LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 102

12 mayo 2015 at 11:02 8 comentarios

Deleuze nos dice en su ensayo que el cuento de Melville es un texto cómico. La palabra comicidad tiene un significado laxo. No nos reimos, nos sonreimos. El texto de Melville es sutil. Su comicidad es trágica. El personaje que supuestamente nos hace reír, sufre. Es una víctima. Pero, en realidad, no hay verdugos. Nadie lo castiga. Es su modo de ser el que hace de él un prisionero de sí. Presentada la historia de este modo, al haber víctimas sin verdugos, quien aparece como el mal no es otro que el mundo.
No la vida. Melville no es un existencialista ni un filósofo, no nos habla de la condición humana sino del mundo en tanto sistema. En este mundo se trabaja y se aceptan ciertas reglas. Todos lo hacemos. Trabajar en una oficina implica cumplir con un horario, y retirarse una vez el horario finalizado. Es lo que Bartelby no hace, no se retira. “Es” un retirado inmóvil.
Se supone que cualquier empleado si no es por necesidad, ansía después de cumplir con el horario de trabajo, salir a la calle, reunirse a tomar algo con los amigos, o volver a su casa a reencontrarse con los suyos, si los tiene, y, si no los tiene, calentar una comida y ver televisión. Pero no quedarse en la oficina, y menos vivir en la oficina. Y mucho menos, no dar explicación alguna, ni tener argumento ninguno, ni manifestar otro deseo que el de quedarse en el mismo sitio.
Deleuze es un admirador de la cultura norteamericana. La ve como un antídoto de la francesa. Lo mismo sentía Foucault que disfrutaba de su libertad cada vez que podía hacer alguna gira por la costa oeste de los EE.UU. La imagen del escritor viajero, “on the road”, del escritor marinero, del escritor que se interna en la jungla y caza felinos, el escritor que experimenta con plantas alucinógenas en tierras exóticas, la aventura, la soñada e idealizada aventura, es la que falta en Francia desde que Rimbaud fue enclaustrado por la crítica en “los tristes muros de la Sorbonne” (imagen deleuziana con la que comencé mi primer escrito de filosofía).
Pero Bartleby es todo lo contrario del transhumante, no se mueve, está quieto. El cuento es la historia de las consecuencias que provoca en una sociedad de nómades, colonizadores, pioneros e inmigrantes, este suceso tan extraño, casi monstruoso, de un hombre quieto.
Bien lo caracteriza Deleuze como la contracara del otro héroe de Melville: Achab, el alucinado por Moby Dick, y el desastre que genera quien no puede detenerse hasta que se apropia de lo sublime, de lo gigantesco, de lo infinitamente superior.
Bartleby es un personaje mínimo que ocupa un espacio mínimo, y, lo que constituye su mayor singularidad: de palabras mínimas.
“Prefería no hacerlo”… “I would prefer no to”, no es una resistencia a un acto pedido o exigido, no es un rechazo a una imposición de un poder opresor, ni siquiera es un deseo, es casi una reflexión ensimismada dicha en voz alta.
Vemos como en el relato, la frase ocupa cada vez más espacio, todo el espacio dejado vacante por su emisor, y contagia el ambiente, se pega a quienes lo rodean, el jefe incorpora el modismo negativo a su lengua, lo mismo los otros empleados; las cinco palabras se convierten en un alien con vida propia y persigue a quienes lo han escuchado, los impregna y todos repiten el modismo.
Hay un desborde de voluntad negativa, una nada de voluntad como dice Deleuze, y la lógica de la preferencia negativa que servía de arma de supervivencia a un empleado `homeless´, sumerge en la pasividad a todo el mundo.
Todos los que rodean a Bartleby comienzan a preferir o no preferir.
Deleuze no ahorra adjetivos para calificar a este “hombre sin atributos”, de ser un personaje “célibe” que tal como decía Kafka, no se apoya en otro suelo que el necesario para sus pies.
Otro rasgo que Deleuze admira en los norteamericanos es su falta de psicología, su vacío de interioridad, y la combinación tan seductora de silencios y acción. Hablan poco pero hacen; meditan poco y viajan; se desplazan, conquistan. Nos dice que la psicología es el último refugio del racionalismo. Y nuestro filósofo-niño, el Deleuze ingenuo, casi norteamericano, idealista, se enamora de la esquizofrenia, nos habla de la mentalidad yanqui confeccionada como un patchwork, del encanto de la expresión informal. Se deja seducir como se dejó seducir nuestro Domingo Faustino Sarmiento al llegar a los EEUU y ver como huéspedes del hotel estaban en el lobby despatarrados con las botas sobre las mesas. El desparpajo como cultura, la practicidad como emblema. La ausencia de retórica y ceremonial; no hay escena mágica más invitante para un cautivo de la burguesía europea.
Deleuze en un gesto de generosidad filosófica define al pragmatismo como una ética de la confianza en lugar de la creencia. Y, para comenzar, suponemos, de confianza en sí mismo.
Que luego nuestro filósofo vea en la sociedad de Jefferson, Melville y Thoreau, el espacio de la fraternidad universal, un anarquismo de brazos abiertos, la visión hiperbólica de Walt Whitman, nuevamente, lo repetimos, nos parece un fenómeno reactivo de quien padece el encierro en una bohardilla sin ventanas de un sexto piso parisino.
¿Bartleby pariente de Kafka? ¿Alfredo pariente de Carlos? ¿Tzeivel pariente de Correas? ¿Dos suicidados de la sociedad?

Anuncios

Entry filed under: General.

LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 101 INVITACIÓN

8 comentarios

  • 1. marlaw  |  12 mayo 2015 en 15:11

    Atento a que se está hablando acerca de personajes literarios, tomo prestadas estas palabras, de Maximiliano Tomas un joven columnista literario de La Nación, utilizadas en otro contexto, pero que de todos modos a mi entender significan un aporte: “Ningún lector despabilado ignora que toda literatura es autobiográfica y que al mismo tiempo hay muchas maneras de escribir sobre uno mismo (“Madame Bovary soy yo”, argumentó Flaubert). El valor diferencial de la literatura suele estar en cómo hacerlo.

  • 2. marlaw  |  12 mayo 2015 en 15:47

    Perdón por la disgreción. Acabo de re-leer, la conferencia del Profesor:”King Lear: un objeto filosófico” y cuanto mas la re-leo mas la valoro.Me parece un texto sensacional. Acabo de enviarla como archivo-adjunto a un amigo que aprecio. Cada palabra de esa magistral conferencia, no tiene desperdicio.

  • 3. robero nadaud  |  13 mayo 2015 en 10:26

    California . pragmáticos ellos, cuando vas a cosechar lechugas.
    Fraternos con los chinitos tendiendo el acero ferrocarril.
    sembrando la suave anarquía en Viet Nam con la hipérbole de la “contention”
    la confianza en el otro, detenido en Guantanamo, desaparecido en la ausencia retórica.
    que linda la esquizofrenia.

  • 4. David  |  13 mayo 2015 en 18:57

    California!

  • 5. robero nadaud  |  14 mayo 2015 en 6:42

    situatión postales : Heidegger-Celán.
    pensarlos en américa nos produce una expresión inex-crutable tipo british sire ante una taza de té

  • 6. robero nadaud  |  14 mayo 2015 en 7:01

    silencio trinity-acción litle boy : había una lista de ciudades japonesas, destino del artefacto atómico : debían estar sin daños bélicos cosa de evaluar mejor el resultado de la tormenta nuclear: una de ellas fué sacada de la rayuela radioactiva : el secretario de
    Estado había estado, años ya, con su esposa de vacaciones, era una ciudad muy bella.

  • 7. magu  |  14 mayo 2015 en 11:12

    DON ABRAHAM
    Tanto mi papá padrastro como mi tío, me insistieron para que leyera EL FANTASMA DE CANTERVILLE y además me lo iban comentando (como hacemos acá con sus clases) ¡viste como se burla OSCAR de los norteamericanos tan pragmáticos ? ?viste como los nuevos dueños de la mansión quitan la sangre con quitamanchas y lo dejan abatido al pobre fantasma ?. Yo no sé, DON ABRAHAM, si son tan superficiales como se muestran. Es una actitud de hacer para no quedarse, de moverse para no pensar demasiado y sufrir. Cualquier película francesa (TRES HOMBRES Y UN BEBÉ, etc), quitan diálogo, lo teórico, y ponen escenografía perfecta, solo WOODY ALLEN parece francés porque dialoga demasiado y cavila (aunque también hay gran acción). Sobre BARTEBLY, hay gente asi, y que termina como él. Conocí a varios. Por ejemplo: las celadoras del instituto donde trabajé nueve años, seguían cumpliendo su función pero ya no había más chicas internadas. También mozos de restaurantes o empleados de hoteles vacíos, que seguían con su función y ceremonial aunque no había huéspedes, o los empleados de estaciones de trenes que ya no tenían curso, y seguian trabajando. En muchos trabajos ocurren cosas locas, el empleado que se quiere ir pronto cada día, el ñoqui y el que solo se siente seguro allí mismo, su escritorito es su vida. Y si la oficina se levanta ¡cómo será su vida, no lo veo como un absurdo sino como algo que pasa siempre, o la misma vida moderna laboral (institucional o no) es absurda.

  • 8. David  |  14 mayo 2015 en 20:36

    Esto es bueno


Categorías

Calendario

mayo 2015
L M X J V S D
« Abr   Jun »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

A %d blogueros les gusta esto: