LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 152

7 noviembre 2015 at 12:08 4 comentarios

De acuerdo a “Humanismo y terror”, o el posterior, “Las aventuras de la dialéctica”, ambos de Merlau Ponty, textos de la primera década de la posguerra, Lefort muestra el intento de conciliación de parte de su maestro entre una filosofía de la existencia fundamentada en la fenomenología, y el marxismo.

El propósito es cómo conciliar una filosofia de la historia, o, como subraya, “la” filosofía de la historia, con una filosofía del sujeto en libertad que elige sus modos de actuar en el vacío del existir, a partir de la muerte de Dios, sin trascendencias que guien nuestra vida.

La idea de totalidad y la de una conciencia que “nadifica” el pleno del valor, no se pueden  declinar con facilidad en un mismo conjunto. Conservar la idea de  “ambigüedad” y rechazar, como dice Merleau Ponty, la actitud propa del espectador, tampoco es simple.

Cuando rige la lógica de la lucha a muerte, en política, quien se equivoca, comente un acto de traición. ¿Qué es lo que se traiciona? La Causa. Esta palabra todo lo justifica. Por eso se la usa en varios niveles. Puede ser la Causa Freudiana para los adoradores del Lacan y J.A. Miller, o la Causa Kirchnerista, cualquiera de las causas que puedan abundar en los diferentes sitios en los que una verdad está en juego.

De ribetes mesiánicos, no nos sorprenderá que una vez desilusionados de la revolución marxista, sus adeptos buscaran un ideal sustituto en el mesianismo hebreo. Lo hizo Sartre con la ayuda de su secretario y colaborador Benny Lévy.

La idea de pueblo elegido por un Dios excluyente, puede interpretarse como un buen modelo para cualquier tipo de fundametalismo. Pero cuando este dios ha muerto en nombre de la libertad, de la razón, de la autonomía, del conocimiento, de la ciencia, y todos estos atributos se condensan en el nombre de Historia, entonces la causa no tiene poros, su consistencia es total, absoluta. Es el humanismo absoluto.

El problema es que esta muerte de Dios anunciada en el siglo XIX, en la era de Darwin y de Marx, al mismo tiempo que la eliminación de toda divinidad, apostaba por una concepción del mundo y de la vida sin ninguna transcendencia. Ningún poder superior a la voluntad humana. Podemos llamarla la era de la técnica, o la de la política, pero una vez que se elige la inmanencia como sistema de comprensión de los procesos ontológicos, de todo aquello que atañe al ser, lo que quiere decir, sin totalidad ni grandes relatos, enarbolar una causa es paradójico.

No es otra cosa la que decían los filósofos de la existencia, en su versión francesa de la fenomenología, que aún sin proponérselo, sumaban Kierkegaard a Nietzsche, aquellos dos probables pastores que renegaron de su destino, e intentaron pensar a la vez el acto sin patrocinio y la gratuidad de la existencia. Pero tampoco podían renunciar al camino que les indicaba el único humanismo que les era posible: el marxismo.

El marxismo es un humanismo, decían, es el único camino en el que el reconocimiento del hombre por el hombre es real y no una mera abstracción academicista o un deseo vaticano. Real por lo concreto, real porque tiene que ver con las condiciones de existencia, porque termina con la alienación y con la existencia de la clases sociales.

De ahí que Merleau Ponty decía que la teoría marxista se basaba en la teoría del proletariado; sin esa franja de la humanidad, sin aquellos esclavos de la modernidad capitalista, no puede haber liberación. Del mismo modo en que aquellos otros esclavos, los de Egipto, eran el pueblo elegido, nuevamente tienen de su lado la historia de la humanidad, representan a la última etapa de la opresión.

Y si en la posguerra europea, se estaba de acuerdo en que el socialismo existente, el único que mantiene la esperanza de un porvenir redentor, era el vigente en la URSS, bajo el férreo comando de Stalin, no había otra misión para los intelectuales que defenderla, más allá de errores, defectos, o carencias.

No se le puede pedir a una revolución en el poder de un país cercado, asediado y amenazado por las potencias capitalistas, que realice los ideales de la fraternidad universal de una sociedad sin clases.

El comunismo sólo puede ser planetario, o “internacional”, como se decía en la entreguerra. De ahí que si una fracción del partido comunista en el poder, conspira contra el mando y su líder, y pretende derrocarlo, ha jugado una carta definitiva. Si logra su cometido, y se apodera de los resortes políticos de la revolución, no es posible prejuzgar sobre sus fines, pero si fracasa, entonces será juzgado por la única autoridad legítima existente, la que tiene responsabilidad sobre los destinos de la revolución.

Y esta autoridad la juzgará por traición a la causa. Es lo que dice Merleau Ponty en “Humanismo y Terror”. El conspirador Mijail Bujarin en ningún momento renunció a los ideales comunistas que compartía con el poder stalinista. Adhería a la doctrina y a sus fines. Podía discutir sus métodos pero no su horizonte político ni el filosófico.

Una vez descubierta la intriga, su actitud debilitaba el poder del pueblo, saboteaba la fortaleza que debía esgrimir la dictadura del proletariado rodeada por enemigos, y por eso traicionaba.

Claude Lefort dice que la tesis de “Humanismo y Terror” es que por la agresión nazi a la URSS, no podía permitirse el debilitamiento del régimen. Pero el problema no tiene fin. Es una aporía. M.Ponty habla de paradojas, un concepto de la lógica que a partir de Kierkegaard pertenece a la filosofía de la existencia.

La paradoja deja de ser un nudo que inmoviliza para convertirse en un aliciente para la acción. Sostener que para Marx la historia incluye el caos y el absurdo, y que ambos están siempre presentes, exige de parte de quienes pretenden transformar el mundo, un saber especial para descifrar el sentido de los acontecimientos en vistas a la finalidad del proceso.

No hay sabios de la revolución, no los hay, salvo uno: el Partido.

Gracias a la existencia de la organización política, se supera la impotencia por encontrar en la práctica un fundamento para la acción. Aunque no bastará con la mera existencia del Partido, para que su acción sea eficaz, un agregado mayúsculo se le deberá sumar: el terror.

Claude Lefort quince años después de su texto “La politique et la pensée de la politique ( Lettres Nouvelles, 1963, reproducido en “Sur un colonne absent”) sobre la obra de Merleau Ponty, publica “Un homme en trop. Reflexions sur L`Archipel du Goulag” (Un hombre que sobra. Reflexiones sobre el Archipiélago Gulag).

Fue grande el impacto de la obra del ruso. Dio inicio a una serie de libros inspirados por su historia que se hizo llamar en la cultura francesa como el movimiento de los `nuevos filósofos´. Los protagonistas del Mayo francés y quienes profesaban las ideas `gauchistes´, hacen un giro de ciento ohenta grados para descubrir la barbarie comunista.

Dos décadas más tarde de las discusiones entre Sartre y Camus, y de las posiciones teórico-políticas de Merleau Ponty, filósofos como André Glucksmann, Bernard Henry Lévy, Guy Lardreau, redescubren después de la publicación de los libros de Soljenitzyn, la miseria del socialismo soviético.

Recordemos que estos sucesos anticipan en una década a la caída del Muro.

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4 comentarios

  • 1. marlaw  |  8 noviembre 2015 en 2:42

    Probablemente sea el mio un vano intento de “cazar mariposas” en el sentido que el Profesor T.A. le otorgó a la frase al comienzo de este curso de filosofía, pero si se toman como ciertas, o al menos orientadas “correctamente” en dirección a la “verdad” la lectura que de Nietzsche hizo M. Heidegger en “La voluntad de poder como conocimiento”, con relación al problema de la verdad, o de que modo la verdad, o la aproximación a ella es considerada por Nietzsche en esta obra inconclusa; se podría afirmar que el resquebrajamiento y la posterior eclosión de la verdad marxista-leninista, se debió al hecho de que esta no alcanzó o fracasó en su intento de erigirse, valga la redundancia, como “verdad” Fundo esta afirmación, cuando Heidegger señala a la “estimación de valor” como esencia de la “verdad” y a su vez a la estimación del valor, como orientada (en breve síntesis) a conservar y acrecentar la vida.

  • 2. Marcelo Grynberg  |  8 noviembre 2015 en 18:58

    Que es concretamente lo que a Sartre llego a interesarle del Judaismo ? (via Benny Lévy). Como entrarian alli, a su entender, el marxismo y la fenomenologia ?

  • 3. marlaw  |  9 noviembre 2015 en 5:06

    Si el mesiansmo resulta una actitud intercambiable, o sustituible, por parte del sujeto que lo practica, habria que preguntarse, por: que es lo que este le depara al sujeto. En principio parecería que este lo que depara es: la certeza de encontrarse en posesíon de una o varias verdades irrefutables. El interrogante que entonces sobreviene es porqué un sujeto necesita aferrarse a verdades irrefutables, es decir que no den lugar a la duda, y cuando escribo esta ultima frase, no puedo obviar la imagen del Coronel Rico.

  • 4. philo  |  9 noviembre 2015 en 13:20

    marlaw usted tambien es alondra? de todos modos me gana, yo recien abrò los ojos a las 6

    porqué un sujeto necesita aferrarse a verdades irrefutables? ensayo una respuesta

    tal vez para negar su inexistecia.

    – (-p) → p

    besos para todos

    don’t worry, be happy♫♫♫


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