LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 74

18 febrero 2015 at 9:30 6 comentarios

En una reseña para la revista “Spring” Benjamin Kerstein confiesa que el libro de Lévy y Houellebecq lo sorprendió a pesar de sus orígenes mercenarios, es decir, de un negocio editorial. Tenía, además, aprehensiones respecto a que se repitiera el estilo abarrotado de verbosidad y opacidades típicas de la ensayística francesa.
Pero ve que más allá del duelo entre dos narcisismos, hay, por un lado, un debate interesante que se origina en las diferencias que tienen por cuestiones políticas y religiosas, y cree que el punto mejor logrado del epistolario es cuando cada uno expresa lo que piensa y siente respecto de su relación con la escritura.

Este es un diario de procedimientos relativos a la enseñanza de la filosofía en tiempo real. Sigue la ruta que emprendo cada día. De la filosofía nos trasladamos a la literatura. MH es un ejemplo de un novelista que genera pensamientos. No es un escritor que privilegia a los personajes y a la acción. Su oficio no es el de ofrecernos una aventura. Al menos, en los libros que aquí comentamos; lo que leemos son descripciones y reflexiones sobre la vida moderna europea, y en especial francesa. Su talento reside en su visión, en su sensibilidad y en su inteligencia. Se diferencia de la filosofía en sentido estricto en que no elabora una teoría, ni un modelo interpretativo con sus conceptos y formalismos. Althusser decía que la teoría se componía de objetos abstractos formales y los concretos reales – análisis concretos de situaciones concretas, Lenín – . Lamentablemente, los teóricos althusserianos, sólo se limitaban al primero, y el segundo nunca derivaba del anterior. Estaba o ausente, o no superaba las más antojadizas arbitrariedades. Es suficiente con poner lado a lado las teorías ontológicas de Alain Badiou con sus diagnósticos sobre la coyuntura política.
MH observa y trasmite su posición, porque la tiene. No es neutral. Tiene sus miedos, sus aversiones, sus apegos y sus manías. Nada de eso está ausente de su escritura. En eso se distingue de los filósofos que se dan un baño epistemológico antes de vestirse con el traje de pensadores. De ahí que en la historia de la filosofía los filósofos que ponen el cuerpo- para no decir “subjetividad” – son pocos. Montaigne, Rousseau, Kierkegaard, Nietzsche, – son los llamados ensayistas, o, con desprecio, “literatos”.
Es cierto que no hay obligación alguna en dejarse seducir por la versión parcial y caprichosa de quien escribe sobre las cosas y las personas, queremos pensamiento, y el pensar no debe llevar una patente con exclusividad de autor de tal modo que se pierda como una chispa de asador. Con la fugacidad de un antojo.
El pensamiento vuela, está en el aire, en el éter. Es singular, lo que no quiere decir privado o particular. No está subsumido necesariamente en una generalidad (ver al respecto la lucha de Kierkegaard contra el hegelianismo). Sale del cerebro del escritor por un soplo articulado con lengua y paladar, y penetra por nuestros conductos auditivos para instalarse en el circuito neuronal y fluir por la sinapsis del lector.
Evidentemente, quien aquí escribe no es un especialista en ciencias neurológicas ni he abundado en la filosofía de la mente. Me inspiro en los dibujos animados y en las historietas. En esos globitos a un lado de las cabezas de los personajes.
Si un escritor me despierta imágenes-pensamientos, nutre mi vocación filosófica; si con sus descripciones me excita sexualmente, no nutre mi vocación filosófica, sino mi fábrica espermática.
MH apunta en las dos direcciones. Nos deja sus opiniones sobre el Islam, sobre la juventud, sobre la clase política, la gastronomía, los programas de televisión, la literatura, y nos describe un encame con una jovencita en todas las posiciones orales, anales y fálicas que nos gusta imaginar. El porno es parte de su cultura literaria.
Seguimos con Houellebecq. Me refiero a su última novela “Soumission”, publicada hace un mes, después de la masacre de Charlie Hebdo, que, no es la primera vez, desencadenó un ataque paranoico en su autor que se escondió de todo el mundo. No se trata de una locura, MH es sensible pero lúcido. El clima político en Francia no es de los mejores y nadie sabe quién, cómo y hasta dónde, puede desencadenar el sistema de venganzas y cuáles son sus nuevos blancos.
Hablemos de “Soumissión”. Nuevamente nos encontramos con una novela que no es una novela. Es una variación más de un ensayo novelado. Todo lo que cuenta es una idea principal. Y es una idea inteligente, bien pensada, porque es una idea verosímil.
Quizás esta sea la razón por la que genera algún escándalo. No estamos acostumbrados a que la palabra escrita conmueva los cimientos de una sociedad, en tiempos en que la multiplicación de las imágenes en las llamadas “sociedades liberales avanzadas”, tienen un lugar que transgrede los antiguos límites de la moral y de las buenas costumbres. Todo parece permitido. Ya lo veremos de acuerdo a la perspectiva de uno de los supuestos mentores de MH, Michel Clouscard.
Sin embargo, en la medida en que se expande la influencia de las teocracias y de los regímenes autocráticos, la palabra escrita, cualquier expresión de pensamiento, adquiere un inusitado nuevo relieve.
Nuevamente cada palabra tiene peso. Y en un lugar como Francia que presume de ser una cumbre ilustrada en la que todas las opiniones están protegidas por el derecho constitucional, hoy ya se habla de los límites del alcance al que debe llegar la libertad de expresión, y se discute si es que hay que tomar medidas legales o al menos recomendar prudencia en los dichos, cuando no llamadas de atención morales, para no ofender creencias y tradiciones varias.

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LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 73 LA LARGA MARCHA DEL SILENCIO (PERFIL 21/2/2015)

6 comentarios

  • 1. Diana  |  18 febrero 2015 en 9:56

    Aqui también tenemos una buena legislación sobre la libertad de expresión y puede observarse o discutirse la prudencia de lo escrito, sobretodo hay géneros que permiten mas libertades y otros que dejan expuesto a su autor, igualmente nadie va asustarse de nada hoy, pero hay una ética que se espera y ésta,subyace en la estética del relato.

  • 2. rodolfo lópez  |  19 febrero 2015 en 13:38

    En la marcha -como libertad de expresión- prevaleció el silencio.
    Ella, más baja, llevaba aún cuadernos de trabajo en sus manos, trataba de protegerse de la lluvia acercándose a él que sostenía en lo alto el paraguas. El tipo, barba blanca, remera de la que asomaba un diario -conseguido de apuro, que lo abrigaba del frío repentino- se inclinaba a veces para escuchar lo que ella decía. Caminaban los dos en medio de una multitud abigarrada (cientos de miles de personas, medio metro -a lo sumo- entre entre una y otra) por Avenida de Mayo; no tenían idea dónde comenzaba aquella enorme columna ni dónde terminaba; nadie allí parecía saberlo ni importarle.
    Los dos, mojados de cuerpo entero, decían estar contentos de participar por fin juntos de esa marcha, por la muerte de Nisman.
    Pero ella, vivaz y entusiasta, creía que eso tendría un sentido posterior, que junto con otras formas de protesta (a un poder omnímodo, doce años después) serviría para mejorar el país.
    Él la escuchaba, por momentos parecía también entusiasmarse. Pero en realidad no tenía ya esperanzas, la noche tormentosa oscura reflejaba sólo a medias la honda penumbra de su corazón.

    .

    .

  • 3. roberto nadaud  |  19 febrero 2015 en 20:11

    desde Céline a esta parte el ‘tiempo recobrado’ por de Gaulle pareciera haber traído una vieux vogue, Spleen aux poéte maudit que nos lleva al viejo ‘lo tragico que al repetirse’ etc etc.
    el drama no trágico se empantana entre hister-iquiadas y narcisismo gaule, que es de los más etc etc.
    el tal H. parecería una Ciorán-esque a la que se le quemaron las tostadas y la leche derramada fuera del recepta-culo le fustra el sacrosanto café au lait.
    eso sí factura como puestero del mercado de Liniers. (otro fr.)

  • 4. marlaw  |  25 febrero 2015 en 7:52

    Hablando de diálogos literarios, me vienen a mi memoria, los diálogos: Perón- Cooke. Un libro que apareció a principios de los años 70 y que contenía la correspondencia sucitada entre Perón y Willam, durante el periplo del primero por diversos países del Continente, después de su derrocamiento en 1955. Por medio de la correspondencia Willam trataba de sugerirle a Perón para que este se asilara definitivamente, en la Cuba de Fidel. Perón a su vez le respondía, hablandole sobre bueyes perdidos. Como se sabe Perón finalmentte optó por el exilio español que le ofreció su amigo el Generalísimo Franco.

    En cuanto al siguiente párrafo de la nota: ” El pensamiento vuela, está en el aire, en el éter. Es singular, lo que no quiere decir privado o particular. No está subsumido necesariamente en una generalidad (ver al respecto la lucha de Kierkegaard contra el hegelianismo). Creo que Karl Popper, refuta a Hegel por razones similares, con la salvedad, que este lo hace desde el plano político.

  • 5. marlaw.  |  25 febrero 2015 en 19:12

    Uno escribe sobre la marcha. En mi comentario anterior mi intención original fue utilizar la frase:”inducir a Perón”, al final cambié de idea, y en lugar de inducir, escribí: “sugerir” pero la frase quedó totalmente destartalada.Algunas veces en lugar de corregir los defectos de una pared utilizando enduido, lo mejor es echarla abajo y leventarla de nuevo.

  • 6. marlaw  |  25 marzo 2015 en 17:30

    Una auto-interpretación al paso. O de que manera al escribir o hablar, aquello que bulle, por debajo de nuestra conciencia asoma.
    En mi comentario anterior, comencé escribiendo: “Uno escribe sobre la marcha” Esto lo acabo de advertir al re-leer mi propio comentario.


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