LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 106

2 junio 2015 at 16:04 16 comentarios

Vemos que Bartleby despierta resonancias extremas,y que su `prefería no hacerlo´ no sólo es una fórmula tal como la define Deleuze, sino una cifra oculta que encierra una gran sabiduría.
Hasta tal punto es así que Agamben no escabulle el bulto al final del relato, en el que nos enteramos, como si fuera una mera acotación de la narración, que Bartleby había trabajado en una oficina pública en la que se depositaban las cartas extraviadas por ausencia de receptor – ausencias causadas por muerte, mudanzas, errores – , otro accidente o maniobra de la fortuna, que hace que la correspondencia quede trunca y se deposite en oficinas públicas en las que se incinerarán como papeles muertos. Ése era su trabajo.
Pensamos en una homología de esta situación, con las oraciones sin destino en caso de ser devotos de un dios indiferente, no ausente pero sí desinteresado, que no responde, o sea, en una situación de abandono ignorada que hace que nos dirijamos a alguien que no está.
Para Agamben este final del relato, acelera los tiempos litúrgicos, despega hacia un fin de la historia en la que la letra (figura que sustituye a la “carta”) muerta, deja su lugar al espíritu vivo. Es lo anunciado por San Pablo. La vigencia del espíritu en desmedro de la obediencia a la ley escrita. Este final corresponde a un arribo, el del Mesías, por quien la ley no es necesaria ya que sólo se establecía para estar preparados en el momento de su llegada. Al ser al fin puros, sobra el mandato.
Para bajar a tierra esta imagen del fin de los tiempos y localizarlo en la dependencia pública, resulta que una vez el destinatario a nuestro lado, no es necesario escribirle.
De ahí que Agamben no esté de acuerdo con Deleuze, para quien Bartleby prefigura a Cristo que viene a redimirnos en nombre de una nueva fraternidad luego de la muerte del padre-ley, y lo ve como el Mesías que deconstruye la creación para salvar lo que no es. No trae una nueva tabla de la ley sino cumple con la Torah en tiempos mesiánicos, “descreando” desde un punto de indiferencia. Elimina la letra al abstenerse de reproducirla, y al seleccionarla para su dematerialización, convierte en realidad el anuncio de la promesa.
Bartleby al decidir renunciar a su tarea de copista, al dejar de reproducir la ley, luego de su anterior labor de hacer desaparecer escritos sin destino, anuncia la llegada del Mesías y su espíritu vivificante.
Sin embargo, la presencia de Bartleby en las preocupaciones de Agamben no se limita a este texto que con el pretexto de definir el concepto de contingencia termina en un relato sobre el mesianismo.
En su libro “Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida”, en el que elabora su concepción del estado del mundo con referencias extrapoladas de su afición por las lenguas muertas, Agamben vuelve a Bartleby como un caso de excepción de la figura teológico-política de la soberanía.
Soberano es quien declara el estado de excepción. Es decir el que puede interrumpir cuando quiere cualquier encuadre normativo, incluso aquel sistema reglado que delimita y especifica sus propias funciones. Se lo define como un poder constituyente que trasciende el poder constituido y tiene la facultad de suspenderlo. No por eso está fuera de la ley, ya que esta ley no tiene otro fundamento que el de autorizar, por el modo en que opera el dispositivo real de poder, ser apartada cuando la función de soberanía así lo establece.
De este modo, el filósofo italiano, lejos de proporcionarnos una nueva entrada para la comprensión de los regímenes autoritarios, lo que pretende es desenmascarar a las democracias representativas características de las autodenominadas sociedades liberales avanzadas, para señalar que detrás de su aparato legal no funcionan de otro modo que con la facultad de interrumpirlo.
Digamos que el golpe de Estado es la normalidad de la legalidad republicana.
A la clásica distinción del marxismo entre democracia real y democracia formal, Agamben añade esta nueva especie de denuncia conceptual, que señala que el poder constituyente no representa al pueblo ciudadano reunido en asamblea legislativa, sino a un poder soberano que no se limita a deliberar o gobernar, sino que dicta en qué momento opera y en qué otro momento suspende derechos y garantías.
Esta es la normalidad de la democracia representativa que la asimila a cualquier dictadura explícita. Aunque escriba: “La tesis de una íntima solidaridad entre democracia y totalitarismo (que tenemos que anticipar aquí, aunque sea con toda prudencia) no es obviamente (como tampoco lo es la de Strauss sobre la convergencia secreta entre liberalismo y comunismo en relación con la meta final) una tesis historiográfica que autorice la liquidación o la nivelación de las enormes diferencias que caracterizan su historia y sus antagonismos”(pag 20).
Menos mal.
La aclaración de este `por si acaso´ para que no lo consideren fascista –imagino que el temor es ése – no es del todo convincente. No porque sea un fascista o un stalinista, no lo es, ¿por qué había de serlo?, ¿para qué?, con todas las incomodidades que una postura así implica, más aún luego de la segunda guerra mundial y del Gulag. Basta con ser un académico audaz que demuele todos los sistemas existentes en nombre de una entelequia galáctica de origen desconocido, una especie de agujero negro conceptual que entusiasma a los indignados. Es cierto que Leo Strauss, inmigrante judeo-alemán refugiado en los EE.UU, no tendría la impudicia de sostener en los claustros de la Universidad de Chicago, que la democracia republicana de su país anfitrión equivale al Tercer Reich que buscaba cremarlo, pero también es correcto recordar que estas equivalencias enunciadas desde el saber especulativo entre liberalismo y sovietismo, o comunismo, si se quiere generalizar sin dar nombre concretos, también permitirán que el ala reaccionaria del partido republicano del que provino el emancipador de Occidente George W Bush, se jactara como lo hicieron sus asesores en política exterior, de haberse formado con el ilustre filósofo alemán.
Quien además fue coautor de un excelente libro sobre la tiranía de acuerdo a la versión de Jenofonte – libro sobre el que escribí un texto: “El tiranosabio”, en “El NO y las Sombras” – con el eximio filósofo ruso-francés Alexandre Kojéve, quien además de ser especialista en Hegel y consultor del Mercado Común Europeo, era un declarado admirador de Stalin y del portugués Salazar.
No porque ni él ni Strauss fueran malos hombres, ni lo es Agamben, la teoría filosófico-política esta más allá del bien y del mal, es inmune e impune, como lo es toda vocación crítica sostenida por un sano principio de convicción según Max Weber.
No es una cuestión moral sino de oficio. Se trata del rol que cumplen hoy los diagnosticadotes del presente con formación filosófica que no dejan de multiplicarse gracias a sus análisis de los malestares en nuestra cultura sin menoscabar la ilusión de un porvenir venturoso, y que nos dejan mudos con sus citas eruditas.
¿Y Bartleby? Pobre hombre. Este personaje empacado que sólo pronunció una sola frase de cinco palabras, se ha convertido en un personaje filosófico parasitado por tirios y troyanos, incluido quien aquí escribe, gracias a Hermann Melville.

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16 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  2 junio 2015 en 20:07

    Repito aqui la pregunta que hice en el post de: “El tiranosabio (un animal poshistórico)”

    Sobre lo que dice Strauss:

    “Strauss dice que la educación universal es viable con una producción de riquezas astronómica cuya distribución permitiría la excelencia educativa planetaria.”

    No lo entiendo. Por que seria semjante produccion tan importante para acceder a una ilustracion planetaria ?

  • 2. Tomás Abraham  |  3 junio 2015 en 16:23

    marcelo, por falta de tiempo no puedo reproducir el párrafo completo. te sugiero releer los siete renglones subsiguientes para completar – más allá de los acuerdos – el razonamiento.

  • 3. R. Nadaud  |  3 junio 2015 en 18:37

    el Imperio Americano debería seguir a Bartebly : no hacer nada con Isis & Cia : y dejar vastas áreas del planeta en manos de los Iluminados : total, es otro continente, no es nuestro problema.

  • 4. Marcelo Grynberg  |  3 junio 2015 en 21:11

    OK, volvere a re-leer el post. Gracias Tomas.

  • 5. R. Nadaud  |  4 junio 2015 en 10:49

    “escucha mis últimas palabras de suplica…”
    quien habla? Esquilo, Bartebly, el silencio.
    en Redburn, el joven personaje de M. busca ayuda para una desfalleciente acuclillada en una cuneta : Liverpool 1849.
    Suplica, nadie reacciona.
    el laberinto de oficinas nunca ocultó la Culpa, era él Leviatán metamorfoseado : el odio recaerá en sí mismo : con el próximo
    B. el Jefe preferirá no sentir sentires :privilegiará la actitud Institucional : prefiero diferir su caso a la Oficina de Relaciones
    Empresariales etc etc.

  • 6. Aldo  |  4 junio 2015 en 20:46

    ¿ a donde están los diagnosticadores ” eruditos ” del presente ?
    a fines de los noventa se alertaba o iluisonaba o se canchereaba con los de la new age , se tiraba agua a la ceniza , igual la new age duro poquito , por lo menos por estos pagos

  • 7. Tomás Abraham  |  5 junio 2015 en 9:15

    marcelo
    comprá EL NO Y LAS SOMBRAS, ahí está el texto completo junto con muchos otros que conforman un libro muy estimable, además de económico, Eudeba. Colaboren con el fundador de la página, gracias

  • 8. Tomás Abraham  |  5 junio 2015 en 9:16

    aldo
    en dónde no están? es la pregunta

  • 9. Marcelo Grynberg  |  5 junio 2015 en 10:50

    Gracias por la recomendacion, vere si puedo conseguirlo.
    Hace poco colabore con “Los Senderos de Foucault” 🙂
    Saludos

  • 10. R. Nadaud  |  5 junio 2015 en 13:47

    el diagnostica-dor Leo S. terminó en un horno . pero fue de la funeraria que recibió sus muy mortales despojos.
    y el imperium americano con su desembarco en Normandía salvó a unos cuantos de la noche y la niebla.

  • 11. R. Nadaud  |  5 junio 2015 en 16:24

    diferentes caminos del diagnosticar : chamán, medicine man, astrólogo, y 1001 etc etc-logos.

  • 12. Aldo  |  5 junio 2015 en 22:02

    diagnosticadores ambientales también …,,, a lo que voy es que no veo pose de eruditos , no hay una pose hoy , hay varias , depende la estética de cada uno , como reniegan con lo cotidiano , eso es un buen punto de partida pero ya es demasiado tarde . Esta semana habra interpretaciones sobre el encuentro francisco y cristina como bobos por que no vamos a escuchar lo que se dicen en privado , hay algo de opio en las interpretaciones en lo cotidiano pero es algo que conviene a todsas las partes ,,,¿ que sabemos lo que se van a decir en una sala del vaticano los dos a solas?? es el teatro del mundo ,,,, todo sea para no ser tan canibales , supongo

  • 13. R. Nadaud  |  6 junio 2015 en 15:36

    Auden : he disappeared in the dead of winter :
    the brooks where frozen…

    nadie va a escribir así de estos politicastros, roedores de la patria.
    momificados van a pasar,al recuerdo.

    el olvido es para los nuestros, ellos que son
    Milton : uno ya con Natura . oimos su voz en toda cosa
    del gemido del trueno
    hasta el canto dulcísimo del pájaro.

  • 14. R. Nadaud  |  6 junio 2015 en 16:02

    Professore : nos dice que se acabó la tinta para las aguafuertes políticas . la nave de los corruptos se aleja, y su figura distante en el muelle.vuelve en sus pasos a la Biblióteca, “al ámbito sereno de un orden,el tiempo disecado y conservado mágicamente”
    vuelve las páginas y lee con aprobación algún pensamiento, acaso porque en él ha reconocido su propia voz…
    de vuelta a la querencia.

  • 15. marlaw  |  17 junio 2015 en 18:51

    En realidad toda construcción lógica ideada por el hombre descansa, en una ficción, o sobre un postulado original, que se dá por cierto, para luego a partir de él, erigir todo el edificio lógico-racional.
    En el caso de las matemáticas, tenemos al número Cero, en el caso de la Ley al primer constituyente, que geométricamente hablando, representa al vértice superior de la pirámide jurídica.

  • 16. marlaw  |  17 junio 2015 en 19:03

    En este sentido también se puede considerar al postulado de Arquímides con su frase: “dame un punto de apoyo y moveré el mundo” Qué representa ese punto de apoyo sino un supuesto, a partir del cual se construye un sistema de pensamiento.


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