  19 diciembre 2015 en 20:29

    “pleno de felicidad” al ver, quizás, por una vez, un proyecto cumplido,

  • 23. r .nadaud  |  19 diciembre 2015 en 20:37

    film : la Dama de Oro. Deuteronomio 16:20. abruma entrever el camino de “disonancias y cargas de furia” que ciertos hombres y mujeres deben cumplir.

  • 24. r .nadaud  |  20 diciembre 2015 en 11:57

    gracias Marcelo, Adorno parece esperar, como nosotros, un gesto, una palabra, atento para decir ‘gracias por el fuego’


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