LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 151

4 noviembre 2015 at 7:30 9 comentarios

Cuando hablamos de “revolución” no es lo mismo referirnos a una filosofía del siglo XIX que propone una concepción del desarrollo de la historia, del devenir de las sociedades y de la organización política del movimiento obrero en la última etapa del capitalismo, que a un hecho político inédito, sin antecedentes, que da inicio a una nueva forma de vida que tendrá vigencia en medio planeta durante siete décadas.
Que se haya producido en nombre del marxismo nos habla más de una sovietización del legado de Marx que de su filosofía. Pretender juntar una filosofía con una realidad histórica nos habla de la elaboración de una política de la verdad, que aspirará a escribir nuevamente la historia de las civilizaciones, crear una nueva ciencia, y organizar una sociedad en la que los hombres al fin se reconocerán como tales y el poder se distribuirá en partes iguales de un modo universal, por lo que será el fin de lo que se llama política.
Una sociedad con un desarrollo de las fuerzas productivas que permitirá que los hombres satisfagan sus necesidades, entreguen voluntariamente sus capacidades para el bien común, y en la que la mediación del dinero ya no será necesaria. Por lo tanto, una sociedad sin economía.
¿Es ésta la idea de una filosofía insuperable, como decía Sartre? ¿O es una ilusión muerta como señala el historiador François Furet? ¿O ha sido el pretexto para que una camada de intelectuales de la posguerra no tuviera escrúpulos en legitimar todo tipo de crímenes en nombre de un ideal que encubre su irresponsabilidad moral, como lo afirma Judt?
Hagamos por un momento una transposición de época. Hoy en día también se dice que vivimos en un estado de guerra. No se libra igual en todas partes, pero por la extensión y la diseminación de sus efectos, compromete a todo el mundo. Tiene varios nombres. Guerra contra el terrorismo, entre Occidente y el extremismo islámico, entre la democracia y los fundamentalismos, choque de civilizaciones.
Entre los intelectuales también se libra una batalla cultural. Quienes dicen defender los valores de Occidente, lo que quiere decir los derechos humanos, la libertad de la mujer, contra las dictaduras criminales, contra los genocidios de pueblos sojuzgados, piden la intervención de las grandes potencias contra tiranos como Saddam Hussein o Muamar Gaddafi.
De no hacerlo, de mantener una postura neutral o abstencionista, se deja librada a la población a una situación de sometimiento, persecución, torturas y matanzas. El hecho es que la llamada intervención significa en la realidad que las poblaciones se verán sometidas a un bombardeo sino indiscriminado, de todos modos masivo con decenas de miles de víctimas civiles, mujeres y niños entre otros. Esto se justifica con el término de daños colaterales. Además, una vez depuesto el tirano, encarcelado o ajusticiado, se inicia una guerra civil que despedaza a una nación, y como un pisotón en un hormiguero, permite la proliferación de bandas armadas que se matan entre sí, ya sea en nombre de sectarismos religiosos, intereses varios que pueden ser el de tráfico de armas o de drogas, y que a su vez son nutridos y pertrechados por potencias que prueban sus fuerzas y sus ambiciones geopolíticas como sus áreas de influencia a través de terceros, en la misma región.
En síntesis, en nombre de los derechos humanos y de la resistencia a formas crueles de opresión, se destruyen países, se matan civiles, y se desata una violencia sólo creciente que deja inermes y bajo un terror permanente a las poblaciones que se pretendía proteger.
Los intelectuales defensores de la justicia y de los derechos humanos, al confirmar el estado de guerra que se intensifica, argumentan que el desastre humanitario que se vive se debe a que las potencias occidentales no han intervenido con la suficiente presencia y que las acciones llevadas “a medias”, son las que peores consecuencias provocan. Es lo que dicen que sucede hoy en Afghanistán y Siria.
Doy este ejemplo, sólo para mostrar que cuando se dice que hay guerras en el mundo, se sostiene que no es posible soslayar el fenómeno con una mirada distante que sólo permite el análisis objetivo de los contendientes en pugna. Lo que está en juego son valores básicos de la convivencia humana.
Las evaluaciones y juicios que se hacen no pueden tapar todos los agujeros que surgen en la medida en que se enuncian. Dejar hacer, pedir que se haga, o abstenerse de toda acción, no evitan esa “ambigüedad” de la acción de la que habla Merleau Ponty en sus escritos, después de que Sartre hiciera de ella uno de los pilares de su filosofìa.
Dice Simone de Beauvoir: “Procuremos asumir nuestra ambigüedad fundamental. Es en el conocimiento de las condiciones auténticas de nuestra vida donde debemos poner la fuerza de vivir y las razones de la acción. El existencialismo se ha definido desde el principio como una filosofía de la ambigüedad; afirmando el carácter irreductible es como Kierkegaard se ha opuesto a Hegel; y en nuestros días en “L`Être et le Néant”, es por medio de la ambigüedad que Sartre define fundamentalmente al hombre, ese ser cuyo ser es no ser…” (“Para una moral de la Ambigüedad”, pag 11-12)
No hay purismo. Pero todo no da lo mismo. La filosofía de la existencia giró sobre sí misma dando tantas vueltas como interpelaciones que se le hacían para que definiera una moral. Le resultó difícil definir al “valor” desde una ontología de la libertad, como también les fue arduo hacerlo a Spinoza con su ética basada en la potencia de existir, o a Nietzsche con su voluntad de poder.
Pero estos dilemas morales se borran desde el momento que aceptamos que impera la lógica de la lucha a muerte. Este tipo de razonamiento excluye “les demi mesures” (tomar las cosas a medias, o las tibiezas) como lo señala Claude Léfort (“Sur une colonne absent”).

Lefort es un discípulo de Merleau Ponty que en un momento dado parecía cumplir la misma función respecto del filósofo que Francis Jeanson con Sartre. Un heraldo o un vocero que arremetía contra un adversario en nombre de su jefe.
Fue bastante más que eso. Lo que nos interesa de él, por un lado, es que haya divulgado las ideas de Merleau, pero por el otro, por haberlo sobrevivido, de acuerdo a los acontecimientos histórico-políticos posteriores a las muertes de Camus y Merleau Ponty, son las reflexiones que lleva a cabo sobre la idea de revolución una vez publicado “El archipiélago Gulag” de Soljenitzyn.

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La revolución de la gobernadora (Perfil 1/11/2015) LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 152

9 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  4 noviembre 2015 en 9:22

    Interesante. Gracias por su analisis.
    Saludos

  • 2. marlaw  |  4 noviembre 2015 en 10:07

    Las cosas son tal cual usted las describe Profesor. El meollo de la cuestión pareciera ser, que no hay manera de permanecer ajeno, de sustraerse a ellas, tanto tomando partido en un sentido u en otro, como no tomándolo.

  • 3. marlaw  |  4 noviembre 2015 en 11:35

    Yo también he llegado a utilizar la figura “del hormiguero” para explicar los efectos de las intervenciones militares.Pero vuelvo sobre mis pasos, porque el tema no se agota afirmando que se plantea un dilema aparentemente irresolubre para nuestras conciencias. Asimismo apunto que Occidente se desentendió durante muchísimo tiempo sobre la suerte de estos pueblos. Y me pregunto. Porqué repentinamente aparece un despertar de las conciencias occidentales, sobre los modos de vida de los pueblos musulmanes. Cuando esos territorios carecian de importancia estratégica, y el petroleo no era todavía un bien preciado, esa sensibilidad parecía encontrarse bastante adormecida. Hasta el año 1978 en que se derogó la pena de muerte, en un país europeo bien conocido como lo es España se utilizaba para dar muerte a los criminales el Garrote vil, un intrumento que muy poco tenía que envidiar a los instrumentos de tortura usados en tiempos de la Inquisición, sín que nadie se desvelara o perdiera su sueño por ello.Durante el Descubrimiento y la Conquista de América, los Europeos se horrorizaban por las bárbaras costumbres de los indios. Desde luego que ese horror no impidió que tiempo mas tarde se intentara descuartizar a Tupac Amarú en una plaza pública.
    ¿Durante la Conquista de América era realmente la expansión de la Fe el motor que impulsaba a los conquistadores, o los inmensos tesoros que se ocultaban en sus tierras? ¿Y ahora que.? ¿No será que los Derechos Humanos y el sometimiento de la mujeres Musulmanas, funcionan como un buen pretexto? ¿Todos los pueblos del Mundo deben evolucionar al compás de la música que impone Occidente? No hay lugar para el atrazo. Para considerar que esos pueblos se encuentran en otro período de su evolución socio-política.. Que se tratan de sociedades tribales, o con atavismos tribales difíciles de superar en el corto plazo. ¿Que hay que hacer? ¿Quemarlos a todos ellos con Nalpam como en Vietnam?

  • 4. philo  |  5 noviembre 2015 en 14:47

    profeeee….que bajón…

    no importa

    “AUNQUE EL FINAL DEL MUNDO SEA MAÑANA, HOY PLANTARÉ MANZANOS EN MI HUERTO” M. Lutero

  • 5. magu  |  5 noviembre 2015 en 22:54

    ORIENTE parece ser ORIENTE solo cuando le conviene, para armas y tecnología se ha OCCIDENTALIZADO bastante (hasta para subir sus filmaciónes por internet y televisión ). Una cosa es que OCCIDENTE (Por llamarlo asi) respete las costumbres milenarias domésticas de ORIENTE y no tiene por qué meterse (rituales de bodas, vestimenta, festividades) otra cosa es que no diga nada con respecto a mujeres adúlteras apedreadas, homosexuales colgados, y otras aberraciones, Y en este caso (la gente degollada o quemada viva por estos grupos) tendría que intervenir. Es como si en la Segunda Guerra Mundial se hubiera sabido DE ENTRADA sobre lo que estaba pasando en lso CAMPOS DE CONCENTRACIÓN ni nadie hubiera ayudado. El modo de combatir militarmente esto, depende también de la naturaleza de los gobernantes, Una cosa es un presidente de EE UU que diga: bombardeen todo (tipo BUSH hijio) y otra es la de un moderado. Si hoy vemos a un hombre torturando a alguien (no con una cachetada, sino con algo que ocasione peligro de meurte, mutilación, dolor o deformidad) o a un animalito, llamamos a la policía, y si esto ocurre INTERNACIONALMENTE se deberia (mandatarios mesiánicos como fue IDI AMIN, o EL AYATOLA JOMEINI, u otros) intervenir (también con grupos).

  • 6. Alejandro A  |  6 noviembre 2015 en 20:19

    La periodista Oriana Fallaci, relata en uno de sus libros de reportaje, una entrevista con el General John Westmoreland, jefe de las tropas norteamericanas en Vietnam: ” General, he visto a miles de chicos de todos los lugares de USA metidos en los arrozales, temblando de miedo, comidos por los mosquitos y destrozados por las trampas del vietcong… que hacen esos chicos aqui? -Estan combatiendo al enemigo hoy aqui para no tener que combatirlo manana en Calfornia…” No hay guerras por el petroleo, toda guerra es por todo. Por la supervivencia. Por eso Rusia bajo el comunismo o bajo un regimen totalmente opuesto, demuestra que tiene interes en recrear y mantener sus zonas de influencia, para que la guerra con el yihadismo no se termine librando en Moscu. En tiempos de Pedro o de Catalina Polonia o Ucrania eran las zonas de confrontacion con el resto de Europa o con Turquia. Hoy le llamariamos zonas Boofer. Sin tanto dramatismo los benteveos y las gaviotas hacen lo mismo en la tierra arada. Establecen estados propios y zonas de exclusion. Durante la conquista de America muchos de los tesoros que se sacaron de aqui sirvieron para financiar efectivamente las luchas contra la reforma, en la que Espana y sus reyes terminaron empobrecidos y sometidos por Francia primero y por Inglaterra despues. Sin embargo -de aquellos polvos estos barros- Los conquistadores -por fe o por ambicion o por intereses aun mas deleznables dejaron aqui un emprendimiento que en cuatrocientos anos ya habia dominado al resto del mundo…todo es absolutamente criticable y horrible pero no hay muchos otros pueblos que hayan avanzado de esta forma. Europa esta absolutamente invadida por un lado por quienes buscan alli un destino mejor, y por otro, por miles de jovenes asiaticos que llenan Museos, catedrales y monumentos historicos del aborrecible sistema occidental…no sera porque entienden que hay alli algo de valioso y emulable?

  • 7. Aldo  |  6 noviembre 2015 en 21:21

    potencia o prudencia ? por que ha cambiado esto a lo largo de los siglos , como todo se repite y poco se profundisa puede ser que nuestro tiempo necesite de otra reflexión otra ralidad que a penos vemos , todo esta amenazado , recuerdo auqello de ¿ sin dios todo esta permitido ? el odio a la humanida esta en los hombres mismos ya no son los seres divinos quienes nos odian ,,, de alli que hace poco llege a la conclusión de que ,,, ” el odio crece ” picada de por medio

  • 8. Gustavo Romero  |  26 diciembre 2015 en 7:29

    ¿Cuál es la diferencia fundamental entre los filósofos franceses y los alemanes del siglo XX en torno a la revolución?
    Los alemanes piensan la modernidad en términos de proyecto. Mientras que los franceses lo hacen en términos de obra y realización. Los alemanes tienen un pensamiento sobre la revolución, con una dialéctica de la ilustración, pero sin la revolución en sí, nunca la hicieron. Pero para los franceses, el problema no es el discurso filosófico de la modernidad (como lo es para un alemán como Habermas), sino el fracaso de una revolución que se propuso liberar a la humanidad, construir lo social a partir de lo político.
    De aquí se extrae el pensamiento específicamente político de los filósofos franceses del siglo XX.

  • 9. Marcelo Grynberg  |  26 diciembre 2015 en 11:24

    Ni lo nombres a Habermas. Tomas dice que es un pesado (todavia no entiendo por que).


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