LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 67

4 febrero 2015 at 10:30 1 comentario

MH vende bien. Ofrece alguna fruta podrida que gusta por el sabor dulzón de un producto que se descompone. Usa bien las palabras obscenas. Dice que las mujeres deben agarrar las pelotas del macho mientras se la mete por donde más les gusta si es que quieren que goce a full. Dice “couille”, dice “pipe”, que es mamada, dice “chatte”, que es la peluda, que en inglés no sería “pussy”, sino algo más fuerte.
Etcétera, y no sigo, porque a pesar de que nuestro autor es talentoso en el uso de las palabras obscenas cuando describe situaciones amorosas, y calienta a los lectores, no sé si a las lectoras, la insistencia en la descripción de la escena, parece confirmar el síntoma de la vejez de quien habla demasiado concreta poco. Por si acaso cambio de tema.
MH tiene un diagnóstico sobre el funcionamiento de nuestras sociedades, dice: la sociedad occidental incrementa los deseos hasta lo insostenible, cuya realización es cada vez más inaccesible.
Esta tesis tiene todo el aire de ser otra banalidad sociológica. Pero como buen satírico, Houllebecq resalta ciertos aspectos de nuestra vida en común, no sólo porque les parecen interesantes sino porque muestran la condición moral en la que vivimos. Se especializa en la pornografía y en lo que denomina fenómenos de ultraviolencia. No los condena moralmente, se abstiene de todo juicio, y se ubica en un más allá del bien y del mal, que es lo que mejor puede hacer una persona inteligente si quiere que las cosas cambien.
El listado de hechos que caracterizan nuestro mundo van del racismo, a la pedofilia, el canibalismo, el parricidio, la tortura, y la barbarie en general.
Es lo que llama una conjunción entre la risa y la maldad, como decía su admirado Baudelaire, a quien se le parece físicamente, y sobre la base de quien moldea su estampa literaria. Salvando las distancias, siempre hay que decir `salvando las distancias´.
El personaje de la novela dice que diagramó su carrera gracias a la explotación comercial de los bajos instintos, y a la absurda atracción que hay en Occidente por el cinismo y por el mal.
Se considera un bufón, y sabemos que la función de bufón es la decir las verdades desagradables. Y el rey increpa a su “fool”, a la vez que lo mantiene, lo alimenta y lo protege hasta de sí mismo. El monarca que protege a HB somos nosotros, sus lectores, la sociedad de sus lectores.
Se preocupa por la vejez. Hace bien en preocuparse. Si tenemos suerte, a todos nos toca, y si tenemos la desgracia, también. Recuerde el lector que todo esto lo piensa Daniel, es MH en función de personaje de novela.
Dice que nuestra cultura ha llegado a aceptarlo todo: la transexualidad, el aborto, el implante de órganos, la decapitación televisada, el pornocrimen, la pedofilia, el tráfico de bebés, etc, pero lo que no acepta es la vejez.
El viejo de la contemporaneidad es un impresentable que debe ser atendido si tiene con qué solventarlo por un par de descerebrados con delantal que se hacen llamar gerontólogos rodeados por auxiliares extraídos de novelas expresionistas. Y si no tiene con qué pagarlo, es un trasto baboso al fondo de casas llamadas hogares, linda palabra para su  único fin que es el de reforzar el sadismo institucional del que son objeto.
Propone un plan de acción contra los jóvenes, como una segunda parte de la novela de Bioy, “Diario de la guerra del cerdo”, pero con una resolución del problema que no imaginó nuestro escritor. Se trata de la prostitución forzada y organizada de los adolescentes al servicio de los viejos. Una nueva servidumbre voluntaria, ya que los jovencitos lo único que quieren es consumir, tener plata en los bolsillos, y variar de gadgets y accesorios 4G y 3D antes que nadie, además de la ropa y los viajes. Por lo que hay común acuerdo en satisfacer ambas necesidades y es suficiente con elegir al viejo gozoso que los banque.

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1 comentario

  • 1. Marcelo Grynberg  |  4 febrero 2015 en 18:24

    Sobre los ancianos en Occidente, sugiero la lectura de un breve libro de Norbert Elias: “La Soledad de los Moribundos” (editado por fondo de cultura economica).


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