LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 161

13 diciembre 2015 at 11:02 15 comentarios

Merleau Ponty mientras preparaba su clase para el College de France sufre un ataque al corazón y muere a los cincuenta y tres años. Cinco meses después, el primer día de octubre de 1961, sale un número doble de Les temps modernes, un homenaje en el que escriben entre otros Jacques Lacan, Jean Hyppolite, Jean Wahl, J.B Pontalis, y el texto “Merleau Ponty vivant”, de Sartre.

“¡Cuántos amigos he perdido que viven todavía!”, así comienza su escrito. Lo que sigue es otra muestra del talento literario de Sartre, un ejercicio de precisión, de golpe duro hasta astillar el argumento adverso, un trayecto corto y terminante, que a veces bordea el arte del panfleto. Una virilidad en el trazo que suaviza y modera con frases de un lirismo inesperado.

No se anda con rodeos, odia la indefinición y la vaporosidad retórica autorizada por una evocación de lo inefable. Desde el inicio subraya una diferencia de origen. Los dos fueron a Alemania en los inicios de la década del treinta. Por recomendación de Emanuel Lévinas se interesaron por la fenomenología. La filosofía de la existencia, y un interés por la psicología, podían ofrecerles una válvula de escape a una filosofía que los aburría, los esterilizaba con sus variantes idealistas.

En su afán de criticar al positivismo triunfante del siglo XIX, la reacción filosófica a partir del neokantismo de Leon Brunschwig y del intuicionismo de Henri Bergson, les parecía un anacronismo y un intento de salvación de un mundo en ruinas. La república francesa era un fantasma poblado por millones de inválidos y viudas de la guerra, y creer en la razón universal como en la intuición iluminadora, los hundía aún más en una especie de parasitismo teoricista.

La fenomenología les prometía el acceso a las cosas mismas; por la problemática de la existencia, el problema de la finitud dejaba de ser un cuestión gnoselógica para interrogar el sentido de la vida, mientras el marxismo, salvo para Paul Nizan, aún estaba ausente de las preocupaciones de los dos amigos.

Llegar a Berlín, para permanecer un año, fue una lección de vida. Lo cuenta también el otro miembro del cuarteto, Raymond Aron, parte de la camada migrante, compañero de Sartre en L` École Normale.  El futuro filósofo, politólogo, sociólogo y periodista, fue el único del grupo que se interesó por el ascendente movimiento nazi, y tuvo la intuición de lo que sobrevendría. Quizás porque era judío.

Sartre reconoce que su amigo Merleau fue quien lo inició en la política. Hasta ese momento no era más que una especie de niño mimado con veleidades anarquistas. La década del treinta había sido de una mediocridad tal, que el interés por la política le resultaba una pérdida de tiempo.

La decepción por el fracaso de la Tercera República, la debilidad del Frente Popular y las vacilaciones de Leon Blum, no estimulaban a nadie que quisiera soñar con un porvenir energizante.

Era muy difìcil trasmitir entusiasmo a partir de una política cuyo eje principal era el pacifismo. La lección de la primera guerra mundial encuadró a toda la década siguiente en un deseo irrestricto de paz. Nadie quería más mutilados y muertos por millones en una guerra intereuropea.

La neutralidad del gobierno socialista francés en la guerra civil española, mientras los aviones fascistas bombardeaban Guernica, alejaban a las nuevas generaciones de la militancia de izquierda. Sólo figuraban aquellos que ya nada esperaban de la democracia parlamentaria y buscaban el remedio en el comunismo soviético o en los gobiernos fascistas. De Céline a Drieu la Rochelle, entre otros intelectuales como Rebatet y Brasillach, analizaron la época y concluyeron que el mundo de las finanzas, de los judíos y el radical-socialismo, constituían un único bloque traidor a la patria que los llevaría a otra guerra.

Otros como Paul Nizan y André Malraux, elegían el campo comunista. En el medio, Sartre se armaba de recursos teóricos con la fenomenología y publicaba los cuentos de “El muro” y la novela “La náusea”. Relatos como “La infancia de un jefe”, muestra el odio de su autor por la burguesía. Un rencor empecinado y total. Lo que llevaba a sus personajes a una vida de abulia, experimentando como máximo un sinsentido y un aburrimiento que ni la literatura ni la compañía de mujeres alteraba. Ser burgués es ser traidor.

Este desinterés político de Sartre sólo se disolvió con lentitud en el final de la Ocupación. Su filosofía de la libertad no se plantaba en la tierra y flotaba sin raíces. Mientras tanto sus compañeros ya habían asumido posiciones políticas y estaban comprometidos en acciones ya fueran culturales u organizativas. Camus dirigía el periódico de la resistencia “Combat”. Aron había estado en el exilio y participó de iniciativas editoriales de la Francia Libre. Además formó parte del primer gabinete después de la Liberación bajo las órdenes de Malraux que se había unido al movimiento liderado por Charles de Gaulle. M. Ponty también se zambulló en el espíritu de la época y en el momento en que convino con Sartre en fundar Les temps modernes, tomó el mando político de la revista. Sartre reconoce su inexperiencia y falta de formación en todo lo concerniente a la actualidad política.

Era un dandy intelectual descreído de utopías. Le duró poco tiempo. Su espíritu acelerado y su necesidad de combate, lo condujeron en poco tiempo a virar su horizonte.

En esta carta a su amigo fallecido dice que su temple es el de un dogmático. Confiesa que para él, así lo decreta, la verdad es Una. M. Ponty encontraba su seguridad en la multiplicidad de perspectivas. Era suave, pero inflexible. Sartre puntualiza que su amigo lo encontraba optimista, pero que en terminos generales su dogmatismo como la ductilidad de Merleau no eran más que cuestiones de estados de ánimo.

En el breve lapso de dos años M.Ponty escribe “Humanismo y terror” y Sartre publica en la revista la segunda de sus `Situaciones´: “¿Qué es la literatura?”. Es el año 1948. Hay una ferocidad en la prosa y una fuerza argumental que hace de los dos escritores, conductores ideológicos de su generación en esos primeros años de la posguerra.

Sartre dice que la ambición de ellos dos era convertirse en `etnógrafos´ de la sociedad francesa. Algo los diferenciaba y tenía que ver con el optimismo inveterado que siempre lo impulsó a seguir adelante con una confianza en sí mismo que otros tildaron de irresponsabilidad. Compromiso e irresponsabilidad son dos atribuciones difícilmente compatibles en una misma persona, a pesar de que Sartre podía conjugarlas en distintas circunstancias. Era un maximalista.

Este optimismo cae bajo la férula de su mismo consumidor. Sartre se ataca a sí mismo y dice que creía en el mito del progreso, en la ilusión de creer valer cada día un poco más, de mejorar su labor de escritor, de acumular virtudes con el tiempo siempre a su favor, y de creer que lo conquistado puede guardarse y conservarse en una caja de seguridad existencial.

Cuando fundaron la revista, Merleau se encargó de las editoriales políticas pero siempre manteniendo un bajo perfil. No firmaba sus notas. Sartre dice de su amigo que era demasiado orgulloso para aprovecharse de su notoriedad.  “Es cierto, yo era más conocido y no me jacataba de ello, era la época de las “rats de cave” (ratas de sótano- lugares de encuentro entre escritores y artistas mientras se fumaba cigarrillos negros y se escuchaban bandas de jazz) y de los suicidios existencialistas; tanto la prensa seria como la otra, me cubrían de mierda. Era famoso a causa de un malentendido”.

Sartre nunca coqueteó con su fama. Su ambición iba más allá de lo personal. Tenía un extremo encono respecto de la sociedad que condenaba por burguesa, que le hacía repeler las consagraciones que otorgaba a sus artistas, como si fueran payasos de circo.

Su rechazo del premio Nóbel, iba en la misma dirección. Y su inacabada obra sobre Flaubert también. Admiraba a su amigo, su modo tranquilo y firme de ser. Merleau estaba lejos de ser una eminencia gris como algunos creían, dice que nada era más falso. No aconsejaba a nadie, sólo llevaba a cabo lo único que los dos sabían hacer: escribir y tomar decisiones frente a los problemas planteados.

Sartre rememora que en el momento en que Merleau escribe “Humanismo y terror”, sorprende a sus allegados.  Pierde el equilibrio que lo destacaba, y toma partido por la defensa de la URSS como el más riguroso de los militantes. Veía en el socialismo soviético, la epopeya de una sociedad inquieta y amenazada que construía su revolución en medio de ataques sectarios e irresponsables. Parecía condenar toda oposición a Stalin e identificaba al opositor con el traidor.

Dice Sartre que en pocos días Merleau se convirtió “en el hombre con el cuchillo entre los dientes” (pag 27). Cuenta además que en una reunión Camus estaba alterado ante la posición política de Merleau  a quien le pedìa explicaciones con urgencia. Pero sólo obtenía un empecinado silencio y breves palabras de cortesía.

Camus se despide con cierta violencia del encuentro y Sartre lo sigue para mediar entre los dos amigos. Dice: “no sé qué humor negro me sugirió oficiar de mediador entre dos amigos que más tarde me reprocharían, uno después del otro, mi amistad con los comunistas y que murieran los dos sin reconciliarse”.

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15 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  13 diciembre 2015 en 11:55

    En vista de su fuerte rechazo por la burguesia, no entiendo por que Sartre nunca se afilio al PC.

  • 2. marlaw  |  13 diciembre 2015 en 15:35

    Me parece que no se afilió porque no era político. Prefería jugarla de afuera. A mi me causan mala espina, esas personas que dicen que”no entienden de política” Yo no les creo.¿ A quién se dirigiría Sartre en “Los caminos de la Libertad·” cuando hacía hincapié en el compromiso, cuando sus personajes hablaban de una libertad comprometida?

  • 3. r .nadaud  |  13 diciembre 2015 en 16:17

    se dirigía a las poltronas, a los sillones.
    en este caso las sillas de totora serían proletarias.

  • 4. marlaw  |  13 diciembre 2015 en 19:28

    El problema con el el marxismo es que los intelectuales, que abrazarón su causa, no eran proletarios, la mayoría de ellos pertenecia a la pequeña burguesía, cuando no a la burguesía.
    En algún momento debierón enfrentar sus propias contradicciones de clase, y vivir el desgarramiento que ese enfrentamiento provoca. No es un buen comienzo, abrazar al marxismo porque se detesta a la burguesía. Ese rechazo suele encubrir cuestiones personales del sujeto (por llamarlas de algún modo), que son ajenas a la política. Yo no creo en absoluto que Marx o Engels fueran resentidos sociales, existen demasiadas evidencias que demuestran lo contrario, pero no sé sí se podría afirmar lo mismo de muchos de sus continuadores.

  • 5. Marcelo Grynberg  |  13 diciembre 2015 en 19:41

    Aqui van dos entrevistas-documentales largos a Sartre (par lui meme).
    Las partes de Ricardo Forster las pueden saltear …

    Parte 1:

    Parte 2:

  • 6. philo  |  13 diciembre 2015 en 23:25

    Solo lei de Sartre “A Puerta Cerrada” y “La Nausea” hace mucho.

    En su momento me gustaron ambas . Y en esas obras dicen mucho!

    Ahora que estoy leyendo sus entregas de “La enseñanza de la filosofía” entiendo que hable tanto de él.

    Afiliarnos… es condicionarnos…(supeditarnos, subordinarnos, limitarnos, restringirnos, coartarnos)

  • 7. Pablo Fasoli  |  15 diciembre 2015 en 2:19

    La verdad mas alla del Sartre comprometido con la situacion del mundo ,,ese Sartre moral de que si debia o no aceptar el premio nobel ,,,del que vivia una vida austera o no ,,,,,del que se comprometia y empatizaba con el militante revolucionario tercer mundista ,,,del que debatia y tomaba posicion y sus movidas y posiciones eran como las de un tablero de ajedrez politico filosofico con otros pares que lo amedrentarian por diferir en milesimas de diferencias en esas utopias antes del conocido fracaso que fueron los regimenes comunistas sovieticos ,,,,,El Sartre que quisiera rescatar por haberme enseñado de verdad a como hacernos y como vernos y como manejarnos en cuanto a lo que podemos auto construirnos es el Sartre iluminado no solo por el exceso de anfetaminas y tabaco negro que lo hizo escribir tan estimulantes ideas como el que uno se construye,,y no queda otra ,,y no solo tiene la libertad sino la responsabilidad de hacerlo ,,,el condicionamiento de la mirada del otro en cuanto a transformarnos en la representancion de los espejos otros y ya uno auto desaparecerse perderse ,,,ese urgador del ser ,,,ese que aunque murio fisicamente ,su estilo de vida libre pero direccionado sigue siendo de avanzada y pocos se animan a la aventura total ,,,prolijo en su desmedida ,,,concreto y claro en desnudar y denunciar la burguesia putrida de la Francia de su tiempo ,,,vivia una vida futurista con su pareja en ese amor libre que parecia mas beneficiarlo a el que a ella ,,,,pero bueno gracias pensador bajo ¡

  • 8. marlaw  |  15 diciembre 2015 en 6:22

    Una pena, no alcanzo a distinguir los subtítulos, y solo puedo comprender alguna que otra palabra aislada.

  • 9. marlaw  |  15 diciembre 2015 en 6:36

    Reconozco que lo que uno puede llegar a escribir resulta apenas un balbuceo, en comparación a como escribe el Profesor. Algunas veces me arrepiento de abrir mi boca

  • 10. marlaw  |  15 diciembre 2015 en 6:54

    “Este optimismo cae bajo la férula de su mismo consumidor. Sartre se ataca a sí mismo y dice que creía en el mito del progreso, en la ilusión de creer valer cada día un poco más, de mejorar su labor de escritor, de acumular virtudes con el tiempo siempre a su favor, y de creer que lo conquistado puede guardarse y conservarse en una caja de seguridad existencial.”

    El mito del “progreso” forma parte de la esencia del Positivismo.

  • 11. Marcelo Grynberg  |  15 diciembre 2015 en 9:56

    Marlaw: lamento lo de los subtitulos. Tal vez es porque cambian rapido, pero aun asi creo que se llegan a comprender.
    Saludos.

  • 12. Aldo  |  15 diciembre 2015 en 21:12

    son generaciones muy sufridas , les metieron psicoanálisis hasta en los espejos de la casa , valga la redundancia
    Sartre es el pensador mas grandes de estos últimos tiempos , quien le torea a Sartre ,,,,,, Hegel , Marx ?
    Ahora , lo que se le reprocha a Sartre ( Forster no la va decirr ” el negocio de los filosofos ” es no haber bajado algunos escalones y escribir para una masa deseosa de conocimientos y libertad ,,, Marx hubiese dicho que la contradiccion no es revolucionaria , esto corre por mi cuenta , ojo por que aca no es el lugar para analisar , Abraham lo siente a Sartre desde una postura estética , su juventud como cuando estudio con Foucault , yo quiesiera ver una foto o una prueba de eso

  • 13. marlaw  |  16 diciembre 2015 en 14:00

    Marcelo aunque no nos conocemos personalmente te voy a tutear. No lamentes nada, porque no es culpa tuya, puede ser mi máquina, o cualquier otra cosa. Una consideración al margen Yo tuve una comañera en el secundario de apellido Grimberg, Colegio Nacional de Morón año 1957, sus padres eran médicos, y ella era afiliada a la FEDE, alguien de tu familia quizás???

  • 14. Marcelo Grynberg  |  16 diciembre 2015 en 15:36

    Marlaw: no, no los conozco. Por otra parte es un apellido bastante comun, aunque con “y” creo que no hay tantos. Pero supongo que venimos todos de los mismos “shteteles” (pueblitos, aldeas) de Europa del Este, donde tan mal trataron a nuestras familias.

  • 15. r .nadaud  |  17 diciembre 2015 en 17:58

    según dicen el 1er abraham lamentó el no-invento de la Polaroid: bajar con el Decálogo y no ser tapa de Perfil.
    quizá haya una del tatara- tatara con Michel, serio ,como entendiendo el exámetro de la Pitia luego del humo sacro.

    en todo caso, donTomás, gracias por estos momentos,Islas a la deriva en el Mar de la incertidumbre.


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