LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 27

7 noviembre 2014 at 8:10 6 comentarios

La comunidad de ciudadanos para constituirse requiere de un pensamiento que no tiene autor. Es el fruto de una multiplicidad de materialidades en la que los hombres son agentes de producción. En síntesis: a las instituciones. Discípulos de Ignace Meyerson, un hombre no muy conocido pero formador de especialistas de elite, Vernant estudió lo que su maestro etiquetaba como “psicología histórica”, el estudio de las facultades asignadas a los sujetos pero esta vez en contextos culturales y analizando sus variaciones históricas. Una de ellas es la memoria. La concepción del espacio, otra. Hablamos entonces del espacio y del tiempo. Vernant relaciona  la memoria con la epopeya homérica y el pensamiento mítico. Su colega Detiènne hace el mismo trabajo, por eso el libro “Los maestros de la Verdad en la Grecia Arcaica”, es el texto, diría definitivo, que da cuenta de los procedimientos por los cuales los griegos del siglo de Pericles marcan una ruptura con su pasado.

Esta perspectiva es una visión crítica de la concepción ilustrada que sostiene que el pensamiento griego es a la manera bíblica la luz que separa las tinieblas. La razón que disuelve las sombras míticas.

Vernant y Detiènne son analistas institucionales y lo que les interesa es el modo en que en una sociedad los cambios institucionales tiene que ver con ritos, medidas administrativas, nuevas relaciones de producción, desplazamientos de poblaciones, innovaciones en la escritura, modos de evaluación de las riquezas, tecnologías aplicadas al comercio y a la guerra, cambios en las leyes de la herencia.

Hablamos entonces de una “forma de vida” para entender los alcances de “nuevos juegos de lenguaje”, lo que significa aglutinar en un mismo apartado a Wittgenstein con la escuela de los Anales, y darle un contexto más amplio a los ejemplos ahistóricos de la filosofía analítica.

Recuerdo la sorpresa que tuvieron algunos de mis colegas de cátedra de la universidad, cuando para estudiar y enseñar a Nietzsche les propuse leer a dos críticos de la obra del filósofo alemán: Gilles Deleuze y Stefan Zweig. Deleuze llevaba a cabo una lectura heterodoxa de la obra, de difícil lectura, en la que pretendía darle dignidad conceptual y complejidad teórica a un filósofo que había sido reducido a consignas ya fueren a favor o en contra. Parecía un filósofo apto para movilizar masas antes que ser pasto académico. Un panfletario con una psique dañada.

Deleuze con nociones abstractas como las de sentido, fuerza y valor, se sumaba a la avanzada antihegeliana de la época, y contraponía a la síntesis dialéctica superadora, la genealogía nietzscheana en la que primaba la conquista, la apropiación y la lucha.

Apropiación de sentido, confrontación de fuerzas y fabricación de valores.

Como contrapeso a esta voluntad analítica, el libro de Zweig era emotivo. Su prosa es lírica. El escritor austríaco busca lo patético, las anécdotas intensas, la mirada encendida del caminante de Sils María, la altura del personaje.

Hacer una lectura comparativa, o cruzada, de los dos textos, me gustaba, así de gusto, no porque creyera que se pudiera extraer una renta teórica de la inversión efectuada, sino por esos placeres que da el contraste, lo que a veces se da entre lo crudo y lo cocido y lo duro y lo blando, o entre el parmesano y el dulce de leche.

El libro de Zweig es esa “no filosofía” de la que habla Deleuze, esa para algunos irrisoria pretensión de contar una vida, de creerse sin parapetos de contención las atracciones psicológicas, de volver a la infancia sin censura previa.

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6 comentarios

  • 1. R. Nadaud  |  7 noviembre 2014 en 9:19

    cuales serían los problemas de la censura previa?
    quienes se quedaron varados, quienes cruzaron el vado?

  • 2. R. Nadaud  |  7 noviembre 2014 en 9:35

    algunos filososfos
    ´marcan una ruptura con su pasado’ : luego “las circunstancias del siglo I a.C contribuyeron a poner en marcha la retirada directa de la Razón, y que las del siglo III contribuyeron a hacerla definitiva” E.R. Dodds, Los griegos y lo irracional, capítulo VIII, el miedo a la libertad.

  • 3. Marcelo Grynberg  |  7 noviembre 2014 en 10:40

    ” .. la genealogía nietzscheana en la que primaba la conquista, la apropiación y la lucha.”
    En sintesis: la vuelta al estado de naturaleza, la prehistoria.

  • 4. MaCristina  |  7 noviembre 2014 en 10:47

    Recuerdo haber leído algo de Stefhan Zweig, creo que fue La impaciencia del corazón, (no estoy segura, ya no tengo el libro) en mi juventud; me dejó fuertemente impresionada. Más tarde supe que se suicidó junto a su esposa Lotte, luego de haber permanecido bastante tiempo en Brasil, y a la vuelta de ese viaje.

  • 5. R. Nadaud  |  7 noviembre 2014 en 17:53

    Dodds transcurre al ritmo de una regata del University college, Friedrich arrasa los mares con la tripulación del capitan Ahab.

  • 6. marlaw  |  8 noviembre 2014 en 14:20

    A Stefan Zweig lo consideré siempre como a un excelente biógrafo. Creo que escribir buenas biografías fue su cualidad mas notable.


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