Saber y poder (Perfil 1/6/2014)

1 junio 2014 at 7:49 20 comentarios

SABER Y PODER

Conocimientos técnicos y los límites del análisis marxista

He tenido la costumbre de pensar que para hacer política y ejercer puestos de responsabilidad dirigencial, hay que tener conocimientos técnicos variados, o, de no tenerlos en grado suficiente, al menos estar mínimamente preparado para que los asesores y otros funcionarios se vean exigidos y no les sea tan fácil imponer sus ideas sin previo análisis. Quisiera discutir este punto porque ya no me parece convincente y es probable que derive de un cierto idealismo confiado en la buena voluntad y en que siempre existe la mejor solución para los problemas en litigio. Lo que no quiere decir que todo sea ideología o transa y que los conocimientos técnicos estén de más, como lo supone el militantismo ingenuo, sino que el poder tiene con el saber una relación indirecta, oblicua, tangencial o bizca, como quieran. El saber es importante para la camada de funcionarios de segunda línea, aquellos que deben buscar la salida más adecuada a los dilemas que se les presentan a quienes cumplen funciones ejecutivas. Siempre es bueno que en el equipo gobernante haya reconocidos urbanistas, economistas, o analistas de sistemas, pero el éxito de las políticas no depende de ellos, su labor puede ser inútil. En la política el éxito es un deber inexcusable, no se puede fracasar con la razón del lado del perdedor, porque en la dimensión política la razón es hija de la conveniencia. Esto no tiene que ver con el cinismo, el maquiavelismo, o la brujería. Tampoco quiero decir que un fracaso en política haga de sus dirigentes culpables de lo acontecido, no se trata de culpa sino de responsabilidades. Es evidente que un político sabe que a cada paso que quiera dar habrá quienes le tenderán una trampa, es el sentido común de la acción política, más allá de los gestos ecuménicos y supuestamente patrióticos. Hasta mediados del siglo pasado los marxistas sostenían que la sociedad estaba dividida en tres clases: la burguesía, la pequeña burguesía y el proletariado. Un político debía elegir la ideología correspondiente a la clase social que quería representar. No podía evitar estar ligado a los intereses de una de estas clases sociales. Dentro del mismo paradigma, otros pensaban en términos de alianza de clases, la de la pequeña burguesía y la clase obrera; la de las vanguardias obreras de las sociedades preindustriales con el campesinado, o, en los tiempos de la descolonización, se sobreimprimía el ideario nacionalista, y se hablaba de la burguesía nacional contra la alta burguesía cipaya, etc. De este modo el saber ideologizado no requería otra pericia que la voluntad política al servicio de un grupo social bien delimitado por su relación con la plusvalía. Es lo que hoy siguen pensando los troskistas argentinos. Los críticos de este modelo sociológico, consideraron por la misma época que en la sociedad industrial esta división era anacrónica, y que los países avanzados habían logrado por medio del progreso y el Estado de Bienestar, la adhesión de sectores que correspondían a las tres clases y que el conflicto determinado por las relaciones de producción había sido refutado por la misma historia. De ahí que se afirmó que la teoría del valor marxista no era más que especulación metafísica, y que una sociedad próspera dependía del equilibrio que le proporcionaba lo que se llamaba una gran clase media. Hoy en día el obrero no es el protagonista del cambio social porque constituye una minoría y el trabajo manual no es lo que lo define; las clases medias pueden llegar a agrupar a choferes de camión y gerentes corporativos, y la alta burguesía va de Tinelli a Constantini.

Política de profesores

Aunque la ideología ya no sea más que un placebo o un espejito narcisista, saber no alcanza. Que los políticos que más interesan sepan de lo que hablan, no dice mucho de su habilidad política sino de su pericia pedagógica. Por ejemplo, siempre consideré que Rodolfo Terragno era una esperanza política porque no sólo era honesto sino que se abocaba con esmero a los temas nacionales, desde el cultivo de los híbridos de la remolacha a la producción de gas. No hay como él para presentar un cuadro de los problemas debidos a nuestras falencias y atraso, y de todo lo que habría que hacer para salir del pozo, tan profundo, que sólo con conciencia de las dificultades y con una constancia inclaudicable, es posible remontar de a poco a la superficie. Pero aquí hay un problema, y es que un buen profesor no es por eso un buen político. Lo mismo creo que pasa con Martín Lousteau. Explica bien las dificultades, pero las explicaciones en política son buenas para la didáctica, y para mí también porque reconozco que comparto el amor de cátedra, pero no para ejercer el poder. La misma impresión me produce Lavagna o la trabajadora Patricia Bullrich, o la incansable Graciela Ocaña, a quien voté. ¿Qué se necesita para llegar y conservar el poder? Lo que es necesario es apoyarse en fuerzas sociales, que ya no son las clases de la sociedad industrial, sino otro tipo de grupos de poder. En nuestro país distingo a los siguientes factores de poder y presión: el aparato sindical; las fuerzas sociales marginales al aparato productivo tradicional que van desde los contingentes liderados por D´Elía, Milagro Sala, Barrios de pié, piqueteros varios, etc; grupos corporativos financieros y sus ramificaciones en los negocios del agro la industria y medios de comunicación; y lo que se sigue llamando clase media que agrupa a profesionales, técnicos, comerciantes, planteles del sector servicios como la educación y la salud. A estos espacios compartidos de poder en permanente tensión por expandirse y no perder posiciones, se agregan variables que en la actualidad pueden ser sino determinantes, al menos condicionantes, me refiero a los que intervienen por la globalización. Para dar una referencia inmediata, Brasil, China, y los organismos de crédito internacionales, son tres actores que pueden cambiar el rumbo de las políticas de gobierno nacionales. Tampoco podemos omitir el narcotráfico, el terrorismo o el espionaje, como variables políticas activas a pesar de su clandestinidad. Cada uno de los postulantes a la presidencia o a las gobernaciones, y las agrupaciones políticas a las que pertenecen, deciden en quienes se apoyan, para luego buscar aliados en los otros sectores. No dejo de lado a portavoces de poderes simbólicos como la Iglesia, a los artistas e intelectuales agrupados, periodistas y comunicadores en general, que se disputan la letra, la imagen y la música de las cosas.

Partidos políticos y grupos de poder

El Pro se apoya en el sector corporativo financiero y afines. El FPV en los sindicatos, en los empleados del estado, y los grupos sociales que llaman incluídos y que en realidad están excluídos; UNEN en las capas medias que no tienen organización productiva ni territorial que las agrupe – su individualismo y dispersión es lo que las caracteriza – . Scioli como Maza buscan su grupo de apoyo específico y hasta que no lo encuentren, navegan por todos sin anclarse. Esto no quiere decir que cada uno de los líderes o dirigentes gobierne únicamente para su grupo – ya que necesita del apoyo de los otros también – sino que intentará no perder el apoyo del grupo de referencia que le permite ejercer el poder. Se inclinará para uno de los lados. Esto tampoco quiere decir que necesariamente estos grupos se beneficien con la política de su representante, también los puede perjudicar. El radicalismo perjudicó a la clase media en los gobiernos de Alfonsín y de la Rúa; Menem con el apoyo del peronismo tradicional favoreció al sector financiero y sus medidas económicas produjeron una desocupación del 20%; y lo mismo puede pasar con una política del Pro que vía crediticia ponga en obra una política habitacional eficiente para los sectores pobres. Que el saber o la preparación técnica no alcance, no quiere decir que mejores candidatos sean los Midachi, o un enmascarado con garrote que asalta a un supermercado. La idea de que hay que combatir a la “tecnocracia” que se pretende a-ideológica, y que se lo hace con un relato que con el nombre de mito y con la beatificación de un líder enamore a las masas, a veces no es más que romanticismo de pizzería, de productores de espectáculos o de biblioteca nacional. El conocimiento no es malo, ayuda a pensar. Por otra parte, la ignorancia es peligrosa, porque no se trata de no saber, sino de saber mal. Y saber mal no es una carencia sino una pasión. El que sabe mal es incorregible. Pero por algo se dice, no sé si es cierto o no, – para seguir con casos recientes – que detrás de Lousteau hay un Nosiglia. Es una imagen que me pareció sintética de que hay quienes aprovechan la juventud del diputado y su buena locuosidad para darle lecciones de baja política, sin la cual parece que no se llega. Resumo este autoanálisis que comparto con los lectores interesados. He creído que hoy más que nunca la dirección de los asuntos económicos determinan en última instancia los límites de la praxis política. Por eso los análisis teóricos y políticos que Marx elaboró en el siglo XIX no han dejado de ser actuales. Considero que las discusiones entre economistas son las más interesantes. La verborragia alrededor de la corrupción suena inocua. De acuerdo a nuestra inveterada costumbre de juzgar, nos convertimos en cuarenta millones de fiscales al mando de una nave pirata. Es una cosa rara este buque fantasma con la bandera argentina de la anticorrupción. De ahí que supuse, o supongo (ya no lo sé), que “saber” de cuestiones económicas es imprescindible para el análisis político. Y cuando digo economía, me refiero a la economía política, es decir a las fuerzas productivas en términos de capital, recursos humanos y tecnología, y las relaciones de propiedad. Pero un político, además, le habla a alguien, hay un “quien” en su discurso. Decir que los dirigentes le hablan a la ciudadanía, corresponde a una entelequia ilustrada que borra las particularidades geográficas e históricas. El mundo de los derechos no iguala a todos los habitantes sino bajo el manto de la ley, que no es el poder. Nietzsche siempre insistía en que además del “cómo” hay un “quien” habla, y un contra quien se habla. El saber tiene que ver con ese “cómo”, y el poder con el “quien”.

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20 comentarios

  • 1. Gustavo Garcia (@Convercat)  |  1 junio 2014 en 10:13

    Interesantes cavilaciones, Tomás. A mí me parecen, con respeto, antiguas, muy de siglo XX. Me inquieta ver a la política como la estéril puja por diferentes grupos de intereses por marcar la cancha de ese conjunto de normas que llamamos estado. Creo que la riqueza acumulada -gracias a las bondades del capitalismo- ponen al siglo XXI mucho más cerca del ideal liberal de respeto al individuo para que realice su proyecto personal, donde el juego iterativo de la política consiste en ir desarmando los privilegios de quienes medran con el poder coercitivo del estado, y los hombres asumen su adultez y se hacen responsables de sus vidas. Saludos.

  • 2. Ma.Cristina  |  1 junio 2014 en 10:17

    No ha dejado de llamarme la atención que los economistas consultados en columnas periodísticas digan en estos momentos que el problema más serio no es la economía, y que con algunos movimientos del timón podrían superarse algunos inconvenientes.
    Se habla del mal manejo político, del gasto mal empleado, de la intervención del ejecutivo en la justicia, del mal uso de la militancia, etc. Si esto es así, solo tendremos que esperar vientos de cambio para el nuevo año.

  • 3. diana monnier  |  1 junio 2014 en 11:22

    Y se podría hablar de un “contra quien ” del poder ! también. Ese poder que a la manera de Foucault nos muestra estratificaciones difíciles de abandonar, en configuraciones cada vez mayores, sin embargo, en líneas más o menos generales y nos guste o no, es esta nuestra realidad, una historia presente, desde la perspectiva de quien conoce lo que ha sucedido después, (de Dictadura, Menen, Alfonsin, etc) es una visión anacrónica; se diría y teórica de una realidad ineludible. Me gustó el análisis, la necesidad de ese saber cómo, ese carácter de la Política, que vemos que no es para todos, ni todas, ni cualquiera.
    M. Diana

  • 4. Marcelo Grynberg  |  1 junio 2014 en 11:49

    Estimado Tomas, en relacion a las luchas de intereses y las desigualdades
    que provocan, me permito sugerir una vision algo mas estadistica en el
    siguiente link: http://www.sciencemag.org/content/344/6186/818.full
    (Science of inequality). En fin, espero les resulte interesante. Saludos

  • 5. Aldo  |  1 junio 2014 en 16:16

    El poder espera por el saber , es lo que paso con gobierno y carta abierta , poder – saber , aca hay un cambio , ya no se puede andar mirando para otros lados , hasta los artistas están eligiendo , por supuesto que va haber luchas internas , Suar es la voz de los contra de estos años argentinos , resentidos , quejosos , golpistas , amarillos ,decadentes ,, allí se alistan todos , la mujer de Suar que hace siempre los mismos papeles , chica de barrio confundida y atolondrada ,
    Por otro lado se esta noventisdando levemente algunas cosas , ayer en tvr vi al paparulo de Cordera y que mal me cayo , recordar esos años son terribles , nada mas traumatico en un pais con un paparulo de voz de protesta , un chistoso – cancherito con risa picaresca ,un forro como todo lo que salio de esos años , a lo que dios quiera que no se vuelva

  • 6. Edson  |  1 junio 2014 en 16:50

    Bueno, pero, ¿por qué siempre la descalificación? ¿o hay una nueva filosofía textil que es objetiva, y aún no nos enteramos?

  • 7. Leonor Liliana César Güerri  |  1 junio 2014 en 17:22

    Mis cavilaciones andan también por el mismo lado. Está claro que la sociedad que Marx estudió para escribir El Capital ya no existe, lo que no significa que la cuestión económica no sea fundante en política, claro que no en la forma determinadora de ideologías de clase que Carlitos pensó. Por eso a mí también las discusiones que me resultan más interesantes son las económicas, las que van “a las cosas”, como las que se plantean en Plan M, el único programa político que no me pierdo. Además los economistas no se pueden permitir versear tanto como los políticos, sobre todo cuando están entre pares.
    En esta línea de otorgarle la primacía a lo económico soy de los que sostiene que este gobierno no es el compendio de todos los males, pero sí que Cristina es la más irritante e intolerable de los políticos (confieso que he llegado a detestarla profundamente, por mentirosa, agresiva y autosuficiente). Lo peor de su gobierno es ella misma, pero, como dicen casi todos los economistas, parece que no nos va a dejar en un gran desastre. Menos ahora, que, boqueando y ya cerca de la muerte, viró hacia el lado de aceptar las limitaciones de la realidad.

  • 8. Alejandro A.  |  1 junio 2014 en 21:47

    Aún cuando estas crueles provincias no han sido muy favorables a los asesores y presidentes informados -algunos como Martín Cullen perecieron colgados en la plaza pública- ha habido sin duda tipos que tenían una idea del mundo y de lo que se podía hacer, y aunque fueran hombres que gozaron (y gozan) del amplio rechazo de las multitudes y sus intelectualidades respectivas, han dejado obras mucho mas útiles que las que dejaron sus contrarios, como la Universidad de Buenos Aires, la constitución, los ferrocarriles , la Educación pública etc.
    Nuestra crisis permanente produjo más bien una suerte de político a lo Indiana Jones que a veces logró sacar la balsa del rápido un segundo antes de la catarata y a veces fue agarrada de lleno por la pelota de fierro gigante que anda por adentro del túnel.
    De todos los apuntados por Tomás, Masa y Lousteau quizás sean de lo mas interesante, unidos por la misma generación y un origen común en equipos técnicos integrados en forma plural con la finalidad de pensar políticas que puedan servir para futuros gobiernos. Grupo Unidos del Sur, Sofía, etc.
    A diferencia de lo que ocurre hoy, cuando basta la adhesión simple a alguna agrupación propia del gobierno, Masa armó su equipo de trabajo en Anses con gente proveniente de distintos partidos y respetando a rajatabla la regla de oro con que Herminio Iglesias armaba las listas de concejales (“…un negrito, un dotor, otro negrito otro dotor”) su gerente de planeamiento -para nombrar un caso- era nada menos que ex-Ministro de Economía de San Juan;
    Invirtió en tecnología como para armar una base de datos que hoy es imprescindible para aplicar cualquier tipo de política publica- hizo certificar bajo normas internacionales la mayoría de los sistemas y procesos del organismo , multiplicó las agencias de atención al publico y como para que sus gerentes no tuvieran mas remedio que trabajar estableció programas de incentívo por productividad.
    Yo le pondría un voto a cualquiera de los dos, y pareciera que un futuro gobierno no debería prescindir tampoco de personas como Graciela Ocaña, José Manuel de La Sota o Manuel Garrido. Lousteau, de amplia formación (incluye en su currículum la rareza de haber sido corresponsal de guerra en Afganistán) y contrariamente a lo que se podría suponer atribuye lo que sabe mas que a la London School of economics, a las tácticas del fútbol.
    Es hincha de Independiente.

  • 9. Santiago Kaderian  |  2 junio 2014 en 8:42

    Incluso los científicos piden más ingenieros, tarde pero seguro Mariotto todo el tiempo está pidiendo que dejen de estudiar Carreras Sociales para estudiar Ingeniería…
    Ojalá que la carrera esté bien hecha porque los ingenieros de hoy no son los de Frondizi …

  • 10. Alejandro A.  |  2 junio 2014 en 10:56

    P.D.: El Cullen al que quise referírme se llamaba Domingo, fue Ministro en Santa Fé y luego gobernador. Es el autor intelectual del Pacto Federal.

  • 11. diana monnier  |  2 junio 2014 en 15:02

    Coincido que hay gente capacitada, con formación profesional, pero con otro carácter y con ideas propias podrían formar nuevos partidos , otras líneas de acción y no reproducir proyectos políticos poco prósperos. En el caso de Sergio , surgió de las bases de la Anses, gerenciando como es sabido y alcanzando allí , su máximo contacto ( carisma )con la gente; pero dirigir la Administración de Seguridad Social e intentar la gobernación de la Provincia o la presidencia del pais, no es el mismo trabajo a mayor escala, no;es un campo de acción con aristas de diferente consideración, donde se ha visto más de una vez, que sorprendidos y al frente de todos los comandos, terminan conduciendo el país, con piloto automático de emergencia, o lo que es peor, tratan de salvarse ellos de cualquier forma. Se requiere más que eso.

  • 12. Gustavo  |  2 junio 2014 en 19:15

    Aunque en estos tiempos la politica se transformo en una especie de “industria” Se van acomodando, meten a amigos, parientes, el dia que se mueran lo continuan sus hijos.

  • 13. Sergio R.  |  2 junio 2014 en 19:53

    Buenísimo el análisis. Gracias. Rescato dos frases:

    “..De acuerdo a nuestra inveterada costumbre de juzgar, nos convertimos en cuarenta millones de fiscales al mando de una nave pirata…”
    “…Nietzsche siempre insistía en que además del “cómo” hay un “quien” habla, y un contra quien se habla. El saber tiene que ver con ese “cómo”, y el poder con el “quien”.

  • 14. rodolfo lópez  |  5 junio 2014 en 17:49

    “Los marxistas del siglo XIX distinguían bien las 3 clases sociales: la burguesía, la pequeña burguesía y el proletariado” -ahora se llaman de otra manera-. Lo que no pudo anticipar el todavía vigente Carlos Marx es que existiría, en el siglo XX, en Argentina, otra dimensión.
    ¡La Línea 60!
    ¡La Internacional 60!; la que hoy está a punto de desaparecer.
    Los que tuvimos el privilegio de usar sus servicios en los ´50, ´60, ´70 y aún en los ´80 sabemos qué cosa es “pertenecer”, a esa “cuarta categoría” (ejem, superior a las demás).
    Porque incluso su recorrido más común, “El Alto”, era eficiente y agradable, e igualaba a todos sus pasajeros (ejem, para arriba).
    “El Bajo” era más canchero -recorría Avenida Libertador desde Punta Chica hasta San Isidro- y uno bajaba del coche (en puente Saavedra por ejemplo) sintiéndose todo un bacán; pensando que los verdes solares patricios que había visto también le pertenecían.
    Yo tomaba el cole en la misma terminal de Tigre, o lo esperaba -cómodo- a una cuadra, todos rodeaban el emblemático Tigre Club para llegar hasta mí: El Alto venía desde el río Luján, El Bajo, desde el arroyo Reconquista.
    Cuando aquella mítica terminal de Tigre se mudó a Villa La Ñata el certificado de defunción de la 60 distinguida estaba escrito.
    No importaba ser albañil, médico o costurera (yo era desocupado), los pasajeros éramos todos iguales mientras durara el viaje en la 60 (mejor dicho, éramos mejores). Lo evidenciaban los gestos de cortesía que se prodigaban las irreconciliables (?) clases sociales de Marx.
    Después llegó el “Semirrápido” a la 60, que daba cierto aire ejecutivo (yo lo sentía aunque seguía desocupado). Y en poco tiempo el “Diferencial”, que costaba un poco más (yo ya trabajaba) y que tenía rico perfume, música funcional, ¡coches nuevos!
    Hasta luces de colores! En fin….

    PD .Cuando hoy subo a un 108, 176, 140 (no hay peor) o a un 133, 111 o 114 recuerdo con nostalgia “La Internacional”

  • 15. Elías  |  6 junio 2014 en 13:44

    La línea 60 y la política
    “El peronismo es un engaño, un arma: les sirve a los autodenominados peronistas para convencernos de que son parte de lo mismo y que, por lo tanto, los demás deberíamos considerarlos como un todo, votarlos como un todo, temerlos como a un todo. El ¿peronismo?, al fin, es el 60: una línea de colectivos que en realidad son muchas. Todas tienen el mismo color, el mismo número, pero una va a Tigre, otra a Escobar, otra a San Isidro, una por Fleming, otra por Maipú, otra por el Acceso, y todas se pintan igual, aunque sean tan distintas. Así lleva a sus clientes, entregados, apiñados, a cualquier lado, el ¿peronismo?”

    Martín Caparrós. Argentinismos.Planeta- 1° edición 2011

    El 60: ¿es La Internacional o La Marchita?

    ¡Arriba, parias de la Tierra!
    ¡En pie famélica legión!
    Atruena la razón en marcha…
    un grito de corazón:
    ¡Viva Perón! ¡Viva Perón!

  • 16. mendele  |  6 junio 2014 en 14:24

    porque marcos osatinsky dio la vida por peron ,si esteera un simpatizante nazi

  • 17. Elías  |  7 junio 2014 en 15:11

    mendele, la metáfora de la línea 60 está perfectamente desarrollada en los textos de Caparrós y Rodolfo López: ¿necesita explicación?

  • 18. rodolfo lópez  |  8 junio 2014 en 14:44

    Metiéndome por la ventana, del “cómo”, del “quien” y del “contra quien” de Nietzsche, con los que el Profesor interpela al que se crea capaz de conducir a nuestra Argentina adelante, sabiendo poco me permito un agregado breve.
    Aquel 60, partiendo de Tigre -enclave neutral-, reunía dos países hostiles y lejanos, que nunca mantuvieron relaciones diplomáticas: el norte paquete del gran Buenos Aires y el fiero barrio de Constitución. Lo hacía de manera cordial, brindando su excelencia al changarín y al copetudo (y en el medio a todos).
    El 60 -entonces- no se esperaba, se tomaba. Fluidez doble o triple en horas pico hacía que detrás del bondi lleno hubiese otro con asientos libres, disponible. Eran servicio y laburo ensamblados.
    Un dueño de un cole también manejaba, 10 horas por día. Objetivo: reponer la unidad en dos años, con socio hijo o cuñado tal vez.
    Era “componente” de la empresa, empresario. Sin subsidio tenía en cambio línea de crédito -de la Mercedez benz o de la fábrica de carrocerías- a su alcance, que se brindaban a una confiable 60 en circuito virtuoso.
    Resulta raro -a la luz del marxismo- que los choferes empleados laburantes tuviesen también la camiseta puesta. Y el orgullo de jugar en primera. Empezaban la jornada acicalados para la fiesta extraña de trabajar con gusto, y de servir. Para eso muchos ponían linda música -ideal compañera de viaje-, luces o amuletos colgando.

    .

  • 19. Ferdinand  |  8 junio 2014 en 15:03

    Lo que le preguntaria a Leonor Liliana Guerri por que desacredita la vigencia de Marx y si para ella las clases sociales no existen,espero su rta,gracias

  • 20. rodolfo lópez  |  9 junio 2014 en 13:56

    Elías, Ud quiere pasar por Mascherano pero es Messi.
    Buena metáfora la de M. Caparrós de 2011, que asimila la monstruosa línea amarilla que describe con el peronísmo.
    En homenaje a la etapa artesanal añeja, me abstengo. Saludos.


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