LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 126

5 agosto 2015 at 10:11 12 comentarios

Hace algunas décadas recuerdo el estreno de una fascinante película sobre la familia del poeta Leopoldo Panero: “El desencanto”. Se me ocurre evocarla en este momento por la resonancia de la palabra, que no es “decepción”, una diferencia que quizás podamos asociar a la que existe entre `ilusión`y `encanto´.

Max Weber – a quien los filósofos deberíamos prestar algo más de atención – decía que la modernidad se define por un proceso de desencantaniento del mundo, en la que domina la racionalidad a la vez que el politeísmo de los valores. Desencantarse es duro, lo es para el corazón porque lo oprime, se hunde el esternón, y lo es para la mente, porque se vacía. La realidad asoma, y lo hace sin leyenda. El relato épico adelgaza su trama hasta que los hilos sueltos dejan una tela casi transparente, y lo que opacaba el entorno y resaltaba la luminosidad de nuestros deseos, invierte el foco, y lo que brilla es lo cotidiano mientras se apaga la fe.
Pero no es un brillo sacro, ni es un himno a la maravillosa vida ordinaria, no hay maravillas, sino repetición, la endemoniada rutina de lo que vuelve igual a sí mismo. Asoma ese sol negro llamado aburrimiento.
Las utopías alargaban la línea del horizonte y lo despejaban de brumas. Todo se lo debíamos a la idea de futuro. La temporalidad era beneficiosa. Con el desencanto, el presente lo cubre todo, y no es el instante fulgurante el que gozamos, ni ninguna figura compensatoria que nos haga creer en un golpe místico por el cual levantamos un vuelo que nos restituye la magia del existir.
El presente es largo, tan largo como un día de veinticuatro horas, tanto como el insomnio. ¿Qué hacer? El futuro se borra, el presente no acaba nunca, sólo nos queda una única alternativa: volver al pasado, uno remoto, bíblico, que nos reintegre algún tipo de circularidad y que nos ubique en el centro del universo.
Hablar con Dios, escuchar su voz, leer su letra, adivinar sus intenciones, ¿no es el estado anímico y mental que llamamos psicosis? Cuando Foucault escribe su gran libro sobre la locura, decía que Descartes elaboraba su filosofía sobre la exclusión del desvarío. Y bastante razón tenía. El filósofo del método inicia sus pensamientos con una obsesiva insistencia que le asegure su certero contacto con lo real. Lo que se ve, se toca, el contacto con un exterior que permanece por sí mismo, entidades que nos son ajenas, que no dependen de nuestra mente porque están fuera de ella, el no confundir sueño y vigilia, el despertar y el dormir; descartar la diabólica idea de que hay seres superiores que manipulan nuestros pensamientos, y que si Dios existe, justamente existe, para garantizar nuestra cordura. A este estado de realismo básico lo llamaba certeza.
Dios no deja que nos volvamos locos.
Llevar a cabo un diagnóstico psicológico de quienes pasan de ideales seculares y ateos, a una apasionada devoción al monoteísmo y sus valores, puede parecer un golpe bajo y grosero. Pero no pretendemos hilar demasiado fino, ni cerrar el tema identificando creencias religiosas y neurosis obsesiva o degradar al sentimiento oceánico de la vida. Decimos locura sin desmenuzarla ni menospreciarla. Es tan difícil vivir sin creer en nada como sin amor. Vivir sin sentirse necesitado por una verdad, llámese como se llame, sentido de la historia, justicia universal, sufrimiento del semejante, que nadie nos necesite y que nos arrojen al desván en el que se guarda lo que ya no se usa, el altillo en donde descansan los jubilados, todo eso puede resultar insoportable.
En el caso del filósofo y lingüista Jean Claude Milner, su desencanto de sus ideales y programas revolucionarios inspirados en la China de Mao, no lo conducen a los textos sagrados sino a una revisión de los ideales ilustrados. La palabra `revisión´ sólo es metodológica, porque en realidad es una denuncia a las doctrinas de la emancipación que surgieron después de la revolución francesa con su llamado a la fraternidad universal y a la creencia en una humanidad igualitaria.
En dos de sus libros, “El judío del saber” y “Las ideas criminales de la Europa democrática”, Milner ajusta su visión acerca del engaño que sedujo al pueblo judío y lo llevó a su exterminación, a la Shoah.
Pero este engañó sólo pudo funcionar si el abandono de la identidad que los judíos tuvieron durante los siglos de la diáspora y el mantenimiento de su unidad sostenida en el Libro, la Torah, podía ser sustituida por otro ideal de alcance universal: el saber.

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12 comentarios

  • 1. Alejandro A  |  5 agosto 2015 en 11:16

    “Es tan difícil vivir sin creer en nada como sin amor, sin ser necesitado por una verdad, se llame como se llame…” ¡Qué parrafito Abraham!!!
    Despues de escribir las “Memorias de Adriano” entre otras lindezas y de ser la primera mujer que integra la academia francesa de letras, Marguerite Yourcenar se exilia en una isla de la costa Este norteamericana, Tras mucho buscar la encuentra una periodista que le hace un reportaje memorable que arranca así: “Qué está haciendo usted…? (qué c… hace en este isla perdida) la respuesta es cortita: “Barro mi puerta, recojo la leña cuando los árboles mueren y amaso mi pan..”
    No sé porqué intuyo que en esta frase, para mi gloriosa, hay alguna respuesta

  • 2. Aldo  |  5 agosto 2015 en 13:21

    La creencia como casi todo tiene su dialectica ,, La creencia va por ese camino como el saber y nosotros vamos detras , Crencia anti-creencia y luego vendra la union entre creencia y anticreencia , como va ser esto ,no tenemos ideas ,, algunos se apresuran y hablan de tecnologia como unión ,, esta vision es un poco vaga , la tecnologia es el fin de la historia ? la tecnologia limita al hombre en los nuevos credos , vamos camino a un ” no hay un afuera de la tecnologia “… y eso es peligrosisimo

  • 3. Roberto Nadaud  |  5 agosto 2015 en 20:33

    Maras & Cia. Efedrina y Morsas. los nuevos viejos caminos al este del Edén.

  • 4. philo  |  6 agosto 2015 en 9:13

    Me gusto el texto.

    Me gusto la frase que Alejandro rescató de Marguerite Youcenar

    Siempre pienso que la ventaja evolutiva que le dio al hombre el poder de simbolización le costo muy cara . El precio: la angustia existencial, para la cual la religión y otras yerbas solo fueron un paliativo.

    De todas formas pienso que esta no afecta de manera igual a todos.
    Yo acepto mi contingencia y no me preocupa mi insignificancia.

    Trato mientras dure, de hacer lo correcto
    Trabajar intensamente en desarrollarme, pero con el objetivo de mejorar mi entorno y entregar algo a mis semejantes.
    Y sobre todo no defraudar a las personas que amo.

    No se donde escuche esta frase y no importa pero me parece ajustada para mi
    “Después que me vaya, habré hecho lo que vine a hacer y con eso basta”

  • 5. Roberto Nadaud  |  6 agosto 2015 en 19:21

    de los Panero, el loco de la familia periódicamente llegaba a la puerta del Psiquiátrico : ponedme el chaleco, exclamaba.
    así su poesía, en esas condiciones escribir,cuasi modo.

  • 6. Roberto Nadaud  |  6 agosto 2015 en 19:57

    en 1939 Yourcenar viaja a América.
    en los años 40 con Frick descubren Maine y en 1950 se asientan en una isla, Mount Deset Island, su casa Petite Plaisence, es ahora un museo, allí termino Adriano.
    en sus memorias cuenta que interrumpía la escritura para ir a charlar con los albañiles que arreglaban el lugar.
    antes de dejar Europa había depositado un baul en un hotel en Lausana, lo recuperó 10 años despues y allí encontró un manuscrito, las memorias de un emperador romano…
    luego nos habló de su iluminación al recorrer el esbozo, hasta allí olvidado, y el “delirio controlado” de solo tres años en completar el libro.
    la vida se engalana con estas empresas, y si hay tiempo lean acerca de esos años en la isla a la vera del mar eterno.

  • 7. Diana  |  6 agosto 2015 en 20:59

    ” Las Utopias consuelan, porque aunque no tengan lugar real se despliegan sin embargo en un espacio maravilloso y liso, abren ciudades de grandes avenidas, jardiines bien plantados, países benignos, aun cuando su acceso sea quimérico…” . Szbe bien quien desarrolla esto Prof. M.F.
    Ahora el tema de la ilusion, desilusión o desencanto, es algo diferente; la ilusión, es hermosa, nos hace sentir bien, aunque es una imagen engañosa, desde el comienzo, sabemos que es una percepción falsa de nuestros sentidos y aunque esperanzada; no puede fundamentarse. Pero la desilusión, o desencanto, es deshacer la ilusión y señala la ruptura de eso que por un momento fue posible, o con una probabilidad , aunque no tenía existencia real.Sentirla siempre es doloroso y parece que nos empequence.Es como un sentimiento desolador, aunque transitorio y se puede construir una nueva ilusión, sobre lo mismo, o algo distinto. Aún asi, no alcanzaría a ser una decepción, ya que la decepcion, es la corroborarción de una certeza que previamente teniamos como real y sobre la cual, no se construye una nueva certeza, al menos no, sin un gran esfuerzo. La decepción puede traducirse en ” yo creí y me decepcionaste”.De la desilusión, no podemos decir lo mismo. Esta última, pertenece al campo de las Heteronomias , estás inquietan dice Michel. El gean desafío , a veces inconsciente, es sobrevivir a esas Heteronomias de ruptura.

  • 8. marlaw  |  7 agosto 2015 en 17:48

    Diana: en la canción Lucía que cantaba Serrat, una de sus estrofas dice: “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido
    nada más amado que lo que perdí “

  • 9. rodolfo lópez  |  9 agosto 2015 en 14:08

    El domingo pasado, en fiesta familiar, pero aparte, la peleé a mi sobrina. Nos vemos poco no podía perder el tiempo; debía decirle que la actual utopía (la de muchos, no la de ella, ni la de su papá que murió por una utopía verdadera) es falsa.
    Por suerte -para ambos- las peleas con Lucía son risueñas, divertidas, y dan lugar a que en medio del debate, curiosamente allí- aflore intacto el inmenso cariño que nos tenemos. Sin que ninguno deponga la bandera.

    Y este domingo hay elecciones -recién voté-. Se termina el ciclo del actual gobierno. Su pretendida -usurpada- utopía, recurso táctico de abogaduchos inmorales (que no metieron un solo hábeas corpus en la dictadura pero se enriquecieron con sus leyes, despojando a pobres, y hoy se permiten -en acta fraudulenta- hacer gala de un heroísmo que no tuvieron), esa utopía decía, así gane Scioli -sobre todo si gana-, se acaba.

    Desde luego el país y su gente seguirán adelante.

    Y justo hoy se me ocurre pensar: ¿qué hacer con aquella utopía?.
    Qué rescatar -o reivindicar- de la gesta setentista?, de la “juventud maravillosa”, tan maltratada por el Profesor desde su autoridad intelectual, y criticada por mi desde mis miedos y mi historia.
    Y tan vilmente utilizada en los 12 años kirchneristas, desvirtuando lo noble que pudiese tener con la impostura de ese uso.

    Creo que de aquello, algo o mucho debería servir como material firme, para la construcción un país mejor; cemento noble, duradero, antioxidante, que cubra grietas, una ideas, encaje ladrillos -aún los distintos-, -los diferentes unos con otros-, en pared sólida y diversa.

    (Amigos peronistas: un poco de auto crítica por favor, dejen de apabullarnos con nacionalismo a lo tacuara, neoliberalismos a la riojana, o socialismos cubano chavistas -y otros muchos “ismos”-.
    Todos en su momento “Verdad Revelada” auspiciada por Perón y Evita desde el cielo. Paren ya, o al menos inventen otro nombre!)
    . .

  • 10. Roberto Nadaud  |  10 agosto 2015 en 20:20

    creo que en sus críticas el Professore se refiere a la conducciones de los 70.
    no lo veo metiendo a todos en el mismo retablo.

  • 11. marlaw  |  11 agosto 2015 en 0:50

    Las conjeturas de Miner no estan muy lejos de esas fantasías mesiánicas que pululan en América del Norte en boca de algunos pastores, que hacen su agosto administrando el terror y la amenaza del castigo divino entre sus fieles, siempre con la Biblia en la mano.De este modo la posibilidad de que al menos una parte del pueblo Judio integrara una sociedad secular abierta, estaría vedada de antemano, bajo la amenaza que en caso de transgresión Jahvéh, volvería a hacer tronar el escarmiento enviando otra Shoah sobre las cabezas de las las ovejas descarriadas.

  • 12. marlaw  |  13 agosto 2015 en 9:33

    Apropósito de los primeros pàrrafos de esta nota, en la que aparecen palabras como desencanto, endemoniada rutina, a las que con el transcurrir de unas décadas también podríamos agregar la palabra: nausea, y con todo este bagaje de palabras, y otras afines que también podríamos sumar, migramos hacia otro escenario en un viaje a través del tiempo y del espacio para ubicarnos en la misma Europa, unas décadas mas tarde, finalizada la Segunda Guerra Mundial en los llamados paìses de la Orbita Socialista, o usando otro eufemismo, ubicados detras de La Cortina de Hierro, y con este bajage intentamos desembarcar en ese lugar y en ese momento, donde se encontraban millones de personas, sometidas, aplanadas, de la misma manera, en que el rodillo de acero de una aplanadora aplana el pavimento de un camino. Personas que por otra parte ya habián soportado la barbarie nazí y que como premio o castigo, según se mire, ahora encima .debían soportar otra nueva barbarie, esta vez de color rojo, en esta ocasión sostenida por los tanques rusos. Sociedades, donde los individuos se encontraban acorralados, vigilados, controlados, en las que prevalecía la pobreza o la misería bien administrada, por medio de las tarjetas de racionamiento, en las que el problema elemental de los individuos, era sobrevivir a toda costa, y día trás día, como ya había ocurrido antes, durante la guerra. Bien, en este escenario me pregunto que lugar habría para el aburrimiento, para las angustias existenciales, para el desencanto, e inclusive me pregunto sí aún quedaría algún lugar para el amor.


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