LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 153

10 noviembre 2015 at 7:38

Lefort retoma sus reflexiones sobre el ideal revolucionario y los efectos que produce la obra de Soljenitzyn. Dice que el novelista es el mayor contradictor público engendrado por la sociedad burocrática.
Destaquemos estas dos palabras: burocracia y contradictor. Son imposibles de juntar en una misma frase, y más imposible aún es la de hacerlas coexistir en el mismo ámbito institucional. Para verificarlo remitámonos a la historia de la filosofía.
Es decir a Platón y Marx. Tienen algunos puntos en común en sus elaboraciones sobre la organización política en la vida de las sociedades humanas, ya que pocas diferencias hay entre la República platónica y la Burocracia soviética.
Es cierto que Marx no es responsable de lo que se hace en su nombre, ni de lo que se dice invocándolo. Pero la idea de una dictadura del proletariado como de la sociedad sin clases, a pesar de aplicaciones que pueden considerarse aberrantes, no tienen una referencia que permita la comparación – para así comprobar `desviaciones´ – con experiencias que puedan arrogarse el título de `auténticas´.
Del mismo modo nos resulta difícil imaginar a Sócrates, el contradictor de Atenas, como un funcionario en lo más alto de la jerarquía política, en la función de supervisor y guardían de las leyes de la polis.
Lo que deseo señalar es que la idea de cada cosa en su lugar y cada hombre en la función que se le encomienda de acuerdo a criterios fundamentados en un saber absoluto, llámese episteme o materialismo histórico, son semejantes.
Lefort, antiguo troskista, cofundador con Cornelio Castoriadis de “Socialismo ou Barbarie” cuyo adversativo será modificado por la historia con un “et”, la conjunción copulativa “y”: socialismo y barbarie, dice que “El archipiélago Gulag”, es una investigación literaria escrita por un libertario.
Nuevamente destacamos estas dos palabras: investigación literaria y libertario.
Dice Lefort: “Es una investigación indefinida, sin límite, que nace de una condición privada de todo sentido; por eso es literaria. Está inmediatamente unida a la exigencia de hablar para vivir y de vivir para hablar, y no puede seguir haciéndolo” (22). Señala que no procede como el teórico esclavizado por la regla del análisis, la diferenciación de hipótesis y su jerarquización. Soljenitzyn yuxtapone y entremezcla experiencias, y sus experiencias son más elocuentes que las explicaciones.
De acuerdo a la lectura de Lefort – me guio por su texto y no por el de Soljenitzyn que con sus mil páginas más otras mil que tengo pendientes de “Vida y destino” de Vasily Grossman, suman una deuda casi infinita – el carácter literario de la obra se debe a que no se demuestra nada, se muestra. Todas las hipótesis que tratan de explicar la existencia de los campos de trabajo en el sistema soviético, resultan parciales e insuficientes.
La comparación entre el extermino en cámaras de gas y la de los campos de trabajo, se hace de acuerdo a parámetros cuantificadores y otros de tipo ideológico. Una subasta de víctimas de genocidio supera todo tipo de frivolidad e impudicia, pero cuando se habla de Gulag se trata de millones de personas muertas en Rusia que sobrepasa en cantidad a la perpetrada por los nazis, sin que por eso haya escalas de criminalidad.
La palabra “genocidio” no siempre es aplicable para todos los casos, a pesar de su uso no sólo indebido sino oportunista y demagógico como el que se lo hace en el presente.
No es un pueblo el que se quiere eliminar de la faz de la tierra, sino a elementos catalogados como antisociales, de acuerdo a un objetivo que no es fácil de interpretar.
No es la pureza de la raza, sino, en todo caso, y de acuerdo a la versión de una de sus víctimas como Soljenitzyn, y de Lefort, de una finalidad negativa.
Llegar a una sociabilidad grado cero, consumir lo vivo que aún conservan millones de personas – se calcula la cantidad de muertos en los campos de diez millones a veinte o más, se habla también de un 5% de la población – desintegrar y deshumanizar a toda una población para darle consistencia de Pueblo UNO al soviético; es por la masa de excluídos y asesinados lentamente, que los hijos de la revolución se hacen una sola entidad bajo lo que el novelista llama “una ideología de granito”.
Pero tras analizar la economía penitenciaria en momentos en que los detenidos están destinados a realizar grandes obras hidráulicas, y corroborar las deficiencias en la labor, al tiempo en que se registra que la mano de obra esclava no compensa su costo de mantenimiento; tras dudar sobre los alcances del sistema correctivo que tiene la finalidad de reeducar a los disidentes o a los sospechados de no adherir absolutamente con el sistema, después de enunciar otras variables, no se llega seleccionar un rasgo utilitario que justifique la creación del Gulag, salvo, quizás, el del terror.
Michel Foucault en “Subjetividad y verdad”, presenta cinco lugares comunes de las relaciones entre el poder y la verdad. Repito lo que ya escribí en mi libro “Los senderos de Foucault”.
Los tres primeros lugares comunes se refieren a la razón de estado y al estado policía. En ambos casos datados desde el siglo XVI hasta comienzos del XIX, se supone que existe una ciencia de la gobernabilidad que una casta de expertos y funcionarios debería conocer para administrar los bienes y la vida de las personas.
El cuarto lugar común acerca de las relaciones entre la verdad y el poder marca una diferencia. Se señala que si existe una verdad que deben conocer los especialistas, es porque su presencia no es evidente, no es transparente, y su falta de visibilidad es lo que permite que el grupo de expertos que tiene acceso a la misma, imponga su política.
Este principio al que Foucault le da el nombre de Rosa Luxemburgo, ya no habla de razón o de ciencia de gobierno sino de ideología, es decir de un ocultamiento que de develarse mostraría los resortes de la dominación. La sociedad en conocimiento de los mecanismos del poder del opresor, al tomar consciencia de su situación crearía las condiciones de la revolución.
El último principio, que nos concierne directamente, tiene el nombre de Soljenitzyn. Foucault dice que si bien es posible que si todos los hombres del sistema capitalista supieran la verdad, el sistema no podría sostenerse por mucho tiempo, en el caso de los estados socialistas, por el hecho de que efectivamente conocen la verdad, es que el poder se mantiene y se reproduce. Lo llama principio del Terror. Es el Estado cínico y obsceno,, que en un curso Foucault define como “ubuesco”, el que con la verdad inmoviliza y silencia.
Una vez conocida la obra del novelista, muchos desestimaron sus posiciones respecto de su experiencia, desde el momento en que Soljenitzyn parecía desde el exilio, adherir a una visión paneslavista de Rusia con sus condimentos religiosos.
Pero Lefort nos dice que el escritor está lejos de pertenecer a ninguna de las sectas o creencias de tipo místico. Dice que Soljenitzyn es un intelectual anarquizante.
Un libertario, dice Lefort, escapa a la categoría de ideología. Los libertarios, agrega, tienen un olfato casi animal para oler las trampas de la servidumbre. No tienen miedo a decir “yo” públicamente. Su saber no se complica con justificaciones. No es su pequeño ego el que se exhibe, sino la verdad que nace con sus voces.
El ideólogo es su antípoda, lo que hace decir a Soljenitzyn: “gracias a la Ideología, al siglo XX le ha tocado cometer la maldad contra millones de seres” (38). Y recuerda que en las obras de Shakespeare, los desmandes y los crímenes – hasta en en la serie de venganzas en piezas como “Coriolano” – siempre son limitadas. La pasión y la locura por el poder, sin ideología, en algún momento terminan, pero cuando hay una `necesidad´en juego, la fe en una divinidad, un mito científico que lo exija nombre la justicia y la justeza correspondiente, la matanza es ilimitada.
¿Cuál es ésa verdad de la que habla que se relaciona con un “yo” y se hace voz? Es decir, palabra singular. ¿La del testigo? ¿Quién da testimonio? ¿Aquella de la que hablaba Benny Lévy para darle fuerza a la declaración aunque fuere de uno solo cuando no hay multitud que lo respalde?

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