LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 112

21 junio 2015 at 10:05 9 comentarios

Pasó un cuarto de siglo entre el momento en que Sartre escribe “Qué es la literatura” y “El idiota de la familia”, entre ambos, publica su última obra de ficción, “Las palabras”, en todo este tiempo, y en estos tres escritos, ataca sin miramientos al hecho mismo de considerarse “escritor”. La comedia del artista literario, la consideración de su superioridad en lo bello a la vez que su inutilidad para el trabajo y para una profesión seria, separado de la virilidad que la burguesía erige como virtud excluyente, el escritor no sólo acepta ser superfluo, sino que hace de lo superfluo, una estética y un saber.
La tentativa de Sartre para acabar con la comedia burguesa de la que el escritor es un protagonista fatuo, una comedia que adorna la miseria que instala en todo el planeta, quedó en la nada. Ya nadie lo leía. En momentos en que la ciudad universitaria y la crítica no cejaban en intentar descifrar los jeroglíficos y los algoritmos de una nueva prosa filosófica, en los textos de Lacan, Althusser, Derrida, Deleuze, Foucault, nuestro escritor comprometido ya dejó de tener interlocutores, a falta de “interlectores” (identidad bautizada por M.E. Walsh).
No era una sorpresa en la medida en que el anuncio de Foucault en “Las palabras y las cosas” sobre la constitución de “Una Ciencia general de los Signos” sobre la base de los trabajos de la antropología estructural, la lingüística y el psicoanálisis lacaniano, pudiera hacerse realidad.
Comprobada o no su implementación efectiva, el proyecto de la gran semiología fue el anunciado hasta la eclosión del mayo 68, que reorientó las investigaciones hacia lo institucional, en especial, en la obra de Foucault.
De una arqueología del saber que fue criticada por los marxistas althusserianos porque soslayaba la noción de práctica en beneficio de una idea ambigua y sospechada de hegelianismo como la de “episteme”, además de la denuncia por trazar líneas de continuidad entre Marx y sus contemporáneos, crítica asimilada con dificultad por Foucault quien no quería quedar del lado de una epistemología alejada de las prácticas sociales, luego del estallido institucional del 68, retoma sus investigaciones sobre medicina y psiquiatría, extendiéndolas a la penalidad y al sistema carcelario.
Sartre podría haber estado contento, en la medida en que la acción y la praxis de las masas, eran tenidas en cuenta – una vez agotadas en breve tiempo las ínfulas estructuralistas y sus interminables análisis de textos – sólo que la perspectiva foucaultiana pretendía ser otra.
Una cosa es tomar en cuenta la conciencia y sus derivados como la mala fe, la ideología, la libertad, y la praxis, esas fuerzas movilizadoras para transformar lo que Sartre llamaba “práctico inerte” en acción colectiva, y otra es relacionar lo práctico inerte, o estructuras institucionales o dispositivos de saber-poder, como lo hace Foucault, con las conductas.
Este estudio de los comportamientos, este conductismo epistemológico, no es funcionalista en la medida en que no ignora los mecanismos de poder, por el contrario, analiza sus circuitos, e incluye en sus redes a las formaciones discursivas que dejan de ser meros signos, para convertirse en preceptivas de acción.
No es la conciencia, sino los cuerpos, los agentes de la acción, y los cuerpos no son sólo soportes biológicos sino anátomo-políticos, que de acuerdo a una tradición legada por Nietzsche, pueden ser estudiados en las micro y macro políticas de las sociedades.
Aún cuando Foucault sustituye la idea de poder por la de gobierno, siempre se refiere a cuerpos en acción. Cuando analiza en “El uso de los placeres” la moral griega en los textos filosóficos e hipocráticos, al referirse a la erótica, a la dietética y a la economía, nuevamente son cuerpos en acción; y si nos referimos a su último curso, “El coraje de la verdad” en la que elabora la noción cínica de `parrhesía´, se trata de la conducta del filósofo frente al poder, que de acuerdo a las leyendas que ilustran el comportamiento de los cínicos, abundan en excentricidades corporales..
El análisis del discurso es una mediación hacia la comprensión del funcionamiento de una sociedad en términos de palabras, cosas y cuerpos, diagramados en función de autoridad, es decir, de saber y poder.
Pero lo que aquí quisiera resaltar es la actitud de Sartre respecto de la literatura, su visión de que mientras subsista la sociedad capitalista, o el poder de la burguesía, el escritor ha sido ungido como un comediante que sólo puede perdurar si ignora este hecho. Su mala fe y su supuesta seriedad, conjugada con un comportamiento de “fracaso”, el presentarse como perdedor, su goce de ser devaluado por el poder, por las autoridades, por el sentido común , por las convenciones, por la lengua oficial; en tanto se presente como un personaje especial habitante de un submundo que le es exclusivo: es decir, como un artista, su individualidad excepcional no es más que la del falso asceta cómplice de su clase, un vasallo de un imperativo literario que no es más que el imperativo inhumano de la Belleza.
Sartre no concede nada, se ha erigido en un Savonarola de las artes, pero su moralismo no es pastoral, puritano, y menos aún resentido. Sucede que la literatura no tiene ningún sentido para él, y cree que su único sentido es el de una comedia hipócrita que ni siquiera conserva la eficacia de su mitología posromántica.
Esta sentencia que nos remite a la condena socrática de los sofistas, nos sirve para volver a enmarcar la despedida de la filosofía de aquellos que se vistieron con ella, entre los que se cuenta Lévi-Strauss, que para consolidar su actitud debió explicarse con Sartre.
El escritor se despidió de la literatura porque su condición de burguesa la convertía en una labor irrisoria de autoengaño. Si trasladáramos un final semejante respecto de la filosofía, nos equivocaríamos de blanco, erraríamos el tiro. Es imposible estar en contra de la filosofía burguesa, por la razón de que no existe “la” filosofía. Michel Foucault sostuvo una vez que efectuaba “intervenciones” filosóficas, operaciones de guerrilla teórica sin pretensiones de victoria final ni de poder explicativo total. No hay sistema. Hay sistemas.

Anuncios

Entry filed under: General.

LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 111 LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 113

9 comentarios

  • 1. philo  |  21 junio 2015 en 12:54

    Lo seguí, leo sus escritos porque me ayuda a conectar y ampliar. Además luego lo que dijeron mis alumnos no lo abandono más.

    El último párrafo me gusto. Cuando habla de literatura burguesa lo conecté con ideas de Adorno(?). A Foucault lo voy conociendo de a poco y queriendo.

    Luego lo pensé desde la lógica

    La proposición “LITERATURA BURGUESA” puede ser una CONTINGENCIA

    Pero “FILOSOFÍA BURGUESA” me parece directamente una CONTRADICCIÓN.

    FELIZ DÍA DEL PADRE!!!

    Para usted y todos los bloggeros que sean padres.

  • 2. Roberto Nadaud  |  21 junio 2015 en 18:57

    uno siente la tentación de dar algunos nombres de poetas novelistas y preguntar en qué sentido son “farsa, comedia, mala fe”.
    y se pone el mal humor y dice : que S. ya quisiera haber escrito con tanto rigor y deslumbre.
    han transitado sombras y abismos de dolor y resulta que son un montón de chantas “burgueses” desechados por adalides del capitalismo : como si los hominidos en grupo estuvieramos para otra cosa.

  • 3. Aldo  |  22 junio 2015 en 15:29

    creo que el lenguaje del siglo 20 no nos va a acompañar por mas tiempo , las preguntas originales siempre están y estarán , el siglo 20 sera recordado por las organizaciones consumistas de la sociedad ,, no hay grandes pensadores del siglo 20 que nos hayan empujado a un pensamiento mas vital y util como si lo hizop Marx en el siglo 19 ,,, es curioso como liberales o mas progres , lo que sea , los une la emoción por Sartre , quizas recuerdo de sus juventudes ?

  • 4. Marcelo Grynberg  |  22 junio 2015 en 16:53

    Nota interesante (?) para Tomas y los blogistas

    http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-35875-2015-06-22.html

    * La Antología se presentará este miércoles a las 19 en la librería Hernández (Corrientes 1436) con una charla abierta “¿Por qué volvió Marx en el siglo XXI?”, en la que participarán Carlos Altamirano, Maristella Svampa, Emilio de Ipola y Horacio Tarcus.

  • 5. rodolfo lópez  |  24 junio 2015 en 14:14

    Mientras subsiste “la sociedad capitalista, o el poder de la burguesía”, que a Sartre molestan tanto, ciertos escritores-pocos- hacen una literatura que no es “cómplice” de tal sociedad, ni ellos “han sido ungidos sus comediantes”. Kafka es un ejemplo magnífico.
    Porque es verdad que K (escritor, personaje) es “perdedor”, incluso puede que “goce con ser devaluado, por el poder, por la sociedad”, y de “ser fracasado” (escritor y personajes). Pero su texto vive, y cien años después de haber sido escrito, lo descubrimos de pronto una mañana al despertar de una pesadilla, como una revelación, sin que la pensemos en términos literarios ni en otro lenguaje. Eso que no atinamos a expresar de modo alguno, en ninguna lengua, pero sentimos intensamente como una puñalada dolorosa, eso que acaso los “salvajes” de Oceanía -o donde sea- puedan sentir también intensamente y no puedan expresar en propia lengua; eso ya ha sido dicho, por unos pocos elegidos, y será literatura de calidad en un lado y “arte salvaje” o “brujería” en el otro.
    En el podio aquí Albert Camus!, justamente por reconciliarnos con la “salvaje naturaleza” lejana, y por permitirnos volver a hacerla propia.

  • 6. rodolfo lópez  |  25 junio 2015 en 13:53

    Sin pensar en Kafka, Instintivamente, siempre escapé de los laberintos burocráticos, fuesen los que fuesen. Cómodo y libre viví así una marginalidad hecha a mi medida. Pero este año cumplí 65.
    Y ahora, frente a los trámites de la jubilación, beneficio económico que no me vendría mal, enfrento también la temida burocracia con sus laberintos (un Proceso); cuenta pendiente que con intereses reales y simbólicos -éstos sobre todo- debo pagar; y recuerdo a Kafka.
    Carpetas con antecedentes laborales de empleado y de autónomo, con errores y falencias acumulados indolentemente durante años, durmieron hasta hoy sin causarme grandes pesadillas; temía a esos errores y descuidos en apariencia insignificantes, y a pesar de haber pagado los 30 años de aportes sobradamente, dilataba el día de encontrarme frente a frente con ellos. Pero con fecha cierta 28 de julio de 2015, mis antecedentes serán al fin examinados por autoridad competente de ANSES, y entonces, frente a lo inminente del caso, temo. Temo por todo lo que antes, indolente, no temí.
    Porque no es cierto que la moratoria del ´88 por ejemplo -o la del ´90- tuvieran sólo errores formales, de los que soy inocente por el mero hecho de haber pagado mis aportes mes a mes, hay algo allí que me hace culpable inexcusablemente (soy culpable -y reo- ya por ser examinado); y hasta me alivia declararme culpable, antes de la audiencia del 28 que juzgará mis trabajos.
    También soy responsable de que tal empresa haya hecho 2 años de aportes en vez de los 4 correspondientes. O de la falta de varios de otras pues, ¿por qué no lo verifiqué en su momento, ¿por qué no conservé los comprobantes? No son nada insignificantes mis faltas .

    El beneficio de mi jubilación (posible) comienza a ser más chico y menos importante que el tamaño (real) de mi irresponsabilidad.

    Será juzgado mi pasado laboral, y en tono bajo frente a una autoridad competente que reconozco tribunal superior, presentaré humildemente mis amarillentas carpetas, junto a mis excusas, y encontraré seguramente un justo castigo a mis errores.
    Lo comienzan a anunciar nuevas pesadillas. Gracias igual Franz .

  • 7. rodolfo lópez  |  4 julio 2015 en 13:28

    Fricciones.

    En el último ADN cultura -ya no saldrá como ahora-, Ricardo Piglia dice en 2012 que Kafka y Joyce leían sus escritos en tono jocoso, circense, riendo a veces a carcajadas. De eso deduce que los autores advertían así a sus oyentes que sus relatos eran “cómicos”.

    Por estos días estoy releyendo el ácido “Fricciones” (2004) de nuestro anfitrión, el capitulo filoso dedicado a Piglia y a César Aira.
    Y me volví a reír a carcajadas con el sorprendente linchamiento ensayístico que sufre Piglia a manos de Abraham, por tan cómico .
    Es de antología el encuentro de Piglia con Aira en un bar de Flores, auspiciado por una amiga de ambos que busca reconciliarlos, y ayudar a Piglia que está siendo demandado por una “mujer”-“personaje”-“ser de carne y hueso” de “Plata quemada”; al parecer ambiciosa como en la ficción.
    Resulta imperdibles, delirante y circenses los detalles de la charla y la reconciliación, los consejos (!!!) de Aira al compungido Piglia, para que éste pueda safar en algo la millonaria demanda que lo tiene atormentado. La literatura se le volvió en contra al escritor. Recomiendo leer esas páginas a quien tenga ganas de reírse!

    Y se me ocurre que la risas nerviosas de Kafka o de Joyce (al que no leí) tal vez no fueran porque estaban leyendo “relatos cómicos”; sino, por el contrario, porque estaban leyendo textos muy serios, y profundos, que los cruzaban al medio en forma visceral.

    Después de leer las cartas inocentes de F. Kafka a su novia, una pudorosa autobiografía, en la que no se advierten risas estridentes ni carcajadas, acaso se pueda decir que la verdadera vida de Franz Kafka, la que él eligió, fue su literatura, su perdurable testimonio.
    Al leer su obra ante un auditorio resulta natural su nerviosismo, lee su propia vida, revela sus fantasmas, los expone a la luz de los demás (esos oyentes variados); y eso traducido en risa inquieta e insegura es tan humano como lo mismo -vivo- que está leyendo. .

  • 8. marlaw  |  5 julio 2015 en 5:47

    Hay prejuicios de izquierda, de derecha, y de centro.También los hay liberales y populistas. La palabra burgués o pequeño burgués, en boca de un marxista, se puede comportar, como uno de ellos, e inclusive también como un estigma. A su vez para un burgués o pequeño burgués, que abraza al marxismo, su condición de tal puede ser vivida como una “capitis diminutio” o bien como una anomalía genètica. Es curiosa la manera en que usamos las palabras.

  • 9. marcelo  |  26 julio 2015 en 13:42

    Buena nota. Creo que a pesar de sus diferencias , en muchas cosas pensaban lo mismo. Soy un apasionado lector tanto de Sartre como Foucuault, diria que son dos grandes faros para mi


Categorías

Calendario

junio 2015
L M X J V S D
« May   Jul »
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  

A %d blogueros les gusta esto: