LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 45

31 diciembre 2014 at 9:18 2 comentarios

Leer al rumano no sorprende sino que corrobora el breviario de antivalores. Es una moralidad en subasta. En la teoría de conjuntos, un elemento de uno de ellos está en función de otro, o algo así; leer a Cioran es aplicar operaciones algebraicas y hacer corresponder un antivalor a un valor. A dios, el diablo; al trabajo, la pereza; a la lealtad, la traición; a la vida, la muerte; a Rumania, Francia.
Me pregunto en qué momento Cioran se convirtió en un sabio, si fue después de que fuera nazi, o durante su apoyo a Hitler. No me burlo de mi compatriota, no estoy por encima suyo, más bien por debajo si tomo en cuenta la cantidad de muertos que hay en mi familia gracias a los camaradas admirados por Émile. Estoy dispuesto a pensar lo que dice y volverlo a pensar, pero no dejaré de escribir mis impresiones transitorias leídas en el baño, en el sillón o en la cama, como ayer, que después de esas cenas desmesuradas con las sobras de la Nochebuena, una página de Cioran terminó con mi ser vivo durante casi ocho horas.
Levantar la vista de un libro para paladear lo que se acaba de leer, es una experiencia casi milagrosa, como la que tengo en este momento con “Vivre” de Milena Jesenská, que no fue la mujer de Kafka, ni su amante, sino una escritora que vuela por el paraíso, que tiene el don de ver más allá sin salir de acá, que ha tenido un coraje que supera todas las dialécticas románticas sobre la figura del héroe, y que ha sido amiga del escritor checo, que, como acostumbraba, le escribió un sinnúmero de cartas.
Con Cioran no me pasa de lo que en mi adolescencia experimentaba con Rabindranath Tagore, mi primer poeta, que me impulsó a imitarlo para lograr el efecto de sus “Pájaros perdidos”, o “Aves errantes”, según la traducción.
Poema número 100 del poeta místico hindú: “La nube se posó humildemente en un rincón del cielo. La mañana la coronó de esplendor”.
Cuando leía estas líneas a los quince años, me sentía invadir por una tristeza dulce, una melancolía de pana, e imaginaba la llegada de una princesa rusa que me desflorara. Pero eso aconteció mucho después.
Gustavo Romero, otro colega al que cito, se siente agredido cuando afirmo que Cioran es un moralista, pero no es un calificativo denigrante. No se trata de Billy Graham, del Pastor Gimenez o de uno de esos periodistas que se hacen eco de la “indignación de la gente”. También lo han sido Nietzsche, o la Rochefoucauld, el mismo Montaigne, San Agustín o Séneca, si seguimos aun más para atrás en el tiempo. Fueron moralistas, todos aquellos interesados en las pasiones y en las conductas que gobiernan a los hombres.
El moralista es la sombra del filósofo, o su Mr Watson, si se quiere. Una sombra con la que se pelea, pero que lo persigue. De ahí, la doble vertiente de los libros de sabiduría, por un lado, aguas cristalinas; por el otro, aguas que bajan turbias.

Hoy sábado en vísperas del año nuevo y un merecido descanso estival, como la medicina lo aconseja, llevé a cabo mi cago matinal, y como se da en estos días, con Cioran. Y mientras devolvía a la naturaleza lo que me ofreció en la víspera, pensé después de haber leído una página del filósofo rumano si después de todo no era un escritor de una página por día. No es lo mismo que levantar la vista para mejor asimilar una maravilla gráfica, paladear una reliquia poética, sino por la rápida saturación de una reflexión pesimista, del aplanamiento de la menor gana de vivir.
Cioran escribe bien en francés, quizás éste haya sido uno de sus más esperados logros, y tiene pensamientos agudos, pero se me ocurre que se deben administrar por dosis. Digamos que pueden formar parte del ritual matinal en todas las fases de la higiene. Pueden preguntar si ingerir una página del breviario de la podredumbre aporta algo a la jornada por venir, ya fuere laboral o meramente existencial, y la respuesta es indecidible. No hay juicio que determine su valor. Para mi no lo hace. Por ahora no se me ocurre algo mejor para quien desea unas gotas de filosofía diaria, que dedicar un cuarto de hora a leer dos páginas de la dialéctica trascendental en la Crítica de Kant, y tres de la Genealogía de Nietzsche. Por un lado nos instruye sobre la validez de las ilusiones de la razón, y de sus límites, y por el lado de Nietzsche, nos informamos sobre las técnicas inventadas por la humanidad para que los hombres sean mejores de lo que son. En una palabra, la mentira y el dolor para tener una vida feliz, sin cinismo, sin malhumor, sino con energía y determinación.

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LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 44 FELICIDADES

2 comentarios

  • 1. Claudia  |  31 diciembre 2014 en 11:43

    Muy Feliz Año Profesor !!
    Gracias por compartir sus conocimientos y discernimientos con nosotros.!!! ES una buena oportunidad para mi para sumergirme en este maravilloso mundo del pensamiento que es la filosofía…
    Claudia

  • 2. Juan Martin Masciardi  |  31 diciembre 2014 en 12:16

    profesor, le deseo un feliz comienzo de año. también a los aficionados a la filosofía que acompañan aquí. un abrazo.


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