LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 96

26 abril 2015 at 10:27 8 comentarios

Son dos las vertientes por las cuales Deleuze se acerca a Proust. Una es la de usarlo como lanzallamas de la filosofía con el fin de achicharrarla. Por el otro el de pensar el tiempo con la ayuda de la filosofía. Deleuze ataca al logos con el logos. Denuncia la impostura de una filosofía de lo negativo con una filosofía de lo afirmativo; arremete contra una filosofía de la tristeza con otra filosofía de la alegría; a una filosofía de la totalidad con una filosofía de la multiplicidad. Siempre la filosofía.
Sus excursiones al pensamiento del afuera ya sean el cine, la literatura o la pintura, son para embadurnarlos de jalea filosófica. No hablo de sus incursiones a las matemáticas o a la microbiología, porque me son ajenas, para no decir imposibles.
Un filósofo no tiene que saber de todo, lamentablemente ese ideal antiguo nos queda – me queda – demasiado grande. Deleuze decía que tenía un sentimiento de culpa al analizar obras de hombres dolientes que se habían atrevido a atravesar las líneas de la cordura.
No podía ofrecer más que ser un poco alcohólico, un poco drogado, apenas homosexual, ni siquiera revolucionario, y hablar de esas sensaciones o problemas como un turista con pasaje de vuelta.
En mi caso ni siquiera puedo ser un visitante de las ciencias duras, por lo que no sé apreciar si los usos que hace Deleuze de las mismas son pertinentes, si aprueban el juicio de los especialistas.
Posiblemente no. Por lo general hay hombres de ciencia que cuidan bien su territorio, y tratan a esos científicos silvestres provenientes de la filosofía de charlatanes. Pero los mueve el rencor y una idea del conocimiento conventual e inquisitorial. Las ciencias duras los ponen duros, pastorales.
Proust es el antilogos. Se opone a la tradición filosófica. No cree en las virtudes que originan la pasión filosófica. Ni la amistad ni la conversación. Es el escritor del amor, y en el amor no hay un pacto de alternancia, de escucha, de respeto, de tolerancia, ni de ciudadanía, sino un enlace carnívoro que bien puede haber pintado Francis Bacon.
No hay buena voluntad ni buenas intenciones. Es cierto que a Marcel como a varios de sus personajes les hubiera gustado conocer el logos en un ambiente como el que diseñó Platón para el Banquete, pero con un aguafiestas como Sócrates que estima que la imperturbabilidad es la mayor de las virtudes y que el deseo debe despersonalizarse, la diversión se acaba pronto.
Respecto del tiempo, Deleuze tiene a un maestro en la materia que es Henri Bergson. El filósofo francés es un buen escritor, fue Premio Nóbel de Literatura, su prosa es clara y agradable, además fue un pensador en el que Proust se inspiró para su novela.
Comprender el modo en que funciona el pasado y el presente, tener una idea de por qué el pasado no precede al presente ni que tampoco es su creación a posteriori, sino que ambos son co-extensivos; que el pasado no deriva de la psicología del sujeto sino que es objetivo, y que esta objetividad no es la del inconsciente freudiano sino la de un parnasso o almacén de presentes que han sido; que hay una memoria involuntaria que se desencadena con un estímulo, todo eso es mucho más difícil de entender que el hecho de que hay un dandy que pierde su tiempo.

Perder el tiempo es algo más que llamativo. Decir que el tiempo es lo que nunca hay, como aseveran los emprendedores; o que tiempo es lo que debería haber, para los que piden paciencia y sacrificio; o que tiempo es lo que siempre vuelve, como opinan los sabios; todo eso es conocido, pero tiempo es lo que también se pierde.
Y una de los aspectos que analiza Deleuze en la obra de Proust es esta cuestión de un tiempo que no vale, que no se pondera, que no tiene precio porque parece gratis. Es el tiempo que pierde el perezoso, el que va de una recepción a otra, el que está encajonado en lo que Kierkegaard llama el hombre del estadio estético.
Pero el tiempo que se pierde adquiere valor con…el tiempo. Es el tiempo recobrado. Su recuperación depende del azar de los encuentros. La vacuidad de los signos mundanos que en apariencia no se inscriben en nuestra memoria, vuelven a surgir significativos por una acción que los recupera, los relaciona, y los hace partícipes de un mundo.
¿Quién puede hacerlo? El artista. El arte es la práctica que va a la pesca del vacío pasado y lo hace esencial. Lo es porque lo convierte en forma, contorno, arista, borde. El escritor es un observador de aquello que fue, y lejos de recuperar hechos, lo que hace es recrear ambientes. La vida es una atmósfera, pero al vivir en ella, no la percibimos. Para que el aire cuente, para que valga, nos tiene que faltar. No es consejo de comadrona, sino confirmación del modo en que funciona la memoria del artista Proust.
Los recuerdos son observaciones mentales de una percepción muerta que en nada se preocupaba por retener vivencias. Surgen ahora, por un perfume, una voz, un tropiezo, una llamada.
El artista es un ser mundano que ya no lo es. Se metió en su cama y cubierto por su colcha, con su taza de te en una mesa de luz, las ventanas tapiadas a prueba de ruidos, y papeles sueltos desparramados en la cama, escribe de noche. Es la vida por todos conocida de Proust.
A Deleuze no le interesa el tiempo, sino uno de sus derivados, su obsesión es la creación. Por eso es vitalista. Combate como Prometeo al Destino gobernado por el panteón divino. El héroe griego pagó con su libertad y su hígado haberse atrevido a crear a la humanidad después de robarle el fuego a Zeus. Un hecho más laborioso que la desobediencia de Adán. La creación tiene que ver con un acto de transgresión. Deleuze quiere pensar lo nuevo, y se pregunta cómo es posible la novedad. Por eso recurre a Bergson, como lo hizo con Hume. Quiere pensar la creación fuera del paradigma de la creación ex nihilo. Sin dioses. Sin una nada previa. La creación en una continuidad. La creación durante la eternidad. La variación continua.
No sorprende que su filosofía despierte entre sus adeptos entusiasmo. Se puede adherir a una filosofía sin sentimientos de euforia. La disciplina tiene pretensiones de coherencia argumentativa, y su vigencia debería fundamentarse en su solidez racional, en su consistencia propositiva, en su rigor conceptual, y su fuerza de convicción. Es decir, por ser verdadera. Nuestra predilección filosófica debe fundamentarse para que la verdad se acepte más allá de los gustos. Tiene la necesidad de una ley. Pero gritar viva la verdad es una exclamación poco frecuente. Hay un viva Deleuze que provoca un sentimiento de militancia entre sus estudiosos, lectores, y seguidores. Dicen máquina, línea de fuga, capitalismo y esquizofrenia, y los desborda una vocación liberacionista.
No me burlo, soy uno de ellos. El autor de “Proust y los signos” me entusiasma. Dice cosas que tienen que ver con la vida. Sólo un filósofo como él habla así de los celos. Y me place que esté a favor de lo nuevo, de lo vital, de la creación.
Al menos nos aleja de los odiadores del presente. De los que denuncian el bajo fondo de cada gesto. Los buscadores de víctimas y sus listados de cementerios. Mejor una Hannah Arendt que nos habla de `natalidad´, que los cultores del ser para la muerte o del después de Auschwitz, o de la vida desnuda, o de las miserias de la sociedad de consumo, para nombrar sólo algunos sepultureros.

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8 comentarios

  • 1. magu  |  26 abril 2015 en 12:42

    DON ABRAHAM
    LA RISA (BERGSON) me llevó más de diez meses leerlo, es cortito pero era muy informativo. Y después pasé a MERTON pero me dio ganas de volver´a él, no sé que otro libro leer de él, asi, ameno y didáctico. Pero creo que tuvo una influencia oriental por el modo de ver a la energía. Me quedé pensando en lo de Los CELOS y la sabiduría (de la clase 95) y al recordar LA RISA, me acordé de los hermanos medievales (los monjecitos) de EL NOMBRE DE LA ROSA esa si que la leí toda de un tirón y me fascinó (en cuanto salió era el BEST SELLER) ahora me parecería aburrida, y el film fue pésimo. Pero estaba el monje GEORGIO creo (Borges, se decía), que escondía LA COMEDIA de ARISTÓTELES “celosamente”, “celaba, vigilaba por ese libro”. Y el monje estudiante de medicina que amaba hacer autopsias de los monjes envenedados “Mostraba un celo voraz por conocer y ver” es cierto////////////// Sobre EL TIEMPO: jaja, él es objetivo pero nosotros no, y habrá tantas reconstrucciones de un pasado como personas recordemos o testifiquemos, quizá. Debe haber una memoria inconsciente de otras vidas, de nuestra última reencarnación, porque por algo alguien tiene apoego a cierto lugar y época del mundo y otro a otra: (del presente con el pasado)….””””””” LA CURVA DEL TIEMPO SE PUEDE VARIAR CUANDO LAS EMOCIONES SON INTENSAS O SI SE CONSIGUE VIBRAR MAS CERCA DE LA VELOCIDAD DE LA LUZ, EN AMBOS CASOS SE PUEDE ABRIR EL PORTAL HACIA DOS REALIDADES PARALELAS O VIVIR DOS TIEMPOS DISTINTOS DENTRO DE UNA MISMA REALIDAD (Lizzy y la Hermandad de Las Soñadoras, de Mercé Carreira, / Mondragón Novelas).

  • 2. R. Nadaud  |  26 abril 2015 en 19:50

    J.N. Megay, Bergson and Proust, 1976 : considera una distorsión la etiqueta de “discípulo integral de Bergson”.

  • 3. R. Nadaud  |  26 abril 2015 en 22:08

    parece que es de notar el vínculo de Bergson con Péguy : “el bergsonismo no es una geografía, es una geología”
    el momento presente como potencial eternidad…

  • 4. R. Nadaud  |  27 abril 2015 en 13:29

    mécanica cuántica, estadística, números.
    todo entero natural que se puede expresar como la suma de dos cubos de manera diferente.
    aquí no basta con pensar, debos hacer el largo y sinuoso camino hacia los principios : Aritmética de 1er año del secundario y aver si llego a Ramajunan, born, Eisenberg…
    bueno, mejor busco una poética, empiezo en Agrigento y termino, luego de andar por los tumbos por la Selva Negra en Montpellier, con Valérie,
    combinatoria poética : nada a comprobar.
    pues se han retirado del tablero de ajedrez las piezas negras de las ciencias duras.
    y cual es la causa por la cual no pasaremos por 2500 años de física, astronomía y otras que?
    que diremos lo que mejor entone del tiempo, espacio y arquitectura?
    que los hombres de ciencia son movidos por el rencor inspirados en Torquemada.
    bueno, Servet, es de esperar que tus cenizas no no brumen el tablero.

  • 5. Aldo  |  27 abril 2015 en 20:20

    la utilidad del tiempo ,,,, , recordemos que Kant decia que el tiempo vendría hacer una ubicación ,,sin tiempo estariamos en la dereriva anarquista , por lo que el tiempo es un opresor del hombre y cuando ya no mas los necesita se los come ,, la rebelión contra el tiempo , sera el hombre , al fin , quien imponga su tiempo y no el que nos legaron los dioses ?

  • 6. marlaw  |  1 mayo 2015 en 2:17

    ¿ El tiempo que vendría a ser, el vaso o el contenido ?

  • 7. Sergio R.  |  10 mayo 2015 en 10:53

    Por eso le recomendé a mi sobrina optar por la biología en vez de las letras que era su disyuntiva. Acceder de la ciencia a la filosofía (u otra humanística) de grande es posible, pero no conozco casos al revés. Chomsky incursionó un poco en las matemáticas…

  • 8. Marcelo Grynberg  |  10 mayo 2015 en 11:10

    I
    Interesante punto el suyo, Sergio. Lo tendre en cuenta al conversar
    con mis hijos. Saludos.


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