LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 44

30 diciembre 2014 at 7:52 12 comentarios

¿Fue Cioran quien dijo que la existencia de Dios está justificada por las obras de Bach? La divinidad imita al arte. Para aportar mi dosis a la imaginería conceptual, el Sócrates que se pasea por las calles del Pireo, lo hace con un mp3 con música de Dylan, junto a The Band, en sus ensayos en “The Basement”. Cuando Deleuze habla de ritmo, de dejarse llevar por la síncopa del texto, no es sólo la que emerge de sus grafos, sino la que los lectores le injertamos.
Borges el sudamericano, el que escapa de la asfixia argentina. Cioran, el rumano, el que escapa de la asfixia transilvana, para habitar un París como rumano. Literatura menor, un ciudadano de segunda que logra galardones por embellecer una lengua madre con una prosa aprendida. Filósofo polizón en la calle Odeón (estribillo).
Sigo con Cioran. El hecho de que sea rumano es un aliciente para no abandonarlo. Mi “rumanidad”, mi “serrumano”, no tiene cabida en mi lista de identidades, va en último lugar, aún después de mi hungaridad que fue la que me clavó la lengua materna. Lo leo. Cuando un lector se encuentra con palabras sabias, debe digerirlas con mesura. No puede hacerlo de otro modo. Exigen que levantemos la vista, dejar el libro, caminar o calentar un café. Necesitamos que lo recién incorporado se deposite con suavidad, que baje con lentitud por la mente, y que se instale para una larga vida. Es un sedimento que florece aún en el olvido.
Con ese fin hay autores que escriben con aforismos, o los poetas con sus frases cortas. Hay textos que se leen a cierta velocidad, no requieren pausa. Otros incluso con aceleración, para no agregar la lectura en diagonal que es como escupir sobre el autor. Se supone que Cioran dice cosas interesantes. Es bueno para ir al baño. Nada despreciable hay en esto. No me ofendería si un lector dice que parte de mis libros los leyó cagando. Es un momento de intimidad, de estar consigo mismo, con una compañía exclusiva.
Acompaña nuestro placer evacuador. Sentado en el inodoro leo su breviario de la podredumbre en francés, y no levanto la vista. No hay por qué hacerlo. Es fácil leerlo de corrido. Sus palabras graves no requieren ser pensadas, más bien corroboran las del nihilismo internacional. Decir que la pereza es salvífica y que un ser atareado es un escapista; o que el amor nos ayuda a sobrellevar el insoportable domingo de la vida, el amor, ese “espasmo ancestral”, seguimos así sus meditaciones divididas en subtemas, lo que hace la lectura más ágil – creo que el escrito supera el tedio por esa compaginación discontinua – y repito que no levantamos la vista.
Me sorprende un poco que hable del aburrimiento en términos de idiotez, de aplanamiento de las cosas, de un modo que hace poco leí en Foucault, y pensé que a pesar de ciertos lugares comunes que se emplean cuando se habla del aburrimiento, se me ocurrió pensar en la posibilidad de que Foucault haya leído a Cioran sin mencionarlo nunca. ¿Por qué no?, el filósofo francés lo hacía a menudo, se guardaba las referencias de las que sacaba provecho. Es un modo de plagio que no es una copia, sino un robo, no se falsifica sino que se sustrae.

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CUATRO JINETES PARA UN MATUNGO (PERFIL 28/12/2014) LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 45

12 comentarios

  • 1. marlaw  |  30 diciembre 2014 en 8:27

    No quiero pecar de irreverente, pero en mi opinión Cioran mas que un filósofo, o un escritor, es alguién que padece un mayúsculo malestar hepático. Sus palabras no se asemejan al fruto de una genialidad, sino a las alguien que sufre una acumulación de bilis, por alguna atrofia hepática.

  • 2. marlaw  |  30 diciembre 2014 en 9:08

    Alberto Moravia también escribió una novela que se titula: “El Aburrimiento” publicada en 1960. Simples coincidencias o un clíma de época.

  • 3. roberto nadaud  |  30 diciembre 2014 en 9:08

    autores citados :

    ¡oh, los muertos!, murmuró, uno siente pena por ellos, los hace a un lado, y a veces hasta los desprecia un poco.
    Están a nuestra merced.” V.W.
    .

  • 4. marlaw  |  30 diciembre 2014 en 9:21

    Algo dentro de mi me dice que lo que llamamos aburrimiento es un sentimiento encubridor, que oculta un estado de insatisfacción general por algo que no ocurre como esperàbamos.

  • 5. roberto nadaud  |  30 diciembre 2014 en 9:22

    quienes los climátologos para tal época :editores de suplementos literarios, editoriales pródigas en ardides, escritores con más planos que Hermes,
    más alla de lo correcto del cánon : libros de ediciones limitadas, sin traducciones a 27 lenguas, sin manuscritos en Texas, no capturados en la fibra óptica de la galaxia Faraday, desconocidos.

  • 6. marlaw  |  30 diciembre 2014 en 9:26

    Nadaud los autores nunca mueren de muerte natural. J.L.Borges está mas vivo que muchos políticos que caminan entre nosotros.

  • 7. roberto nadaud  |  30 diciembre 2014 en 9:51

    supongo que si lee estos artilugios emprende rumbo a Islandia en el primer medio de transporte disponible

  • 8. marlaw  |  30 diciembre 2014 en 9:51

    Profesor, sí uno piensa en palabras, y utiliza su mother tongue, para ello, como le llaman los británicos a la lengua materna ¿ Como será pensar en Magyar, una legua indo-europea, que no se parece a ninguna otra?

  • 9. magu  |  30 diciembre 2014 en 9:55

    DON ABRAHAM:
    No sé si llamarlo “aburrimiento” o “ataque de pánico moderado”, no le ocurre a cierta gente cuando está sola en su hogar, o en la calle o en algún lugar (aunque sea en forma momentanea, algunas horas al día) por “elección”, sino el aburrimiento de estar en alguna reunión, en algún compromiso social, del cual siente que no hay escapatoria, y que “se va a tener que tragar los discursos de su rector, de su gerente, de su presidente o de su párroco, por fin de año”, por ejemplo, poniendo cara respetuosa y auditiva/// Es el tedio de que cada fiesta se repite y uno no puede rebelarse, sabe que todo es igual siempre, jjaja, que se habla de cosas para pasar el tiempo y llegar a las doce para brindar como es de rigor. A mi el aburrimiento me produce una risa muda pero incontenible, a otra gente depresión o ronchas, jaja. Pero es como si uno no pudiera escaparse de esas cosas intrascendentes, pero devoradoras.

  • 10. philo  |  30 diciembre 2014 en 13:20

    Es cierto que dos personas leen lo mismo y lo interpretan de forma diferente, tiene que ver con las vivencias, toda una serie de innumerables acontecimientos que en cierta forma hicieron de nosotros lo que somos

    Cuando Coiran dice:

    “No teníamos nada que decirnos y mientras yo profería palabras ociosas, sentía que la tierra se hundía en el espacio y yo en ella a una velocidad que me producía vértigo”

    Cuantas lecturas e interpretaciones puede tener esa frase?
    A mi me resulta encantadora, porque lo sentí cuando me he enamorado.

    Mire usted profe, mientras usted la lee en el retrete, y tal vez piensa el submamino que se acaba de hundir en el sifón… yo…
    yo la leo y me viene la ilusión de volver a sentir ese vértigo que no tiene nada de escatológico.

    Bueno que se le va a hacer con Coiran no coincidimos, lo leemos desde lugares diferentes (igual a usted yo lo sigo queriendo )

  • 11. Gustavo Romero  |  30 diciembre 2014 en 16:03

    ¿Lo del baño es para sumar más podredumbre al breviario?

  • 12. roberto nadaud  |  30 diciembre 2014 en 22:06

    Nobleza europea: ciertos Reyes hacían ciertas cosas en presence de su corte : así de originales somos.


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