LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA 4

16 octubre 2014 at 6:41 4 comentarios

Por otra parte, no había que buscar las guerras siempre afuera, en batallas entre milicias y ejércitos, sino en la misma sintaxis discursiva y en la escena por la que circulan los sujetos de la enunciación, los actores del espacio ateniense –  tanto del ágora como del teatro y de los oráculos –  la guerra también estaba ahí, en el orden del discurso.

La filosofía nace con la disputa

.Por eso podíamos estudiar aquello que se discutía en Atenas, y lo que se venía discutiendo más cerca en el espacio y en el tiempo.

Ahora que la palabra estaba libre, que los militares ya no vigilaban, censuraban, prohibían, amenazaban, perseguían, y hasta mataban, ante ciertas palabras, ahora que podíamos decir lo que quisiéramos, ¿qué decir?

Dije “Marx”, no lo pensé, pero comprendí a los peronistas proscriptos cuando les prohibían silbar la marcha y mucho menos nombrar al tirano prófugo, entendí las ganas que cimentó en millones de gritar Perón con todo y para siempre.

Yo dije Marx, me parecía que sintetizaba lo impronunciable de esos años. Y repetí el apellido tres veces, para señalar que no se trataba de pensar sino de hablar. La filosofía debía introducirse para que comenzáramos a hablar.

Hablar, y trabajar. Subí al estrado del aula magna de la facultad colmada con gente en pasillos y sobre marcos de ventana, y me dieron un micrófono. Subí con mis maestros, los invité a todos. A Louis Althusser para decir que la filosofía no era una, que no hay un pensamiento filosófico, sino que era múltiple, y singular. Era mejor hablar de práctica filosófica.

De Vernant hice uso de su programa de investigación en la disciplina que denominaba Antropología de la Grecia arcaica, en el que la filosofía es una de las manifestaciones de una experiencia cultural que tiene el nombre de Polis. Es la organización social que se constituye de acuerdo a un diagrama de pensamiento común. La idea de centro, de equidistancia, medida, armonía, circulación, la esfera exotérica o pública, las nuevas formas de la memoria y el concepto de ley, las reformas demográficas, circunscriben a un arte de la palabra del que es parte la filosofía.

El libro de Marcel Detiènne “Los maestros de la verdad en la Grecia Arcaica”, recorre los diferentes usos de una entelequia nada evidente como la de Verdad. Desde la palabra de la Justicia ordálica, a la acción de Musas que actúan como fuerzas exteriores, determinan  que el valor de verdad sea puesto en funcionamiento por procedimientos agonísticos, mnésicos, de persuasión y de seducción.

El texto de Colli “El nacimiento de la filosofía” nos da una imagen nada apolínea del dios de la sabiduría: Apolo. De inspiración nietzscheana, el filólogo y erudito italiano, articula el conocimiento con la crueldad, y resalta el aspecto agonístico de la sabiduría. El paso del oráculo y sus adivinanzas, a la palabra enigmática de los maestros de la sabiduría,  concluye con una dialéctica que gradualmente abandona la oralidad y se plasma en el escrito.

La versión melancólica de Colli que se identifica con la supuesta decepción de Platón sobre los límites de la escritura y la incolmable distancia que se produce entre el filósofo y el sabio, va más allá de la nostalgia, es una tesis sobre la función literaria y escritural de la filosofía.

La conferencia de Foucault sobre el Edipo Rey, me permitía entrar de lleno en el arte interpretativo del filósofo francés, en un tema familiar y por todos conocido de acuerdo a la lectura tradicional del psicoanálisis.

Este texto de Foucault era el único que podía ponerse a disposición de los alumnos por la decena de ejemplares que la editorial Gedisa aún conservaba  de “La verdad y las formas jurídicas”. Se multiplicaron como panes aquellos ejemplares gracias a los centros de estudiantes súbitamente enriquecidos. Era imposible conseguir “El orden del discurso” que hubiera completado la lectura de la tragedia de Sófocles.

La idea de que el poder no se circunscribe a la lucha social y su resonancia en la dominación ideológica, sino que en el mismo texto hay una historia de las formas de poder en Grecia, y que éstas tienen que ver con los modos de producción de la verdad, desplazaba ciertas evidencias del campo de la política y de la teoría hacia una nueva forma de análisis.

Las miradas del esclavo, de los reyes y de los dioses, se componían en una tragedia leída desde el punto de vista de una genealogía del poder y no del inconciente, de un Edipo Tirano y no Hijo.

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4 comentarios

  • 1. roberto marcos nadaud le bihan  |  16 octubre 2014 en 7:15

    en esa época un graffiti político era causa de arresto, demora y paredón : luego llegó de la mano de la editorial siglo XXI el Canon
    Gallicus a la UBA de los frutos tardíos : pero siempre es la misma tonada : escribí lo correcto o te borran,
    adieu.

  • 2. Claudia  |  16 octubre 2014 en 18:05

    La verdad y las formas juridícas fue el primes texto de Foulcaut que tuve en mis manos, gracias a la profesora de literatura de mi hija en el secundario, en el 4 año, al asignarles Edipo rey para el análisis. Fue otra forma de ver Edipo con una concepción mas acertada que la de Freud a mi parecer ( desde mi humilde opinión ) . Bien por la profesora de acercar a sus alumnas a este pensador, desde la literatura. Fue un muy buen momento de reflexión en familia. Por eso tambien me interesa su obra y por su supuesto asi llegue asu página.
    Gracias por el espacio, Profesor.

  • 3. Diana  |  25 octubre 2014 en 10:02

    Foucault, resulta una acertada elección, siempre que se intente comenzar a hablar de Filosofia o de la práctica filosófica; muy particularmente, por la claridad con que aborda los sucesos epocales, tamizados por su enhebrado pensamiento, por su dinámico y llamativo discurso y el estudio de las Subjetividades y Objetividades que hacen posible comprender el punto central que determina su Filosofia sobre las Ciencias Humanas. En tiempos de pos dictadura, lo imagino solo comparable al hecho, de presar la perilla y encender La Luz en un desierto de oscuridad y ocultamiento.

  • 4. philo  |  7 noviembre 2014 en 21:55

    Hace varios años, mi hijo menor, que aún estaba en el secundario, me trajo de regalo “El Nacimiento de la Filosofía” de Giorgio Colli y me dijo: este libro es para vos
    Tenía el compromiso de comentarlo con él, pero para mi era chino básico. Iba demorando el encuentro, sentía un compromiso enorme y temor a defraudarlo.
    Lo leí tantas veces , me parecía un acertijo. Un día me pregunta, y me dice un par de cosas sobre el libro y la maraña se desenredo mágicamente sola.
    Luego paso a formar parte de esos libros que son valiosos para uno.


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