LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 69

8 febrero 2015 at 10:46

Dejemos de lado a este filósofo a quien recién ahora estoy leyendo. No alcanza la vida para descubrir nuevas escrituras. No se trata de sobarse frente a un espejo mientras se dice que cuando más leemos, más nos damos cuenta de nuestra ignorancia. Ni es cuánto sabemos ni todo lo que ignoramos, sino de lo que nos presenta la rueda infinita de las novedades.
Lo “nuevo” no es lo último. No es la moda. Lo nuevo puede ser muy viejo. Algo que desconocemos, no todos los caminos conducen a Roma, son senderos que se pierden, que se bifurcan, en infinitas colectoras. Me refiero a Romain Gary, a quien descubrí ayer a pesar de que su nombre me suena hace años sin saber quién era ni qué escribía. Hace una semana apareció Cloussard, ayer Romain Gary, y hace un mes Bernard Henri Lévy y Michel Houellebeck.
¿Cómo hemos llegado en estos episodios de la enseñanza de la filosofía a BH y MH? No fue por Heidegger ni por Gombrowicz, sino, por mencionar a filósofos como Benny Lévy, François Julien, Christian Jambet, J.C. Milner, que se desplazaron del marxismo althusseriano, del maoismo y de la revolución cultural china, a la espiritualidad oriental y a la religión mosaica.
Allí apareció BHL por un malentendido de Wikipedia. Pedí a Amazon, un libro de Benny Lévy alias Pierre Victor, sobre la guerra en filosofía, y por un error en la información, me llegó el de BHL. Dos apellidos iguales, y dos obras diferentes.
Los dos Lévy tienen que ver entre sí por mediación de Levinas, pero más allá de este coincidencia y por el azar, el impacto que me produjo el libro de Lévy, me hizo ingresar en su mundo, y en él estaba Houellebeck.
No hay un método para estudiar filosofía, pero lo que en esta enseñanza de la filosofía acontece, lo que en este cuaderno de bitácora se trasmite en tiempo real, es la incidencia del azar y de los encuentros inesperados en el trabajo del pensamiento.
BHL y MH por una iniciativa editorial- Flammarion – decidieron conocerse por escrito, y para concretarlo, eligieron la forma epistolar. Desde febrero a julio del año 2008, las cartas de ida y vuelta, conformaron un libro, “Énemis Publics”, publicado poco tiempo después.
Apasionado como soy de los debates cuando estos tienen la forma de pensamientos en tensión – el libro que edité con el Seminario de los Jueves, “Tensiones filosóficas”, y el primer número de la revista La Caja, “Tensiones”, como también los principales trabajos de mi primer libro “Pensadores bajos, son una confirmación de la importancia que le doy a las “fricciones” del pensar, que también actualicé al hablar de la relación epistolar entre Wladimir Nabokov y Edmund Wilson, y entre Mary Mc Carthy y Hannah Arendt en “Situaciones Postales” – en este caso la modalidad del encuentro ha sido diferente.
No se parece a la crítica socarrona de Sartre a Bataille en su trabajo “Un nuevo místico”, ni de la mínima e inocua respuesta de Bataille; tampoco de la relación desesperada entre el poeta Artaud con su editor Jacques Rivière; ni la del desafío de Gombrowicz a Bruno Schulz, o de un combate erudito como el que se estableció entre el escritor ruso y su amigo norteamericano. Menos aún del desprecio recíproco entre Ricardo Piglia y César Aira.
Aquí nos encontramos con dos escritores que se asocian porque ambos están de acuerdo en que la sociedad francesa los considera enemigos.
De ahí el título del libro.
Por otra parte, quienes aquí escriben, pertenecen a géneros diferentes. De acuerdo a la nomenclatura de la crítica literaria y de las casas editoriales, uno es un escritor de ficción, un novelista, y el otro, de no ficción, un ensayista.
En el intercambio epistolar todas estas categorías vuelan por los aires, una vez más, sin que se garantice por ahora que vuelvan a depositarse mansamente sobre los mismos despachos y despachantes que los ordenarán como siempre lo han hecho.
Foucault cuando escribía “Qué es un autor”, o cuando imaginaba una biblioteca universal sin nombre de autor, se preguntaba qué clasificaciones haría un lector virgen por la falta de antecedentes, ante los textos anónimos, para poder darles un orden. La taxonomía fantástica que imaginó Borges para su manual de zoología, le sirvió de modelo patafísico.
Sin embargo, en el caso de querer delimitar escrituras con la división ficción-no ficción, estimo que la diferencia se establece con relativa facilidad. En la ficción hay un relato en el que se cuenta una historia con personajes. En la no ficción, se discuten temas y problemas con argumentaciones. Y así podemos seguir con la poesía, para confirmar que es el escrito compuesto por versos, frases cortas, con rima o sin ella.
Una vez hecha esta clasificación, no hay mucho más que discutir y es posible pasar a otro tema. Pero no es así. La novela tiene sus variantes. Existe una tradición en la que la narración subordina la creación de personajes al enunciado de teorías y a la disputa doctrinaria. La `concepción del mundo” del novelista no sólo interviene en la trama como un deus ex machina, también es una secreción y un destilado de la vida misma de sus criaturas. Y en el ensayo, aunque con menos frecuencia, la narración no es solamente un estilo de escritura, sino una posición enunciativa. El ensayista al experimentar con ideas, se permite, o se atreve, a inventar referencias, introducir un relato de ficción en medio de las argumentaciones, hacer descripciones y observaciones sin pretensión demostrativa, y resaltar la subjetividad de quien escribe.
Hay otras diferencias que quizás no correspondan a una supuesta esencia genérica, sino a los autores que se ubican en una de las ramas de la literatura.

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