LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 81

16 marzo 2015 at 7:38 33 comentarios

Hay dos Wittgenstein, de esto parece que nadie duda. El del Tractatus que elabora una concepción pictórica del mundo, y el de las Investigaciones en la que la semántica deriva de las formas de vida y de los juegos de lenguaje.
Por un lado el conocimiento se concibe en bruto, de un modo primitivo, de acuerdo al funcionamiento de una cámara fotográfica que retrata el mundo porque existe una analogía entre las estructuras de la mente y la de los objetos, siendo las proposiciones la foto de la coincidencia óntica entre ambas esferas; por el otro, la aserción de que el mundo proposicional y el de los juicios, no se fundamentan en el valor de verdad, no se dirimen en la polaridad verdad-falsedad, sino en el del sentido-sin sentido.
Para que una afirmación sea verdadera, antes tiene que tener sentido. De no ser así, es tan sólo tautológica. Las discusiones que tiene W con G.E. Moore giran alrededor del sentido común. Moore sostiene que tiene dos brazos, y para corroborarlo los muestra. W dice que lo que acaba de hacer su colega no es enunciar una verdad, sino confirmar que no está del todo loco. Del todo, porque un poco parece que sí lo están, quizás los dos, por discutir estas cuestiones. Pero no es así, sostendrá W, este tipo de debates sólo pueden parecer un delirio para quien no ha entendido que son juegos de lenguaje que corresponden a una forma de vida que es la que se lleva a cabo en Oxbridge, puente académico sito en la isla Britania.
Quien habita el paraje y signa su vida de acuerdo a las pautas que se elaboran en sus campus y almuerza en los refectorios de los diferentes “colleges”, vuelve a su cuarto y desembucha la pipa, lee el diario, y se otorga un breve “nap” antes de recibir a un tesista de las colonias, esta forma de vida encuadra sin restos los juegos de lenguaje entre académicos como W y Moore.
En las críticas que hace otro filósofo, A.J. Ayer, en su análisis del pensamiento de W, al hablar de problema de la posibilidad de la existencia de lenguajes privados, cita a W que dice que la memoria, o las correspondencias entre signos y sensaciones, o los modos que puede tener un pasajero no muy frecuente de corroborar horarios de salida de trenes, no puede seguir el ejemplo de una persona que compra varios ejemplares de un mismo diario para confirmar que le dicen la verdad.
Hermoso ejemplo que ilustra de qué modo – una pertinaz verificación estadística – se nos puede ocurrir contrarrestar la permanente denuncia de que los grandes medios de comunicación mienten.
He consultado a tres especialistas que merecen mi total confianza respecto de sus interpretaciones de la obra de Ludwig y que me ahorran leerlo. En realidad, leo sus textos de un modo salteado a la espera de que una luz ilumine mi torpeza y me indique la puerta de entrada a la filosofía de un grande del siglo XX.
Ellos son: Ray Monk, Jacques Bouveresse y Pierre Hadot. Los tres me han ayudado a no comprender mejor a W. Evoco con esta paradojal frase a Macedonio Fernández que era proclive a practicar esta lógica del revés.
Comenzamos por Bouveresse. Es un autor que leo hace muchos años. Cuando escribí “Los senderos de Foucault”, en el último capítulo dedicado al debate sobre la modernidad, discutí su crítica de la práctica filosófica francesa que se puso de moda después de mayo 68. Condenó su anarquismo, su facilismo, su demagogia, la liviandad de sus argumentos. Lo repite desde hace más de cuarenta años. Egresado en las mismas instituciones y miembro de la camada de jóvenes filósofos ansiosos por incorporar las novedades de las ciencias del lenguaje y de la epistemología, no formó parte de la juventud que seguía las enseñanzas de Althusser y Lacan en la década del sesenta del siglo pasado.
Se convirtió en un académico marginal dedicado a estudiar y difundir el pensamiento de Wittgenstein. Años después, con la decadencia de los maestros contestatarios, arremetió contra el medio y no cejó en denunciar el uso espúreo de la disciplina.
Hoy es profesor del College de France, en el sitio dejado vacante después de la muerte de Foucault, y sigue publicando libros en los que prosigue su análisis de la filosofía de W, y persiste con acritud en esos recuerdos del desierto al que fue desterrado.
Me referiré a su libro “Wittgenstein, la modernité, le progres et le déclin”, del año 2000. Nuevamente nos encontramos con otro comentarista que para hablar de W nos introduce en el maravilloso mundo vienés antes de la primera guerra. Otra vez los pintores, la música genial, el arte con mayúscula, el modernismo en la arquitectura, lo que Stefan Zweig llamó el “mundo del ayer”, esa Viena de fin de siglo que fue la cumbre de la cultura burguesa hasta que Hitler decidió mostrar su otra cara.
Para quien disfruta de historia culturales, dos clásicos: “La Viena de Wittgenstein” de Toulmin y Janik, “Viena fin de siglo”, de Carl Schorske.
Es cierto que Wittgenstein no sólo era partícipe de ese mundo, sino que su apellido era su símbolo.
El problema con Bouveresse es que proyecta en W sus odios a la cultura filosófica francesa. Dice que el filósofo vienés no compartía el optimismo del círculo de Viena respecto de la vigencia del criterio de la ciencia como medida del conocimiento. Pero tampoco se identificaba con el ensayismo literario y la concepción deflacionista de la filosofía. Aquí vemos que el francés carga las tintas en el vienés.
Nos dice que Wittgenstein condenaba el periodismo, y, en especial, el periodismo filosófico, ambos, ejemplos de la forma moderna de la irresponsabilidad intelectual. Pobre periodismo, condenarlo es como condenar al cine, o al jazz, o al turismo, una especie de despotricamiento contra lo masivo, contra lo que Bouveresse denomina manía de difundir opiniones.
El respeto y la admiración que W tenía por Karl Kraus, los une a ambos, de acuerdo a Bouveresse, en una creencia compartida en los límites del conocimiento científico, en que la ciencia no resuelve todos los problemas, y en que el periodismo no es otra cosa que un atentado al lenguaje y al pensamiento serio.
De ahí que deduce que para ambos, por el periodismo en especial, nuestra época es inepta para recibir a verdaderos pensadores y creadores. “Nuestra”, es una manera de decir, se referirá a la de W o a la del propio Bouveresse, no sabemos, pero a estos prohombres del arte y de la sabiduría, no le faltan mañas para atacar a la mediocridad.
Por alguna razón, quien aquí escribe, es decir, yo, Tomás Abraham, un nombre propio como diría Bertrand Russell, desconfío de la palabra “mediocridad”, me resulta irritante escuchar a quien denuncia a este mundo en el que el calefón y la biblia ocupan el mismo rincón, o el burro y el gran profesor, ya sea con melodía de tango o con ritmo de vals, y me quedo con la palabra “berreta”. Cuestión de vocabulario, de formas de vida, “El hombre berreta” de un nuevo Ingenieros, me suena mejor, es más acorde con el contexto.
La diferencia entre mediocre y berreta, es que quien califica el mundo en el que vive con el primero de los calificativos, tiene un ideal temporal, un referente epocal, un sueño fugado. W y Kraus piensan en Goethe, en Schiller, en Novalis, en Beethoven, en Schopenhuaer, mientras que berreta no tiene consuelo, no extraña un origen noble.
Por el contrario, el dolor por la mediocridad, le parece berreta.

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33 comentarios

  • 1. Aldo  |  16 marzo 2015 en 21:37

    La Viena de Hitler venia cargada y no solo Wagner , este es el mas conocido el mas obvio ,,, me refiero a Bethoven , a mi la musica de Bethoven me da rechazo , no solo por el cine es que conocemos al personaje , sino las cartas , era un quejoso insoportable con un buen sentido de la música , un pequeño burgues mal humorado

  • 2. marlaw  |  17 marzo 2015 en 8:48

    No creo que la filología se haya ocupado del argot porteño y suburbano.Dicen que por ahi se ha creado una Academia del lunfardo pero tampoco la conozco. Roberto Arlt en su libro Aguafuertes Porteñas se propuso describir algunos personajes que tenían un apodo lunfardo a los que trato de definir, como por ejemplo: el “esquenun” o “squenun” que sería un sinónimo del vago o del atorrante. En cuanto a la palabra: “berreta” esta al menos en sus orígenes, fue empleada para aludir a la mercadería adulterada, aquella que simulaba ser importada, pero que en realidad era ·”made in Avellaneda”, como por ejemplo ocurría con el Whisky Escocés, los falsos cigarrillos Americanos, .o los relojes Rolex Luego por extensión también se aplico a las mercaderías de mala calidad que intentaban aparentar ser otra cosa. No conozco el Idish, salvo unas pocas malas palabras como: tiyi, o tuges en su escritura onomatopéyica, que me enseñaron algunos amigos de la colectividad, pero existe otra palabra del lunfardo, que tiene un significado similar a la itálica “berreta” que presumo puede tener un origen judio, me refiero a la palabra: “shome”, o shomería, también utilizada para aludir a las mercaderías de mala calidad.

  • 3. marlaw  |  17 marzo 2015 en 9:06

    Para mì que Wagner naciò en Warnes, y el padre tenía un desarmadero en el fondo de su casa.

  • 4. magu  |  17 marzo 2015 en 10:51

    “Berreta” se usa ahora para referirnos a muebles “hechos asi nomás” mal pegados, mal encajados, que se desarman pronto, que se rompen enseguida, antes creo que decíamos “cualunques” o se usaba otra palabra . Mediocre para mi, (y siempre lo decía nuestro profesor JULIO PALACIO) no es tampoco algo tan peyorativo, no todos pueden ser genios innovadores, o no todas las obras de un compositor pueden ser brillantes, hasta el mismo BEETHOVEN en sus “bagatellas” da por sentado algo con el título (que no se mató para componerlas, jajaja), mediocre estaría en el término medio (creo), es decir: como esas películas que entretienen y hacen pasar el rato, como esa melodía incidental que distrae y alegra aunque no conmueva. Está en el centro- Y el odio que ud dice que BOUVERESSE proyectaba en WITTEGENSTEIN sobre la cultura francesa, es porque son dos naciones “Pegadas”, en ese tiempo en pre combate.

  • 5. Marcelo Grynberg  |  17 marzo 2015 en 22:04

    Aldo: Atenti con Ludwig (van B.). Hablar es barato. Voto a la Naranja Mecanica …

  • 6. Marcelo Grynberg  |  17 marzo 2015 en 22:24

    Aldo: Rechazo de van B.
    Como decia P. Bourdieu, los juicios de gusto pueden ser severamente castigados en estas sociedades manicomiales.
    Sale el Razumovsky nro 1 …

  • 7. Marcos Aurelio Ruiz  |  18 marzo 2015 en 3:55

    Puede ser profesor, que Usted por temperamento, o personalidad, se encuentre mejor predispuesto que otras personas, para plegarse a los cambios, a las nuevas ideas, sin mayores reparos, en tanto que otros observan los cambios, con una actitud de mayor cautela, como se observa en el pequeño pàrrafo que cité del libro de Risieri Frondizi.Inclusive aun puede ocurrir, que otros de una manera neurótica, pretendan perseverar refugiandose en el pasado que todavía continuan añorando. Pero también creo que así como para las ciencias aplicadas, las pruebas de ensayo error se verifican en el laboratorio, en el caso de las ideas, las corrietes de pensamiento, y las modas en general, el gran laboratorio es el transcurso del tiempo.

  • 8. marlaw  |  18 marzo 2015 en 10:07

    Muy bueno el cuarteto de cuerdas. Gracias Marcelo por el regalo a nuestros oídos.Cuando pienso, suelo utilizar la “asociación libre” un hábito que me viene del psicoanálisis, y que no debe ser confundida con la dispersión, que en elgún momento me atribuyó el Profesor, aunque se le parezca. .Como el cuarteto se llama Vegh, me vino a la cabeza el nombre de un capo del psicoanálisis, como Isidoro Vegh. Así que mientras me deleitaba con Beethoven, me puse a googlear su nombre, y ¡Eureka! me encontré con un extenso reportaje que la Revista Cibernética ” Acheronta” le hace a Don Isidoro. El reportaje no tiene desperdicios, porque al margen de ser una breve historia del psicoanálisis en la Argentina, muy bien narrada por Isidoro Vegh, contiene tambien unas jugosas anecdotas, de las entrevistas de este con Lacan, algunas de ellas realmente desopilantes. En el relato aparecen otros personajes interesantes como: Enrique Pichon Rivier, Bleger, Massota, etc. Les recomiendo calurosamente su lectura, en especial a Usted Profesor.
    http://www.acheronta.org/reportajes/vegh.htm

  • 9. rodolfo lópez  |  18 marzo 2015 en 14:11

    Thomas Mann se resiste también a usar la palabra “mediocre”; con su personaje el joven Hans Castorp. Separados por noventa años, el Profesor y su tocayo Mann coinciden en desconfiar del término.
    Mann no conoció “berreta”, no lo hubiese usado creo con un personaje de buena cuna, con linaje familiar, nieto de un senador. Aunque esa familia hubiese muerto ya y fuese el único sobreviviente -con no abundantes recursos económicos heredados-.
    Durante dos páginas Mann explica porqué no define a Castorp con “mediocre”: “por respeto hacia a su destino todavía posible”, le otorga a éste una importancia mayor que a las cualidades personales apenas moderadas del joven. Que es vago además.
    Dice que el hombre no sólo vive su vida personal como individuo sino que participa de un clima de época. Y cuando la época está falta de objetivos, de esperanzas y de rumbo, y cuando la pregunta sobre el sentido último de todo esfuerzo personal no encuentra otra respuesta que el silencio, se hará inevitable cierta parálisis primero espiritual y luego orgánica. Para estar dispuesto a realizar un esfuerzo considerable -que rebase la media- cuando la época no da respuesta satisfactoria a la pregunta “¿para qué?”, se requiere una independencia y una pureza moral de naturaleza heroica. “Castorp no las poseía y por lo tanto no era más que un “hombre mediocre”, “eso sí en uno de los sentidos más honrosos del término” (ja).

    ¿estaban ya entonces la biblia y el calefón en el mismo lugar?
    ¿da nuestra época respuesta a “¿para qué?” mayor esfuerzo”?

  • 10. Marcelo Grynberg  |  19 marzo 2015 en 8:17

    Marlaw y Rodolfo: gracias por sus comentarios, ambos muy interesantes. Debo leer la monta\~na magica, pero cuando ? (uno esta obligado a perder su tiempo en estupideces y asi la vida no vive). Saludos

  • 11. marlaw  |  19 marzo 2015 en 9:07

    Muy buen comentario Rodolfo Lopez

  • 12. Marcelo Grynberg  |  20 marzo 2015 en 23:06

    Marlaw: lei un poco el reportaje a Isidoro Vegh que Ud. sugirio. De lo que pude entender me llamo la atencion lo siguiente:
    “En Estados Unidos el psicoanálisis está profundamente desprestigiado. Por qué? Porque durante años se dedicaron a reforzar el yo autónomo. Y para eso son muchos mejores todas las psicoterapias que los yanquis han inventado. No necesitan a los psicoanalistas. Y el psicoanálisis quedó desprestigiado.” Pero, no apunta acaso el psicoanalisis, justamente, hacia un yo autonomo, o al menos todo lo auntonomo posible? Como decia Freud: “Wo Es war, soll Ich werden” .
    Saludos y gracias por el link del articulo.

  • 13. marlaw  |  21 marzo 2015 en 0:21

  • 14. marlaw  |  21 marzo 2015 en 6:12

    Les dejo Tristan und Isolde. Es “lunga” dura 4 horas. Se afirma que por su duración mató al menos a un interprete masculino y a dos directores de orquesta. Me resulta sin exagerar sublime, la melodía que se ejecuta al final del tercer acto, que aparece como “leimotiv” a lo largo de toda la obra. En esta puesta en escena, se destaca para mi gusto tanto la escenografía, como asimismo la iluminación, que realza y se acopla al desarrollo de la obra La iluminación hace maravillas y el vestuario es magnífico. Seguramente muchas manos artesanas han trabajado en el. En Wikipedia se puede encontrar una síntesis para conocer, de que trata esta historia, y sus personajes.

  • 15. Marcelo Grynberg  |  21 marzo 2015 en 9:11

    Marlaw: como diria Brahms, “antes casado que componer una opera”. Demasiada pasion …

  • 16. Marcelo Grynberg  |  21 marzo 2015 en 9:39

    El arte total (gesamt-kunst) de W. encuentra hoy su despliegue en la publicidad … Asi lo pensaba Adorno.

  • 17. Marcelo Grynberg  |  21 marzo 2015 en 11:09

    Aqui van las reflexiones del Rey Salomon (Shlomo a Melej), acerca del mundo y su vanidad (incluyendo al pagano-reaccionario de W.)

  • 18. Marcelo Grynberg  |  21 marzo 2015 en 12:55

    Marlaw: otra pregunta motivada por la lectura de I. Vegh: que es el auto-analisis ? (que para Lacan, incomprensible para mi, no existe; segun lo que dice el articulo).
    Saludos.

  • 19. marlaw  |  22 marzo 2015 en 5:30

    Marcelo vayamos por partes. En cuanto al ejemplo de Estados Unidos, Vegh no lanza una crítica contra el psicoanálisis, sino contra aquellos que tratarón de hacer del psicoanalisis otra cosa. Desde luego que dentro del género psicoterapias existe un abanico de terapias breves, acotadas, que tratan de poner ràpidamente al paciente. en carrera, para que este vuelva a desempeñar su rol en la sociedad, pero eso no es psicoanálisis. Puede que estas sen exitosas en algunos casos, con algunos pacientes, pero al concluirlas, si bién el paciente habrá logrado neutralizar el síntoma y disminuir sus niveles de angustia en un rango razonable, se ira sabiendo de el, conociendo de el, lo mismo que sabía o conocia de sí mismo antes de comenzar esa terapia. Si te hacés tiempo para leer toda la nota, que tiene dos partes, te vas a dar cuenta, que el psicoanálisis, si bién persigue eliminar el dolor y el sufrimiento, tiene un fin mas extenso, en la segunda parte del reportaje se entiende mejor. Uno puede elegir saciar su apetito con un sandwich de mortadela, o ir a cenar a un lugar con un menú preparado por un gourmet. Se tratan de distintas elecciones y de cuanto, no solo en dinero, sino también en tiempo y trabajo, estas dispuesto a invertir en vos, en como valorás tu propia vida. Pero no me refiero ni a lujo ni a sofistificación, mas bien diría que se trata de un mayor esfuerzo. En cuanto al autoanálisis, el comentario esta dirigido a los analistas que rehusan analizarse y controlar con otro analista su taréa con sus pacientes. Es una cuestión muy técnica que se relaciona con algo llamado “transferencia”. No cumplir con estos requisitos sería comparable en cierto modo al médico que una vez recibido, se pone a ejercer su profesión, sín haber hecho la residencia en alguna especialidad, en un hospital.

  • 20. Marcelo Grynberg  |  22 marzo 2015 en 11:04

    Gracias Marlaw por sus respuestas. Respecto al auto-analisis, pense ingenuamente que se referia a la posibilidad de que uno pudiera comprenderse a si mismo (con ayuda de lecturas y mucha reflexion, algo asi como el socratico “conocete a ti mismo”).
    Saludos.

  • 21. marlaw  |  25 marzo 2015 en 1:10

    Marcelo no lo quiero abrumar con mis obsesiones, pero hay una compilación que se hizo en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucuman, cuya edición cubre varios trabajos sobre el problema de “la verdad” de unas 130 pag. aproximadamente, si no me falla la memoria:
    http://www.filo.unt.edu.ar/centinti/epi/pdfs/libro_estudios_verdad.pdf
    En la página 57 de esta compilación, a su vez se encuentra el siguiente título:”El psicoanálisis y el concepto de la verdad”
    Ricardo E. Gandolfo ( Pag.57 en adelante) A su vez, la bibliografía que cita el autor para este trabajo es la siguiente:

    Bibliografía
    Freud, S. Construcciones en Psicoanálisis (1938)
    en Obras Completas, T III,
    Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 1973.
    Freud, S.Lecciones Introductorias al Psicoanálisis (1916-17)
    en Obras Comple-
    tas, T II, Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 1973.
    Freud, S.La sexualidad en la etiología de las neurosis (1898)
    en Obras Comple-
    tas, T I, Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 1973.
    Freud, S. La interpretación de los sueños (1900),
    en Obras Completas, T I, Ma-
    drid, Ed. Biblioteca Nueva, 1973.
    Lacan, J.La cosa freudiana o el sentido del retorno a Freud en psicoanálisis,
    En Escritos I, Bs As., Ed. Siglo XXI, 1988.
    Lacan, J. El psicoanálisis verdadero y el falso(1968)
    en Freudiana N° 4/5, Barcelona, 1992.
    Lacan, J. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis
    . Madrid, Barral Editores, 1977.
    Lacan, J. El reverso del psicoanálisis . Bs. As., Ed. Paidós, 1992.
    Lacan, J. Prefacio a la Edición Inglesa del Seminario II
    en Intervenciones y Textos 2, Bs As., Ed. Manantial, 1988
    Y además en este trabajo se mencionan a los siguientes filósofos:
    Gottlob Frege, Bertrand Russell, J.A. Millar, Aristoteles, Wittgenstein.
    He extraido un pàrrafo que se relaciona con lo que usted pensaba, aunque obviamente aquí y ahora resulta una cita fuera de su contexto:

    “Estas son las paradójicas relaciones entre la verdad (simbólica) y el goce (real) que van a colocar al psicoanálisis en una operación completamente distinta a la filosófica del «conócete a ti mismo» atribuido a Sócrates.
    Quizás es la razón por la cual Lacan atribuyó al psicoanálisis el carácter de Antifilosofía , y consideraba al psicoanálisis como una ciencia no totalizante, para romper con toda consideración metafísica.”

  • 22. Marcelo Grynberg  |  25 marzo 2015 en 9:39

    Gracias Marlaw por sus comentarios y todo el detalle de la bibliografia. Ahora estoy por salir, pero volvere sobre el tema. Hay un ensayo de Adorno: “De la relacion entre sociologia y psicologia”, del cual espero comentar algo brevemente. Saludos y gracias.

  • 23. magu  |  25 marzo 2015 en 11:50

    Perdón pero quería aclarar algo, una cosa es el llamado ANÁLISIS DIDÁCTICO, que es (tradicionalmente se lo llamaba asi) el análisis (psicoanálisis) que un estudiante de psicoanálisis, o psicoanalista se hace (se analiza) con un psicoanalista de mayor experiencia analítica y pedagógica. por ejemplo como ocurre u ocurría en la APA, en CIMP (que ya no existe, de LUIS CHIOZA ) y otras agrupaciones psicoanalíticas. El que estudia en esa escuela debe analizarse con algún profesor de esa escuela (la transeferencia es algo que está dentro mismo del propio análisis, lo que el analizado proyecta en el analista), y otra cosa es “LA SUPERVISIÓN” que NO TIENE NADA QUE VER CON EL ANÁLISIS DIDÁCTICO, porque UN PSICOANALISTA SUPERVISA “SUS CASOS” (el análisis de sus pacientes) con “otro psicoanalista más experimentado ” que generalmente NO es su propia PSICOANALISTA. No hagan lio (como dice el Papa) ……..cuando era jovencita (me recibí a los 22 recién cumplidos) hice varios años de SUPERVISIONES (analizando mis casos de pacientes “que estaban en institutos”,) con analistas y profesoras del CIMP, pero me analizaba (muchísmos años) con otros, de la misma escuela. Se respeta un sistema de autoridades bastante vertical. Saludos

  • 24. marlaw  |  25 marzo 2015 en 17:57

    Esta muy bien la aclaración Magu

  • 25. Marcelo Grynberg  |  27 marzo 2015 en 12:52

    Vuelvo sobre el tema, entonces.
    Adorno priensa la ecision entre individuo y sociedad como falsa conciencia, como “segunda naturaleza” (Lukacs dixit), como una mera consecuencia de la divsion del trabajo social (no olvidemos que TWA era un fino marxista occidental). Interpreto que lejos de pensar al inconsciente como una “estructura” ya dada por la naturaleza (y sobre la cual nada podria hacerse), Adorno lo piensa como una instancia totalmente mediada por lo social, como un ente de caracter puramente historico. Va un parrafito seleccionado entre tantos otros deslumbrantes, como todo lo que escribe Adorno.

    “El Superyo, la instancia de la conciencia moral, no solo le pone al individuo ante sus ojos la prohibicion como lo malo en si mismo, sino que ademas almalgama de forma irracional la antigua angustia ante la aniquilacion fisica, con la angustia mucho mas tardia de dejar de formar parte de la asociacion social que rodea a los seres humanos en lugar de la naturaleza. Esa angustia social, alimentada por fuentes atavicas y exagerada luego
    de diversas formas, que ciertamente puede pasar por angustia “real” en cualquier momento, ha acumulado tal violencia que habria que ser un heroe moral para desembarazarse de ella, aun cuando se alcanzara a ver hasta el mismo fondo todo lo que tiene de delirante. Se puede conjeturar que si los hombres se encierran tan desesperadamente en esos bienes de la civilizacion, hace mucho tiempo cuestionables ademas de absurdos, es porque alguna vez les resulto indeciblemente dificil conseguir por si mismos el estado de civilizacion. La energia pulsional que el “homo economicus”
    requiere al “homo psycologicus” es amor forzado, inculcado a palos, hacia lo que alguna vez se odio. Semejante “piscologia” se\~nala los limites de intercambio racional (actividad economica) con la violencia, pero al mismo tiempo restringe el poder de la correspondiente psicologia del sujeto. El convencimiento de la racionalidad visible de la economia es un autoenga\~no de la sociedad burguesa en no menos medida que el de creer que lo piscologico es un fundamento suficiente para la accion.”

    und so weiter, sin desperdicio, todo lo que dice “Teddy” es escencial.

    Saludos.

  • 26. marlaw  |  28 marzo 2015 en 12:15

    Marcelo: (Creo yo) que mientras el Ello que representa nuestra vida instintiva, tiene un carácter atávico, el Superyo no es ni atávico ni congénito, es adquirido.Este se construye con los mandatos paternos explícitos e implícitos que recibimos en nuestros primeros años de vida, y se refuerza con todo aquello que simbólicamente represente la figura del padre.La escuela, la religión, mas tarde la policia,etc. En nuestra psiquis aparecería como: la voz de la conciencia, que nos recrimina por nuestras faltas reales, o imaginarias, una vez que este se encuentra debidamente internalizado. Suele tener un periódo de latencia, en la adolescencia, para reaparecer en nuestra vida adulta cuando cumplimos con las funciones reales o simbólicas de padres, maestros, etc. Es hereditario en la medida que lo recibimos de nuestros padres y lo trasmitimos a nuestros hijos. En este sentido también posee un carácter histórico, porque se trasmite de generación en generación. Pienso asimismo que por ese lugar se hace presente, la perdurabilidad a travès del tiempo, de todo lo represivo que tenemos los seres humanos. Como además de manera inconsciente tendemos hacia la sustitución o desplazamiento de nuestros primeros conflictos; a lo largo de la vida, en nuestra vida de relación, vamos trasladando hacia otras personas, (de manera inconsciente) ese papel protagónico que desempeñaron nuestros progenitores, o él de las personas que incidierón.en nuestra primera infancia.

  • 27. Marcelo Grynberg  |  29 marzo 2015 en 10:56

    Gracias Marlaw por su rspuesta. Lo que Adorno cuestiona, me parece, es la “racionalidad” de la misma sociedad de la que surge nuestro aparato psiquico, una racionalidad que el ve como meramente instrumental (Weber) y hasta como historia detenida o segunda naturaleza (Lukacs). En fin, el tema me excede.
    Saludos.

  • 28. marlaw  |  15 abril 2015 en 15:20

    “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió” Joaquin Sabina- “Con la frente marchita”

  • 29. santiago  |  15 abril 2015 en 17:49

    Nadie puede cumplir algo controlando algo, no se puede entregar a la acción, no vive. Sin embargo están los que saben que no controlan –poquísimos- y los que creen que controlan.

  • 30. santiago  |  15 abril 2015 en 17:51

    Los que creen controlar cumplen sin Saber –Edipo- y los que saben que no controlan cumplen, simplemente, y quizás al final Sepan.

  • 31. santiago  |  15 abril 2015 en 17:52

    Una variante de la formula socratica. Si entienden el epígrafe de “sobre el concepto de angustia” de Kierkegaard, entendieron, entienden y… entenderán (?).

  • 32. santiago  |  15 abril 2015 en 19:39

    Siendo misericordioso: Nietzsche considera su último pecado la misericordia porque cree que este sentimiento trae el no-saber, no controlar, el sin-sentido, “el espantoso azar”. En esto es en lo único en lo que se lo puede emparentar con el nazismo.

  • 33. santiago  |  15 abril 2015 en 19:41

    Pero Nietzsche pudo decir lo que su corazón sabía pero su razón no controlaba y no quería decir. Para él mismo quedó en lo secreto su obra final. (Mateo 6, 1-6 16-18)


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