LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 158

30 noviembre 2015 at 7:56 7 comentarios

Para Merleau no es necesario ser comunista o anticomunista, ya que lo preferible es que la situación de la política internacional supere esta disyuntiva. Dice que hay que luchar contra toda explotación guerrera de las situaciones conflictivas, y que, por el contrario, hay que favorecer el apaciguamiento.

Le reprocha a Sartre censurarlo en lugar de discutir con él. Califica a su conducta de “altamente `psicológica´, porque no se puede darle otro nombre a quien tiene la presunción de actuar de acuerdo a principios objetivos cuando no hace más que encarnar la forma más arrogante de la ley del corazón.

Merleau se describe a sí mismo como alguien que vive el presente, dejándolo indeciso y abierto como es. No se considera `un hombre rebelde´, y mucho menos un héroe. Le dice a Sartre que de haber estado más cerca de las cosas, en lugar de extremar posiciones y censurar las que desaprueba, habría cumplido con la verdadera función política del escritor que es la de mostrarse en lucha con sus dificultades.

Una vez aclaradas las diferencias respecto del modo en que un filósofo puede acercarse a lo político, Merleau vuelve a dirigirse a Sartre desde un plano personal. Padece la distancia que su amigo siempre traza con sus compañeros. Sabe que para Sartre las relaciones de amistad nacen en el trabajo. Son las que puede tener para evitar el aburrimiento de los lugares comunes, las charlas de ocasión, y el vacío doliente de la mundanidad.

Merleau toma nota y acepta los límites de la sociabilidad con sus correspondientes afectos circunstanciales de su amigo filosófico.

Termina su carta con la aclaración de que Claude Lefort no es su brazo derecho ni un mandamaz sino una persona independiente; le confirma que no necesita de terceras personas para dirigirse a él, ni para criticarlo.

Respecto de la queja de Sartre sobre un supuesto desprecio de su pensamiento que Merleau hizo durante una conferencia, se toma el trabajo de resumirle la misma.

Dijo en aquella ocasión que Hegel al no renunciar a la idea de totalidad  es un filósofo clásico. La idea de que lo racional es real y lo real tracional, deviene con el marxismo un anuncio de que su concreción está en las manos del proletariado, cuyo advenimiento planetario es el resultado del desarrollo capitalista. Sin embargo, dice, la idea de revolución está en crisis, paralela a la decadencia acelerada del liberalismo. Desde 1945, agrega,  las revoluciones se hacen desde “arriba”. La violencia revolucionaria se presenta como la defensa del orden establecido y a los opositores se los condena como criminales de derecho común.

La idea de “compromiso” – y ahora sí se dirige a las posiciones de su amigo – no tiene que ver con adhesiones o participaciones, sino con un tipo de acciones que en su mayor parte aparecen en los intersticios de los acontecimientos y los pensamientos puros. Entre las palabras y las cosas. Se trata del angosto lecho de las acciones simbólicas que operan menos por su eficacia que por su sentido. A esta zona, concluye, pertenecen los libros, las conferencias, y las asambleas.

De este extraño modo finaliza Merleau Ponty su carta, en la que combina sentimientos personales, análisis político, referencias filosóficas, y con un llamado de atención a una supuesta importancia de sí que los escritores deberían revisar para no pecar de soberbios y desubicados.

La respuesta de Sartre es más breve. Estuvo en aquella conferencia que Merleau sintetiza, y en más de un pasaje de la misma, estuvo más que satisfecho con lo que escuchaba. Pero admite que padece de una timidez que hace que sus reacciones puedan parecer glaciales y que sus felicitaciones aparezcan en exceso formales.

Sabe que Merleau cree que por su reciente pasión marxista, ha dejado de lado tesis fundamentales de “El ser y la nada”. Pero nada hay en su filosofía existencial que haya perdido vigencia, sólo que diez años después de que fuera escrita, el mundo es otro, y las generaciones cambian. Siente que los estudiantes de hoy le darían la espalda. En el año 1943, cuando la obra fue publicada, tenía el futuro por delante suyo, pero en esos nuevos días, el porvenir era otro.

Respecto del nombramiento vitalicio de Merleau en el “College de France”, nada tiene que reprocharle. Sabe que es un sitio académico, quizás acartonado, pero en nada sugiere reformarlo y menos provocar escándalos ya que detesta esas pequeñas osadías de profesores que pretenden ser modernos.

Además, él también habría aceptado ingresar a esa magna institución en caso de ser nombrado, si se hubiera visto en la necesidad de hacerlo. Sólo el éxito teatral que le hizo ganar suficiente dinero le permitió abandonar la enseñanza.

Respecto de lo que su amigo le dice respecto del modo en que encara las amistades, de ningún modo piensa que únicamente valen la pena si se inician en un comité de redacción. Sería ridículo. Pero cree que las amistades deben tener un sentido concreto, fundarse en empresas comunes. A través de emprendimientos compartidos nacen las relaciones, se establecen vínculos en los que prima la confianza, la simpatía, la intimidad, hasta conversaciones banales y agradables sobre dinero, viajes, etc.

Le pide salvar la amistad que los une.

Mientras Sartre le escribe a su amigo con tono conciliador, Simone de Beauvoir, dos años después, retoma la discusión y escribe “Merleau Ponty ou l` antisartrisme” en Les temps modernes.

En el año 1955, Merleau publicó “Las aventuras de la dialéctica” en la que dedica in extenso un escrito crítico a “Los comunistas y la paz” de Sartre. En este último, el filósofo sostiene que el Partido comunista es la única y auténtica representación del proletariado, más allá de situaciones coyunturales en la que la clase obrera pueda elegir políticas reformistas o retroceder en alguna de sus reinvindicaciones.

Simone responde en el mismo año al libro de Merleau, y lo hace a su modo, el acostumbrado, en el que denuncia a quien osa criticar a su socio, amigo, compañero vitalicio, marido blanco, y camarada, por su mala fe, su complicidad con el enemigo, la asociación con la derecha. Dice que Merleau cometió `un abuso de confianza´, que considera necesario denunciar. Es una fiscal investida de la tarea de desenmascarar el hecho de que Merleau se inventó un Sartre a su medida, para luego demolerlo. Se trata de un pseudoSartre que está en las antípodas del original.

¿En qué consiste la enorme falsificación denominada pseudosartrismo? Dice Simone: “el `pseudosartrismo es una filosofía del sujeto. Éste último se confunde con la conciencia que es pura translucidez y coextensiva del mundo.  Su transparencia se opone la opacidad del ser en sí, carente de significado. La conciencia impone su sentido a las cosas por un decreto que se motiva ex nihilo. La existencia del Otro no interrumpe este diálogo íntimo (…) la relación entre el Yo y el Otro, se reduce a la mirada” (Sartre vs M. Ponty, ed castellana, siglo XX, pag 11). Merleau se inventó un Sartre apócrifo.

El verdadero Sartre escribió “El ser y la nada”, que provocó una explosión filosófica. La nueva generación de intelectuales la leyó con pasión. Era un texto novedoso, en el que las abstracciones conceptuales estaban intercaladas por la narración literaria en la forma de ejemplos, ilustraciones, en los que lo concreto se apoyaba en imágenes cotidianas.

Además, era una filosofía de la libertad, en la que el sujeto escapaba del reino de la necesidad, pero esta vez no por el universo de los fines como en la racionalidad crítica de Kant, sino por la estructura intencional de la conciencia.

Siempre afuera, lanzada desde sí, centrífuga, la conciencia salía del cuarto oscuro en el que la hacían guardar todo tipo de huellas como recuerdos y percepciones, para liberarse y asumir la responsabilidad de elegir.

Este viento purificador de un filósofo que escribía novelas y obras de teatro, fue un punto de referencia para una cultura que salía de años de silencio por la ocupación alemana – a pesar de que ese `silencio´ estuvo poblado por las mismas obras de Sartre – pero al mismo tiempo se constituyó por su misma fama en un sujetador teórico que incomodaba  la irrupción del marxismo en la cultura francesa.

Una conciencia que se vacía todo el tiempo no hace más que desprenderse de todo contenido, y flota aislada como una mónada sin universo. Así se compone la filosofía `bastarda´ de un filósofo que pensaba sin raíces.

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7 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  30 noviembre 2015 en 15:47

    Pregunta de no-especialista (o ingenua)
    Que es “la intecionalidad de la conciencia” ? Acaso nuestras “intenciones” y la conciencia misma no estan mediadas o construidas por todas las demas ? Existe una instancia “o cosa en si” que podamos llamar conciencia ?

  • 2. marlaw  |  30 noviembre 2015 en 17:56

    Uno puede disfrutar de entrañables relaciones personales, que se tejen al calor de los encuentros cotidianos, en el trabajo, en la universidad, en la profesión. Les llamamos según sea el caso: compañeros, condicípulos, o colegas. Con ellos podemos compartir trabajo temores, objetivos, sueños e inclusive hasta algunos dolores. Todos ellos pueden llegar a ser magníficos “compañeros de ruta” que comparten con nosotros una parte del trayecto, en la Universidad, en el Trabajo, o donde sea, pero la verdadera amistad es otra cosa, porque trasciende los estados, las situaciones, los intereses. Es algo que se encuentra mas allá del bien y del mal

  • 3. marlaw  |  1 diciembre 2015 en 18:47

    Alguna vez se le escuchó decir a NK que nadie tene un peronómetro para poder discenir quién es o quién no es peronista.
    ¿Sería necesario tal vez crear un sartreanómetro, que cumpliera con idénticos fínes?

  • 4. philo  |  2 diciembre 2015 en 12:06

    “Le pide salvar la amistad que los une”

    Nunca tuve que salvar una amistad, hay vinculos que no necesitan ser salvados porque nunca naufragan.
    Quiero buscar una palabra y no la encuentro, tal vez inmanecia compartida

    Y ahora agrego algo de ciencia comprobado, los amigos comparten el 1% del material genetico (estudio realizado por cientificos estadounidenses de Universidad de California y la Universidad de Yale.

    Hay algo que nos une al otro, puede ser los genes u otra inintengilble atracción y no creo pueda basarse en empresas comunes.
    Aunque reconozco que cuando quiero estar cerca de alguién, al fin resulta que comparto algo preciado con esa persona.

  • 5. philo  |  2 diciembre 2015 en 12:15

    Lea

    La intencionalidad en Edmund Husserl

    Aunque para este hermoso día, mejor le recomiendo, caminar entre los arboles, acercarse a la costa del río.
    Escuchar los pajaritos y entrar en estado de inconscienca total

  • 6. marlaw  |  3 diciembre 2015 en 9:37

    “Para Merleau no es necesario ser comunista o anticomunista, ya que lo preferible es que la situación de la política internacional supere esta disyuntiva”.
    Para mí esta afirmación encierra una petición de principios, porque traslada al ámbito internacional, una cuestión nacional. Los obreros afiliados a los PC nacionales pensaban en sus propias circunstancias. Los Italianos pensaban en Italia no en la ex-Unión Soviética del mismo modo los Franceses lo hacían en Francia La introducción “del temor a una presunta invasión Rusa” operaba como un elemento reaccionario o se encontraba en los hechos al servicio de la reacción. Sí bien la ex-Unión Soviética fue un marco de referencia, muy pocos creían que la única vía al socialismo era el camino que tomó esta. Cada PC nacional tenía una mirada particular al respecto. Por otra parte me pregunto sí el Estado de Bienestar habría tenido lugar en Europa, sí no hubiera existido previamente la radicalización del movimiento obrero. Paradojalmente fue la desmovilización del movimiento obrero en Europa lo que permitió el paulatino cese del Estado de Bienestar.

  • 7. Marcelo Grynberg  |  3 diciembre 2015 en 9:51

    Que tal Philo,

    Si, me encantaria, pero no tengo mas remedio que seguir trabajando. Me pregunto si “dado el desarrollo de las fuerzas productivas” sera necesario seguir trabjando para comer (ensoñaciones de los Frankfurtianos y otros hippies como Marcusse).
    Saludos


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