LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 89

9 abril 2015 at 8:16 9 comentarios

La influencia de Schopenhauer no debe sorprendernos. El filósofo alemán fue el preferido de artistas y escritores, en las primeras décadas del siglo XX. Su enaltecimiento de la música como el arte que orillaba el máximo nivel de conocimiento posible, el considerarla como el homólogo de la iluminación budista y del Nirvana Oriental, su consideración de las artes como una vía contemplativa que nos libera de la rueda del deseo que es la misma que la del dolor, hicieron de su pensamiento una brújula para los insatisfechos de la fiesta positivista.
Dice W que el arte es el objeto visto sub specie aeternitatis, y que la vida buena es el mundo visto subspecie aeternitatis. Esta eternidad no es la duración temporal infinita, sino la atemporalidad, es decir, el presente absoluto.
En Ludwig no hay nirvana. La voluntad, de acuerdo a W, en términos de Schopenhauer, no es más que silencio. No pertenecemos a ninguna fuerza cósmica, no hay un todo del que seamos una expresión. Sólo silencio y una inquietud.
Hadot compara esta idea de límite wittgenstaniana, con la meta de la sabiduría antigua. Los ejercicios espirituales de las sectas filosóficas, tenían la finalidad de una conversión que hacía del hombre inquieto por temores y deseos, un ser al fin libre, autónomo, consciente de estado de las cosas, del ciclo de los mundos, y de la inutilidad del lamento.
Una vez visualizado el orden cósmico, y al entender la neutralidad de las representaciones, se genera un sistema inmunológico contra la infelicidad.
Hadot reconoce que tal pretensión es no sólo difícilmente realizable, sino prácticamente imposible de concretar. “Personalmente dudo que el ideal de una vida de sabiduría sea posible. Una prueba es la vida de W.”
Pero W nunca quiso ser un sabio, ni siquiera un santo, pesar de cierta imagen ascética que podía dar, le bastaba con que no se lo devorara el diablo. Agrega Hadot: “La sabiduría no es un estado que pondría fin a la filosofía, sino un ideal inaccesible que impulsa la búsqueda sin fin del filósofo”.
Si nos detenemos un segundo en esta frase, resulta incomprensible. Nadie entiende que una persona en su sano juicio como pretenden tenerlo los filósofos especializados en el tema, busque sin fin algo que se sabe que nunca se va a encontrar. Ni siquiera es romántico. Suena tonto. Quizás si sustituyéramos la palabra `inaccesible´, por `incierta´, tendría un poco más de sentido tal búsqueda.
Pero Ludwig no dice tanto sobre el sentido de este asunto. Habla de límites del lenguaje, y que de lo único de lo que se puede hablar es de juegos y formas. En términos platónicos, de las “sombras de la caverna”, de la metamorfosis de las sombras, sin despegue ni trascendencia hacia un afuera ni a un más allá.
La salvedad es que W supone que hay una labor terapéutica, útil, en ordenar las sombras, y que un determinado trabajo sobre las mismas despeja confusiones y evita gastos superfluos de energía.
Hadot cita a W cuando dice que un juego de lenguaje es una forma de vida o una actividad, que puede consistir en dar órdenes, referir a un acontecimiento, presentar un informe, tabular, inventar o comprobar una hipótesis, inventar una historia, relatarla, actuar, bromear, resolver un problema, pedir, agradecer, maldecir, saludar, rezar.
Una multiplicidad de decires, enmarcados en rituales y prácticas, que pueden vincularse con la idea de orden del discurso de Michel Foucault, o de su mención del `speech activity” cuando habla de la “parrhesía”, o hablar directo y franco en los cínicos griegos.

Fin de mi texto sobre Wittgenstein. No da para más. Hay un momento en que el alma pide un respiro. Falta aire. Hay fatiga. Cuando un texto cansa, es recomendable seguir con otro. Una lectura que nos agota, pide otra que nos vivifique. Nunca dejar de leer. El descanso no se logra sin lectura. Un lector trabaja y descansa leyendo, hasta que se duerme.
Por supuesto que come, bebe, pasea, corre, barre, lava platos, cocina, hace el amor, y habla por celular. Es un ser vivo como cualquier otro, con la salvedad que logra su equilibrio mental con la lectura. Es su palanca o estabilizador de energía cotidiana.
Nada nuevo bajo el sol. Apenas hemos progresado. Una vez más los libros de Ludwig y de sus comentadores vuelven al estante. Mi biblioteca vista de frente, a la derecha de un anaquel del medio, junto a libros de filosofía analítica que tampoco leo como los de Searle y Strawson, corro a sus compañeros para que le dejen su lugar, y miro como las Investigaciones se inclinan a la izquierda y se apoyan en un compañero. W ha vuelto a casa después de un nuevo paseo.
Sé que mi labor de no lectura del filósofo vienés no acaba aquí. Como en Star Wars o Harry Potter o Birdman, habrá un Wittgenstein tres o cuatro. Es de presumir en la medida en que la historia de la filosofía sea un recorrido inevitable para interrogarnos sobre las condiciones de nuestro saber.
¿”Nuestro”? ¿En plural? ¿Hay algo que nos una a los seres humanos desde las alturas o desde la perspectiva del saber filosófico? La unión no es un acuerdo, no hace al grupo, no hablo de un universal positivo, sino de un universal negativo. Quizás este tipo de universal no sea más que una derivación de la `maldita´ teología negativa de la que habla Sartre en “El idiota de la familia”, tomo tres, en el capítulo dedicado al modelo del fracaso del Artista.
Así es, estoy leyendo a Sartre, mi primer filósofo. Recuerdo que en un texto que le dediqué en el año de su fallecimiento, hace treinta y cinco años, “Sartre, un pensador bajo”, escribía que volver a Sartre no era un acto que hoy se llama `vintage´. Palabra desconocida en la época, igual que `outlet´. Saldo y oferta alcanzaban, o remate.

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9 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  9 abril 2015 en 11:25

    Contemplar la infinitud (?) sin siquiera saber como agotar ni mucho menos resolver los problemas finitos (como el de la Justicia, por ejemplo). El regreso del mito y la potencias prehistoricas. Me remito a “Dialectica de la Ilustracion” (y tambien al “pesado” de Habermas …).

  • 2. marlaw  |  9 abril 2015 en 12:04

    “Sub specie aeternitatis” Baruch Spinoza dixit, vendria a ser traducido al español algo asì como: “bajo la pespectiva de la eternidad” Esta posición de Spinoza de tratar de llegar a una Teoría Etica, valiendose de la Geometría Euclidiana tan precisa como esta misma. En este aspecto se opone a la concepción Aristotélica.
    Aristóteles investiga la ética, la física y la metafísica por separado. En su Ética y Política, Aristóteles comienza a partir de las opiniones comunes o de sentido común sobre los asuntos humanos y los intentos para llegar a todo el conocimiento;, estas investigaciones se guían por una comprensión de la limitada precisión inherente a cualquier estudio de los asuntos humanos.Aristóteles investiga la ética, la física y la metafísica por separado. En su Ética y Política, Aristóteles comienza a partir de las opiniones comunes o de sentido común sobre los asuntos humanos y los intentos para llegar al conocimiento. Estas investigaciones se guían por una comprensión de la limitada precisión inherente a cualquier estudio de los asuntos humanos. (No es que yo sepa mas o lea mas que los participantes del foro, sino que busco, corto y pego todo aquello que no entiendo)

  • 3. marlaw  |  9 abril 2015 en 12:08

    Por lo visto corté y pegué ma porque repito la frasel. Fue un intento fallido de compartir con el resto lo que encontré

  • 4. Aldo  |  9 abril 2015 en 13:23

    la voluntad de Shopenahuer es el poder que rige al mundo , lo cósmico no importa , lo que importa son los hombres ,lo que hacen los hombres , como lo hacen y por que lo hacen como calmar el dolor ?, a la voluntad hay que controlarla , no vigilar eso es de literatura , hay que ir tranqui , una buena educacion de hombre para los hombre nos hará mejores hombres,,, una gran voluntad !!!

  • 5. Juan Martin Masciardi  |  9 abril 2015 en 23:25

    estoy cursando filosofía del lenguaje y un autor próximo a estudiar es W. las clases me vienen bien como para ver un poco qué me espera. en este momento estoy estudiando a d. dividson y el mito de la subjetividad. el autor me moviliza porque interpela autores estudiados por mí recientemente, por ej. kant. le señala la fisura entre forma y contenido. es interesante pero de todos modos no son mis autores de referencia pero vale la pena estudiarlos. complementan bien mis lecturas personales.

  • 6. David  |  10 abril 2015 en 23:47

    Todo el asunto, como quien dice: Me da Nauseas…

  • 7. R. Nadaud  |  13 abril 2015 en 8:53

    “volver a S” en días de bruma, en la brisa gris de las penas, claro será, una voz amiga.
    habla nos del último viaje, del descuido, de las palabras, solo las palabras y el denominador común, el hombre.

  • 8. David  |  13 abril 2015 en 17:39

    Nadie quiere vorver a Beckett, ni a su Molloy ni a su Malone muere, sin embargo alli se expresa lo contingente de la existencia en su modo mas doloroso desde un punto de vista artistico, las obras existencialistas desde La Nausea en adelante son intolerables, no por ello lejanas a la Verdad…
    Los que tratan a Sarte de empresario son literalmente idiotas, ese tipo de conciencia de lo que el hombre es o puede ser no puede soportarse si no es a costa de transar con algun ideal o ilusion, ya sea el humanismo, al que tristemente no adscriben ninguno de los pensadores actuales, solo basta ver como piensan o peor aun, lo que se desprende de lo que DICEN (o mas PEOR LO QUE HACEN) o cualquier otra ilusion, el Hombre no subsiste por la Verdad sino por la Ilusion, llamele Deseo si quiere.
    Muy lejos el Ser se caga de Risa, y a mi…
    And me, I just don’t care at all
    Saludos

  • 9. marlaw  |  11 mayo 2015 en 3:52

    Oficialmente, dentro de este curso virtual de filosofía, en este momento el profesor T.A. se encuentra a punto de dar por teminado momentaneamente, el análisis de Wittgenstein, cosa que sucederá en la clase, que precede a esta. Todos los que hemos venido siguiendo mas o menos de cerca, estas clases, a partir de lo que se ha venido exponiendo, nos hemos, llegado a forjar una imagen acerca de quién podría haber sido en vida Wittgenstein. Sabemos de la existencia de su acaudalado padre, del momento histórico que le tocó en suerte vivir, podemos imaginar esa Viena finisecular, ese imperio Austro-hungaro, próximo a desmoronarse, en los años venideros, al calor de la Primera Guerra Mundial, de los castillos familiares, de la música de Mahler a la carta, y con delivery, y tiempo mas tarde de su residencia en GB. de Cambridge, de Bertrand Russell etc.
    En este punto, espero que el Profesor permita la publicación de este comentario mio, que va acompañado de un texto en inglés, y una traducción no demasiado pulcra, porque de lo contrario, no podría compartir con ustedes, la reflexiones, y los interrogantes, que este texto me provoca, que espero que también provoque algo en ustedes, en el sentido de como pueden existir miradas tan diversas sobre una misma persona, mas aún teniendo en cuenta, lo que ya todos creemos conocer acerca de W.
    Este texto, procede del libro: Marx and Wittgenstein: Knowledge, Morality, and Politics. Este libro además incorpora en su interior, mas de una veintena de subtítulos, que independientemente de su contenido, estos resultarián atrapantes, “per se” para cualquier amante o estudioso de las Ciencias Sociales.

    ” (Fania Pascal, ‘A personal memoir’ in Rush Rhees (ed.)
    Recollections of Wittgenstein, Oxford: Oxford University Press, 1984)
    Wittgenstein probably struck Pascal as an ‘old time conservative’ because of his hostility to Marxism. But many of Wittgenstein’s other friends received a very different impression. George Thomson, for
    example…speaks of Wittgenstein’s ‘growing political awareness during those years’ (the 1930s) and says that, although he did not discuss politics very often with Wittgenstein, he did so ‘enough to show that he kept himself informed about current events. He was alive to the evils of unemployment and fascism and the growing danger of war.’ Thomson adds, in relation to Wittgenstein’s attitude to Marxism: ‘He was opposed to it in theory, but supported it in practice.’ This chimes with a remark Wittgenstein once made to Rowland Hutt… ‘I am a communist at heart.’ It
    should be remembered, too, that many of Wittgenstein’s friends of this period… were Marxists. In addition to George Thomson there were Piero Sraffa, whose opinion Wittgenstein valued above all on questions of politics, Nicholas Bachtin and Maurice Dobb. There is no doubt that during the political upheavals of the mid-1930s Wittgenstein’s sympathies were with the working class and the unemployed, and that his allegiance, broadly speaking, was with the left.
    (Ray Monk, Ladwig Wittgenstein: The Duty of Genius, London: Jonathan Cape, 1990)”

    “(Fania Pascal, ‘Una memoria personal “en Rush Rhees (ed.)
    Recuerdos de Wittgenstein, Oxford: Oxford University Press, 1984)
    Wittgenstein probablemente impactó a Pascal como un “conservador de viejo cuño” por su hostilidad hacia el marxismo. Pero muchos de los otros amigos de Wittgenstein
    recibierón una impresión muy diferente. George Thomson, por
    ejemplo … habla de una “conciencia política creciente de Wittgenstein durante esos años (los años 1930) y dice que, a pesar de que no discutia sobre política con Wittgenstein, este hizo “lo suficiente como para demostrar que seguía muy de cerca
    los acontecimientos actuales. Se encontraba al tanto de los males del desempleo y el fascismo y el creciente peligro de una guerra”. ‘Thomson añade, en relación con la actitud de Wittgenstein al marxismo: ‘Él se opuso a el en teoría, pero lo apoyaba en la práctica. “Esto concuerda con una observación que
    Wittgenstein una vez hizo a Rowland Hutt … “Yo soy un comunista del corazón.” También debe ser recordado, que muchos de los amigos de Wittgenstein de este periodo … eran marxistas. Además de George Thomson estaba Piero Sraffa, cuya opinión Wittgenstein juzgaba valiosa, sobre todo en cuestiones de política, Nicholas Bachtin y Maurice Dobb”. No hay duda de que durante los disturbios políticos de mediados de la década de 1930 las simpatías de Wittgenstein estaban con la clase obrera y los desempleados, y que su lealtad, en términos generales, fue con la izquierda.
    (Ray Monk, Ladwig Wittgenstein: El Deber de Genius, London: Jonathan Cape, 1990)


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