LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 9

20 octubre 2014 at 6:18 5 comentarios

El trabajo filosófico debe huir de dos frecuentes ofertas de banalización. Una es el café filosófico, el otro es el grupo de estudio. Reunirse para hablar del amor o de la amistad, o de la alteridad y el semejante, de la verdad y la fidelidad, decir lo que uno piensa, no está ni bien ni mal, pero nada tiene que ver con la práctica filosófica. Filosofar es trabajar textos e interrogarlos, no es compartir pensamientos. No es estar juntos. No somos poseedores de un alma que encierra ideas. Nuestra metempsicosis está domesticada por el mercado de opiniones y sus voceros.

No se hace filosofía si no se trabaja sobre un texto. De no haberse escrito, la filosofía no existiría. El libro es el ancla de la filosofía, es la que nos permite volar sin ser por eso barriletes.

Reunirse para hablar y decir lo que se nos viene a la mente, es deprimente. Mejor ir a un solos y solas. Lo único divertido y estimulante es estudiar. Estar solo con un libro, seguirlo en silencio, subrayar las palabras que destacamos, crear nuestro estilo de lector, y luego, sí, si queremos, juntarnos con otros solitarios que hacen la misma tarea para  confrontar posiciones.

Si el cuento es la tierra del filósofo, lo decimos desde el punto de vista formal. El cuento es breve, económico, y no tiene final aunque termine. No cierra, o, si se quiere, cuanto menos cierre y sin preaviso corte el relato, más logrado está. El cuento huye de la fábula y de la alegoría. El estilo café filosófico fabula a la filosofìa, la hace moralina, sano consejo de vida, actividad pastoral.

El grupo de estudio es una actividad perversa. Simula una actividad y se vuelve una práctica fantasmal. Se le paga a un coordinador para que se tome el trabajo de lectura y nos permita continuar con la sana costumbre de no estudiar. Rodeamos al sujeto supuesto saber, nos acercamos para beber sus secreciones eruditas. Lo vampirizamos. Queremos todo de él. Le exigimos que nos seduzca.

Ambas prácticas, la del café o la del vino filosófico como la del grupo de estudio parten de la resignación o del temor al saber. Por eso son demagógicas. Pretenden llegar a la meta sin recorrer el camino, pensar sin trabajar.

La diferencia entre ambas, que no modifica el efecto común que las agrupa, es que los recintos bolicheros invocan una cierta nostalgia y un calorcito de hogar, su lado maternal. Como si la filosofía fuera una madre ya no del saber sino de la soledad mal padecida. El ambiente tiene olor a nata, a lactancia.

El grupo de estudio, en especial su prototipo lacaniano, aspira a consagrar al debutante en descifrador de los mensajes del maestro, en futuro poseedor de su propio grupo de estudio para otros que tampoco quieran estudiar. Es la antifilosofía en el sentido de la consentida disposición de dejarse introducir por el padre. Lo llaman Nombre.

Por supuesto que abundarán quienes replicarán estas severas afirmaciones con excepciones y relatos que confirman que grupos de estudio y cafés de filosofía, los han despertado del sueño dogmático, que han sido verdaderos caminos de Damasco en sus vidas, y que se han hecho de amigos y amigas.

La excepción por todos conocida es la de la llamada universidad de las catacumbas constituída en refugio académico en tiempos de dictadura. Fue una salida y resistencia a la tutela militar durante las dictaduras de Onganía y de Videla. Por otra parte es comprensible que haya quienes encuentran en grupos de estudio un ambiente sin exigencias mayores del que extraen lo que les conviene sin compromisos de rendimiento.

De todo hay en la viña del Señor.

Anuncios

Entry filed under: General.

LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 8 LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 10

5 comentarios

  • 1. MaCristina  |  20 octubre 2014 en 9:50

    Muy atinado en la salvedad, olvidé decir en el anterior post que tanto mi amiga como yo somos consecuentes leedoras e intercambiamos libros en cada encuentro que forman parte de la charla, claro que no llegamos a los extremos ni de la filosofía ni de Corín Tellado.

  • 2. roberto marcos nadaud le bihan  |  20 octubre 2014 en 11:59

    soledad mal padecida : pobre Friedrich, nadie le dijo que debía sentir verguenza por los últimos meses de vida, tan mal padecidos.

  • 3. Sergio R.  |  25 octubre 2014 en 8:49

    Cierto pero habla de extremos. Discutir atados a un texto también es seguir un carril, el del autor, la charla libre sobre un tema prueba nuestras fuerzas, prueba lo que retenemos después de todas nuestras lecturas. Después de una charla, se puede ir a corroborar o a buscar mas información sobre un tema. Girar alrededor de un libro es un buen entrenamiento, pero tiene algo de escolar.

  • 4. MaCristina  |  26 octubre 2014 en 9:30

    Hola Sergio, sí, “los extremos se tocan” los niños y los viejos comparten cosas… Y los comentarios del Sr. Nabau me resultan muy divertidos, no los entiendo en absoluto! Hasta siempre a todos.

  • 5. diana monnier  |  16 noviembre 2014 en 14:34

    Dice Indiana Jones en su ultimo film…” si quieres ser antropológo, abandona las bibliotecas”. Y si quieres ser filósofo, “abandona las charlas de café, abandona las charlas y discute con los libros”.


Categorías

Comentarios recientes

andrea en DENUNCIA POR USURPACIÓN DE…
Aldo en Bitácora 74
Marcelo Grynberg en Bitácora 75
marlaw en Bitácora 75
marlaw en Bitácora 75

Calendario

octubre 2014
L M X J V S D
« Sep   Nov »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

A %d blogueros les gusta esto: