LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 49

4 enero 2015 at 8:25 7 comentarios

Pero no despeguemos del libro que comenzamos a leer. Me doy cuenta que ya en la página 43, me dispongo a estudiar a Heidegger. A diferencia de Cioran, que en su Breviario, pone por escrito pensamientos propios sin enlazarlos con tradición alguna, Heidegger enseña, es un profesor, recorre la historia de la filosofía – en ese sentido es asimilable a Hegel para quien también hay una historia de la filosofía, una diacronía autonóma de la sucesión de autores y obras, que no sólo es analizable de por sí, sino que oficia de fundamento a las historias empíricas – y nos obliga a anotar en los márgenes los signos que marca el estudioso. Los corchetes, las llaves, el subrayado, las anotación “ver” que en mi idioma de estudio significa una oscuridad que debería develarse, que de ser incomprensible recibe un signo de pregunta: ?
Una vez señaladas de paso las falencias en la filosofía del ego cogito, no remediadas por Kant, Heidegger nos introduce en el lenguaje de la fenomenología. Recordemos que el libro está dedicado a su profesor Edmund Husserl, dedicatoria que luego borrará, de acuerdo a lo que George Steiner califica como su acendrada cobardía y otros comentadores lo explicarán por presiones editoriales.
Para dar una definición de la noción de fenómeno, palabra griega, lleva a cabo sus derivaciones filológicas. Partiendo de raíces verbales, fenómeno quiere decir mostrarse, mostrar es hacer patente o sacar a la luz del día o a la luz en general. Cuando cierra este punto, analiza el concepto de logos, recuerda que su significación fundamental es “habla”. Logos no es razón, juicio, concepto, definición, razón, fundamento, proposición, sino habla. Dice Heidegger que el “logos” permite ver algo, ver aquello de que se habla, y permite ver al que habla, o a los que hablan entre sí.
Leídas estas frases, pienso en la interpretación que hace Deleuze de la obra de Foucault, en la que dice que siendo un filósofo de los espacios parte de dos dimensiones que son la luz y el lenguaje, las visibilidades y los enunciados. Y también recuerdo la posición de Maurice Blanchot que afirma que hay un hiato, una hendidura entre ver y hablar.
No sé si los recién mencionados son temas heideggerianos, pero si no lo son, lo parecen.
Poco a poco, Heidegger me empantana y me hunde en su vocabulario filosofante. Cada vez me aleja más de la posibilidad de generar pensamientos propios y me absorbe en un remolino semántico del que no saldré más. Pero hay que haber pasado por esta instrucción disciplinaria y mimar a un maestro antes de vivir en la intemperie. La ventilación cerebral es una liberación, no se nace con ella. Nadie piensa por sí mismo genoma mediante. A los textos mayores hay que sacárselos de encima una vez atravesados como aprendiz.
El problema con Heidegger como con otros clásicos es que hacen de los aprendices, pajes, botones, ascensoristas, y personal de maestranza. ¿Qué quiere decir que el ser ahí es objeto de una analítica de la subjetividad del sujeto como lo leemos en la página 34, para luego abreviar y afirmar que no es más que “el ser del hombre” en la página 36? Y luego aclarar que es el ser viviente cuyo ser está esencialmente definido por la facultad de hablar.
Hemos llegado a un punto concreto. La humanidad del ser del hombre reside en el lenguaje. Lugar común que es criticado por quienes anuncian como Sloterdijk el fin del humanismo basado en el paraíso gramatical y por los buscadores de nuevas víctimas que extienden los derechos humanos a los orangutanes que si bien no escriben no por eso dejan de pensar, no en el ser, quizás en la banana o en el enorme culo de la orangutana o en la piojera del cachorro simio, pero con toda la sensibilidad de una oenegé pro derecho animal.
¿Qué quiere decir Heidegger cuando define la fenomenología con el grito de batalla: ¡a las cosas mismas!? Así, de un modo directo, poniendo entre paréntesis el cúmulo y los sedimentos de palabras que las rodean, y con las fauces bien abiertas tragarse el sólido de un solo bocado.
Heidegger dice que la fenomenología es la ciencia que permite ver lo que se muestra, tal como se muestra por sí mismo. Como si el mundo fuera un cartoon, un dibujo animado de un país de maravillas, en la que una Alicia alemana, una Alicia Merkel y no Caroll, ve brotar a las plantas de la nada, a los animales que irrumpen en el aire, un mundo mágico elaborado por una ontología que define como “la ciencia del ser de los entes”.

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7 comentarios

  • 1. marlaw  |  4 enero 2015 en 9:37

    Me comienza a quedar claro que cuando Ortega visitó la Argentina y pronunció la conocida frase: “Argentinos a las cosas” lo estaba plagiando a Heidegger

  • 2. roberto nadaud  |  4 enero 2015 en 13:47

    Ortega : Memorias : los primeros días en Buenos Aires evoca a Kant, no se explica por qué : luego advierte el voceo de los canillitas : Crítica! La Razón!

  • 3. roberto nadaud  |  4 enero 2015 en 19:21

    3 géneros
    3 números
    5 casos
    4 modos
    3 voces
    3 declinaciones principales

    combinando el homo gramatical ha descubierto las claves.
    esto es así.
    aquel está equivocado
    ese no.
    el otro decae.
    etc.

    el área 1984 de los custodios de Sophia.

  • 4. David  |  4 enero 2015 en 22:02

    Peli filosofica, final triste
    Con Charlotte Rampling

  • 5. Marcelo Grynberg  |  4 enero 2015 en 22:43

    Recien veo en Wikipedia que Gian Maria Volonté, el Giordano Bruno de la pelicula que envio David, fallecio a los 61 a\~nos. Me da mucha pena, pense que aun vivia. Todo sus trabajos fueron excelentes.

  • 6. marlaw  |  8 enero 2015 en 9:27

    Heidegger, nos habla del “ser ahí” en tanto que al menos Cioran, nos habla del “ser que no se encuentra ahi” cuando este alude a su pasado nazi. Esto me recuerda una antigua relación que mantuve con una mujer histérica. Dentro de esta, cuando en algún momento propicio yo intentaba, que ella asumiera que había incurrido en cierto grado de deslealtad de su parte hacia mi persona, ella casi invariablemente me respondía con la frase:” ah pero yo en ese momento estaba muy loca” Es decir que la persona que en ese momento se encontraba frente a mi, era una muy distinta, a aquella otra que me había coronado, y me resultaba imposible tratar que esta asumiera alguna mínima responsabilidad por sus actos. Esta situación al margen de terminar mandándome a mi al divan, me dispuso para que con el tiempo me interesara en el conocimiento de la Histeria. Y aunque Freud con el caso Dora inaugura a esta dolencia como un patrimonio femenino, también con el tiempo llegué a la conclusión que los caballeros no nos encontramos exentos de incurrir en conductas histéricas.

  • 7. marlaw  |  23 febrero 2015 en 0:25

    Estuve yirando por todo el blog, para tratar de postear correctamente mi comentario.David muy buena la película de Giordano Bruno. Gracias por mi parte, por darla a conocer.La deberian dar en todas las Escuelas Primarias y Secundarias del país Yo recién la pude ver este fín de semana. La bajé de un Torrent, y también conseguí los subtítulos en español


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