LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 36

17 diciembre 2014 at 9:02 5 comentarios

Los filósofos necesitan de una nomenclatura, su aspiración es la de crear un sistema. Lo que no quiere decir que toda filosofía debe estar enmarcada en un tipo específico de ordenamiento. Sistema no quiere decir orden metódico de menor a mayor, de simple a complejo, no se trata de un orden deductivo ni de una escalonamiento por inducción ni de una axiomática.

Sistema quiere decir que hay palabras que buscan una precisión económica, sintética, comprimida, que se enuncian de un modo afirmativo pero que tienen una función crítica.

Doy un ejemplo de una clase de Deleuze sobre Foucault, dice: “una época no perfecciona a otra. Quiero decir que no hay régimen de visibilidad que sea mejor que otro. Algunos de entre ustedes (los estudiantes) pueden haber entendido que en el siglo XVIII las sombras son expulsadas. La repartición de sombras y luces, el estatuto de la sombra en cada formación histórica es evidentemente diferente. Son regímenes cualitativos de visibilidad totalmente diferentes”.

El subrayado o letra cursiva es mía, para señalar términos que son conceptos teóricos que “hacen sistema” dentro de la nomenclatura de Deleuze y que ya tienen una función crítica. `Estatuto´ en una teoría abstracto formal es un lugar específico en una teoría que tiene una determinada función. `Formación histórica´ no es mismo que sociedad, civilización o cultura, no es una referencia a una unidad sino a una multiplicidad articulada de instancias de acuerdo a una terminología derivada de Louis Althusser. `Régimen´ es un ordenamiento en el que lo que se dice al mismo tiempo en que se enuncia, está autorizado por una instancia de poder. Proviene de los análisis de Michel Foucault.

Cada una de estas palabras no son sólo definiciones, en el sentido ecuacional de sostener que esto es esto otro, pero sí intentan  “definir”, afinar, delimitar, y diferenciar.

Pueden ser comprendidas por el lego ya que no dejan de pertenecer al lenguaje ordinario, las podrá asociar con lo que ya sabe o cree,  pero su inteligibilidad está relacionada con los conjuntos teóricos de los que proviene.

Leamos ahora a Auden: “El mundo de Homero es insoportablemente triste porque jamás trasciende el momento inmediato: uno es feliz o desdichado, gana o pierde, y al final muere. Eso es todo. El goce o el sufrimiento es, sencillamente, lo que uno siente en un momento determinado; no poseen ningún significado más allá de eso. Los momentos pasan igual que llegan, no apuntan en ninguna dirección, no cambian nada. No se trata de un mundo trágico, sino de un mundo sin culpa, porque los yerros, por más trágicos que sean, no se achacan a la naturaleza humana, mucho menos al individuo, sino a un error en la naturaleza de la existencia”.

En esta última cita no hay ningún término teórico, no hay suposiciones cognitivas ni remisiones a un léxico disciplinario. Sus referencias indican un grado de erudición no menor que el párrafo de Deleuze. Auden lo que hace es contar la impresión que tiene de sus lecturas de Homero, pero sin adscribirlas a una tradición hermenéutica ni en diálogo o polémica con colegas.

Su estilo no pretende llegar a un grado de abstracción conceptual que economiza una red de relaciones semánticas. Auden “nos” habla en nuestro idioma acerca de la tristeza del mundo homérico.

Estos dos extractos de dos grandes pensadores no plantean ninguna exclusividad ni dicotomía. Los aficionados a la filosofía necesitamos de la existencia de los Deleuze como de los Auden, nos conviene manejar cierto grado de formalización conceptual como poder narrar el acontecimiento. Si no podemos describir el acontecimiento referido, el lexico ajeno impuesto como nomenclatura disciplinaria nos traga en nombre de la gran episteme. Perdemos la noción de que se habla de “algo” más que de las palabras escritas. Como hay ideas que son relaciones entre palabras y entre imágenes, se nos borran esas palabras y nos quedan los esqueletos sin la carne y la grasa que los justifican.

El academicismo es peor aún, se sostiene con citas y referencias bibliográficas, en donde lo único que importa es la cantidad de autores nombrados sin jamás detenerse un momento para pensar de qué se habla.

¿Por qué? Por temor y temblor a ver que el nudo de la cuestión tiene muchas menos vueltas de que la lengua sabihonda pretende. En suma, el academicismo está preñado de voluntad de poder, de dominio, de sujeción, y también, de humillación del que ignora el salvoconducto iniciático.

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Curso sobre Foucault (edit Cactus) LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 37

5 comentarios

  • 1. marlaw  |  17 diciembre 2014 en 16:23

    Profesor tomo este párrafo (no para hacer una extrapolacion y tratar de descontextualizar la idea): “una epoca no perfecciona a la otra” Esta es para mi una afirmación relativamente cierta, no obstante que yo, probablemente como otros padezcamos la infortunada percepción que resulta imposible en muchos aspectos trasmitir a las generaciones que nos preceden nuestras experiencias a fin de tratar de evitarles al menos la pérdida de tiempo, que significa volver a tropezar con la misma piedra. No obstante debería decir con cierta alegría, que para suerte de la humanidad, esta afirmacion no se verifica en todos los campos del acontecer humano. Al menos en el plano de la ciencia aplicada a la tecnología esto no ocurre. Sí no fuera por las experiencias anteriores muy probablemente las nuevas aleaciones de metales, destinadas a soportar miles de grados centígrados de temperatura y altísima presión en el interior de las cámaras de combustión de los grandes motores de aviación que mueven las actuales aeronaves, estas últimas no existirian.Ergo: No todo está perdido

  • 2. santiago  |  18 diciembre 2014 en 16:17

    El escrito es muy bueno. Pero los dos últimos párrafos son impresionantes, fantásticos, magistrales. Alguien tiene que decir esas cosas y que bueno que sea usted Abraham. Un saludo.

  • 3. roberto nadaud  |  19 diciembre 2014 en 17:18

    “no se trata de un mundo trágico”
    bien.

  • 4. marlaw  |  20 diciembre 2014 en 1:41

    Recientemente pasarón frente a mi vista algunas ponencias o monografías de miembros del CONICET con algún galón dentro de la escala jeràquica de esa institución, quienes se adjudican el carácter de investigadores. Estos cumplen acabadamente con las condiciones que se enumeran en los dos últimos párrafos de esta clase.Mayormente se dedican a arar sobre el terreno que otros trabajarón antes, sin realizar ningún aporte original o significativo. En este caso en el terreno de la Historia.Se trata en casi todos los casos de borronear 30 o 40 páginas plagados de citas, utilizando un vacuo pero exhuberante lenguaje academicista, para demostrar que se está en el ajo, y que concluye en un largo listado bibliográfico. A esto en la jerga se le suele llamar “publicar un Paper”

  • 5. magu  |  21 diciembre 2014 en 14:13

    Acá DON ABRAHAM coincido con MARLAW, tiene valor los estudiosos que hacen referencias bibliográficas minuciosas, aunque sea como CONSULTORES, A mi tio le escribían desde todas partes del mundo solamente para pedirle referencias de libros, como buscar, que autores consultar para investigar sobre tal o cual. Quizás no era muy creativo, pero su labor fue valiosa. Por ahi es la parte más aburrida dentro de la disciplina, vendrían a ser como archiveros o bibliotecarios mentales, una labor más metodológica pero que también sirve para corregir errores de los autores más innovadores o creativos, no hay que menospreciarlos. Le escribí algo creo que en la lección 38 o 38 justamente sobre la filología aunque si se habla de autores irlandeses, no sé si ud los considera anglosajones o aparte.


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