LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 59

20 enero 2015 at 10:33 4 comentarios

Indudablemente que Bernard Henry Lévy es un señor seductor. Puede ser tapa de Cosmopolitan – no soy un experto en revistas para consumo de mujer – como objeto de una crítica literaria. No digo nada nuevo. Al menos nada nuevo para el universo de la cultura francesa para el cual BHL es comidilla diaria, siempre está “a la page” .

Muchos odian a los seductores. Recién hemos acompañado unos días a Gombrowicz y sus clases de filosofía `ante mortem´, y recuerdo que una de sus novelas más conocidas es “La seducción” cuyo título original es “Pornografía”, así lo escribió en polaco y así se tradujo al francés. Pero en nuestra lengua se dio el cambio. No sé por qué, pero, indudablemente no es lo mismo.

Una cosa es la conversa y los juegos de la inteligencia del erotismo, y otra la penetración en el baño del Sarmiento.

Invierto la transferencia de sentido, y en lugar de decir que BHL es seductor, afirmo que es un actor de filosofía pornográfica, que él mismo es un comediante pornógrafo. En sentido literal: es un autor que escribe “porno”, y una escritura así tiene sus fans, admiradores, como tienen, y son muchos, sus odiadores.

Porno es lo que desnuda y es desnudado, no lo que devela en el sentido heideggeriano de Aletheia, sino lo que muestra aquello que queremos ver con una mirada ciega. Es el sol de Platón, lo que ennegrece con su luz, es la cara de dios. BHL da una imagen porno del filósofo que busca la verdad.

Entre sus admiradores no sólo puede contarse una belleza rubia como Daphne Guiness, del mundo de la moda y nieta del inventor de la marca de cerveza , o su esposa, la también agraciada actriz Ariell Dombasle, sino la rigurosa semióloga Julia Kristeva, o su “enemigo público” Michel Houellebecq, del que ya hablaremos.

Todo en él es vistoso. Quien quiera puede indagar profusos detalles de su biografía en la web o en you tube, porque el señor es una `celebrity´, además de filósofo. Quien quiera saber cómo viste, qué deportes practica, con quién cena, adónde viaja, es muy fácil informarse, no hace falta un Luis Ventura para averiguarlo. Por eso, no seguiré con esta presentación por orgullo y pudor y para no convertirme en un cicerone de estrellas.

Pero para no pecar de avaricia, les recomiendo ver fotos suyas en la mansión que tiene en Marrakesh, en la que está en un amplio camastro semidesnudo con su mujer con fondo de palmeras, y sométanse a la prueba de lo moralmente incorrecto para ver si el catecismo nacional les permitirá superar la barrera de la hoja de parra que el Señor nos entregó en el paraíso.

Fue bautizado con el patronímico de “nouveau philosophe”, lo que lo hizo formar parte de un grupo cuya única característica, creo, fue la de soltar amarras con la ideología “gauchiste” de los setenta y virar para cualquier lado. El suyo fue variado. A diferencia de otros nuevos filósofos, ha tenido un compromiso y una actividad política incesante. La llevó a cabo de modo independiente, con una frecuente presencia en los `media´, y para convertirse en ºun blanco de polémica y sentimientos extremos.

De Lévy he leído “L`idéologie française”, “Le testament de Dieu” y “Le siècle de Sartre”.  Esta seguidilla de títulos se debe a que lo consideré un intelectual brillante, y sano de espíritu. Lo que va más allá de acuerdos y desacuerdos con sus posiciones y sus declaraciones sobre los conflictos mundiales.

Ha sido un adversario intransigente del anti-israelismo global, un crítico feroz del antiyanquismo de los franceses, y un partidario de la intervención de los países occidentales en los territorios en los que dictadores asesinan a sus adversarios y diezman a las minorías.

El libro “De la guerre en philosophie” fue escrito en el 2010. En su juventud fue alumno de L`École Normale Superièure, y abnegado discípulo de Louis Althusser, a quien admiraba por un magisterio de treinta y dos años, a pesar de haber dictado pocos cursos en la institución. Nos da una imagen del filósofo marxista como de un sabio que en bata de dormir se pasea por los patios de la institución y habla con los jóvenes, los aconseja, les recomienda lecturas, discute y comenta textos. Un filósofo a la antigua como podemos imaginarlo en la Academia, el Liceo, el Jardín o el Pórtico.

Lévy describe su aventura filosófica como la de alguien que no se reconoce en el modelo epistémico de la técnica ni en el del poema. No el positivismo en cualquiera de sus manifestaciones ni en Heidegger y sus asociados románticos. La filosofìa, nos dice, fabrica conceptos, que él interpreta como una producción de escisiones. Althusser decía que la filosofía se define por trazar líneas de demarcación.

BHL dice que hay que hacer una distinción entre maestros y profesores, como también distinguir a filósofos que se definen por su estilo y los que lo hacen por el matema, es decir, la trasmisión. Nos dice que la universidad no es un buen lugar para filosofar, como tampoco lo son espacios demagógicos como los cafés filosóficos. Los antiguos lo hacían en la calle o en la plaza pública, y modernos como Foucault, en los asilos y en las cárceles. Hoy debemos disputar, señala, el territorio de la Opinión.

Dice que la filosofía no es un acto de amistad en el sentido de camaradería. No es para los “copains”. La filosofía se hace entre “soi et soi”, como una escritura de sí, que no se dirige al otro, sino a un fantasma del otro conformado por el murmullo del mundo.

Este murmullo del que habla BHL, evoca a la afirmación de Nietzsche cuando decía que escribía para todos y para nadie.

Cita a Lacan, de quien también siguió seminarios, que al cerrar su escuela dijo: estoy solo como siempre lo he estado. Es la soledad del Amo, un esclavo no está nunca solo, se siente solo, lo que es diferente.

El mundo es un desastre, dice Lévy, vivimos una guerra planetaria que pretende acabar con todo, con el Ser, en el mundo hay una voluntad de deshaSer. Por eso sostiene que no podemos dejar de desdecir esta voluntad de demolición. Foucault en la contratapa de sus dos últimos libros cita a René Char que habla del deber de contradecir la sinonimia de un mismo vocablo que nos ha legado la historia de los hombres.

No cree que el diálogo nos enseñe nada. Jamás pudo rescatar avance alguno por el hecho de intercambiar diferencias o por el placer de las felices coincidencias. Escribió junto a Houellebecq el libro “Enemigos públicos”, que ya pedí a Amazon.

Dice que la filosofía no es un asunto de diálogo sino de afirmación.  Sólo conoce filosofías sectarias, heréticas, minoritarias.

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SIN PALABRAS ENTREVISTA PARA EL DIARIO EL PAÍS DE MONTEVIDEO

4 comentarios

  • 1. roberto nadaud  |  20 enero 2015 en 11:34

    BHL : únicamente un francais puede ser tal cosa.

  • 2. Marcelo Grynberg  |  20 enero 2015 en 11:54

    “No cree que el diálogo nos enseñe nada. Jamás pudo rescatar avance alguno por el hecho de intercambiar diferencias …”

    Voto entonces a Habermas y su teoria de la “Accion Comunicativa”.

  • 3. Marcelo Grynberg  |  20 enero 2015 en 12:19

    Considerando que Habermas es uno de los filosofos mas importantes de la actualidad, no entiendo por que todavia no se ha referido a el en esta serie de enseñanzas. Saludos.

  • 4. Juan Martin Masciardi  |  20 enero 2015 en 18:22

    eso de que ¨Hoy debemos disputar, señala, el territorio de la Opinión.¨ me resulta interesante. nunca lo leí, mí único contacto con sus libros pasa por haber ojeado la contratapa y la solapa en alguna librearía…


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