LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 83

19 marzo 2015 at 9:34 3 comentarios

En este libro, Bouveresse, no analiza la lógica de los argumentos de Wittgenstein, ni desmenuza su crítica a los sin sentidos de las proposiciones filosóficas – como lo hará en otros libros – , esta vez nos presenta las intenciones y la concepción general del filósofo. Su ambición de hacer tábula rasa con la maraña filosófica, comenzar desde cero como pretendió hacerlo Descartes, pero al contrario del filósofo del “Discurso del método”, no pretende sentar las bases irrefutables del conocimiento, sino que una vez despejado el camino, una vez que se asciende escalón por escalón de acuerdo a la preceptiva del Tractatus, exige tirar la escalera.
Su texto es un medio descartable una vez que se lo ha usado. Los asuntos más importantes ni siquiera han sido considerados. Es decir, la ética, el cómo vivir, el sentido de la existencia. De eso, nada se puede decir. Es lo único que tiene sentido pensar, pero de lo que tiene sentido, nada se dice, sólo se muestra. Y se muestra en el silencio, por lo que hasta el mismo libro es un sin sentido.
Wittgenstein es un filósofo difícil. Una mente científica que inventa un nuevo modo de pensar con una lógica esta vez descarriada. Después de su intento de diseñar un mundo en donde todas las piezas encajan, en la que el conocimiento especular se construye de acuerdo a una lógica en boga gracias a un positivismo seguro de sí, desanda el camino, y no digo que se pierde, lo que parece no preocuparle demasiado, sino que me pierde, a mí, otro de sus lectores, que busco a intérpretes que me ayuden a comprenderlo, lo que no puedo, espero que se entienda, es pedir asistencia a que se me auxilie a descifrar a sus intérpretes.
Leer sus observaciones sobre la felicidad, la ética, la voluntad, seguir el modo en que refuta argumentos que parecen una bolsa de arena en un gimnasio de box a disposición de los golpes de los aficionados, me hace pensar en las ventajas y las desventajas, en los beneficios y los perjuicios de no estar al tanto de los grandes textos de la filosofía y de ignorar los aportes de los prohombres de su historia.
W repite la concepción de estoicos, de Spinoza, de Schopenhauer, como si nunca hubieran sido escritos, va de uno a otro, luego se desdice, y nuevamente vuelve a sostener algo refutado. Y todo este trabajo se hace en nombre de la inutilidad, del sinsentido, de las limitaciones del decir y de la imposibilidad de ser.
Esta labor agotadora tanto para W como para el lector, no se reduce a ayudar a Sísifo a sostener sus penurias, creo que muestra, como un actor en escena, lo que es la filosofía, sus pretensiones y sus frustraciones, la vía de un conocimiento que no es sabiduría ni iluminación.
Así es la mística de Wittgenstein, una mística manca, como lo es la de los filósofos que desean llegar al otro lado del espejo, ya sea el viaje de las carrozas de fuego de Platón que pueden atravesar la cúpula celeste y ver un segundo lo que hay del otro lado, y al descender a la tierra no poder decir nada porque se lo olvidaron; el estado de beatitud de Spinoza que nunca puede contemplar el todo porque es parte de él, o el fin de la filosofía de un Hegel que una vez la totalidad reconciliada consigo misma, no nos queda más que otro libro en los estantes de una biblioteca pública.
Es raro que algún filósofo haya podido evitar la trascendencia, ni Marx que sueña con un mundo sin moneda en la que cada uno vive satisfecho, por no decir feliz, un Nietzsche con un superhombre de una fertilidad descomunal, mágica, un Heidegger que inventa una voz antigua a escuchar en su morada, o la conciencia sartrena tan libre de ataduras como un pájaro mitológico.
Todos creen en un más allá. Ateos, materialistas, románticos, fenomenólogos. Filósofos.
Es posible que Foucault, y no Deleuze, en el que insiste un vitalismo entusiasta, sino el filósofo que no se ocupa de otra cosa que de lo que fue dicho, del orden del discurso, ése filósofo, quizás, haya logrado llegar al secreto de la inmanencia al no pretender descubrir nada, no llegar a ninguna verdad, sino sólo mostrar el modo en que funcionan los sistemas de pensamiento. A diferencia de otros intentos como los de Martial Gueroult, que se especializan en la arquitectura del pensamiento filosófico, en Foucault no se trata del discurso filosófico, sino del pensamiento del afuera, que tiene una imagen de red, de conexiones, de resistencias.
Foucault que en entrevistas y textos breves dice que sólo puede pensar y analizar palabras muertas, que necesita distancia para ver que su objeto teórico yace como una columna antigua separada de lo que le daba vida, este es el único modo en que puede escribir sus libros. Un nominalismo de sepulturero.
Nada es absoluto, este modo de presentarse a sí mismo del maestro francés, es tanto una vía para quien desea conocer su intimidad filosófica como otra pirueta para desviar a curiosos. Foucault usa los materiales de tal modo que los convierte en otra cosa. No es un coleccionista de reliquias, les inyecta un líquido vivificante que les permite ser actuales, parte de nuestro presente. Su inactualidad es aparente, como la de Nietzsche. Se aleja de ruidos y ansiedades contemporáneas, señala un punto lejano en el tiempo, lo sitúa en otra cultura, y se dispone a contar una historia que no tiene que ver con nuestras urgencias.
La metamorfosis se produce porque interviene en el espacio distante con todo el arsenal del que se apropia en los cuarteles cercanos. Como Paul Veyne, juega con los anacronismos, y es hábil en el arte comparativo, pone lado a lado, un exotismo de ayer con una banalidad de hoy. Aquello que nos era evidente de acuerdo a nuestro sentido común, que en nada nos interpelaba, se convierte en un objeto extraño, ya no propio y familiar, sino raro, inconcluso, nuevo. Así la cárcel, el asilo, la dietética antigua, como en Veyne la esclavitud y la casa romanas. No dejan de ser descripciones de realidades de otro tiempo, y su funcionamiento bordea el de nuestras instituciones. “Bordea”, es decir que tienen un efecto crítico.

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3 comentarios

  • 1. CLAUDIA GARCIA ASTORGA  |  19 marzo 2015 en 21:55

    Excelente el Maestro .

  • 2. magu  |  21 marzo 2015 en 12:42

    DON ABRAHAM
    Según entendí (o no) FOUCAULT al describir (desde la historia) a las instituciones de encierro, bordea a nuestras instituciones actuales (y de ese modo las critica, a las actuales). Lo que parece familiar, “normal” “cotidiano” se vuelve extraño: como lo siniestro. Si vemos programas cómicos de hace treinta años, con algunos personajes, sketchs donde todo el mundo se reía, hoy el INADI los censuraría, les pondría multa. Lo familiar se vuelve extraño y SINIESTRO (desconocido, inasimilable) como descubrir el pasado oscuro de la propia familia. Pero tambíen lo extraño y lo lejano se vuelve de pronto totalmente familiar y cotidiano, conocido y asimilable. Recuerdo hace 24 años cuando en la casa de mis tías de Villa Urquiza, una amiga de una amiga (se reunían muchas viejitas de más de ochenta y pi a tomar el té en el patio)……dijo: Es tremendo lo que pasa entre Palestina e Israel, y uno de mis tías dijo: y yo qué tengo que ver con eso? y acá ? y al año fue lo de la Embajada. Es como si no pudiésemos escapar de lo distante, en este mundo, en este momento, TODO NOS BORDEA, el pasado y lo lejano también.

  • 3. marlaw  |  1 abril 2015 en 11:17

    Magu El conflicto del Medio Oriente, se encontraba geográficamente distante de este país, al menos para la mayoría de sus habitantes, hasta qué al megalómano de Carlos Saul con su amigo Bush y las relaciones carnales, se le ocurrió intervenir en la primera Guerra del Golfo. A partir de ese momento el Medio Oriente se acercó considerablemente. No olvidar tampoco que de todos los países Latinoamericanos la Argentina fue el único país que intervino en ese conflicto, quebrando la tradicional política exterior, de neutralidad de la República Argentina. Yo presumo que: “el principio de acción y reacción” Newton dixit, tambien se aplica fuera de la Física, o bien que las acciones humanas provocan consecuencias, tal vez no deseadas, pero también irreflexivamente no calculadas, a la hora de actuar.Con esa acción la Argentina le dijo al mundo musulman: “Hey muchachos no se olviden de nosotros, aquí estamos, los mas vivos y compadres del Rio de la Plata” Y estos respondierón: ¿”Querían fama y desfilar por la Quinta Avenida en New York”? “Van a tener fama.”


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