LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 93

17 abril 2015 at 11:48 12 comentarios

Anochece. Los vecinos hace rato que volvieron a sus casas, algunos dejaron sus autos en las cocheras, se encienden las luces en las ventanas, y el pueblo de Gilles se prepara para descansar.
No sé cuántas horas tarda un tren de los rápidos entre Cambridge y París a través del túnel de Calais. Iba a escribir “el túnel de la Mancha”, una confusión geográfica, pero un lapsus significativo. Me siento don Quijote, claro, salvando las distancias, siempre es necesario salvar las distancias. Quizás no haga otra cosa con la filosofía que lo que el emérito caballero se dispuso realizar con los libros de caballería. Una serie de episodios en busca de Dulcinea, en un caso, y del caliz sagrado, en el mío. Y digo caliz, por lo anunciado allá lejos y hace cierto tiempo, en este mismo texto de enseñanzas, vamos hacia el Oriente. Del ocaso a la aurora. Pero faltan un par de tramos. Aún no hemos salido de Villa Gilles, de la morada de un filósofo que ya en los años sesenta del siglo pasado, comenzó a horadar la imagen de sí que tenía la filosofía, y con ella, una determinada imagen del pensar.
Este intrincado tema del Sentido es un mojón del trayecto hacia el Este. Hacia el silencio, a la alusión, a la conversión, a un cierto misterio que los filósofos buscan en otras culturas.
Deleuze después de estudiar con detalle y creatividad analítica, la historia de la filosofía; de haber construido su propia tradición, bajo el patrocinio de Spinoza, Hume y Nietzsche, se dedica a la literatura, a la pintura y al cine. Ya es una desterritorialización, cambio de escena. Lo hace invocando experiencias que nos sacan de la lucidez administrativa, de la consistencia argumentativa, del orden clasificatorio de la racionalidad clásica.
El alcohol, las drogas alucinógenas, las plantas primitivas, el paseo del esquizo, el grito del poeta, no son sólo materiales ofrecidos por la moda, sino una apertura a un más allá de las puertas de la percepción, y de la razón instrumental, para poder ensanchar la imagen del pensar, y con ella, el mundo.
Lo hace con el oficio del filósofo, del profesor de filosofía que debe someter a la opinión pública la solidez de su saber. El juicio y el veredicto que condicionan el campo del saber, corresponde a lo que Foucault llamó “el orden del discurso”, es decir, el sistema de autoridades que validan un saber. Y cuando se dice saber, no nos referimos a la ciencia, sino a cualquier tipo de manifestación escrita, a toda expresión de lenguaje, que ha de ser consagrada con el visto bueno, ya sea de la academia, del mercado, o de la crítica.
Deleuze abruma con sus referencias. Las extiende a casi todos los campos del conocimiento. La geología, las matemáticas, la lógica, las artes, la filosofía, le exigen al lector una disciplina monástica que no siempre completa de un modo satisfactorio.
Los lectores convertidos en estudiosos a la vez que alumnos del autor, tienen sus preferencias, sus habilidades, y, en especial, sus limitaciones. Gracias a Deleuze descubrí a Vernant, Detiènne, o a Groddeck, Tournier o a un nuevo Kafka; pero los Riemann, Meinong, Lautman, y todos aquellos que lo inspiran con su saber matemático, me son y serán, referencias inalcanzables.
Cuando hay un filósofo que nos atrapa, lo seguimos a lo largo y ancho de su obra, pero no capturamos todo lo que dice. Atrapamos aquello que se conecta con un punto sensible que nos inquietaba, y que gracias a un contacto con un concepto por el forjado, se expande, cambia de lugar, ilumina zonas oscuras, y cambia nuestra conversación.
Juegos de lenguaje y formas de vida, esas dos palabras de Wittgenstein, por todos pronunciadas, son herramientas del pensar. Lugar al que vayamos, o que nos convoquen a explayarnos, sabemos que no podremos olvidarlas. Del mismo modo en el caso de Deleuze, líneas de fuga, rizoma, máquina conectiva, son los chips de mi pensamiento. No determinan con quien ni cómo voy a hablar, ni cómo voy a leer ni qué pensar, pero sin ellos, el aparato intelectual no se enciende.
Sin estar obligados a dar cuenta de cada una de las referencias bibliográficas de Deleuze, aquello que sí puede ayudarnos en nuestra incompletud, es el tener una idea de cuál es su propósito filosófico. Es cierto que tal finalidad no le es exclusiva, tiene el aire de su época, del momento en que elabora sus tesis, aunque lo haga de un modo original.
Cuando Deleuze habla de sentido lo hace de un modo superficial. Tiene que ver con la superficie, con lo que efectivamente se dice. No hay misterio, profundidad, latencia, ninguna de las figuras del espiritualismo de la tradición hermenéutica, que sitúe al sentido en un más allá. Deleuze es el filósofo de la inmanencia, de la horizontalidad, de los espacios. Por eso habla de una geografía de la filosofía y no de una historia, por eso, además, le interesa la figura del nómade.
Al referirse al devenir, es cierto que remite a una categoría temporal, sólo que ese tiempo se mide en los cambios de forma de los cuerpos, en su metamorfosis, o en las intensidades que se definen por diferencia entre estados de los cuerpos.
Es interesante el modo en que lee a Kafka. Comparemos dos apreciaciones sobre la obra del checo, una de Borges y la otra de Deleuze. Nuestro poeta dice que en Kafka hay una postergación infinita. El protagonista está en una continua situación de espera. Esta escena es apreciable en el relato “Ante la Ley”, como en “El proceso”, pero no sólo en estas obras. Por su parte Deleuze, ve en Kafka a un escritor que busca una salida. Construye líneas de fuga; a la manera de Lewis Caroll, disminuye o aumenta el tamaño de los cuerpos; los animales de Kafka no tienen otra función que la de apropiarse del territorio, escapar, no dejarse atrapar. Ya sea cucaracha o topo.
En Deleuze la postergación es traducida en términos de espacialidad, y lo temporal deviene arquitectura. Lo que importa no es el silencio de las trascendencias, sino la adyacencias y la contigüidad de pasillos y dependencias a cargo de personal subalterno.
Más allá del éxito o del fracaso, K, el protagonista, no deja de deslizarse, de moverse, de encontrar el agujero para salir, o el de obturarlo para que un invasor no logre penetrar una guarida.
No se trata de elegir entre dos interpretaciones de Kafka para quedarse con la verdadera. Es posible que las dos posibilidades de lectura sean igualmente eficaces para quien quiera comprender la obra de este extraño escritor. Pero hay en Deleuze lo que vulgarmente llamamos un optimismo, y que en términos más teóricos se llama vitalismo.
La vida es expansión, por lo tanto un estado cuya intensidad tiene que ver con amplitudes y restricciones. Es el spinozismo deleuziano, para el que lo importante es la alegría de ser. Por otra parte esta expansión es pulmonar. Se trata de aire, de la necesidad de aire, tanto por la tuberculosis de Kafka, como la padecida por Deleuze. Y de ventanas, la que Kafka abre en pleno invierno para sentir la helada en su cuerpo desnudo, como la que invoca Deleuze en tantos escritos.
La expansión es espacial. En Spinoza no hay otra temporalidad que la eternidad. No hay límites. El universo es un sistema de transformaciones. Devenir inconcluso. Por lo tanto no hay tiempo. El tiempo sin límites no es tal. Aún cuando se habla de un abismo temporal, no se lo puede hacer si no se marca un umbral. Hay precipicio porque existe el límite desde el cual asomarse. Es lo que permite el vértigo y la sensación abismal.
Así como Deleuze lee a Kafka desde el punto de vista de la inmanencia, y lo inmanente se construye con adyacencias, contigüidades, hay otro texto en el que el mismo filósofo manifiesta su interés por la literatura, y que tiene que ver con el tiempo. Me refiero a “Proust y los signos”.

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12 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  17 abril 2015 en 12:39

    “Linea de fuga” o busqueda (permanente ?) de una (o mas) salida(s). Pregunta: es esa idea la que Deleuze (y Kafka en sus relatos) asocia(n) al “devenir animal” ?

  • 2. Juan Martin Masciardi  |  17 abril 2015 en 14:50

    amigos, el domingo que me publican un texto sobre deleuze y la literatura que escribí tomando algunas consideraciones del filósofo presentes en sus 8 horas de entrevista de su abc… un diario online local. no tengo la calidad ni los conocimientos expositivos del profe abraham pero es un primer acercamiento. muy buenas las clases, coinciden los autores que está tratando con mis lecturas de este momento.

  • 3. R. Nadaud  |  17 abril 2015 en 21:55

    el límite del tiempo es el Cristo cósmico, el omega de Chardín, Parusía celestial.
    la Creación transcurre. preguntemos a Spinoza.

    eso del cáliz suena ominosamente teutón : y la aurora y alegría solar: a ver si terminamos en Turín abrazados al Rocinante.

    Burckhardt temía por su amigo, tanta ilustración sin tregua, molinos de viento de la soledad, perdidos en laberintos de referencias.

    pero como evitar que los de la tribu de Jacob quieran llenar los desiertos con el agua del mar . “allí va tu Semita, otro Dios otra cumbre que alcanzar”

    en todo caso gracias por ser la sal de la tierra, pan y agua de nuestro destierro urbano.

  • 4. R. Nadaud  |  18 abril 2015 en 8:36

    del Despotismo Ilustrado del s. 18 a la neurosis Ilustrada del s. 21.
    toujours l´Europe.

  • 5. R. Nadaud  |  18 abril 2015 en 13:44

    serà J.M. Coetzee una astilla del madero kafka ?
    en cada nuevo libro sube la cota.
    vida y època de …. y podèis poner vuestra gracia.
    a què mùsica acudir?
    en què opus su mirada mira.
    a quien alimenta su pròxima carne enferma sabe que
    “no hay frutos amargos en el cielo
    ni miel en la despensa del diablo”
    pero èl, jodìo de Praha debiò
    “entregarse a las lentas digestiones de la noche”

  • 6. David  |  18 abril 2015 en 14:06

    Esta claro que el lenguaje para hablar solo consigo mismo era posible

  • 7. Elías  |  18 abril 2015 en 22:24

    Únicamente cuando el escritor logra ponerse en sincronía con el pensador surgen textos como éste. Para coleccionar.

  • 8. Elías  |  19 abril 2015 en 10:08

    Es decir: cuando la literatura logra ubicarse en sincronía con la filosofía se logran textos como éste. Esta amalgama sería muy bien vista en casi todo el mundo. Menos en la Argentina. Aquí los filósofos dirán que el texto carece de rigor académico. Los críticos literarios dirán que el texto carece de poesía. El autor terminará odiado por medio país. Como en otros ámbitos le sucedió a Frondizi.

  • 9. R. Nadaud  |  19 abril 2015 en 11:11

    podríamos decir que más que “odiado por medio país”
    ignorado por el conjunto.
    indiferencia : que debe ser el título de poemas, novelas y otras
    malas yerbas.
    pero en el otro país saben a qué asirse.
    y como diría Prevert tuteamos a quien corresponde.
    y con Eluard tratamos de escribir su nombre y ganar su confianza.

  • 10. marlaw  |  20 abril 2015 en 1:36

    Marcelo Deleuze lo lee a Spinoza, y a su vez este último, se enticipo a Darwin en unos cuantos siglos (buehh al menos eso pienso)

  • 11. Marcelo Grynberg  |  20 abril 2015 en 9:59

    Gracias Marlaw por su observacion. Cual seria para Ud. la relacion entre Deleuze, Spinoza y Darwin ? Recuerdo que en otro post de Tomas, muchos le pedimos si podia explicarnos la idea de “linea de fuga”, pero nos mando a leer … No es que uno no quiera leer, al contrario. Pero aun transito una etapa donde necesariamente debo establecer prioridades (1ro van las lecturas relacionadas a mi trabajo).
    Saludos.

  • 12. Diana  |  26 abril 2015 en 0:26

    Creo, que volvió el escritor que a mi me gusta, bien literario, muy filósofico , casi psicólogo y con un dejo de romanticismo. Estoy contenta, me encantó este artículo. Gracias Profesor.


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