LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 46

1 enero 2015 at 9:06 22 comentarios

Ayer hablando con alguien sobre la creencia en Dios, me dijo que daba por descontado que yo era ateo, y le dije que no. Nunca acepté pertenecer a ese credo, no soy ateo. Me preguntó si creía en Dios, y respondí de inmediato: “creo en la necesidad de creer.”
Me sorprendí a mi mismo por la prontitud de mi respuesta, y supuse que esa breve frase dicha sin pensar, resultaba de algo largamente pensado.
Gustavo Romero sostuvo en nuestro blog que Cioran no sólo no era moralista sino – aunque nada tuviera que ver con lo que se discutía – que escribió que Sartre era un empresario de ideas. Por supuesto que me enojé ante el desprecio al autor de “El ser y la nada” y otras maravillas literarias, pero se dio este intercambio en el momento en que leía a Benny Lévy – el joven amigo de los últimos días de Sartre – quien cuenta que el filósofo le dijo un día que era necesario creer en algo.
Esta frase ingenua, de una inocencia llamativa en el filósofo que hizo del ateísmo casi una moda, de la fenomenología un arte de vivir que se llamó “absurdo”, en el que el existencialismo se convertía en la filosofía de la decepción y del erotismo – no hay ateo decepcionado sin una rubia al lado – me hace pensar en un nuevo Sartre.
Ya no es el hombre que hace de la crueldad y del sarcasmo, dos armas críticas que no ceden un ápice en la moral de la increencia y la libertad. El escritor que combate el espíritu de seriedad de quienes creen en las instituciones burguesas, y contra la mala fe, que permite acomodarse en el mundo a los realistas y otros conservadores de las cosas tal como son y están, ese escritor se ha empequeñecido. Es el ilustre ser humilde y amable que describen sus íntimos, el que dice que creer es necesario.
Pasamos así del fantasma de Stalin del ensayista que justifica a los tanques soviéticos que aplastan a la gente en las calles de Budapest, a este hombrecito que dialoga con jóvenes maoístas mientras escribe una autobiografía en tercera persona que se llama “El idiota de la familia”, que aparentemente trata de Flaubert.

Hoy es el día de los inocentes, es decir, no es el día de Cioran, que presume de correr el velo y ver a trasluz. En mi lectura del día de hoy de madrugada, antes de ir al baño, pensé que no sería una mala idea de escribir un libro que se llame “Cagando con Cioran”, a la manera de la deliciosa serie “Pescando con John Lurie”, aunque esta vez es una continuación del clásico “Filosofía en el tocador” del Divino Marqués. A la reformulación del ideal ilustrado entre afeites, talcos, puntillas, corsets, para mejor torturar y violar a quien fuere, esta vez en el baño, en un escenario en el que la paz y la inocencia del ser humano son indiscutibles, la actividad sería más tranquila. El simple relato de una conversación entre rumanos, uno sentado en el trono, rey absoluto y amo de su dominio, y su compatriota, elucubrando sus pensamientos en una bohardilla de la calle Odéon.
A veces sospecho cuando leo este breviario de la podredumbre, que la irrupción exitosa de Cioran en el mundo editorial parisino de la posguerra, se debió a la supina ignorancia de los franceses de la obra de Nietzsche.
Es probable que la filosofía del alemán que circulaba con suficiencia en los momentos de gloria del Tercer Reich, fuera una lectura apasionada de los adherentes al nazismo, entre los que se contaba nuestro filósofo. Y a fines de la década del cuarenta del siglo pasado, en el París “desocupado”, o liberado, como se prefiera designarlo, se celebraba una fiesta existencialista, con Sartre ocupando todos los espacios gracias a su teatro y a sus posiciones comprometidas con el ideario de la resistencia.
Los franceses aplicaron toda su afamada cosmética para perfumar su pasado y hacer olvidar su “colaboración” entusiasta con el invasor alemán. Prefirieron sepultar el hecho y homenajearse a sí mismos por la valentía demostrada por esos puñados de resistentes y los grupos en el exilio que se sumaron al ejército norteamericano.
Eran tiempos de jazz y fenomenología aplicada, en la que lo alemán, Nietzsche y Heidegger, por ejemplo, no generaban citas bibliográficas ni recuerdos aceptables.
Allí se introduce Cioran, con sus pensamientos que hablan del veneno abstracto que segrega el alma, para recordar que los productos espirituales son jugos que destilan los órganos, y que la metafísica es una rama de la fisiología.
Una breve cita: “La melancolía emana de nuestras vísceras para luego fundirse en el vacío cósmico”. Diez años después, gracias a las traducciones de Pierre Klossowski y a la circulación de escritos de George Bataille, la presencia de Nietzsche, hará de afirmaciones como las de Cioran pan comido y conversación de sobremesa.
Para agiornarnos y sentar una comparación actualizada, la antigua reducción del espíritu a la acción de los sentidos, el hacer de las tripas la base de los estados de ánimo y de las elucubraciones más sofisticadas, hoy serían desplazadas al cerebro, y afirmaríamos que que nuestros sentimientos, emociones, razonamientos, se deben a los circuitos neuronales, a las sinapsis y a los hemisferios cubiertos por el cuero cabelludo.
A pesar de esta falta de Nietzsche en la cultura filosófica francesa, o quizás gracias a ella, Cioran reconoce una virtud casi exclusiva: “La única cosa contagiosa que existe en Francia, es la lucidez, el horror a ser engañado, de ser víctima de lo que sea”.
Este es el problema del ensayo no erudito. Es cierto que, por un lado, tiene la libertad del pensamiento en acción más allá de la autoridad del saber y del saber de las autoridades. Pero, por el otro, a veces no parece tratarse más que de acritudes de mal vecino. Porque si bien se pueden reconocer los alcances benéficos del pensamiento cartesiano, que nada acepta que no sea evidente, esta evidencia suele provenir del dogmatismo de un malhumorado. Y si no resulta escandaloso recordar la lucidez francesa, tampoco hay que olvidar la bilis negra que caracteriza a una cultura urbana modelada por la mirada del “concierge”, figura señera en la que a veces me hace pensar Cioran.
Antes de abrir la puerta del excusado, me detengo ante una nueva reflexión de su breviario, esta vez se refiere a los alemanes. Como el tema que quiere abordar es el de la nostalgia y de sus inconvenientes vitales, junto a la lucidez francesa, dedica unas líneas al pensamiento alemán. Dice que a los alemanes los desvela el infinito, y el ´sehnsucht´, la nostalgia, y que la misma nace por el conflicto entre la ´heimat´ y el infinito, entre el terruño y lo lejano. Aferrarse a las raíces, ser hijo del suelo natal, y por el otro, como dice nuestro referente, “absorber siempre más espacio por un deseo insaciable”, es una característica del espíritu alemán que una vez encarnado en un ministerio, da por resultado arquitectónico, un campo de conc…perdón, no quiero ser latoso, olvidemos el asunto, y disfrutemos de un “mamaliga cu branza”, plato rumano a base de harina de maíz, queso y

leche agria.

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FELICIDADES LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 47

22 comentarios

  • 1. Marcelo Grynberg  |  1 enero 2015 en 11:06

    Hay un concepto interesante en la Kabala’. Dejando de lado su aspecto mistico, del cual no soy afecto, vale la pena considerar la idea de “Tikun Ha Olam” o “Reparacion del Mundo”. Cioran, Schopenhauer, Nietszche, Heidegger y demas seres oscuros y reaccionarios, parecen identificar lo existente a un estado natural, y pensar que todo ha sido, es, y sera siempre igual. Me quedo con el Tikun (del verbo hebreo letaken –> Reparar).

  • 2. Marcelo Grynberg  |  1 enero 2015 en 12:09

    Me olvidaba: tambien es interesante notar que en el hebreo cotidiano no existe el verbo “ser”. No hay forma de decir “yo soy” o “fulanito es”.

  • 3. marlaw  |  1 enero 2015 en 14:57

    Pareciera que la contracara de esa filosofía de postguerra, de esa mezcla rara, no yá de Shusheta y de Mimi, -como reza un tango- pero sí del existencialismo con un marxismo implìcito pero lateral, es la denostada figura del “pequeño burgués” ¿Pero qué representa ese pequeño buergués? ¿Un sobreviviente a toda costa? ¿Un “mea culpa” por no haber podido ser un héroe? ¿Elegimos ser burgueses, pequeñoburgueses, o proletarios o cada una de estas categorizaciones, son los lugares que nos tocarón en suerte en la azarosa lotería de esta vida? ¿ Alguién puede acaso elegir “a priori” su lugar?

  • 4. marlaw  |  1 enero 2015 en 15:00

    Y otra pregunta: ¿El pequeño burgués es una invención francesa?

  • 5. roberto nadaud  |  1 enero 2015 en 16:40

    somos pasajeros o concierges de la noche.

    oh los muertos, murmura el portero : uno siente pena por ellos, los hace a un lado, y a veces hasta los desprecia un poco.
    están a nuestra merced.

    el pasajero, atento a las mareas, en el silencio, sigue su camino.

  • 6. Gustavo Romero  |  1 enero 2015 en 16:57

    El concepto de creencia (más allá de que remita a sentimientos, para la filosofía se vuelve un concepto a pensar) es muy general, lo abarca todo desde el punto de vista del objeto, desde la creencia en Dios hasta la creencia en los resultados de la ciencia, en un club de fútbol, en un amigo, en los padres, en una amante, en el Estado, en el mercado, etc. La creencia es un concepto general y vago que, como tal, nada nos dice hasta que no precisemos el objeto de la creencia. Nietzsche, por ejemplo, diferenció entre ficciones útiles y ficciones perjudiciales.

    En el pensamiento contemporáneo podemos señalar dos vertientes que han retomado la cuestión de la creencia, específicamente han resucitado a Dios y lo metieron por la ventana, a pesar de los esfuerzos de Feuerbach, Marx y Nietzsche.

    Por un lado, la línea que sigue a Levinas y a cierta tradición filosófica que lee el Antiguo Testamento, la denominada ética de la Otredad. Mencionemos, además de Levinas, a Jean-Luc Marion, por ejemplo. Un Otro absoluto y exterior a la mismidad, sagrado, interroga a la supuesta mismidad del yo, y lo llama, lo convoca. “Heme aquí” es la respuesta. Es una metafisica de la escucha. No pregunta el Yo quién llama, sino que responde al llamado, por fe, porque se debe al Otro. Interpretado por la línea derridiana de la alteridad, esto quiere decir: toda subjetividad está atravesada por la alteridad, el otro está en mi desde siempre, antes de que pudiera decir Yo. La ética de la otredad es interpretada como ética de la hospitalidad.

    Por otro lado, encontramos la vertiente romana, la de G. Vattimo. La necesidad de creer, tal como lo explica en su libro “Creer que se cree”. Peleado con la Iglesia, pero no con la fe, trata de vincular comunismo y cristianismo en una ontologia a la que denomina “débil”, y que la construye a partir de Heidegger y Nietzsche, según Vattimo. No me detendré a desarrollar a Vattimo porque es muy conocido, y porque se me hace muy largo el comentario.

    Yo no estoy para nada de acuerdo con estas dos vertientes contemporáneos. Mi filosofía es la del “ateísmo tranquilo”. Así denomina Deleuze a la filosofía de F. Châtelet. Cito: “Por ateísmo tranquilo, entendemos una filosofía para la que Dios no es un problema, la inexistencia o la muerte de Dios no son problemas, sino al contrario, son condiciones que hay que considerar como adquiridas para hacer surgir los verdaderos problemas” (G. Deleuze, Périclès et Verdi. La philosophie de François Châtelet, Minuit, p. 7). Una filosofía que se instala no en la trascendencia de la Otredad, ni en la necesidad de la creencia como concepto abstracto, sino que se despliega en el puro campo de inmanencia, es decir, de la vida.

    Por último, dos cosas. Según mis lecturas, Cioran no es un malhumorado. Es un extraordinario comediante. Pocos autores me han hecho reír a carcajadas como él.
    Segundo: Nietzsche no es un reaccionario, Marcelo. Sé que nunca nos vamos a poner de acuerdo, porque leés a Nietzsche desde Habermas, pero según mi interpretación, Nietzsche no es un autor reaccionario, sino por el contrario, es un autor que libera.

  • 7. Marcelo Grynberg  |  1 enero 2015 en 18:46

    Gustavo: aprecio tu comentario. El malhumorado soy yo. No debi emplear descalificativos hacia nadie. En fin, supongo que se trata de un estado de falta de comprension de mi parte (acordate que no tengo tu formacion). Me gusta la idea de “ateismo tranquilo” que mencionas. El unico libro de Chatelet que consegui (en librerias “de viejo”) es “El pensamiento de Platon”, vere si encuentro algo de ello alli. Gracias y un muy buen 2015.
    Saludos

  • 8. Tomás Abraham  |  1 enero 2015 en 19:36

    no es lo mismo creer a lo melkonian en la lógica del mercado que la fe de juana de arco. la segunda cree, el primero calcula. la creencia es una adhesión sin resquicio, no resulta de una argumentación.
    la creencia tiene que ver con lo milagroso, por eso hoy nadie debería creer salvo que insista en haber visto lágrimas cayendo de una virgen esculpida. y no creemos en eso, porque no creemos, somos hijos de galileo.
    que cioran te haya reir hasta el meo, me suena una copia de deleuze riendo de lo que escribe kafka. supongo que el gordo casero y juana molina, o verdaguer, o jerry lewis, pueden hacerte llorar, no hay tópicas del humor.
    el ateísmo tranquilo es una buena creencia, se parece al agnosticismo, yo creo en los efectos de la desesperación y en el miedo a la muerte, es decir, en la inautenticidad, a pesar de Heidegger, o sea, en el pedido de ayuda espiritual.
    el hombre no se basta a sí mismo.

  • 9. Marcelo Grynberg  |  1 enero 2015 en 20:32

    Mucho de lo que escribio Kafka, es realmente gracioso. Su lenguaje de abogado, hiper-realista y mesurado a la vez, ayuda a ello magnificamente. Si van a estudiarlo durante el 2015, seria bueno tambien tener en cuenta su veta humoristica.

  • 10. roberto nadaud  |  1 enero 2015 en 22:11

    “una adhesión sin resquicio” los creyentes con resquicios,con abismos, argumentando con los desiertos como los Padres Griegos, o con Roma como los Padres Latinos : for all seasons : formas interesantes de llegar al ateísmo o a un monasterio.
    si otros no tiene interes de gastar las pilas en Dogmáticas, siglosde controversias y etc, paciencia.

  • 11. rodolfo lópez  |  1 enero 2015 en 22:36

    En lenguaje de cine, Juana de Arco de Luc Beson brilla en su fe como auténtica heroína, y es curioso que esa heroicidad pueda asimilarse a la del “Auténtico Asesino” del mismo Beson, lumpen italiano que asesina por dinero -en la actualidad- en el centro Nueva York. Coincido con Tomás no hay cálculo en ellos, sí en Melkonian.
    Ya que estamos, vi en el cine “7 cajas”, me gustó mucho (perdón), y me dejó tan lindo sabor que todavía perdura, me resulta entrañable el mismo “idioma paraguayo” mezcla de guarany, castellano con giros y modismos locales conmovedores, auténticos, que aquí solo se los escuchamos de pasada a los albañiles, o a trabajadores de menor jerarquía, y que son en realidad poesía en estado puro.

  • 12. marlaw  |  2 enero 2015 en 0:44

    Había quienes creiàn que la Tierra era plana, pero al igual que quienes la pensaban redonda, la estaban suponiendo, imaginando.
    Sí cuando se habla de creer nos referimos la Fé, sería bueno acotar el alcance o los límites de la acción de creer a esta. Pero claro que esta acotación implica también hablar directamenete de la Fe y no ya de creer, al menos en un sentido genérico, y esta a su vez se aplica a cuestiones de òrden metafísico. Nadie podría decir con holgura que tiene Fé en el Sistema Métrico Decimal. Entonces cuando aludimos al verbo creer en el sentido de la Fe, también hablamos, de una vida después de la muerte, de la existencia de un Dios y de un fín último de la vida del hombre de caràcter sobrenatural. Sin lugar a dudas, se trata de una pesada carga para una palabra de solo dos letras.Pero también lo es remover con pocas palabras el peso que tienen para la historia de la cultura universal las tres religiones Abrahámicas.

  • 13. marlaw  |  2 enero 2015 en 0:58

    El humor irónico es un desgarramiento

  • 14. MaCristina  |  2 enero 2015 en 8:17

    Rodolfo, vi por Netflix El hombre más buscado dos veces porque la primera pude verla en etapas y no es para eso. Al finalizar la película me conmovió profundamente ese hombre que tanto había trabajado para llegar a su propio final feliz (no el suyo sino para los que estaba ayudando), y que lo defraudaran de esa manera tan brutal. Imagino que también me identifiqué con el mismo actor y su triste final.

  • 15. rodolfo lópez  |  3 enero 2015 en 19:02

    Ma Cristina, cuando vi por primera vez “Perfume de mujer”, con Al Pacino -había visto la primera versión italiana en el jurásico- me gustó mucho y reparé en la ductilidad del joven co-protagonista.
    Este enfrenta luego -en la peli- en su colegio a un jurado que puede expulsarlo si no declara contra compañeros que cometieron una tropelía, es asistido por el coronel ciego que interpreta Al Pacino.
    La cuestión se define cuando otro estudiante, que alardeaba de piola, termina incriminando a esos compañeros ante la presión del padre, el interrogatorio del director y su propia insanable cobardía.
    Me fui del cine pensando en qué valor que hay que tener para no traicionar a los tuyos, como hizo ese otro despreciable jovencito, escondido en los pantalones de su papá… etc.
    ¡Creí todo lo que me contó aquel Philip Seymour Hoffman joven!!
    Un genio.

  • 16. Gustavo Romero  |  4 enero 2015 en 5:11

    Hola Marcelo:
    El ciclo de Kafka en El seminario de los jueves ya empezó a finales de 2014, en el último mes. Se dieron cinco disertaciones hasta ahora. En marzo volvemos. Tenemos pensado dedicarle todo este 2015. ¡Estás invitado!
    Y claro, la veta humorística kafkiana se impone. En mi caso, estoy leyendo todo lo que encuentro, tratando de armar un hilo rojo, si es que lo logro con el fantasma (indomable, inapropiable) Kafka.
    Considero que Kafka y Artaud fueron los escritores que mayor incidencia han tenido en el mundo filosófico de los siglos XX y XXI, al menos para los filósofos que más estudio (Blanchot, Foucault, Deleuze, Derrida por ejemplo).
    Saludos

  • 17. MaCristina  |  4 enero 2015 en 8:43

    Rodolfo, impecable película y sus protagonistas, Perfume de mujer, toda una enseñanza! La vuelvo a ver cada vez que la pasan.

  • 18. rodolfo lópez  |  4 enero 2015 en 12:22

    Gustavo Romero,
    ¿Podrías sugerir algún título de Kafka, que no sea la metamorfosis, para alguien que ha leído poco y quiere conocer un poco mejor al autor?. Acaso de veta humorística que mencionás. gracias.
    PD: ¿se puede concurrir como oyente a las disertaciones, sin previos conocimientos de filosofía? si es así dejá por favor horario y dirección. Cordial saludo.

  • 19. Marcelo Grynberg  |  4 enero 2015 en 18:20

    Gracias Gustavo por la invitacion. Aunque apenas hago a tiempo con mi propio trabajo, vere si me las arreglo para ir. Hay un ensayo de Adorno sobre Kafka en sus “Prismas”, creo que es el ultimo de todos, pero francamente no se entiende nada …
    Saludos.

  • 20. Gustavo Romero  |  6 enero 2015 en 21:42

    Hola Rodolfo:
    Dos novelas me parecen geniales: “El castillo” y “El proceso”. Ahí está el mejor Kafka, probablemente.
    Para asistir como oyente al Seminario (que es público y gratuito) tenés que enviar un mail a la siguiente dirección:

    seminariojueves@hotmail.com

    Quien te responderá es Alfredo, que está a cargo de la secretaría del Seminario. Él te pasará la dirección. Habrá novedades al respecto.

    Un abrazo

  • 21. marlaw  |  8 enero 2015 en 11:19

    Después de ver el video de Cioran estoy de acuerdo con la idea de Gustavo Romero en el sentido de que este es también un extraordinario comediante. En cierto modo pareciera que este intuye a su interlocutor y termina diciendo, lo que el otro espera que diga

  • 22. rodolfo lópez  |  8 enero 2015 en 17:04

    Gustavo, gracias por la información. Abrazo.


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