LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 108

9 junio 2015 at 9:26 12 comentarios

Me refiero al texto de Jacques Rancière “Deleuze, Bartleby et la formule littéraire”. Creo que es uno de los escritos más concisos y brillantes no sé si sobre bartleby pero sí sobre Deleuze. Rancière fue mi profesor en la flamante Universidad de Vincennes en el postmayo 68. Con Foucault, fue el mejor profesor que tuve. Sus clases sobre la teoría de las ideologías se complementaban con las de Alain Badiou sobre teoría de la contradicción. Esta complementación era a la vez falsa e insistente a la vez. Los dos luego de décadas intentan aún hoy mantener un diálogo más allá de las diferencias que los separan.
Ranciére escribe este texto sobre Deleuze como una conversación consigo mismo, porque hay un lado deleuziano en su filosofía. Como también otro lado que se conecta con Badiou. Si bien apreciaremos su habilidad en encontrar contradicciones en lo que denomina la `metafísica de la literatura´ de Deleuze, puede resultar más difícil que lo haga respecto de su propia antinomia.
Tanto Rancière como Badiou piensan en consonancia con las enseñanzas de Louis Althusser. No sólo por el uso de conceptos como práctica teórica, instancias, modos de producción, causalidades y determinaciones en ausencia, sino hasta por el estilo de composición de sus escritos. Escansión sintáctica medida y breve, sentencias terminantes, rigor en las argumentaciones, con la diferencia de que en Badiou se le suma el dogmatismo: ¿cuál?, el del marxismo leninismo maoísta, y una doble remisión al lacanismo y a las matemáticas..
Ranciére tiene una impronta anarquista que proviene de sus primeros textos sobre la autoeducación y la cultura obrera- en “La nuit des proletaires” – y culmina en “Le maître ignorant” en donde presenta las enseñanzas del profesor Jacotot.
Este interés por la indisciplina y por la autogestión lo diferencia del disciplinamiento teórico y político de su colega, a la vez que ambos congenian en recuperar el ideal revolucionario y su proclama de `igualdad´ social y política ante todo y a pesar de todo.
Sigamos a Rancière en su sutil búsqueda de las contradicciones en el pensamiento de Deleuze y en su particular lectura del cuento de Melville.
Hay dos modos de acercarse desde la filosofía a la literatura. Una se inspira en un principio enunciado por Flaubert: el estilo es una manera absoluta de ver las cosas; y el otro, es el tradicional que proviene del sistema aristotélico de la representación: el tema representado determina las formas de la representación.
En uno predomina el estilo y en el otro la physis. La veta `mallarmeniana ´ para llamarla de acuerdo a los cultores de la autonomía de la obra, de su individualidad única, totalidad cerrada y potencia pura del lenguaje, se opone a la jerarquía mimética que traduce a la obra literaria de acuerdo a criterios y realidades que le son exteriores.
Pero hay otro modo de oponerse a las reglas de la mimesis, es el que parte del principio molecular, de una indeterminación a-representativa, previa al reparto de semejanzas y diferencias de un orden racionalista.
A esta perspectiva, Rancière la califica de metafísica, la subsume a la concepción estética de Schopenhauer, prolongada en el dionisismo de Nietzsche, y en el esquizoanálisis de Deleuze. Es a la vez un problema de poética que se resume en la pregunta de cómo es posible encadenar la forma de la obra con los átomos emancipados del pensamiento-materia.
La supuesta autonomía de la literatura respecto a sus condicionamientos miméticos, refluye en nuevas heteronomías al hacerla accesoria de una filosofía que retoma los temas del idealismo romántico alemán, por más que Deleuze trate de remozarlo con el empirismo inglés y su pensamiento sobre las multiplicidades.
Aunque Deleuze introduzca la imagen de la tela de araña – tal como la presentamos en su lectura de la obra de Proust – y la contraponga a la obra concebida como un organismo catedralicio, no puede evitar en nombre del pensamiento molecular, llevar a cabo una operación bien molar como es la de ensalzar a un héroe epónimo ya sea Achab o Bartleby.
En nombre de la esquizofrenia y de una semiótica asignificante, construye su propio fabulario en el que se destacan con exclusividad, personajes “originales”, frente al mundo de la mascarada y de los simulacros de los filisteos.
Se desdice así de su antiplatonismo canónico.
Sus relatos predilectos que eligen los devenires indiscernibles, las metamorfosis, los pasajes al otro lado del espejo, no ocultan su fascinación por las individualidades ejemplares, y la construcción de mitos en los que nos subyugan las grandes proezas, y el combate de las comunidades fraternales que deberán vencer a las hordas de padres.
Lo que Rancière percibe es una lectura en la que literatura es interpretada con el modelo de la música, un concepto filosófico por el que la música es el mundo verdadero, asignificante e indiferenciado, el sin fondo dionisíaco, el volcán de Lowry y la fisura de Scott Fitzgerald.
Deleuze, dice Rancière, elige una literatura ejemplar y un discurso ejemplar sobre la literatura.
Nada asignificante hay en este glorificación de personajes convertidos en grandes personalidades, y ninguna política revolucionaria ni fraternidad universal puede elaborarse a partir de esta estética dionisíaca supuestamente libertaria.
Rancière retoma la crítica de Rorty en “Contingency, Irony and Solidarity”, sobre las extremas dificultades en diagramar una política a partir de una estética inspirada en Nietzsche. Arrojarse al abismo, decir la palabra y romperse, no creer en lo que uno piensa, valen como consignas para la creación del individuo por sí mismo, o para su automodelación, pero no se aplican ni se extienden a una organización social, salvo que sea suicidaria o autodemoledora.
Sólo que Ranciére desprecia al liberalismo norteamericano, para él no es más que cosmética capitalista, y su crítica a Deleuze apunta al lirismo idealista de su esquizoanálisis, y fundamentalmente, a sus seguidores anarcodeseantes.
Nos da una hermosa definición del impresionismo: la poética que reconstituye el universo de la representación con átomos de la antirepresentación.
No sé si es cierto, pero – como asevera el dicho – è bene trovato.
Rancière dice no tener ninguna garantía de que una comunidad de hermanos le gane la batalla a los padres, ni – ayudamos con otro ejemplo que selecciono – que la dupla incestuosa entre hermanos sea más saludable que la autoridad del padre sobre el hijo, y otras propuestas de la mitología deleuziana. Más aún si se trata de un padre psicótico en el lugar del padre de la ley. Más vale protegerse contra un padre como Achab, un monomaníaco autiodestructivo frente al cual el padre de Kafka, el diseñado por Carlos Correas, no es más peligroso que un viajante de comercio. Pero el remate tiene visos a mi entender de genialidad, cuando reinterpreta a Nietzsche, y nos dice que lo que anuncia Zaratustra no es la muerte de Dios, sino que Dios está loco. Un dios indiferente, que no tiene preferencias – como la pura potencia dormida alejada de las criaturas – que podemos llamar devenir, ser o sustancia, esta divinidad que no es más que la igualdad de todas las diferencias, o la indiferencia de un eterno retorno, este dios no sólo está loco sino que vuelve loco.
A menos que nos riamos de él. Este dios llamado Diónisos está representado en la versión de Deleuze por – adivinaron – Bartlebly, mensajero que une las instancias entre la justicia desértica igualitaria de un dios loco, y la justicia de la fraternidad universal. Esto es lo que Deleuze define en el comienzo de su lectura del cuento de Melville, como un relato cómico, gracias al cual pasamos del encantamiento multitudinario del ser, de los agrupamientos moleculares, y de las multiplicidades en permanente transformación, como la naturaleza spinoziana, a la justicia política.
Quizás el intento de Nietzsche no haya sido el de preparar a lectores y auditores a la irrupción planetaria del superhombre, sino a reirse de este dios loco que a su vez no hace más que reírse de nuestro empeño por ser obedientes y sujetos de moralidad. Posiblemente nos invite a festejar todos juntos la tradicional fiesta del Asno.
Sin embargo, culmina Rancière, la imagen que emplea Deleuze es otra, es la del muro resquebrajado, con su partes sueltas, extraña pared con piezas desencajadas; si es ésa la imagen de pensamiento que nos lega Deleuze, tomémosla literalmente. No creo que remita al muro de Vermeer en las orillas del embarcadero de la ciudad de Delft, evocado por Proust, sino a otra pared que para Rancière tiene una nueva función.
Nos dice que la fuerza de un pensamiento también consiste en su capacidad de asumir sus propias aporías, el sitio de resistencia que no lo deja proseguir. Y cree que es lo que precisamente hace Deleuze, cuando con un único gesto, libera el sendero para que transiten los deleuzianos, los despeja de restos molares y los invita a que sin perder el tiempo aceleren el paso…en dirección al muro. Imagen simpática, irónica.
No sabemos si es para que sus adeptos se estrellen, o para templar sus ánimos, o endurecer los huesos del cráneo. ¿Cómo asumimos nuestras aporías? ¿Volviendo a ellas de un modo obsesivo? ¿Reconociéndolas como tales para evitar repetirlas? ¿Resignándonos a su existencia para cobijarnos en el escepticismo? ¿Renunciando a ciertas preguntas?

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LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÌA 107 Entrevista Diaro La Nación

12 comentarios

  • 1. R. Nadaud  |  9 junio 2015 en 10:47

    “protegerse de un padre como Ahab” si os protegéis : permaneces en la bodega del Pequod, ajeno al torbellino, sin ver al Padre que libre de categorías psiquiátricas y teológicas, arpón y furia, consuma su viaje.
    The Reachel os recibirá huerfanos pero sin la memoria del hijo por su Padre que del furor y el destino no renegó.

    “en direcciónal muro” si nos convertimos en aporías, carne de psicoterapias y fármacos : los podemos atravesar sin estrellarnos pues de ladrillo son aire diluyendo imágenes familiares.
    seguimos el sendero del santo bebedor, o de Celán en lejanía de la Selva hacia el Sena, el último poema.

  • 2. Marcelo Grynberg  |  9 junio 2015 en 11:55

    No entiendo muy bien hacia a que apunta o trata de señalar concretamente su disquisicion. Lo leere otra vez.

  • 3. magu  |  9 junio 2015 en 13:47

    Es que a veces el hombre hace cosas tan tontas, o cursis que es como para enloquecer a DIOS, que debe ser exigente en gusto, y en su apreciación del arte, le debe dar bronca tanta estupidez. (Y otras pena), y las aporías, muchas no se resuelven jamás pero igual es cómico tratar de hacer ver que si, conciliar cosas que ni se resuelven ni combinan en un “como si” de forma, y seguir, es difícil explicar esto, mejor censure.

  • 4. philo  |  10 junio 2015 en 10:59

    Profe acabo de verlo en la entrevista de La Nación. estuvo estupendo.

    Puso en palabras mis ideas sobre la educación.

    El lunes voy a llevar a mis alumnos a escucharlo en la sala de vídeo y discutir el tema. Luego le cuento

    Palabras para mi destacadas: PROCESO,FIESTA, CURIOSIDAD, ALEGRÍA, CONQUISTA, EXIGENCIA, RESPETO, ENTUSIASMO Y VIGOR..

    Se logra sea cualquiera la materia lo que hace falta es que por la sangre del docente corra la pasión, los chicos se contagian.

    Y en cuanto al fracaso, (soy de las que escribe frases en colores en la pizarra) yo les digo:

    “FRACASA, FRACASA DE NUEVO, FRACASA MEJOR” S: Beckett

  • 5. Marcelo Grynberg  |  10 junio 2015 en 11:51

    Un dios loco. Y si los locos fueramos nostros ? Mirando y mirandome, creo que los humanos, pobrecitos, somos una especie desequilibrada, seres con breves raptos de lucidez de vez en cuando. Es lo que hay …

  • 6. Juan Martin Masciardi  |  10 junio 2015 en 14:28

    profesor, muy buena su entrevista sobre educación en la nación.

  • 7. R. Nadaud  |  10 junio 2015 en 16:31

    el hombre enloqueció a dios con sus desatinos : buena idea
    Mr Magu.
    en un psiquiátrico Cósmico delira odiseas y enéidas, héroes forjando imperios, amanuenses cantando exagramas.
    hasta ahora no le ha salido nada mal, la mona Jimenez es la excepción que prueba la regla: cada 1001 bailantas hallamos
    un poeta.

  • 8. magu  |  10 junio 2015 en 18:23

    Perdón, quizás esto no va. Pero el año pasado me llamó la atención uno de los ensayos de THOMAS MERTON (eran muchos, sobre monasterios, sobre el autor de EL DOCTOR ZHIVAGO, etc, etc) había uno donde él estabe ENFURECIDO, ENOJADÍSIMO e INDIGNADO con el arte sacro de los años sesenta, (fines de los cincuenta a mediados de los sesenta) en realidad, con las nuevas imágenes sacras para parroquias, supongo, las nuevas estampitas de comunión (no hablaba de autores) , No estaba enojado con un arte blasfemo como podría haber sido el de un LEÓN FERRARI, sino de gente que popularizaba o idolatraba figuras feas, de mal gusto, Ud en su novela cuenta el invento del crucifico rolito,pero hay uno mucho peor (y real) un CRISTO crucifiaco sobre tres caracoles pegados con la camiseta de un equipo de futbol y eso se vendía en la playa. UN DIOS ENOJADO, es una visión muy humanizada, como si un padre le dijera enojado a un nene: querído para hacer ese enchastre no gasto ni un centavo más en comprarte las témperas ni los crayones ¡para eso te los compré¡,

  • 9. philo  |  10 junio 2015 en 21:13

    ¿Cómo asumimos nuestras aporías?

    Ni volviendo a ellas de un modo obsesivo, ni reconociéndolas como tales para evitar repetirlas, ni resignándonos a su existencia para cobijarnos en el escepticismo .
    Y menos que menos renunciando a las preguntas.

    Que hay de malo en tenerlas? y volver a ellas de un modo no obsesivo y seguir haciendonos las preguntas.

    Es algo parecido a renunciar a nuestros anhelos porque sabemos que son casi imposibles de conseguir.Yo no renuncio. No puedo

  • 10. Roberto Nadaud  |  11 junio 2015 en 19:17

    cuales serán las aporías de la historia argentina?

  • 11. marlaw  |  13 junio 2015 en 21:02

    Aporias en la Historia Argentina hay unas cuantas Nadaud. Con decirle que Cornelio Saavedra era de origen Boliviano le estoy diciendo todo. No creo que haya una historia peor contada que la nuestra. Por eso lo que mas fluye entre nosotros es el estado de confusión generalizado. Como en el partido de hoy jahhhhhhhhhh.

  • 12. Sergio R.  |  22 junio 2015 en 16:34

    Me perdí un poco en el texto. Me gustaron mucho los dos últimos párrafos finales. En algún lugar leí que la fuerza del pensamiento esta en poder mantener dos ideas contrapuestas sin optar por ninguna. Esa tensión requiere de mucha energía, hay un cierto malestar que perturba y nos empuja a optar. Lo cual no esta mal, optar en necesario para la acción, pero uno opta mucho antes de la acción. Rápidamente nos inclinamos por una u otra idea innecesariamente antes, mucho antes, de que esos pensamientos se materialicen en forma de acción.


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