LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 37

19 diciembre 2014 at 8:24 7 comentarios

Dejemos de lado por un momento las críticas al discurso universitario. Es cierto que la didáctica académica tiene sus fallas, su voluntad de reproducción de lo mismo y sus cotos protegidos, pero no es todo lo que se fragua en los aparatos educativos. Casi ya no existe la figura del filósofo que no sea al mismo tiempo profesor. Por un asunto de bibliotecas, es decir de recursos, datos, bibliografía, y por la sociabilidad que permite un mundo hiperorganizado como es el del circuito internacional universitario. Congresos, revistas, invitaciones, permiten que los especialistas se conozcan y se informen sobre la actualidad y las novedades de su disciplina.

El último gran filósofo extrauniversitario ha sido Jean Paul Sartre, a pesar de que su formación haya sido las de las “Grands Écoles” de la elite universitaria.

¿Cuánto vale la erudición para hacer filosofía? “Hacer”, es decir, escribir, enseñar, para ejercer la práctica y la transmisión de la filosofía. ¿Poco? ¿Mucho? ¿Nada? ¿Todo?

Existen dos tipos de conocimiento que le otorgan a quienes se dedican a la filosofía ventajas comparativas respecto de sus colegas: las matemáticas y la filología. Por el primero se tiene acceso al conocimiento científico, a los avances de la física, a la teoría de los conjuntos, al cálculo diferencial, a los teoremas de la geometría, los espacios topológicos. Los distintos grados de formalización permiten que el entendido en la materia, afine conceptos de las antiguamente llamadas “humanidades” con abstracciones que evitan los equívocos del lenguaje ordinario y den precisión a las ideas.

La filología es la puerta de entrada a una disciplina como la filosofía que tiene sus fundamentos primeros en una lengua muerta como el griego. Cada verbo o sustantivo se diluye en un sinnúmero de acepciones de acuerdo al uso dado por los pensadores de la época. Las raíces y las flexiones de las palabras le cambian el sentido a las ideas, y los análisis comparativos de un mismo vocablo en los mitos, en las tragedias, poesías, sentencias de los sabios, en los argumentos filosóficos, orientan nuevos procesos de investigación y dan origen a descubrimientos sorprendentes en el campo de las ideas.

Carezco de ambos recursos eruditos, lo que me ubica en una situación de inferioridad respecto de colegas. Si como dice el poeta Auden, la erudición siempre es comparativa y forma parte el mundo agónico del conocimiento en el que la batalla de las ideas, la angustia de la influencia, los padrinazgos, los patentamientos, no son ajenos al proceso de conocimiento, por lo que siempre se es más o menos erudito que un semejante, entonces, munirse de recursos escasos, permite mejores desempeños en el conflicto de las interpretaciones que es la ley primera del análisis de los discursos. Una ley que no es ajena a lo que Foucault llamaba en su arqueología: la “rareza” discursiva.

Este agonismo interpretativo tampoco es ajeno al espacio filosófico tensionado por tres lenguas: el francés, el inglés y el alemán. Me pregunto qué es lo que suscita mi interés por no soltarle la mano a los textos que se producen en la actualidad en el área francesa.

Por un lado debe contar que mi formación proviene de la escuela de París que tiene como punto de partida lo que Elizabeth Roudinesco ha llamado “el año milagroso”, 1966, año en que en un mes de octubre llego a Francia. Es el año en que salen calientes del horno teórico los “Écrits” de Lacan, “Les mots et les choses” de Foucault, apenas después de “Pour Marx” y “Lire le Capital” de Althusser, y en vísperas de “La logique du sens” de Deleuze y de los primeros libros de Derrida.

Pero además de esta fuente iniciática en la que me formé, me doy cuenta que mi interés por leer hoy, casi medio siglo después, los escritos de Badiou, Ranciére, Milner, Miller, Jambet, Benny Lévy, Julien, Balibar, etc, de filósofos que los conocí cuando tenían menos de treinta años y hoy redondean los setenta, si los sigo leyendo más allá de mis críticas y distanciamiento de una escritura que se ha mantenido tal cual a pesar de algunos cambios de posiciones políticas – variaciones circunstanciales no muy convencidas que van de un “a pesar de todo” a un nuevo teoricismo que puede llegar al espiritualismo más dogmático – es que estos filósofos son cultos, rabiosamente cultos, son filósofos que se han interesado por la música, el cine, la pintura, la literatura, o por ciertas ciencias, y que refuerzan sus posiciones filosóficas con esos conocimientos.

Se los puede tildar de cierta superficialidad, se puede contratar a la policía epistemológica para denunciar errores en el uso de proposiciones científicas, o en observaciones livianas sobre el mundo de la estética contemporánea, pero esto no quita que nos abran el mundo, que nos presenten autores y creadores, que amplíen el espectro de nuestro saber y angosten nuestra ignorancia.

Y no hablo de los maestros, de los míos, ni de Deleuze ni de Foucault, es decir de aquellos con quienes comparto una visión del mundo o, al menos, del quehacer de la filosofía, sino de contradictores, de adversarios consistentes, de buenas piedras en el camino del pensamiento, de piedras semipreciosas, las más bellas.

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LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 36 YOANI SANCHEZ SOBRE CUBA-EE.UU

7 comentarios

  • 1. marlaw  |  19 diciembre 2014 en 11:34

    Karl Popper, cuando en su exilio neozelandes, se propuso escribir su libro: “La sociedad abierta y sus enemigos”, obra que el cabo de los años re-escribió en varias oportunidades hasta el año 1973 y que se inicia con Platón, aclara al lector, que para profundizar el estudio de este, se sintió obligado a estudiar el idioma griego, a fín de tratar de recurrir a las fuentes, sin intermediarios.

  • 2. roberto nadaud  |  19 diciembre 2014 en 12:04

    próximo el estío : sol sistere sol quieto : fiestas : los recuerdas.

  • 3. Aldo  |  19 diciembre 2014 en 13:02

    Yo no tengo problemas con las traducciones , bibliografias y otro trastornos , ni si quiera me importan las editoriales , ni bola , tampoco leo prólogos , ni iniciados , nada , dame a Hegel , yo lo leo , no nesecito intermediarios , rajen , de hecho usted Abraham prologa por la editorial Aguilar a Kant ( que por cierto , hay que tenerse confianza para prologar a Kant , no ? ) bueno ,,,, eso , no tantos datos y mas pasión en la lectura

  • 4. philo  |  19 diciembre 2014 en 19:21

    NO ESPERE MÁS!!! ya es hora de aprender el
    Teorema de Pitágoras

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  • 5. marlaw  |  19 diciembre 2014 en 22:08

    Philo a mi el Teorema de Pitagoras me erotiza por eso del cuadrado de los ca-tetos

  • 6. roberto nadaud  |  20 diciembre 2014 en 6:39

    que interesante conocer a alguien que puede leer las memorias de la Mona Jimenez en alto alemán.
    ya que los traductores son intermediarios habrá que leer a Platón en girego, supongo que con los viejos apuntes Lerú basta.

  • 7. philo  |  22 diciembre 2014 en 13:22

    Marlaw, lo erotiza el de Pitágoras porque no conoce el de Thales!!!

    acá le mando una demostración, aunque la mía es mejor!!!


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