LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 66

3 febrero 2015 at 9:14 2 comentarios

En esas primeras páginas, también escribe: el día en que se suicidó mi hijo, me hice un revuelto de tomates.
Pienso en Albert Camus: “hoy se murió mi madre, o fue ayer, no lo sé”. Lo cito porque con esta frase nació la filosofía del absurdo, el mito de Sísifo. Con la de MH no nació nada.
Con la lectura de su novela nos enteramos de la vida social de la ciudad luz, de sus lujos, de su gente, de la nobleza farandulera y de sus fiestas para unos pocos, como ese convite al que el personaje central, Daniel, es invitado junto a Naomi Campbell, Tom Cruise, Jade Jaegger, Björk, Karl Lagerfeld.
MH tiene la costumbre literaria de poner una voz en off que cuenta todo lo que acontece, nadie duda de que esa voz es la suya. Podrá decir una y mil veces que se trata de una obra de ficción, que el autor no se identifica con sus personajes, y que no es responsable de los dichos ni de los hechos de sus criaturas. Los teólogos escolásticos decían lo mismo de Dios. Demostraban con procedimientos lógicos que el Señor creó al hombre pero que no es responsable de sus acciones, o sea, del mal que hay en nuestro mundo. Todos sabemos que esas disquisiciones siempre fueron vanas, ya que son los humanos los que inventan todo, a Dios, a la creación divina, al pecado, al diablo, etc. Por lo menos así nos parece a los agnósticos, a los ateos, y aquellos para quienes la divinidad no es un mago con barba y músculos.
Cuando MH responde a los entrevistadores, en sus reportajes, cuando opina, dice lo mismo que sus personajes principales. ¿Entonces? Hay una sola voz con distintas caras.
Lagerfeld es un cerdo comiendo. Mastica cuando habla, unta panecillos con la mano, se le cae caviar sobre el pantalón, palmea a quien está a su lado y le deja una mancha de grasa. Naomi baila sola en medio de la pista, y Börjk conversa como una madre de familia, con frases convencionales, lejos de la islandesa salvaje que chilla desde sus vísceras rellenas de pescado crudo.
MH escribe bien pero sin demostrar talento. No es Flaubert ni Proust. No decimos qué bien que escribe! Es un cronista. Describe, cuenta, pasa de una situación a otra, los personajes entran y salen como un teatro de vaudeville, y es un filósofo.
Por eso es parte de esta propuesta de enseñanza de la filosofía. Es un observador de la realidad, se interesa por los fenómenos “trendy”, y colorea todo lo que ve y piensa, con el aire del aburrido, del decepcionado, del amoral, del cínico, y con visión inteligente. El precio: la soledad del que viaja en subte cada mañana. Ya veremos.
El personaje de la novela es un humorista. No contaré la trama, sólo corroboro que no me interesa su aspecto de ciencia ficción, la imaginación puesta al servicio de la experimentación futura en clonaciones, el diseño de un mundo que vendrá, la población integrada por neohumanos, ni la multiplicación de danieles por la biogenética. MH es un cronista del presente, eso es todo, y no es poco.
El personaje es un hombre de éxito, le va bien, demasiado bien, tiene unos cuarenta millones de euros. No sabe muy bien qué hacer con la plata. Vive en un departamento de tres ambientes de un barrio cualquiera.
Quiere escribir guiones y filmar películas. Piensa en libretos. Uno se llama “Los gusanos de Alá”; otro “Los piojos circuncisos”; “Las ladillas de María”.
Está muy interesado en las religiones y en la devoción de millones de fieles en plena sociedad de hiperconsumo. Es un problema que inquieta a MH, o lo distrae estos últimos años. El monoteísmo rebajado a una microzoología afín a la insectología, sus fieles descriptos como gusanos, piojos y ladillas, se complementa con la molestia y el odio que le ocasionan los seres de poca edad, llamados niñitos, que no hacen más que llorar cuando son bebés, porque sufren, y el motivo de este padecimiento parece deberse a la falta de pelambre en la especie humana recién nacida.
Por eso piensa en su nuevo guión: “La exterminación de los enanos”, proyecto que debería llevarse a cabo si fracasan las medidas municipales para crear `childfree zones´ en las ciudades.
Se sabe que en países nórdicos en los que la tasa de crecimiento demográfico es negativa, hay lugares públicos en los que no se puede ingresar con niños. Y hay otros en que esta prohibición está coordinada por una actitud benevolente que se llama “petfrendly”, es decir, amor por las mascotas.
Inclinación sentimental que el autor, o el personaje central- ya da lo mismo – carece, por el contrario, deduce que en un país como España – harto de París decidió vivir en Almería – un país machista, católico, violento, ha sido objeto del trabajo de uniformización democrática que impulsa tanto la homosexualidad como el amor a las mascotas.
Hay tantas cosas que dice odiar MH que es imposible que no despierte ternura en sus lectores y espectadores. Parece tan indefenso, frágil, desplumado, que su rezongo provocador sólo puede lastimarlo a él mismo.
Su habilidad consiste, como sucede con los autores de las grandes sátiras, en decir lo que el común piensa y calla. Y el modo aparentemente bestial en que dice esas cosas, deja a la masa odiadora en una posición un poco ridícula. Por eso le cuesta conseguir adhesiones, salvo las que pueden prodigarle algunos premios literarios.

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2 comentarios

  • 1. Juan Martin Masciardi  |  3 febrero 2015 en 14:15

    leí dos novelas de M.H, la posibilidad de una isla, que es la que ud. profesor está leyendo, y Ampliación del campo de batalla. en la primera, quizá suene exagerado lo que digo, pero pienso que expresa la subjetividad del hombre contemporáneo y la dificultad del mismo por establecer-algo que parece muy simple-una relación con el otro, sea de amistad o en el amor, de la que el autor desprende algunas consideraciones muy interesantes. tengo pensado, desde hace tiempo, escribir sobre este libro en particular: ampliación del campo de batalla. cuando lo haga le paso el texto.

  • 2. roberto nadaud  |  3 febrero 2015 en 19:05

    si tuviera dónde volver las leería.
    pero llegas al borde y luego, no hay voces papá, qué tal cariño, unos mates?
    hasta las ventanas se llevaron.
    y si te cansaste de ser valiente lector hay una buena excusa, que el precio es excesivo, que a esta altura da verguenza robar-le al librero etc etc.
    no falta el insensato que lo comenta : cómo será que entre-ves la desesperación aplicada a los haceres, un instrumento musical, una cámara, aprender lenguas nórdicas.
    haré clic ahora, otra vez la pantallas, ciega,volvera su rutina.


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