LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 64

29 enero 2015 at 7:59 7 comentarios

El modelo de Lévy es Sartre, es un neoSartre al que se lo tilda de mediático, narcisista, frívolo, que lucha por la democracia con el mismo fervor con que su antecesor combatía por el socialismo revolucionario.
Hablo de roles, de identificaciones estelares, a pesar de un abismo de diferencias de todo tipo. Sartre desdeñaba la fama, la consideraba una mercancía burguesa. Renunció a la literatura después de escribir “Las palabras”, y se dedicó a escribir una obra monumental sobre Flaubert a quien bautizó como el idiota de la familia, imaginamos que es la familia capitalista del escritor asalariado.
Lévy no parece tener problemas con su oficio, lo decora y condecora. Y se ensucia, no tiene temor de meter sus pies en el barro, pero no es el viejo barro de la historia, ni las manos sucias del militante revolucionario, ennoblecidos ambos por intelectuales que se despojaban de sus bellas almas para asumir los riesgos y los costos de la praxis política, sino el barro mediático, el que obliga a que por cada gesto, cada obra, deba circular por programas de televisión para defender posiciones, colaborar en la difusión de nuevos libros, polemizar con críticos y colegas, someterse a los juicios de desconocidos, responder a insultos, hacer campañas para conseguir adhesiones a las más variadas causas, someterse a la opinión pública.
Y nadie sale indemne de semejante trajín. Por supuesto que la de Lévy no es la única estrategia posible de un filósofo actual, ni la de un escritor; existen los autores sin rostro, aquellos de los que siempre se habla porque nunca dan una entrevista, que huyen de los fotógrafos, que parece no tener vida social, y que se dedican a escribir, publicar y desaparecer.
La candidez y cierta necedad permiten que haya quienes consideren que la discreción y el modesto ejercicio del oficio tengan mayor nobleza que la vanidad de quien se exhibe todo el tiempo. La organización cultural dispone el aparato de comercialización de una obra, y quien se somete a sus reglas es tildado de mercenario y megalómano. Aún persiste el deseo de ver a un autor como personaje de la Bohème, muerto de frío, quemando sus papeles, despreciado por todo el mundo. Una vida de mierda para merecer la inmortalidad.
Nos encanta Kafka porque era tuberculoso, pensaba que lo que escribía estaba lleno de defectos, y rogaba para que se quemara su obra. Un escritor así, realza el valor de su escritura. La gente aplaude, los críticos gozan, no hay como la desgracia ajena para admirar el talento.
Con Lévy pasa lo contrario El puritanismo actúa al revés. El hecho de que sea rico, famoso, que la pase bien, que sea un varón atractivo, que se rodee de hermosas mujeres, que se preocupe por su vestuario, derrumba la imagen del artista romántico, es un atentado a la seriedad, a las exigencias estéticas y éticas que se le atribuyen al filósofo.
Sabemos que ni Sócrates, ni Séneca, ni Voltaire, le huían a los placeres de la vida, y que decir como sostiene Savater que el filósofo de la Ilustración tuvo el buen tino de preferir el éxito a la gloria, choca con el sentido común de muchos lectores y no lectores, que ven a la sabiduría como una musa crucificada o un sacerdote fisioculturista.

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LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 63 VIDAS DE RADIO (epistolario) por tomás abraham y ana maría

7 comentarios

  • 1. Gustavo Romero  |  29 enero 2015 en 10:04

    Uno de los filósofos que más se refugió de la prensa fue Maurice Blanchot. Creo que ya conocido solo le han podido tomar dos fotografías, una con un carrito de supermercado, en una playa de estacionamiento, al lado de un auto, a escondidas. Una situación casi de caricatura.
    Además de Voltaire, quien disfrutó enormemente de los placeres de la vida fue Hume. Pero engordó mucho.
    Parecido a BHL, en su aspecto mediático, me parece que es Sloterdijk, aunque creo que el alemán escribe más. Me gusta el modo en que retoma varios conceptos de Foucault en su “Has de cambiar tu vida”, a partir de la antropogenética en sus dos sentidos: Weltverbesserung (“mejora del mundo”) y Selbstverbesserung (“mejora de sí”), son los modos en que Sloterdijk piensa el biopoder (disciplinas y biopolítica) y los procesos de subjetivación.

  • 2. roberto nadaud  |  29 enero 2015 en 16:31

    un tal Blumenberg, tendrá que empezar a transitar con Vladimir y Estragón para ser incluido en el Panteón.

  • 3. roberto nadaud  |  30 enero 2015 en 10:43

    “atentado a la seriedad” quizas la histeri-quiada tendrá que ver con el miedo al silencio, al vacío : bien, á chaque jour suffit sa peine.
    ¿ se traspapela en sus escritos lo que antaño fue dado en llamar el paroxismo h. ?

  • 4. rodolfo lópez  |  31 enero 2015 en 17:56

    Gustavo Romero, gracias a tu sugerencia acabo de terminar “El Proceso”. La solapa decía: no será el mismo después de leerlo, tenía razón. Hace cuarenta años no pude pasar la página 10 de “El Castillo”, ¿volver a intentar?: no sé. Si se te ocurre otro libro de Kafka, u otro autor -leí a Márai- de época y zona (imperio austro-húngaro) por favor decime. Abrazo.

  • 5. Gustavo Romero  |  4 febrero 2015 en 0:39

    Gracias, Rodolfo. Creo que los relatos breves de Kafka son muy interesantes (“Informe para una academia”, “Un artista del hambre”, “Josefina la cantora”, etc.) para continuar, si no los leíste. Y su correspondencia es exquisita, podés ver el tema de las mujeres que acompañaron ciertos momentos de la vida kafkiana.
    Además de Kafka y Marai, se me ocurren dos autores más, pero entiendo que a muchas personas les resultan muy pesados e insoportables: T, Mann y R Musil. Me enamoré de dos obras que leí con fervor: “La montaña mágica” y “El hombre sin atributos” (en dos tomos). La lectura de esos libros me pegaron fuerte.
    Un abrazo

  • 6. rodolfo lópez  |  4 febrero 2015 en 14:07

    Gustavo, vuelvo recién de la librería, donde encargué “El Castillo” en edición barata, y encuentro tu mensaje. Muchas gracias! Tengo ahora lectura para todo el año (eso me resulta tranquilizador). Los títulos que mencionaste los oí nombrar -por supuesto- pero nunca me atreví a leerlos. Tu amabilidad hace que los sienta cerca. Abrazo

  • 7. rodolfo lópez  |  16 febrero 2015 en 13:33

    Gustavo, postergué “El Castillo” por “Cartas a Felice 1914-1917 (III)” que una amiga generosa me prestó. Verdadero hallazgo, como me dijiste su correspondencia es exquisita, y al leerla uno puede armar su propia novela. Voy despacio, 10 o 15 páginas por día los días que agarro el libro, ritmo que me permite reconstruir la novela de Felice, de Grete y de Franz. Kafka, a pesar suyo seguramente, se transforma en un personaje de leyenda. Cordial saludo


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