LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 104

21 mayo 2015 at 11:25 6 comentarios

Deleuze, afín con sus sentimientos hace de Kafka un libertario – de Bartleby, un anarcoesquizo solidario de una empresa fraterna – ; Benjamin ve en Kafka a un ser espiritual, y Elémire Zolla, a un cabalista. Pero nadie ve en Franz a un neurótico, y menos que menos Deleuze. La relación con el padre es desneurotizada en nombre de un poder real, de un sometimiento generado por el miedo a un déspota, del temor a un castigo fantasmal a la vez que confirmado por conductas comprobables.
Pero nuestro Franz se pone de acuerdo con sus padres en investigar a la familia Bauer; contrata un detective para seguir los pasos de su futura novia, explota de celos a la vez que está espantado ante la idea de que una mujer lo toque. En fin, una persona bastante normal en medio de la neurosis general, con sus taras, y fundamentalmente, sus ambivalencias.
Decir con esto que el complejo de Edipo explica la personalidad de Kafka, es creer que las relaciones con los padres siguen el modelo de la Trinidad. Asunto de escolástica pseudocientífica. Tiene razón Deleuze cuando prolonga el árbol genealógico y lo remonta al infinito. Pero en lugar de elevarlo se decide por el rizoma. Franz desea tanto a su madre como a la rata cantora de su cuento. De sus parientes adora a su hermana, la rebelde. Hace lo que él no se atreve a hacer. El problema comienza cuando el deseo de su padre no es el deseo del hijo. Pero no se separan. Siguen juntos toda la vida. Llegan a un acuerdo. El día es para el padre y la madre, la noche es para Franz. La jornada laboral del abogado es para el padre, la literatura para el hijo. Y los dos estarán insatisfechos aunque relativamente felices. No más que eso porque comparten una misma resignación. Hermann porque el hijo no se hace cargo de la herencia. El hijo porque el padre no aprecia su literatura. Dividen el día, dividen los espacios, y comparten el territorio.
Max Brod decía que los padres de Franz debían comprarle un departamento en la Riviera francesa, y dejarlo en paz para que escriba. De haber ocurrido, una vida a lo Scott Fitzgerald, estimamos que Kafka no hubiera sido lo que fue ni habría escrito lo que escribió. Quizás tenga razón Carlos Correas en que Franz escribía contra el padre, quien lo sobrevivió; en caso de haber muerto antes que el hijo, podríamos imaginar a un Franz casado con Felice. Y quizás no se equivoque Luis Gusmán cuando dice que Franz, al morir, ante las puerta de la ley, ya no había ningún guardián, podía atravesar el umbral.
Pero vivir, exige la presencia del cancerbero, del centinela, de alguien contra quien vivir, y contra quien escribir.
En Franz Kafka vida y obra se confunden. Un escritor publicado a pesar de sí mismo si dejamos de la lado la máquina de la verdad que comprueba el grado de sinceridad de Franz al pedirle a su amigo que queme sus escritos, un escritor construido por sus editores, que ha dedicado una gran parte de su obra para contarnos su vida, y ha creado al personaje que se llama Franz Kafka, y que ha lanzado al mundo un protagonista con las mismas iniciales que su apellido de familia, que deja la misma atmósfera en su obra literaria que en la confesional, el mismo extrañamiento, en un escritor así, no le cabe el binarismo de la crítica convencional.
Para subrayarlo más, Franz Kafka es pura obra, su vida no fue, todo ha sido contado por él mismo, y los intérpretes que lo leen, le han dado vida a un hombre que creyó que no la tenía.

Poco a poco nos aproximamos a la próxima etapa de este viaje. Recuerden que nos dirigimos hacia Oriente. Nos desplazamos por los confines de la filosofía occidental, bordeamos sus márgenes, y dentro de poco tiempo ya estaremos en las fauces del futuro. Me refiero al Asia, tanto la menor como la mayor, tanta el cercano como el lejano Oriente. Todo pasajero del Orient Express sabe que el destino se juega en Estambul, una vez que se atraviesa el Bósforo, ese abismo de agua que separa dos mundos. O se retrocede y se vuelve a Tesalónica hacia Atenas rodeando el Mediterráneo, o se sigue hacia las fronteras persas sin límite en el horizonte. Descarto un descenso al Sur – ¿por qué creer que el Sur está abajo en un planeta redondo que flota en el vacío? – hacia el continente africano y las civilizaciones faraónicas. Lo que hoy asoma es el Asia comunista neoliberal confuciano y el polvorín islámico del Medio Oriente. Hasta allí buscaremos a nuestros nuevos filósofos.
Dejamos Praga, pero antes de partir debemos aclarar algunos interrogantes pendientes acerca de la vida del señor Bartleby. Este personaje insípido, lateral, casi mudo, ha dejado un importante cúmulo de interrogantes y una secuela de intérpretes. Gran logro de Herman Melville, el de crear a un titán como Achab y a un dependiente de una oscura oficina de abogados en el entorno de Wall Street. El nómade del mar, y el ultrasedentario de oficina.
Este personaje nos sirve para repasar el estilo interpretativo de los últimos vestigios de la especie filosófica. Lo decimos así, porque la filosofía ha dejado de ser un género para convertirse en una especie, no en el sentido aristotélico que clasifica a los seres vivos en casilleros genéricos, porque aquí se trata de una mutación.
Un perro y un caballo son dos especies que pertenecen al género animal, pero lo que aquí anunciamos con alguna rimbombancia no es la muerte de la filosofía sino la desaparición de los filósofos.
Cuánta razón tenía Foucault cuando decía que no podía aseverar que la filosofía existía, pero no dudaba de que hubiera filósofos. Y los hay, cada vez menos, y cada día uno menos, hasta poder hablar de una especie en extinción.
Si bien es cierto que en el siglo XIX los filósofos anunciaban el fin de la filosofía, y proliferaban los tratados que lo verificaban, una tarea autosustentable que prolongaba una falsa agonía y que en su decadencia aún ofrecía bellas flores – la rosa heideggeriana es un ejemplo – lo que el futuro nos dispensa es materia biológica.
El fin de la filosofía era un tema filosófico, pero la desaparición de los filósofos es un dato biológico, un hecho estadístico. Así como ya no hay frenólogos tampoco habrá filósofos. Por supuesto que siempre se hablará de un abominable hombre de las nieves perdido entre las cumbres montañosas, estos personajes de no existir se inventan, no faltará quien encuentre en el azar de la vida a un filósofo y se lo cuente a sus nietos y amigos. Tendremos el pintoresquismos que hoy tienen los astrólogos, si no lo tenemos ya.
Para comprobar el ahínco con que la filosofia quema sus últimos cartuchos, detengámonos un momento en este asunto literario creado por Melville.

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Entrevista revista Ñ-Video (segunda parte) ENTREVISTA MAXI MONTENEGRO-TOMÁS ABRAHAM

6 comentarios

  • 1. philo  |  21 mayo 2015 en 15:37

    APOCALIPTICO PROFE

    Yo provengo de los mas duro de las ciencias y no soy tan dramática

    Antonio Damasio en ” El error De Descartes” cuando habla de la frenología considera que las ideas de esta son asombrosas para la época y destaca que intuyo como funcionaba el cerebro.

    Cuando Leibniz insirado en su filosofía dice ” Es verdad que mientras el completo vacío y la jungla sombría pertenecen al cero, el espíritu de Dios pertenece al poderoso uno” ( la necesidad de algo como de nada para construir cualquier elemento) y luego inventa la maquina de calcular con el cero y el uno, primer paso hacia la tecnología.

    Ni hablemos de los griegos. Las ideas filosóficas están profundamente vinculadas con las ideas matemáticas de esa época

    no se que es la filosofía para usted, para mi es la musa inspiradora de toda actividad

    No digáis que, agotado su tesoro,
    de asuntos falta, enmudeció la lira;
    podrá no haber filosófos; pero siempre
    habrá filosofía

    terminela con la muerte de la filosofía, tal vez esta pasando por un desierto, pero ya encontrará su oasis, para en su delirio y su intuición seguir avanzando

    cariños

    ya se que la frenología no es la filosofía, pero tambien surgió de una mente descarriada ( que afortunadamente siempre aparecen)jaja

  • 2. roberto nadaud  |  21 mayo 2015 en 17:06

    Close!, stand close to me Starbuck ; let me look into an human eye;

  • 3. roberto nadaud  |  22 mayo 2015 en 6:42

    “los presocraticos colocaron los vinos nuevos de la física en los odres viejos de las cosmogonías” : decid qué tendrá que ver, pero suena bonito.
    Professore: os habéis sido amonestado : depressif, délirant, dévoyé.
    el rapapolvo será inspirador : luego del desierto llegareis al oasis de La Salada :
    mejor guardar las Tablas : mire como le fue al hijo de Taré :
    y con lo que decía otro de la Tribu sobre las segundas partes :
    y ya los tiempos no dan para el surgir de diádocos del Dr Sigmund.
    Una vez en la Salada podéis currar un puesto de medias made in
    Pei-ching : si el don de la “epifanía de una divinidad que emerge de una montaña sagrada” está muriendo el centro de la saciedad nos recuerda, bajo la especie retortijones que un choripán calma el ragú : no solo de silogismos vive el hombre.

  • 4. roberto nadaud  |  22 mayo 2015 en 20:06

    “El sueño eterno” : Enrique Vila-Mata : artículo en diario el País de españa.

  • 5. Sergio R.  |  22 mayo 2015 en 21:36

    No se ilusione, no es el último de ninguna estirpe… se corren las fronteras y se fusionan las disciplinas, no desaparecen los filósofos ni al filosofía, mutan, al igual que ya no tiene mucho sentido hablar de izquierdas y derechas… en un tiempo no va a tener mucho sentido hablar de filósosfos “puros”. Voy a comprar su libro, me interesa su experiencia en la fábrica de Ciudadela…

  • 6. roberto nadaud  |  26 mayo 2015 en 15:01

    los filósofos pasan, la Poesía espera…


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