LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 100

7 mayo 2015 at 8:47 19 comentarios

Carlos Correas escribió “Kafka y su padre”, editado por Leviatán. Se basa, claro, en la carta a su padre que escribió su hijo Franz.
Correas odia al padre de Kafka, lo odia mucho más que lo odiaba su hijo. Porque Franz también lo amaba, y Carlos sólo lo odia. No sólo odia a Hermann, un padre singular, sino al Padre con mayúscula, porque es un símbolo del capital, de la fábrica, de un sistema enajenante, de la explotación del hombre por el hombre, del colonizador.
Y Kafka irreversiblemente, cómo lógica consecuencia de aquella lectura, es un hijo humillado, explotado, extorsionado, violentado, como todo esclavo, vasallo, colonizado.
Correas conoce poco a las familias judías en general, y de Europa central en particular. Lo que ve en lo que denomina “teatro familiar” de patetismo, emotivismos arrebatados, sentimentalidad instintiva, comportamientos pasionales, eso que pasaba en casa de Kafka, pasa en casi todas las casas judías de la pequeña Europa, y en las familias apátridas de los reductos judíos con sus hijos, padres y madres, abuelos o tías.
Todo es tremendo, todo es terrible, todo es trágico, todo es festivo, todo es todo. El uso de la miseria con fines de humillación, que Correas señala en Hermann – y que no hace más que repetir frases de Franz – es propio de todos estos señores que vivieron el hambre de sus padres, y la marginación de los oficios terrestres por las leyes discriminatorias de siglos de persecución.
El hombre que triunfa sobre la miseria, no se olvida nunca de ella, y no deja de sentir que puede presentarse nuevamente, en cualquier momento, porque nunca se sabe.
El judío no le teme a la muerte como el fenomenólogo, sino a la miseria.
Correas dice que hay una concepción a-dialéctica de la familia que legitima el hogar de Franz. Una permanencia intemporal, una tradición no cuestionada, en la que los roles de cada uno de los miembros de la familia, son fijos y repetidos.
Pero también califica al padre de “hegeliano”, porque este padre judío es sabio, al menos cree serlo, al ser conocedor del Bien de sus hijos, del bien de la vida. Y que todo debe hacerse en nombre del bien.
El padre, dice nuestro autor, es un coloso posesivo, cuya misión es la de doblegar al hijo obstinado, aplastarlo y enseñarle la única virtud que importa: la obediencia.
En este caso, Correas tiene toda la razón, el deseo del padre es el único que rige, no hay otro, con la salvedad, una vez más, de que la preposición “de” va en uno y otro sentido. El deseo de padre es el del padre y el del hijo. El hijo desea el deseo del padre.
Por eso es cierto que no se trata de creencias sino de obediencia, pero además de deseo, de un plus de creencia, de adoración.
Franz adoraba al padre, su amigo Max Brod, insistía en que amaba al padre en exceso, lo sobreestimaba.
Sostener que ese amor no era más que un amor de esclavo o un amor esclavizado, o colonizado, es hacer del marxismo en su versión sartreana una consigna en exceso despreciativa.
Cuando Franz le escribe la carta a su padre tiene 36 años, cinco antes de morir, su padre, 67. A esa edad se ha dejado de ser niño. Un psicoanalista perspicaz me dijo una vez que los padres nunca dejábamos de ser padres aunque los hijos dejaran de ser hijos. Aquñi hay un hijo vocacional. Escribirle una carta al padre a la edad de Franz, es una decisión propia, no es un derivado de la educación recibida. Vivir en la casa de los padres a esa misma edad, también es una decisión autónoma que no puede reducirse a un comportamiento reactivo.
Franz quería estar junto a su padre, escribirle una carta, y que él la leyera. Pero no la leyó, quien sí lo hizo fue su madre, que la guardó. ¿Por qué Franz no se la dio él mismo al padre? El hombre que le escribía decenas de cartas de amor apasionado a Felice – con quien había estado una sola vez en la casa de los Brod – sin verla nunca, es el mismo que escribe una carta a su padre a quien ve todos los días, y no se atreve a entregársela.
Franz no se atreve, ni a ver a Felice, ni a hablar a su padre, ni entregarle el escrito. No le da el cuerpo a la novia ni las palabras al padre. Le tiene miedo, y lo ama. ¿Por qué lo ama? Carlos Correas habla del angelismo de Franz, de esa necesidad de comprenderlo todo, y por lo tanto, de justificarlo.
¿En qué momento se legitima a un tirano familiar? Cuando se lo inscribe en la filiación, en su genealogía. Descubrimos al padre del padre, a Jakob Kafka, el déspota fue hijo, y también debió padecer el dolor de la humillación. La miseria y la brutalidad pasan de padres a hijos. Pero puede haber progresos. Hermann debió aceptar el casamiento de su hija Ottla con un `goy´, nada menos, y su posterior divorcio. Puede haber de una generación a otra, un incremento en el sentimiento de conmiseración. Lo recuerda Franz en su carta, cuando su padre, lo saludaba con timidez desde el umbral de su dormitorio de enfermo: “…cuando estuve enfermo yo, la última vez, y viniste silenciosamente a verme, en el cuarto de Ottla, y te paraste en el umbral, y estiraste el cuello a fin de verme en la cama, y me saludaste sólo con la mano, por consideración. En tales momentos, se echaba uno a llorar de felicidad, y hoy vuelvo a llorar mientras lo escribo”.
Este angelismo de Franz contrasta, agrega Correas, con su aspecto diabólico. De noche, cuando escribe, Kafka se transforma, se convierte en la cucaracha literaria y ataca al padre. Escribe, por ejemplo, “La condena”, o “La metamorfosis”, textos de venganza para contrarresrtar su pasividad, su femineidad, como dice Georges Bataille, en su magistral “¿Faut-il brûler Kafka?
Correas habla de la malignidad de Kafka, contra la tiranía del padre, su paso de la impotencia a lo que llama su `poderosidad´ (pag 63).
Pero Kafka no es Jean Genet, ni Correas es Sartre. Nos dice que Hermann era el jefe de una misión familiar, la de proteger a su vástago de una vida alcoholizada, del vagabundaje estéril, y del submundo carcelario. Creo que para tal misión evangelizadora o puritana, no hacía falta el esmero del padre, era suficiente con el modo de ser del hijo.
Correas odia a Hermann. Dice que es un realista a la manera prosaica, vulgar, comercial. Sigue el curso del mundo con su sucesión de particularidades opacas y vulgares. Para triunfar en él, agrega, hay que ser vivo y rápido.
Para Correas, Franz lucha contra el aburguesamiento que le impone el padre, y contra las tentativas de incorporarlo “al universo equilibrado y armónico de influencia narcótica” de la burguesía.
El ser burgués de Hermann es, para el ensayista, aplastamiento y chatura; jamás se considera execrable ni reconoce que rebosa de inmundicias. En suma, la cucaracha de La metamorfosis, es, para Correas, el padre de Kafka.
Franz lucha contra ese fantasma sensual y asqueroso, con la literatura. Correas afirma que Franz Kafka es un escritor realista, pero no de un realismo prosaico, que vive de los negocios y del periodismo, así es, el periodismo, para Correas, es la otra vertiente de un realismo nefasto, ahito de garrulería, bocón, charlatán y fatuo. Otra condena puritana en nombre del arte, que denigra a periodistas como García Marquez, que no era mal escritor. ¿Y Franz Werfel? , el prestigioso escritor amigo de Franz, que escribía obras de teatro sobre la realidad mejicana, en gratitud al albergue y protección que le dieron en el convento de Lourdes, sobre la devoción cristiana de Bernardette, su enorme libro sobre el genocidio armenio? ¿Cómo hacía para congeniar con talento actualidad y sueños literarios?
Franz, dice Correas, para salvarguardar su literatura, está tan poco interesado en la actualidad, y al estallido de la primera guerra mundial sólo anota en su diario que a la tarde va a la piscina.
Sin embargo, si bien es cierto que para Franz la literatura era el bien más preciado y la única labor que le daba sentido a su vida, y que cualquier proyecto que interfiriera en su dedicación a la literatura lo desesperaba, no por eso se andaba con cuitas. Como bien lo recuerda Elías Canetti en su estudio de la correspondencia de Kafka a Felice, el hecho de que contratara un detective para que le informara sobre las actividades de su comprometida, y que con el acuerdo de sus padres pidieran datos sobre la conducta de la familia de Felice, de los Bauer, muestran que entre el hijo y los padres, había misiones y visiones del mundo compartidas y un claro interés por la actualidad.

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Entrevista que me hizo hoy Mario Pergolini LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 101

19 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  7 mayo 2015 en 10:26

    “La miseria y la brutalidad pasan de padres a hijos.”
    Esa es precisamente una de las tesis de “Autoridad y Familia”, de Max Horkheimer. Una brutalidad (autoritarismo) que se ve en el trato cotidiano hasta el dia de hoy, que atraviesa todas las clases sociales, y a la vez necesaria para el funcionamiento de la economia. Literalmente, el mal que se reproduce y nos sobrevive.

  • 2. Marcelo Grynberg  |  7 mayo 2015 en 11:37

    Me pregunto si en “El idiota de la Familia”, sobre Flaubert (de Sartre, libro que no lei), no se referira un poco estos temas.

  • 3. marlaw  |  7 mayo 2015 en 13:22

    Grynberg La figura del padre internalizada (super-ego y/o super yo) es muy anterior a la aparición del sistema capitalista. Presumo que se debe haber hecho presente a partir del momento en que la humanidad sale del período conocido, como el matriarcado.

  • 4. Marcelo Grynberg  |  7 mayo 2015 en 15:12

    Solo comente lo que entendi de algunos ensayos de Horkheimer. Si los argumentos de fondo son psicologicos o socio-economicos (o ambos entrelazados), es algo que no se. Los Frankfurtianos lo atribuyen a una etapa (quizas prehistorica), en donde la division del trabajo ya estaba bien identificada. Si tal etapa coincide (o no) con la aparicion del Patriarcado, tampoco lo se (Habra algun antropologo en el Blog ?).
    Saludos

  • 5. marlaw  |  7 mayo 2015 en 15:52

    No se qué será peór o mejor. El teatro familiar, de la familia judia que se asemeja bastante al de la familia italiana, o la adustez, la inclemencia, la aspereza, la severidad, la inflexibilidad, la intransigencia, la acritud, la arbitrariedad de los pater familias provenientes del norte de la península ibérica.
    Mi difunto padre solía decir: “Si su padre dice que es de noche es de noche, aunque afuera brille el sol” y esa afirmación para disipar cualquier duda, venía refrendada, con un gólpe de puño, que hacía crujir la madera de la mesa. Y sí no te agradaba la canción, ahí estaba la puerta de calle, y se terminó la música.Y aún hay un adjetivo, bién español, que no he podido hallar, el cual pinta de cuerpo entero, esa total ausencia del sentido del humor.

  • 6. David  |  7 mayo 2015 en 19:56

    El avunculado

  • 7. magu  |  7 mayo 2015 en 21:16

    DON ABRAHAM:
    Esta clase me recuerda mucho a PADRE PADRONE, que pasa en CORCEGA pero en SICILIA era igual. Mi bisabuelo era muy autoritario con mi abuelo, y mi abuelo lo adoraba, dicen que hay palabras en dialecto (al menos antes) solo para varones de la familia que las mujeres (hijas, hermanas, esposa, madre) no comprendían. También pactos. En ninguna foto antigua que guardo de ellos, los hombres sonríen. Y las frases familiares o son religiosas o son FATALISTAS. Al padre y a la madre se los trataba de usted y se hacía lo que ellos decían. Una tía abuela mia quiso casarse con un calabrés y el padre no la autorizó. Y quedaron todas solteras. Sobre lo que dice MARLAW de los españoles del norte o de Castilla (su seriedad, austeridad, y expresión adusta) lo veo para los sicilianos de principios de siglo también.//////////// DON ABRAHAM ¡sobre este absurdo o triste realismo de KAFKA se puede ver como una influencia en el absurdo de CAMUS ? (es decir, propiamente en EL EXTRANJERO, su falta de culpabilidad sobre el homicidio, su sentimiento de enajenación emocional, etc ?:/// Perdón: sobre padres judíos con hijas mujeres, si hicieran una nueva versión sobre EL VIOLINISTA SOBRE EL TEJADO: ¡Cómo serían esos yernos hoy en día, y esas chicas? ?se enojaría el padre por sus libres elecciones?

  • 8. robero nadaud  |  7 mayo 2015 en 21:31

    “teatro familiar de patetismo” han de ser mentiras entonces : la muerte del padre de Weisel, Singer evocando al Mago de Lublin, Celán impostor : creimos que era coraje la mirada de los Padres mirando en los andenes a las mujeres y sus hijos rumbo a las cenizas.
    en un film con I. Rosellini sale un Padre, familia e hijo : mentiras del 7o arte.

    y asi en la literatura : la mezcla de Sartre y el psicoanálisis iluminado es iluminante.

  • 9. marlaw  |  8 mayo 2015 en 10:42

    Magu, yo he presenciado en varias oportunidades el rostro desencajado de un padre judio, cuando se enteraba en una presentación familiar, que el novio de la nena era goi.

  • 10. Aldo  |  8 mayo 2015 en 14:04

    Esta bien el titulo ” La enseñanza de la filosofía ” mejor que si fuese .” Enseñanza de Filosofia ” este segundo titulo es mas rustico mas bravo , deja una sensación de que “acá se va a prender Filosofia y punto” . En cambio el primer titulo es como si la filosofía fuese una compañia en el mundo sensible,en la experiencia que tenemos como humanos .Leer con atencion los titulos de una obra fislosofica es uno de los tantos legados que dejo Heidegger ,, 100 acpitulos !!! a festejar con cerveza y Gran Hermano

  • 11. robero nadaud  |  8 mayo 2015 en 14:24

    “el judío no le teme a la muerte” : Job preocupado por el plazo fijo, Jacob desvelado por sus Boden, Scholem pro el dolar blue, Celán por la inflación de etc etc.

  • 12. robero nadaud  |  8 mayo 2015 en 14:36

    interesante todo lo que sabemos . oceánico, abismal, de una familia
    mitteleuropea a principios de la nada.
    del padre hemos oído todos sus tonos de voz, llamando al niño, nombrando un arbol : mirando unas nubes o la lluvia tras los vidrios.
    y sabemos de sus manos, en las mejillas borrando lagrimas, llevando los primeros pasos en el largo camino hacia el abismo.
    lo sabemos todo, y allí vamos a detener el tiempo con justos juicios. para nada kafka la conjuncture.

  • 13. Alejandro A  |  8 mayo 2015 en 17:10

    El patriarcado no puede haber aparecido en períodos muy tempranos de la humanidad puesto que en aquellos tiempos felices, los dos tipos de familia iniciales -consanguínea y panalúa- díce Engels citando a otro investigador “excluían cualquier certeza sobre la paternidad” recien en la familia Sindiásmica los tabúes avanzaron vertical y horizontalmente hasta excluír de las relaciones del hombre a todas las mujeres de su propio clan, pero no a las otras, lo que pudo generar algunas formas de matriarcado en la proliferación de mujeres con hijos de padres desconocidos.
    La humanidad tampoco es toda la humanidad, al tiempo que en el mediterráneo se consagraba el patriarcado, los indios iroqueses tenían formas familiares en las que los hijos de un matrimonio eran considerados hijos de todos, con mas de doscientos tipos de vínculos familiares distintos. Por ejemplo un iroqués medio podía mantener relaciones con la cuñada, y todos felíces. lo que constituye un avance civilizatorio superior al de los griegos que se iban a la guerra para no aguantar a la mujer…

  • 14. magu  |  9 mayo 2015 en 0:49

    DON ABRAHAM:
    Tiene la quinta de GUSTAV MAHLER y al mejor actor de BRASIL haciendo de padre, (es un guiño a la escena final de AL ESTE DEL PARAISO, la última película de JAMES DEEN, ¡de STHENDAL ?). El padre que era dueño de una clínica siempre trató mal al hijo y le decía que lo odiaba: acá le dice que lo quiere https://www.youtube.com/watch?v=nY3W98NDq2E

  • 15. rodolfo lópez  |  9 mayo 2015 en 14:37

    Me entero acá de la “vida alcoholizada y el submundo carcelario” de Franz. En las cartas a Felice que leí (tomo Nº 3, 1914-1917), una autobiografía epistolar, eso no aparece. Kafka se queja de diversos dolores y malestares, de insomnios, de tener salud frágil (también se queja del padre); no dice que sus males son la consecuencia de beber alcohol, o que el padre sea causa de ellos. Tampoco recuerdo que mencione cárcel. Kafka quizá es pudoroso, se entiende con Felice sin nombrarlos. Naturalmente en “El proceso” no habla de su vida personal y el personaje, K, no es bebedor. “La Metamorfosis” es otra cosa.
    Son habituales las intervenciones de Julie, madre de Kafka, en su correspondencia, en cartas a su próxima nuera, a consuegra Anna.
    Ni su padre, Hermann, ni el padre de Felice escriben.
    Ese noviazgo es eterno, es curioso y divertido 100 años después, el anunciado casamiento nunca ocurrirá; es terror lo que siente Franz ante ello, a cada compromiso formal con Felice (fueron dos, él busca la casa donde vivirán juntos y le da detalles), sigue una aguda -devastadora- crisis personal que lo aleja.
    Como dice el Profesor, a los 36 se está en edad de decir o hacer lo que uno quiera, al menos escribiendo, y de eso Franz sabía..
    Creo que la literatura clásica de Franz Kafka es inigualable, por original, y es profunda, al revelar secretos terrores del alma del hombre, sea éste proletario o burgués, judío o goy.

    Gustavo Romero, me estoy perdiendo ser oyente los jueves de F. K., seguro apasionantes!; problemas de salud median. Un abrazo.

  • 16. rodolfo lópez  |  13 mayo 2015 en 0:05

    “El cuarto azul” es una película cuyo argumento es un proceso.
    Hay una mujer muerta, presuntamente envenenada, hay acusados. Nada es lo que parece, el crimen -dudoso- es sólo parte de lo que realmente se juzga. Kafka se pasea por el filme junto con juez, fiscal y defensores; que en recinto y en kafkiana confabulación con nosotros, la platea, sentenciarán en base a prejuicios sin ley.

  • 17. magu  |  20 mayo 2015 en 14:06

    RODOLFO: no la ví, pero saldrá este año, el nuevo modo de juzgar a los acusados (sabrá MARLAW como se dice porque es abogado) donde los ciudadanos comunes como en las películas norteamericanas, también juzgarán la inocencia o culpabilidad de ellos (había un film donde se mataba a los doce ciudadanos que tenían que dar su veredicto), por un lado, es un modo de participar y que no se le tire toda la responsabilidad a un juez, pero por otro lado da temor (y si los doce ciudadanos que juzgan a uno son de un solo partido político por ejemplo ?):

  • 18. rodolfo lópez  |  24 mayo 2015 en 22:56

    Magú, pido disculpas, recién veo el comentario. En la peli había jurado, y la policía era importante en la sustanciación del proceso. Pero, pueblo chico, todos estaban influidos por sus prejuicios y “buenas” costumbres; “confabulación kafkiana” de juez hacia abajo.
    Aquí ni idea cómo será; aunque -coincido- no serán sólo prejuicios los que puedan inclinar la balanza en los fallos. Saludos.

  • 19. magu  |  25 mayo 2015 en 15:44

    Saludos Rodolfo, ejemplo de jurado prejuicioso, (historia real, condenaron a nueve chicos negros a cadena perpetua por algo que jamás hicieron, se confirmó cincuenta años después)


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