LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 113

23 junio 2015 at 10:00 8 comentarios

Lévi Strauss no le dio el definitivo adiós a la filosofía por razones políticas. En “Tristes Trópicos” (1955), el ex alumno de L`École Normale Supérieure se harta de la filosofía por una razón que muchos aducen: que es pura charlatanería. Es curioso que llegue a esa conclusión quien haya transitado con esmero y dedicación por ella en los mejores institutos de enseñanza, digo que es curioso porque una calificación así es la que dan los ni pretenden conocerla ni se acercan a ella por el rechazo que produce un vocabulario enrevesado que no se sabe para qué sirve.
Lévi- Strauss dice que la filosofía no es más que una repetición de ejercicios verbales, un arte del retruécano, que hacen las veces de reflexión. Se compone de asonancias, homologías, ambigüedades, puestas en escena especulativas e ingeniosidades. El listado de denuestos a la práctica filosófica del autor de la “Antropología Estructural” no se interrumpe. Dice que no es más que una contemplación estética de la conciencia frente a sí misma, mirada que se nutre de significantes que no reenvían a ningún significado.
No ahorra sus burlas cuando afirma que la metafísica es para costureritas.
En momentos en que publica su hermoso libro, “Tristes Tropiques”, en que narra su iniciación en los estudios de etnología, sus viajes, el descubrimiento de su oficio, aún reina en la escena filosófica la fenomenología, ya sea entre especialistas o, de un modo travestido y aplicado a las artes y a la política, en Sartre.
Se llamaba existencialismo, y el etnólogo dice que no es más que otro agregado a las ilusiones de la subjetividad. La idea de que entre lo real y lo vivido puede haber continuidad está desmentido por las tres disciplinas que toma de ejemplo de verdaderos aportes al conocimiento: el psicoanálisis, el marxismo, y la geología; en estas tres instancias del saber, la que concierne al sujeto, a la historia de los hombres y a la historia de la tierra, en todos los casos, lo que el análisis destaca son discontinuidades.
En “La pensée sauvage” (El pensamiento salvaje, 1961), Lévi-Strauss dedica un capítulo a polemizar con Sartre, tomando como eje la obra “Crítica de la razón dialéctica”.
En realidad, el texto es una respuesta a los ataques de Sartre a lo que denomina razón analítica, que no es más que una prolongación del atomismo de los asociacionistas del siglo XVIII y del individualismo del pensamiento liberal, es decir, de la ideología burguesa cuyo último intento de trasvestismo es la corriente estructural.
Esta polémica que tuvo su importancia hace más de medio siglo, como también la tuvieron todos los embates de los filósofos que horadaban la hegemonía filosófica de la posguerra, y que Sartre resistió devolviendo golpe por golpe, ya son parte de la sociología de la cultura y de sus archivos polvorientos. Sin embargo, por algún motivo misterioso, en el devenir filosófico, nada se pierde totalmente, ya que – eterno retorno mediante – las mismas discusiones puede reciclarse en contextos diferentes.
Es lo que nos está sucediendo con Sartre, un filósofo cuyo eclipse ya lleva mucho tiempo, al menos en nuestro caso, vuelve a vivir por estas cuestiones del abandono de la filosofía en sus diferentes manifestaciones. Además, el talento nunca muere, y en filosofía, el talento no se mide, pero se siente porque se huele lo que es genuino. La lucha del solitario Sartre frente a la avanzada estructural, no es motivo de compasión sino de interés.
El filósofo que abandona a la literatura se enfrenta al etnólogo que abandonó a la filosofía. Es un lindo combate, Lévi-Strauss algo aprendió de la filosofía, eso también se huele y se siente; sus argumentos en contra de las afirmaciones de Sartre no nacen de un espíritu científico sino de un conocedor de las disputas filosóficas.
Acusa a Sartre de eurocentrismo. En la pluma de un etnólogo es una denuncia que apunta a lo más básico, a la condición sine qua non de todo razonamiento posible. Proyectar sobre otro tipo de civilización o de sociedad, los valores de la nuestra, es la pifia epistemológica redundante que define a toda soberbia cultural.
Es lo que está detrás cada una de las tentativas proselitistas que se hacen ya sea en nombre de la religión, de la ciencia o del sentido final de la historia.
Los franceses cuando se refieren a lo que nosotros llamamos “aborígenes”, usan la palabra “sauvage”, que traducido literalmente es salvaje. No pueden decir “indio” porque los remite a la India, y la palabra “aborigène” es inusual en su vocabulario.
Lévi-Strauss que dedicó sus energías intelectuales para mostrar que en las sociedades clánicas y tribales, existe un pensamiento en acto, y que, incluso, sus miembros pueden exteriorizar en símbolos el funcionamiento de su comunidad, afirma que para Sartre es imposible concebir un pensamiento complejo entre los salvajes. Para él, al no tener un pensamiento totalizador conciente, son presa de sus condiciones objetivas de vida.
Cuando un hombre de la tribu le dibuja en la arena al investigador las reglas de parentezco, de filiación y de alianzas de su grupo, Sartre dice: “es evidente que esa construcción dista de ser un pensamiento: es un trabajo manual controlado por un conocimiento sintético que no puede expresar”.
L:Strauss dice que ni siquiera un miembro del evolucionismo más ortodoxo, hubiera podido afirmar semejante tesis.
Ante el ataque al individualismo que hace Sartre, subrayando la importancia de la acción de los grupos y de las épocas, con el fin de historizar los procesos sociales, L.Strauss señala que Sartre lejos de separarse del ego cogito cartesiano, lo sociologizó. Sólo cambió de prisión. Esta idea de la acción de los grupos y de las épocas tiene la función de una conciencia intemporal, de una trascendencia que los salvajes entienden muy bien. Un miembro de una tribu melanesia hace lo mismo que Sartre cuando analiza lo que llama “práctico inerte”, sólo que se define como animismo.
Ese práctico inerte que está atravesado por fuerzas sociales inmovilizadas, sólidos institucionales que fijan la praxis, no hace más que restituir un lenguaje que las tribus conocen bien.
Sartre tiene el propósito confeso de fundar una antropología, y L. Strauss – quien se considera un antropólogo a tiempo completo – celebra la intención, en tanto que considera a su expresión escrita en la “Crítica de la razón dialéctica”, como un documento etnológico de primera importancia para comprender la mitología de nuestro tiempo.
L.Strauss juega con su ex compañero de banco, lo instruye con las novedades de las ciencias sociales, le recuerda que su manía totalizadora que enarbola en nombre de la dialéctica, no es más que una muestra mal confeccionada de pensamiento analítico. Y señala que si leyera algo de lingüística, sabría que el lenguaje es un ejemplo de totalidad no reflexiva, como lo son otras estructuras.
En definitiva, estimo que L.Strauss entabla un debate filosófico con Sartre, y que probablemente, su sapiencia etnológica no hubiera sido la misma sin su formación en esa disciplina al parecer inútil. Lo que no quiere decir que su vocación para los trabajos de campo, su inspiración en procedimientos matemáticos y lingüísticos, no haya marcado una ruptura con el modo tradicional de la práctica filosófica.
Sucede lo mismo con la antifilosofía de Lacan, que a los filósofos nos gusta tanto leer, porque su aversión a la filosofía puesta en sus escritos, tienen el mismo sabor y olor que un texto filosófico. El hecho de que combine sus filosofemas con algoritmos, figuras topológicas, citas de Freud, lo hace no sólo más complejo, sino más rico, tan delicioso que empalaga con sus formalismos.
Sus discípulos creen que una fórmula les da poder y les evita el peligro de una conversación vana. Pretensión positivista que cree neutralizar el imaginario.
Pero lo que aquí interesa es que L.Strauss, es otro ejemplo de abandono de la filosofía, como lo ha sido Nizan, y que ambos se cruzaron con el pensamiento de Sartre.
Entre paréntesis, me pregunto si Sartre no ha sido el último filósofo, es decir, uno que intentó pensar la totalidad. El reproche que le hace el antropólogo es que busca una continuidad, una clase de unidad, que no soporta que queden cabos sueltos, que es fundamental cerrar un círculo, o, al menos ligar cada fragmento en un hilo uno y el mismo.
La acción de religar constituye el aspecto sacro del pensamiento filosófico, ya sea en el ida y vuelta de la caverna de Platón, y de ahí en más, la beatitud de Spinoza, el saber absoluto de Hegel, el superhombre nietzscheano, o la escucha del Ser. La filosofía necesita religar, y desde el momento en que se define por trazar líneas de demarcación como en Althusser, ser una análisis del orden del discurso y una genealogía del poder y de las veridicciones, a la manera de Foucault, incluso la idea de juegos de lenguaje, ingresamos en otro terreno, un sin nombre, una nueva práctica nacida de la filosofía pero que ya no es ella. Hijo o hija legítimos o bastardos, poco importa.
La filosofía o piensa la totalidad, o es otra cosa. Como pensar el todo, no es posible, ilusión ya fenecida, vivimos los tiempos de esa otra cosa.

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8 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  23 junio 2015 en 11:29

    Entrevista a Levi Stauss en 1972. Hay muchas mas en YouTube

  • 2. Marcelo Grynberg  |  23 junio 2015 en 11:41

    Respecto a la totalidad en filosofia, es inevitable asociarla a la conocida frase de Adorno: “La totalidad es lo falso.”

  • 3. Roberto Nadaud  |  23 junio 2015 en 14:20

    tendrá el “eurocentrismo” vías hacia el crimen aleatorio : el prologo de Escucha Blanco.
    y luego, hay vínculos entre los nouveaux y la violencia?
    entre el sonido y la furia de Montmartre han dejado a la vera, entre campos de cerezos y alamedas en sombra a Paul Valéry.
    y a otros labradores de la palabra y su sombra, el silencio.
    Marx lee a Esquilo en el original griego hacia el final de su vida.
    Heidegger escribe poesía.
    Wittgenstein añora al poeta.
    Y así tantos.
    Pero claro, Sartre eran despreciables burgueses.

  • 4. marlaw  |  23 junio 2015 en 14:26

    Al menos como propósito, como aspiraciòn uno supone intuitivamente, que la filosofía tiende a abarcar la totalidad. Renunciar a priori a ese propòsito da la imagen de una filosofía renga.

  • 5. marlaw  |  23 junio 2015 en 15:16

    Quiza esto se deba a que poseemos una concepción holística del todo cuanto nos rodea.

  • 6. Roberto Nadaud  |  23 junio 2015 en 21:50

    Levinas . Totalité et infini.

  • 7. philo  |  25 junio 2015 en 22:54

    tiempos de esa otra cosa?

    el tiempo tomar decisiones se aproxima

    cariños

  • 8. marlaw  |  27 junio 2015 en 11:25

    Totem,tabu, incesto, religión forman parte de un mismo núcleo de ideas.


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