LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 157

27 noviembre 2015 at 9:48 9 comentarios

Merleau dice que era fácil ser amigo de Sartre.  Era una persona afable, incuestionablemente optimista, emprendedora, vigorosa. Todo le era nuevo e interesante. No tenía un espíritu trágico. Cortaba sus raíces y siempre parecía ligero de espíritu  a la vez que terminante en su pensamiento; no buscaba completar su relato con el pasado. Parecía siempre dispuesto a dar un nuevo paso.

Estas consideraciones se suman a otras similares de otros que conocieron a Sartre. Michel Onfray que hace poco escribió un libro sobre Camus, no puede evitar exponer lo que debe considerar una muestra de talento: la injuria. Para resaltar su preferencia por Camus, hace de Sartre un farsante, una persona que divulga una filosofía de la angustia mientras vive con su mamá en un hotel.

Sucede que cuando los especialistas tratan de descubrir las supuestas miserias de la vida de los filósofos, con el fin de echar por tierra sus teorías, hay quienes se esfuerzan un poco más que otros. Ray Monk escribe casi dos mil páginas sobre Bertrand Russell, un personaje que no le es nada simpático, pero sin dejar de homenajear su talento matemático y filosófico, a pesar de ser, por ejemplo, un padre bastante psicópata.

Para dar un caso más en la pretensión de inspeccionar en la vida filosófica su grado de coherencia para marcar las distancias con el ideal del sabio antiguo, un estudiante interpeló a Gilles Deleuze, pidiéndolo explicaciones sobre la educación que le daba a su hija que jugaba a ser mamá con muñecas. Un autor de un libro tan subversivo como “El antiedipo”, no `cuajaba´ con la imagen que el joven tenía de las consecuencias vivenciales de aquel libro. Imaginaba probablemente que el universo en el que funcionaba la máquina deseante era el de huérfanos esquizos viajando por el mundo.

Dejemos por el momento la fiscalización de conductas de los filósofos. Repasemos la relación entre Merleau Ponty y Sartre, la tensión entre ambos, a partir de unas cartas que fueron publicadas en el año 1994, por “Le Magazine Littéraire”. Nunca habían sido editadas con anterioridad. Corresponden a un intercambio epistolar de junio a julio de 1953.

Es curioso que la presentación de las mismas esté a cargo de François Ewald, cuya trayectoria es ajena a la obra de ambos filósofos. Ewald, autor de “L`État Providence”, fue el asistente de Foucault en el College de France, y editor de sus cursos.

Dice que estas cartas corresponden a “dos de los más grandes filósofos de la posguerra”.

La situación es la siguiente. La relación entre los dos se habia resentido a partir de la guerra de Corea. Merleau revisaba sus  posturas frente al marxismo y a la política de la URSS, retirando su apoyo casi incondicional a la patria del socialismo, en tanto que Sartre, por el contrario, una vez despejadas algunas brumas que lo confundían por no poder congeniar su filosofía existencial del hombre solitario condenado a la libertad, con la irrupción de las masas revolucionarias en la historia, toma partido por las organizaciones comunistas que representan al proletariado.

Esta situación creó conflictos en la revista que ambos codirigían hasta el momento en que Merleau decide abandonar la redacción y el comité editorial, luego de que Sartre censurara un texto político de su autoría. Por otra parte, Sartre se molestó por algunas menciones que su amigo hizo en una conferencia en la que veía un desprecio por su pensamiento.

Sartre comienza su carta confesando que le causa horror poner en tela de juicio, “aunque sea para defenderme, a la gente que quiero”. Hace un esfuerzo por comprender las dudas y las vacilaciones de su amigo, pero le dice que si bien es cierto que siempre se elige en la ignorancia, que acepta hasta cierto punto el estado de ambigüedad de la condición humana, es necesario decidir, elegir.

A la ruptura que lleva a cabo Merleau entre filosofía y política después de la decepción que le provocaron los acontecimientos denunciados de lo que sucedía en la URSS para dedicarse exclusivamente a la labor filosófica, Sartre dice que es falso creerse “filósofo”. No se es filósofo.

“Ni yo, ni Jaspers (ni cualquier otro) lo somos. Se es filósofo cuando se ha muerto, cuando la posteridad te ha reducido a unos cuantos libros. Mientras vivimos. Somos hombres que, entre otras cosas, escriben obras de filosofía”.

Por lo que el argumento de su amigo y colega, que ha eligido dedicarse a la filosofía una vez abandonado el análisis político, le parece una coartada. Podría haber dicho de “ mala fe”, si quería citarse a sí mismo, pero en este caso hubiera resultado ofensivo.

“¿Y tú, qué haces hoy?”, pregunta. Arremete. Responde por Merleau: nada. Si Merleau no hace nada en política, no tiene derecho a criticar políticamente; en todo caso, tiene derecho a  dedicarse a escribir un libro, pero sin jugar en dos tableros.

Sartre justifica así su decisión de haber dado la orden de no publicar en Les temps modernes, un texto critico de Merleau sobre la política de la URSS, que motivó la renuncia de su amigo.

Y le advierte que es necesario distinguir las pasiones subjetivas de los principios objetivos cuando se analiza la política, como le recuerda haberle advertido sobre las consecuencias de tal confusión en su almuerzo en el tradicional restaurant Procope en Saint Germain de  Près.

La respuesta de Merleau manifiesta su lamento de que hayan sido publicitadas sus desaveniencias de un modo tal que produjeran falsas interpretaciones. Pero no se siente responsable del cauce que tomaron las mismas. Está de acuerdo en que sean públicas, con el cuidado de mostrar que a pesar del desacuerdo ambos pertenecen a un mismo campo de opciones políticas, y no a bandos opuestos que convierten el desacuerdo en hostilidad. Eso es lo que quieren, advierte, los reaccionarios, para debilitarlos a ambos.

Culpa a Sartre haber llevado el enfrentamiento a ese extremo, en lugar de una exposición clara de lo que los distanciaba, sin choques innecesarios.

Lo que ocurre, reflexiona, es que él quiere la paz, y no la victoria mundial del comunismo, en momentos en que la guerra estalla en algunas partes del mundo. Sartre juega todo el tiempo por esa victoria.

Le recuerda que ese asunto de la paz no se genera por un sucedáneo del tradicional temor pacifista sino a partir de sensaciones y amenazas que ambos compartieron. Después de la guerra, la situacion europea les hizo temer  a varios miembros del grupo del que formaban parte en una invasión soviética a Francia. La avanzada del ejército rojo cruzaba las fronteras de varios países del centro de Europa, y el activismo del partido comunista francés podía favorecer una nueva ocupación bajo un gobierno formado por un Frente Popular.

La esposa de Camus dijo que si los rusos entraban a París ella se suicidaría con sus dos hijos. Sartre y Simone decían que se irían de Francia. Luego se arrepentieron pero sin saber qué hacer. Por eso querer la paz, dice Merleau, no es un deseo fatuo. De acuerdo a su punto de vista hay que favorecer los intentos de distención en la política internacional en lugar de pensar en términos de triunfo.

Por otra parte, no está de acuerdo en que el rol del analista, o del filósofo, del intelectual en general, sea la de tomar posición en cada uno de los acontecimientos políticos de la escena mundial. Correr detrás de ellos para mostrar una posición, impide rectificaciones, no da tiempo para dudas, ni siquiera un tiempo para pensar. No encuentra justificaciones que obliguen a un escritor a elegir o adherir a causas diversas cada vez que hay un enfrentamiento político. La contingencia es un aspecto temporal ineludible en el acontecer, pero no tiene por qué apurarlos a decidir por una verdad en juego.

Por eso piensa que en la revista, en lugar de tomas de posición apresuradas, sería mejor escribir y publicar estudios de conjunto que abarquen algo más que la actualidad, “para apuntar más a la cabeza que al corazón del lector”.

Pensemos e esta diferencia entre cabeza y corazón. La cabeza, en realidad, quizás sea mejor referirnos a su interior, la mente, en principio oscila entre distintas posibilidades antes de fijarse en una posición. No hablo de neurología, menos lo hacía nuestro filósofo. No se trata de las sinapsis sino del camino del pensamiento asociativo que pone en juego la memoria, el deseo, la voluntad, las pasiones, y la lógica. Un entramado poco decodificable a corto plazo en sus elementos hasta que llega a una expresión unívoca. El corazón es instantáneo.

Merleau habla de una ambigüedad sana, y la asume sobre la base de una dificultad en “hacer funcionar todo junto”. De ahí la que denomina su tendencia después de una batalla enmarañada “a regresar a mi caparazón”. Mientras que Sartre, de acuerdo a su percepción, ante las dificultades tiene un arranque de afirmación y se lanza para adelante a romper todo.

Redobla la apuesta.

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9 comentarios

  • 1. roberto nadaud  |  27 noviembre 2015 en 16:15

    de cuantas cosas,nos libramos siendo anónimos, ignotos,sin un podio próximo ni una espera distante.

  • 2. philo  |  27 noviembre 2015 en 19:44

    Me gusta es frase que Descartes decidió poner en su lápida:
    “BENE QUI LATIUT, BENE VIXIT” (quien bien se escondió, bien vivio)

    En gran parte coincido con usted, trabajar sin aspirar al podio. Sin embargo es dificil escapar a la necesidad de significar.

    Cabeza/corazón
    amo cuando el corazòn bloquea la razón, en ese momento esta el verdadero ser

  • 3. marlaw  |  27 noviembre 2015 en 20:52

    Me pregunto sí en estos momentos álgidos de la historia, frente al espectáculo de las idéas que se desmoronan, aunque todavía se puedan advertir algunas muestras dispersas de sus escombros, frente al vacio que provoca aquello que desaparece, casi sin previo aviso, sín dejar huella; frente a la ausencia ante nuestra vista de nuevas cumbres, que inviten a la aventura por alcanzar su cima, no se traducirá este, en el tiempo y el lugar propicio para dar lugar a la aparición de falsos profetas de toda laya, portadores todos ellos de las mas trístes falacias que hayamos de ver,.

  • 4. Diana  |  28 noviembre 2015 en 1:58

    Puede pensarse que la ruptura entre Filosofía y Política, parece ser algo coyuntural y en medio, lo que estaria escindido, sería cierta perspectiva de la realidad, donde en la brecha fragmentada se encuentraría el análisis de un discurso ambiguo. Aunque la Identificación del discurso de análisis filosófico, pueda no tener nada de discurso politico, a la inversa, suele encontrarse un tinte del discurso filosófico.

    Y Prof. me gustaría ver su comentario, sobre estos momentos políticos, de expresión democrática que vivimos los argentinos.

  • 5. roberto nadaud  |  28 noviembre 2015 en 19:51

    Coetzee nos escribe en ‘E.Costello’ qué sucede cuando el corazón
    avanza. el límite, sería señalado en las últimas páginas.
    límite o abismo: si el verdadero ser está ahí, bueno, el que haga el viaje que nos cuente cómo es.

  • 6. marlaw  |  29 noviembre 2015 en 19:46

    Recién me entero que entre algunos intelectuales franceses durante la posguerra cundió el temor por el avance de los tanques rusos sobre Francia. En principio, salvo el caso de Polonia que nunca estuvo demasiado claro, los rusos se dedicaron a ocupar, los territorios que se habían acordado en la Conferencia de Yalta. En realidad entre los países occidentales, por el que mas se temió su suerte, por lo que siempre se conoció, fue por el caso de Italia debido a la fuerte presencia del P.C. Italiano en la península, liderado por Palmiro Togliatti. Estados Unidos y Gran Bretaña no estaban dispuestos a tolerar el avance del comunismo en Europa. En 1949 se crea la NATO Un tratado militar que vincula a 11 países europeos con fuerte presencia norteamericana. En 1950 USA establece el comando de la Sexta Flota en el Puerto de Nápoles En paralelo al despliegue militar los Planes Marshall destinados a reactivar la economía europea, hicieron lo suyo para desactivar el descontento en la población.

  • 7. marlaw  |  29 noviembre 2015 en 22:03

    Releyendo la história de Grecia durante la segunda mitad del Siglo XX, país que también soportó un periódo de agitación política, que también hizo temer por una presunta intervención soviética en la región: la misma, poco y nada tuvo que envidiarle a lo ocurrido durante esos años, a una gran cantidad de Repúblicas Latinoamericanas. Pareciera como sí un mismo dramaturgo hubiera sido el autor de todos esos argumentos.

  • 8. magu  |  1 diciembre 2015 en 11:57

    ES bueno que MERLEAU PONTY haya cambiado de opinión sobre el comunismo luego de tener veraces noticias sobre los campos de trabajo forzado, asi debe ser un intelectual, no seguir afirmando o sosteniendo algo cuando la realidad (en etapas) le va mostrando otra cosa. Por eso quien apoyó al principio a tal o cual politico o presidente y luego cambió de opinión, habla de su flexibilidad, de ver como se fuereon dando los acontecimentos, lo vemos acá en nuestra Revolución de Mayo como estaban unidos todos y luego giraron hacia nuevos modos de ver los pasos siguientes hacia la Independencia. Ahora. ¡con qué cosa quería ese estudiante obtuso que jugara la hijita de DELLEUZE, con un rizoma de plástico ?

  • 9. r .nadaud  |  1 diciembre 2015 en 12:41

    Churchill y Stalin cajearon Grecia por los balcanes : Koba con el valor agregado de sacrificar al PC helénico.
    en sudamerica fueron el capitán Piluso y el Chavo.
    no confundir con Chavez.
    de un lado estadistas despiadados, del otro, vaya a saber.


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