LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 73

16 febrero 2015 at 9:20 10 comentarios

BHL se inspira en Baudelaire, para quien a los seres humanos les corresponden dos derechos inalienables: contradecirse, y fugarse. Insiste en que no hay que tener miedo, y además, hace un larguísimo listado de todos los amigos críticos que tiene, de todos los amigos políticos que tiene, de todos los artistas amigos que tiene, de todos los amigos anónimos que tiene. Con ellos, verifica, la salvación está garantizada.
MH dice que jamás quiso ser célebre ni cree que forme parte de la intelectualidad. En el año 1998, de repente se hizo famoso, y un año después, rico. No tiene vergüenza de ser quien es. No le importa el odio, y menos el propio. El odio es vital, lo que rebaja nuestra voluntad de vivir es el desprecio. Despreciar a otros es el umbral al tedio definitivo y a la soledad. Odiar nos une al mundo. Para MH la vergüenza es el sentimiento de sí que los agentes del mal nos quieren inocular. Cita a Nietzsche: “¿A quién llamas malvado? Aquel que quiere avergonzarte?”. Hace referencia a la última escena de “El proceso” de Kafka, en el momento en que asesinan a Joseph K. “como si la vergüenza debiera sobrevivirlo”.
El epistolario llega a su final. Los dos comienzan a despedirse. Se extrañan por anticipado. Se han encontrado en un evento cultural, en un estreno cinematográfico de la película “Extension du domaine de la lutte”, y frente a la gente y a los fotógrafos, se saludaron con la cortesía de dos amantes clandestinos. Son amigos literarios. Ambos coinciden en su rechazo y su crítica a la ideología en boga que asocia islamismo con pobreza, y todo el asunto que rodea al islamo-izquierdismo. Pero el tema les da para poco y evitan perderse en sus diferencias.
Para terminar el intercambio, quieren hablar de algo de lo que no han hablado, no quieren seguir con el tema de la calumnia y del deseo histérico de reconocimiento. La política tampoco es un tópico del que puedan sacar mayor provecho. Pensarán juntos sobre el acto de escribir, es decir, sobre lo que verdaderamente hacen y son.
¿Por qué escribe BHL? Porque no puede fornicar todo el día. En realidad, dice, “no hacer el amor”, pero hacer el amor es practicar el sexo, coger, en argentino. Dura lo que dura. Cuando se dice hacer el amor, no nos referimos a una salida al cine o a una cena con velitas, o a un regalo de aniversario. En términos nominales, no habría diferencias. Pero las hay. BHL escribe, dice, porque no puede hacer el amor todo el día. Y enuncia la segunda pregunta: ¿por qué hago el amor? Respuesta: porque no puede escribir todo el día.
O es un sofista, o es un escritor francés, o los dos a la vez. Es clásica la frase de Albert Camus, que decía que los franceses sabían hacer dos cosas: el amor y escribir. Hoy en día, resalta el aspecto machista de esta visión literaria. Dio origen a toda una tradición novelística, que hizo del escritor un individuo solitario, incomprendido, rodeado de bellezas femeninas. Una especie de rufíán melancólico del arte. Es un personaje sartreano, fue parte del bestiario de Cortázar, me refiero a Oliveira, de Sábato, de Abelardo Castillo, no recuerdo si Erdosain de Arlt cumple el papel, y llega hasta Piglia, ya amortizado y caricaturesco.
BHL coge y escribe. Sin embargo, más allá de la identificación con una estética de género, y además de los vericuetos narcisistas, hoy un poco cándidos, hay un aspecto a pensar en los dichos de BHL. La intensidad, la entrega corporal, la inversión de energías, el entusiasmo en el ejercicio, el vacío que puede quedar, la búsqueda de la reiteración, la novedad del acto repetido, todo esto puede formar parte de las dos ¿experiencias?, ¿actos? ¿goces?
Se imagina una muerte como la de Glenn Gould, un desmoronarse sobre el teclado de su piano. Sigue el modelo de Malraux, adora a Baudelaire, con MH siente devoción por Victor Hugo.
Además confirma que el día en que no haga más el amor, no escribirá más, y viceversa. Las cosas son así, termina, no existe la oposición entre vida y literatura ni entre las palabras y las cosas. Todo eso es uno solo, y no puede decir mucho más de lo que llama la raíz de su neurosis literaria.
Se despide de MH, lo saluda, discrepa con él respecto del uso de las drogas para escribir. Está a favor siempre que no sean las que nos dejan en un planchado letargo. Tampoco consiente en la neutralidad de su amigo respecto a las víctimas de sufrimiento. No es lo mismo un animal que un hombre. Le cuenta el dolor que sintió cuando viajó a Sarajevo y contempló la masacre perpetrada contra sus habitantes. No es lo mismo para él que una cacería de ballenas. Le dice que escribe un diario que ya tiene treinta mil páginas, y que lo guarda en el más estricto secreto, a escondidas de todos salvo de su secretaria, y que en caso de no llegar a ordenarlo de un modo conveniente, dará la orden de su destrucción.
MH duda, le dice que nadie podrá esconder nada, y que le guste o no, se conocerá el contenido, así que es mejor que no dé órdenes que no se cumplirán. Le conviene hacerse cargo él mismo.
Repito la cifra, treinta mil páginas, cien tomos de trescientas, ¿de qué habla? ¿Qué tipo de workout o de fisioculturismo es ése? BHL dice que le deja, a veces diariamente, en el contestador de su secretaria, algunas reflexiones que quiere que se agreguen en sui testamento literario.
Houellebecq en su última carta se define como poeta. No he leído sus poemas. Pero me llama la atención esta veta por la poesía y sus disquisiciones sobre los alejandrinos. Es un devoto de Baudelaire, los dos lo son. He leído poco del autor de “Las flores del mal”, pero lo que he leído, es de alguien de una lucidez intemporal, por no decir presente. No sé la razón por la que Foucault en sus breves textos sobre la Ilustración, lo ubica al lado de Kant. Lo hace de un modo tangencial y confuso. Quizás sea una remisión a Benjamin, quien sí se ocupó en serio del poeta, textos que he leído de un modo superficial e incompleto.
BH le dedicó una novela, o más bien una novela-ensayo: “Les derniers jours de Charles Baudelaire”, no creo que la lea. No se puede leer todo. Además, una vez cerrado este espacio que le he dedicado, creo que lo voy dejar boyando por un buen tiempo, otras tareas requieren mi intervención, como diría un héroe de novelas policiales.
MH sabe que está dotado para crear personajes. Hasta ahora, y por lo poco he leído – estoy terminado “Soumission” y llegué a la página 306 de “la possibilité d`une île”, leí pero no recuerdo casi nada de la lectura de “les particules elémentaires” – sé que escribí algo sobre la diferencia con la que Sartre y MH atacaban a la burguesía – , y comienzo esta semana “El mapa y el territorio”, en castellano, hasta hora, repito, no le veo don alguno en crear personajes, son esbozos de personajes, encarnaciones del deseo de autor. Siempre hay una voz tronante, la suya, el relato está imbuido de las ideas sobre el estado de las cosas en el mundo, el núcleo pasa con frecuencia por una crítica a la sociedad contemporánea, observaciones sobre la conducta de los franceses, la evolución de la moda y las nuevas pautas de consumo, y las piruetas sexuales que la voz esta vez con cuerpo, disfruta con jovencitas.
MH dice que siempre creyó que la filosofía tenía por modelo epistemológico la racionalidad científica. Pero luego del profuso intercambio con BHL, puede llegar a pensar que la filosofía es un caso particular de la literatura.
Recuerda que Nietzsche sugería la idea de que el hombre del futuro debería tener dos cerebros, uno para la ciencia, y otra para el resto. Desde que se inició la correspondencia con su amigo, admite que el signo matemático tiene su lugar, y el signo textual, el suyo.
En este su adiós, le dice que no le teme a las pasiones tristes ni al resentimiento, sino a la ausencia de elevación, a la falta de entusiasmo y de grandes pasiones. Sabe que por lo demás, seguirá siendo el mismo de siempre: un ciclotímico.
Dice que escribimos porque leemos. El escritor vive, a través de la lectura, una conversación que se prolonga en el tiempo. Su vida es rara, en realidad, la vida de quienes escriben lo es, nadie entiende que no se pueda dar dos pasos sin tomar notas.
Se despide de BHL, mira para atrás, ve lo que hizo, contempla su obra, y a la manera de un dios secundario, dice: “pas mal”.

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10 comentarios

  • 1. MaCristina  |  16 febrero 2015 en 9:56

    Me parece a mí o estoy censurada? Ultimos comentarios borrados, bueno, es decisión suya,Tomás. No sabía que era tan importante, gracias por hacérmelo notar, hasta siempre!

  • 2. Tomás Abraham  |  16 febrero 2015 en 10:32

    maría cristina
    no publiqué el comentario sobre la compra de radio colonia por haddad en un texto en el que hablo de filosofía.
    debe remitirlo a los post en que los que se habla de radio.

  • 3. MaCristina  |  16 febrero 2015 en 16:39

    Perdón por mi confusión, lamento haberme puesto mal, gracias.

  • 4. Juan Martin Masciardi  |  16 febrero 2015 en 20:06

    muy buenas las exposiciones sobre m.h y b.h.l.
    m.h me parece un gran escritor, hay ideas fecundas en algunos de sus libros sobre el amor, la enfermedad, la soledad, la vejez y cuántas otras más, más allá de lo que algunos consideran ¨escandaloso¨, pienso que su obra es un suelo fecundo para cualquier aficionado a la filosofía. a b.h.l nunca lo leí. saludos profesor, muy buenas sus clases.

  • 5. gustavo  |  17 febrero 2015 en 19:51

    Si, para mi uno si escribe es porque le gusta. Y por ende tiene todo el derecho de escribir sobre lo que le apasiona. A mi me gustan escribir cuantos, poemas, etc. A veces siento que mi mente no da para las novelas jja. Tengo editados 2 libros y tengo un monton de nuevos cuentos que podria mandar enditar un tercero. Lo ideal es hacer las cosas en vida y cuando estemos bien de salud. Si no cuando las vamos a hacer. Ya enfermos, a los 90 años. Aparte no se, a veces es como que siento que dejamos una huella en el camino, una marca. Los que pintan, inventan canciones, escribimos, etc. El dia quye ya no estemos sobre este mundo nuestras cosas perduraran

  • 6. Marcelo Grynberg  |  18 febrero 2015 en 9:30

    Gustavo: cuando morimos solo queda el mal que hemos hecho …

  • 7. roberto nadaud  |  18 febrero 2015 en 16:17

    entonces del Bien hecho por las tribus al este del Edén no nos llego nada.

  • 8. Marcelo Grynberg  |  18 febrero 2015 en 16:36

    Don Nadaud: creia que habia hecho “click” y no participaria mas. Aunque nuestras opiniones casi nunca coinciden, me alegro de que haya vuelto. Respecto al “mal”, no es otra cosa que la consecuencia logica de las acciones humanas.

  • 9. roberto nadaud  |  18 febrero 2015 en 19:44

    los huevos fritos hacen mal : quien tiene la culpa la fritanga o la gallina ?

  • 10. Marcelo Grynberg  |  18 febrero 2015 en 19:56

    Hepatalgina lo soluciona !


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