LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 84

21 marzo 2015 at 19:51 3 comentarios

Ahora Ray Monk, el mejor biógrafo de Wittgenstein, un pionero en el arte de reconversión del género. Además de su biografía, Monk escribió un breve libro en el año 2005: “How to read Wittgenstein”. Hermoso título ya que quien desearía más que tener en pocas páginas la llave de la interpretación de los textos del filósofo. Lamentablemente, es una tarea inocua, a pesar de que aporta algunos elementos para conocer mejor el misterio de este filósofo que quiso mejorar la lengua, construir una sintaxis coherente, una semántica razonable, preguntas con sentido, anular para siempre los falsos problemas, ahorrar tiempo para que no se desperdicie en discusiones inútiles, y hacer de la lógica, un filtro que separa lo descartable hasta que podamos concentrar en lo medular, o sea, en aquello de lo que nada se puede decir porque no se sabe qué es.
Toda una vida dedicada a fabricar argumentos para llegar al silencio, por eso debemos agradecer a W, gracias a quien la filosofía llega a un punto límite. Ése es el aporte que percibo en su pensamiento, extremó la pulsión filosófica, así como hay una pulsión narrativa ilustrada por “Las mil y una noches”, que es la del relato infinito, en el caso de la filosofía, el punto más allá no es murmullo infinito de la palabra sino el silencio.
Esto es lo poco que entiendo de nuestro filósofo, y quizás lo entienda mal, o no. Volvamos al intento de Monk.
Comienza con un texto primerizo de W que fue el que llamó la atención de los eximios profesores de Cambridge. Data de 1913 cuando el filósofo tiene 24 años. Se trata de una crítica a un libro del profesor P.Coffey: The science of logic.
W dice que el autor se equivoca en varias cuestiones. En creer que todas las proposiciones tiene la forma de sujeto-predicado; en sostener que la realidad cambia desde el momento en que se convierte en un objeto de pensamiento; en confundir la cópula “es” con la palabra “es” que expresa identidad. Por ejemplo: dos +dos son cuatro, y Sócrates es mortal.
Confunde cosas con clases a las que pertenecen, un hombre es otra cosa que la humanidad.
También confunde clases con compuestos. La humanidad es una clase cuyos elementos son hombres, pero una biblioteca no es una clase cuyos elementos son libros, ya que los libros forman parte de una biblioteca sólo si se encuentran en un espacio en el que están relacionados, mientras las clases son independientes de sus elementos.
Confunde compuestos y sumatorias. Dos +dos son cuatro, pero cuatro no es un compuesto de dos con él mismo.
Intento transcribir la síntesis ofrecida por Monk, del trabajo del joven Wittgenstein. Vemos que es de enorme importancia este asunto de la confusión. Un analista o un crítico tiene varias maneras de desestimar o de refutar argumentos de otro, no todos señalan que la falla reside en estar “confundido”.
Confundir, supongo, es tomar una cosa por otra. No es sólo equivocarse, no es sólo un error; ni es una mistificación tampoco una ilusión, estimo que el verbo no es elegido al azar.
De hecho, vivimos en una torre de Babel, es un lugar común decirlo. La gente se entiende por convencionalismos, porque heredan un código común que les permite apropiarse de las cosas y comunicarse entre sí sin chocar todo el tiempo. Es una realidad económica porque debe tender a la eficiencia ante todo, y evitar que la vida social se torne imposible. El malentendido y los sobreentendidos conviven para que la lengua funcione de un modo más o menos normal. Sin embargo, desde el momento en que los hombres dejan el espacio utilitario para expresar lo volitivo, lo deseable, lo verdadero, lo emotivo, desde el momento en que emiten juicios sobre la realidad como un todo, se confunden.
Y parte de la responsabilidad de esta confusión se la debemos a la filosofía, ya que ha sido un saber que ha tenido la aspiración de darnos una imagen verdadera del mundo y una certeza de cómo debe funcionar el conocimiento. Este propósito noble es el que mezcla mal, combina peor, enuncia proposiciones y emite juicios sin sentido.
El artículo de W se publicó en una revista de estudiantes cuando estudiaba en el Trinity College de Cambridge después de pasar tres años en Manchester estudiando ingeniería aeronáutica.
Ocho años más tarde les envía el Tractatus a sus admirados Gottlob Frege y a Karl Kraus, quienes no demuestran interés en el texto. Desilusionado se lo hace llegar a Russell que le escribe un prólogo. Encuentro misterioso el entusiasmo del noble inglés, quizás porque ignoro las dificultades y los nudos en los que se encontraban las investigaciones en la lógica de aquel tiempo. Sabemos que lord Russell estaba dispuesto a abandonar a la filosofía y pensaba en suicidarse sino del todo al menos en vida, cuando W había descubierto paradojas en sus ecuaciones, en sus proposiciones, en sus teoremas, o en su sopa.
Monk cuenta que hasta el momento en que en Cambridge avanzaban en el terreno de la lógica, desde Aristóteles se pensaba que en el mundo había dos clases de cosas: objetos (a los que corresponden lo sujetos), y las propiedades (a las que corresponden los predicados).
Russell sostuvo que además de objetos y propiedades, el mundo contiene relaciones. Es cierto que dicho así, la afirmación tiene toda la consistencia científica de la anécdota que explica la ley de gravedad por la manzana que se le cayó en la cabeza a Newton, pero al no saber hacer ejercicios de lógica y ser nulo en matemáticas, no sólo poco entiendo de la gran jugada de Wittgenstein, sino de toda su filosofía.
Aunque dicen que la segunda parte de su obra no tiene que ver con la primera, y que la impronta lógica desaparece. Por ahora no lo veo así.

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3 comentarios

  • 1. CLAUDIA GARCIA ASTORGA  |  21 marzo 2015 en 21:19

    QUE FELIZ DEFINICION DE LOGICA. APARTAR LO DESCARTABLE PARA QUEDARNOS CON LO QUE INTERESA QUE ES INHALLABLE… APROX ..MUCHAS GRACIAS !

  • 2. marlaw  |  22 marzo 2015 en 9:33

    Debo confesar que al Eurocetrismo, lo descubrí bastante tarde cuando comencé a leer al historiador Eric Hobsbawm. Antes de ello no hubiera cabido en mi mente que algo así podría llegar a ocurrir. No es que Hobsbawm declare de modo explícito su eurocentrismo, pero se las arregla bastante bien, para que el lector caiga en la cuenta de como son las cosas. Los artífices del pensamiento occidental han sido solo trés países: Alemania, Francia, y Gran Bretaña.. USA que pago su abono al Club con la sangre con la que regarón al Continente Europeo sus soldados, en las dos guerras mundiales todavía es mirada con desdèn, tolerada diríamos, como se tolera al pariente pobre que vive en el campo.
    Pero la cosa no se agota aqui Casi al mismo estilo con que los Argentinos rivalizamos con Brasil por el fútbol, con algo mas de sutileza cada país tiene sus propios héroes, y sus propias escuelas de pensamiento, Rara vez se cita a un rival, a no ser para enviar algún dardo. Lo mas comùn es hacer como que el otro no existe. “A palabras nècias oídos sordos” En el mejor de los casos puede llegar a suceder que los exponentes de dos Escuelas se unan para refutar a un tercero. En todo esto la que sufre es la verdad ¿ Qué verdad?

  • 3. marlaw  |  6 abril 2015 en 13:11

    Gottlob Frege fue a Wittgenstein, lo que Chestov (No confundir con Chejov) fue a Albert Camus.


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