LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 30

10 noviembre 2014 at 7:06 8 comentarios

Hay que usar la imaginación si queremos entender de qué modo un ritual guerrero se traslada a formas políticas más complejas en una sociedad diversificada. Entender es visualizar, tener una imagen, un esquema como decía Kant.

Pero lo que nos señalan Vernant y Detiénne es que en una serie institucional que agrupa la planificación urbana de Hipodamo de Mileto, la reforma demográfica de Clístenes, la concentración económica en el puerto de Pireo, las innovaciones tecnológicas en el diseño de las naves, hay ciertos puntos nodales de las mismas que destacar. Una es la referida al modo de hacer la guerra, y la otra a las innovaciones en las artes de la palabra.

El ejército ateniense está formado por hoplitas, una falange de guerreros que marcha unida y se mueve en bloque. Se somete la gloria individual del héroe al funcionamiento grupal. La disciplina colectiva exige que cada uno se mantenga en su lugar en absoluta solidaridad con sus compañeros.

Esta hermandad entre varones libres, ciudadanos guerreros, es el resultado de una “paideia”, de una educación pública que desde la infancia se hace cargo de los niños en gimnasios a cargo de maestros.

Además, el temple aguerrido y fraterno se vio fortalecido por la resistencia de los griegos ante el gigante persa. Sabemos poco de aquel imperio. Al menos yo sé poco. El zoroastrismo, los magos, la corte imperial, hablan de un fasto, de un lujo oriental, pero también de un saber en el que se generan algunas formas de monoteísmo, y conocimientos en los que el estudio de los movimientos de los astros debió haber sido fundamental.

Los griegos se apropiaron de algunos de esos saberes, y seguramente, como algunos helenistas lo afirman, la eclosión del mundo prefilosófico griego en Jonia tanto el pitagórico en Samos luego en Crotona, como el de las costas de Anatolia,  tiene que ver con la presencia persa distribuída entre varios pueblos.

Hay que usar la imaginación. Wittgenstein habla de “imaginación perspicua” cuando se refiere al uso del pensamiento filosófico. Su característica es la de conectar. Gran palabra “conectar”, un índice plástico de lo que sucede cuando un pensamiento hace su camino. Desbroza, se eleva, desvía su trayecto, mira a los costados, se achica, se disfraza hasta hacerse irreconocible, se junta con elementos extraños, escucha gritos de alarma y sigue, se detiene y traza un límite, se calla.

“Rizoma” decía Deleuze para darnos la imagen botánica del pensamiento. Dicen que Wittgenstein se inspiró en los textos de Goethe sobre la metamorfosis de las plantas y las relaciones de las especies animales entre sí para ilustrar de qué modo quería pensar al lenguaje.

Vernant no nos da una explicación de la sociedad griega en el sentido de un modelo teórico abarcativo con sus determinaciones causales. Describe una serie de fenómenos que nosotros conectamos para tener una imagen de la forma de vida griega. Imagen siempre inconclusa, viva. Pasible de relecturas, de nuevas asociaciones, como un palimpsesto en el que pueden intercambiarse las escrituras para lograr nuevos sentidos.

Las artes de la guerra como uno de los ejes de la mutación cultural griega, y también las artes de la palabra. Hago un paréntesis.

La mención de Wittgenstein tiene que ver con que estoy leyendo dos libros sobre el filósofo austríaco, uno de Ray Monk: “How to read Wittgenstein”, y otro de Pierre Hadot: “Wittgenstein et les limites du langage”. Es una relectura y a la vez un descubrimiento. Digo esto para dar un nuevo ejemplo – y no será el último porque es el lei motif del modo en que concibo la enseñanza de la filosofía – del modo en que estudio un tema a partir de la confrontación de dos textos. No se trata sólo de comparación, sino de una fricción, de una tensión. Y debe ser entre dos grandes, entre dos pesos pesados contrastantes.

No quisiera irme demasiado por las ramas, pero a veces es demasiado tentador deambular por ahí, el “contraste” siempre fue la medida y el tono en que busco los efectos de la imagen. Por eso cuando estudiaba fotografía y revelaba fotos en mi laboratorio casero, trataba de lograr imágenes de alto contraste en las que el blanco y el negro dividían los planos marcando las figuras con violencia.

La revista de ensayo negro “La caja” que edité hace años, tenía ese propósito de mostrar el doble contraste entre elementos de la lengua y de la imagen. Por eso el primer número se llamó “Tensiones”, y las encontraba entre John Cassavetes y Geena Rowlands, entre Foucault y George Steiner, entre Schulz y Gombrowicz, el rock bendecido y maldecido por Alejandro Rozitchner y Claudio Uriarte, etc. Las fotografías en tamaño tabloide mostraban los negros intensos que sólo podían destacarse sin grises y con destellos blancos.

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8 comentarios

  • 1. R. Nadaud  |  10 noviembre 2014 en 11:56

    revela la foto de Beckett : entre las brumas de plata el rostro de
    Wittgenstein vuelve del silencio.

  • 2. philo  |  10 noviembre 2014 en 14:31

    bueno,bueno, luego de 30 capítulos es hora de tomarse un recreo, festejar, pero sin salirse del tema.

  • 3. Alejandro A.  |  10 noviembre 2014 en 16:30

    El discurso fúnebre de Pericles ante los muertos de la guerra del Peloponeso parece compendiar bastante bien el modo de vida de los griegos, de quienes “Atenas es escuela”, dice en tiempos en que eran enemigos. Una sociedad en principio igual en los tribunales para los litigios privados pero desigual, jerarquizada en los honores en base a los méritos. Llama la atención la modernidad del lenguaje y la profundidad de los conceptos, casi, como para ser leído hoy día y aprender algo. De acuerdo al discurso, en Atenas se goza de casas confortables para los tiempos de paz -nadie tiene el falso pudor de declararse pobre- ni la caradurez de vivir de prestado, y sólo honores para quienes mueren en la guerra defendiendo su casa. Parece que en Atenas hay libre circulación de bienes y servicios Pericles se jacta de gozar de los productos extranjeros tanto como de los pripios- y los extranjeros son respetados en tanto no embromen ni anden husmeando lo que debe permanecer oculto. Si es que Tucídides no ha hermoseado el discurso para algún fín electoral, el final es de antología: “Ningún político puede elaborar leyes justas si sus hijos no corren igual destino que los de los demás” y para rematar, como sólo un hombre de una altísima eticidad podría hacerlo, un mensaje a los deudos: no he venido a compadecerlos, sino a consolarlos -a fin de cuentas estos jóvenes hicieron lo que había que hacer- y dicho lo que había que decir, ahora lárguense…”

    ¡¡”Oh quien pudiera tener la voz del trueno”!!

  • 4. marlaw  |  10 noviembre 2014 en 20:27

    A mí la imaginación, me ha servido para poder analizar algunos capítulos de la historia, imaginando los escenarios donde han tenido lugar, los hechos que esta narra.

  • 5. diana monnier  |  10 noviembre 2014 en 21:22

    Este blog , en mi opinión muy bueno Profesor, voy a volver sobre esta lectura y si hay lugar, quizás, haré un comentario.
    Lo felicito.

  • 6. MaCristina  |  11 noviembre 2014 en 8:20

    Gracias Philo por traernos a estos genios del humor!

  • 7. philo  |  11 noviembre 2014 en 10:14

    María Cristina: si son únicos!!!

    Además esta bueno encontrar espacios de esparcimiento luego de jornadas de duro trabajo, aunque nos saquen solo por breves instantes

    Cariños

  • 8. diana monnier  |  11 noviembre 2014 en 21:28

    Genial lo de Epistemologia, ( risas), una merecida pausa y siempre en el tema. je.


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