LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 14

25 octubre 2014 at 12:04 2 comentarios

Son muchas las preguntas que me hago sobre lo que se me ocurre llamar “la diferencia occidental”,o la diferencia griega, o la diferencia europea. Y ciertas ideas murmuran bajito, son las fuentes inspiradoras de una posición de base que motivan este interés.

No intento iniciarme en la sabiduría china o en la mitología hindú, proyectos como esos como el de recuperar tiempo perdido y estudiar alemán, ya me son inabordables, ni hablar de aprender griego antiguo.

Lo que sí me interesa es el modo en que filósofos occidentales interpretan ese “Oriente” misterioso que con el tiempo renueva sus caras. Montesquieu o Schopenhauer son antecedentes a la labor actual desde “Las cartas persanas” del primero a las elucubraciones sobre el Nirvana del segundo.

Tampoco descarto la invectiva contra el nihilismo pasivo y aletargado que Nietzsche lleva a cabo en su “El antiCristo”.

Este murmullo me dice que cada vez que el pensamiento filosófico diagrama un espacio interpretativo infinito se renueva. La filosofía al contrario de las ciencias y de las artes no sólo se nutre de sus hallazgos sino también de sus imposibilidades. Cada vez que se propone un objeto encuentra una nube. Y esa vaporosidad la fortalece.

La filosofía es un  sistema de signos de puntuación. Entre los principales encontramos el punto de admiración o exclamación, el de interrogación y los puntos suspensivos. No hay punto y aparte. A veces abundan signos ortográficos que son un simil de los de puntuación como los paréntesis que acaban,  por lo general, con la paciencia del lector. Los rodeos y las repeticiones pueden ser excesivas.

El obstáculo se construye de a poco a partir de una inquietud que nos interpela pero que está cubierta por las brumas. Hay algo que nos interesa pero cuyos nombres van y vienen. Es una inquietud que insiste pero que carece de forma. Estudiar es iniciar un proceso de creación de formas a partir de una inquietud que se desplegará por caminos insospechados.

Crear una forma no es encontrar una solución sino establecer un orden, una composición, trazar un límite. Cuando Foucault dice que escribe sobre un problema para no pensar más en él, describe un modo en que se efectúa el trabajo filosófico. No es el de comprender el mundo, el de abarcar con una mirada holística el conjunto del universo, sino el de marcar un punto de vista y dejarlo asentado.

Nada decepcionante debería producir este modo de practicar la filosofía. Cuando Foucault selecciona de las obras de Raymond Roussel su pequeño texto “Cómo escribí alguno de mis libros”, y pone en actas los pasos de su procedimiento, o cuando en su conferencia sobre Edouard Manet el mismo Foucault resalta la textura y los relieves del lienzo como guía del pincel del pintor para la emergencia de la figura, nos habla de un ejercicio, de una de las ascesis que son parte de las labores creativas, y la filosofía también lo es. Y este proceder es formal y material. La `magia´ o la `profundidad´ que extraen los lectores de los textos literarios o filosóficos resulta de una tarea labrada en aquella forja del taller en el que se plasman los valores, como sostenía Nietzsche.

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2 comentarios

  • 1. magu  |  25 octubre 2014 en 19:57

    Perdón, ¡podrá ser que los chinos y los hindues hayan tenido mayor intención y acierto en tratar de explicar su milenaria filosofía o mística y poesía a occidente, de modo que occidente pudiera comprenderla bien, y no al revés ?, El interés por los alemanes, y los ingleses por aprender y refundar (en nuevas y esotéricas) religiones, sectas y prácticas hermenéuticas hindúes a fines del siglo XlX fue inmenso, y en los músicos se notó esta inquietud (alemanes, rusos) alexander scriabin creo y otros, como los beatles luego con ravi shankar

  • 2. roberto marcos nadaud le bihan  |  25 octubre 2014 en 20:20

    si como afirma el griego el el Cratilo.
    el Creador largo tiempo pensó que eramos hijos de un Dios menor, que sería olvidado tras invasiones y exilios.
    pero el Laberinto de signos ortográficos, forja del hombre, el descifrar los misterios con 11 consonantes y siete vocales ha llevado al Hacedor a la quietud.
    no solo el pan con el sudor de la frente, tambien la palabra.


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