Estudiar o educar (Perfil 15/12/2013)

15 diciembre 2013 at 7:41 17 comentarios

Estudiar o educar

(Texto leído en las jornadas “La hora educativa” organizada por el Cippec en la Biblioteca Nacional)

 

Estudiar y recibir una educación no es lo mismo. A veces es lo contrario. Estudiar puede  convertirse en una actividad necesaria para resistir al proceso educativo. El estudio no deriva de un canon ni de un procedimiento regulado que prescribe las etapas de una formación disciplinaria. Aprender es una experiencia personal imposible de imitar. Tampoco se trasmite aquello que se aprende como si se fuera propietario de un producto terminado.

Estudiar no reúne en un espacio compartido a un ignorante y a un sabio, sino a dos ignorantes en cuestiones diferentes. El maestro o el profesor, muestra el modo en que trabaja su ignorancia, como la recorre, el modo en que la disfruta o el efecto que le produce. No hay razón alguna para que se muestre autosuficiente o seguro de su erudición. Esa postura de un supuesto saber consolidado esteriliza las mentes, tanto la del depositario de la información como el del receptor de la misma.

La ignorancia consciente de sí provoca una inquietud persistente conocida con el nombre de curiosidad. Una de las cualidades que puede trasmitir un enseñante es su insatisfacción. Su búsqueda permanente, la interrogación irrestricta sobre los conocimientos adquiridos, la necesidad que tiene de confrontar puntos de vista y de incitar al debate, su asombro ante las novedades del mundo, sus ganas de vivir.

Si no tiene nada de lo que acabo de mencionar, poco puede hacer para aportar algo de valor a los otros ya que nada se aporta a sí mismo.

Estudiar es una experiencia vital que se comparte. A pesar de ser una experiencia personal no se la lleva a cabo solo. Se estudia con libros y textos que han escrito otros. Se estudia en espacios diseñados a tal fin, escuelas, universidades, institutos. Estudiamos entre alumnos y maestros. Ponemos en práctica la ignorancia activa que pregunta el por qué, la que no se satisface con el enunciado de una autoridad y busca una verdad.

Estudiamos porque necesitamos trabajar para expandir nuestra mente y descubrir el mundo. Estudiar es un oficio. Tiene todas las exigencias de cualquier artesanía. Es una tarea productiva. Estudiar no es sólo leer o calcular, sino activar las distintas formas de nuestra sensibilidad para producir algo que no somos nosotros y que nos permite hacernos a nosotros mismos como proyecto inconcluso.

Estudiar nos saca de nuestra identidad recibida y de la que nos venden cada día. Es una barrera resistente al aluvión consumista. Pero también nos autoriza a descreer de las verdades y de los bienes patrióticos abusados para legitimar el poder de turno.

Nos permite decir que “no” sabiendo por qué. Estudiar es una manifestación guerrera. Nos curte en el arte de la lidia, del combate ante los obstáculos, nos templa ante los desafíos. Nos arma contra la acción corrosiva e implacable del tiempo que se muestra infinito, ilimitado, repetitivo, cuya consecuencia de no ser de alguna manera domado, es el aburrimiento y la resignación.

Estudiar nos hace productivos, lo que nos ahorra la necesidad de querer ser felices a  la manera extática de un goce sin altibajos o de un sistema inmunológico que nos ahorra cualquier infortunio.

Estudiar nos permite conocer tanto la frustración como el esfuerzo por superarla, lo que nos vuelve más generosos y tolerantes con virtudes y defectos tanto propios como ajenos.

Estudiar es una ética de la voluntad.

Y además, estudiar es un problema.

Aquí comienza el apartado  conocido con el nombre de educación. Se estima que hay alrededor de 800.000 docentes en el país. Es una fuerza gremial gigantesca. Sus reinvindicaciones son las del cualquier gremio y las que ejerce todo poder de esa magnitud. Las luchas internas hegemonizan su acción. Los temas del ausentismo, la calidad laboral, los resultados, los sueldos y las condiciones de trabajo, son materia de discusión diaria. Se trata de un problema político, sin duda, además de cuestiones históricas y tradiciones culturales. Mover un elefante con una mano no es más difícil que cambiar los engranajes y el rumbo de una burocracia de esta magnitud que como tal se reproduce a sí misma.

Se dice que en estos años se ha incluido a cientos de miles de menores de edad al aparato escolar y que poco se puede pretender en términos de calidad en un tiempo tan exiguo. Pero la tendencia no parece avalar que el tiempo juegue a favor de una mejora educativa.

El problema no es la escuela primaria ni la universidad, sino lo que está en el medio, es decir la adolescencia en la enseñanza media. No porque los dos extremos del proceso educativo no necesiten forjarse metas más ambiciosas que su perfomance actual, sin duda que las necesitan, sino porque desde los trece a los dieciocho años hay algo así como una tierra de nadie.

Pedagogos bien intencionados y con ánimo auténtico de pensar el problema han dicho que la brecha generacional no es colmable desde la enseñanza. Desde este punto de vista, un profesor no puede captar la atención del alumnado con la puesta en escena de su pasión, de su vocación, y de su entrega al estudio. Por lo que todo lo que dije en un principio de esta disertación sería inútil.

Ninguna oferta desde el educador llega al alumno sin una demanda previa. Si no hay demanda, repiten, no hay recepción. Los pibes hacen la suya y viven su vida mientras el maestro tira sus botellas al mar.

Sin embargo, lejos de proveer así  una visión pesimista, señalan que los adolescentes tienen sus modos de buscar información, sus conocimientos tecnológicos a los que acceden con una facilidad que supera a la de cualquier enseñante, y que de alguna manera pueden hacer caso omiso de la función profesoral para abrir los surcos de la vida en el camino a la adultez.

Filósofos respetables de edad avanzada abren su corazón a las nuevas generaciones a las que le reconocen las habilidades del pulgar sobre la tecla y los beneficios de la dispersión. Así lo hace Michel Serres en su libro “Pulgarcita”. Pero otros se enojan ante la misma realidad a la que condenan por ser nada menos que una fábrica de cretinos, como lo señala Jean Paul Brighelli.

En conclusión, la escuela secundaria ya fuere por las nuevas tecnologías o por cambios culturales, ha dejado de tener sentido.

La verdad es que no tengo ni fuerzas ni argumentos para refutar esta afirmación. Reconozco mi fracaso. No tengo elementos para la réplica ni convicciones para ofrecer alternativas. Puede ser que las cosas sean como se dice.

Esta idea de un mercado en el que la demanda posibilita la oferta puede ser real o verdadera. Pero ni me gusta ni me atrae. Nos convierte a los maestros en seres pasivos, individuos en estado latente, culpables por haber trabajado.

Creo que es una buena medida admitir un fracaso. No seremos la primera generación de docentes en haber fracasado. Fracasaron con nosotros en la década del sesenta. Mis profesores de la secundaria me hablaban de asuntos que no me interesaban para nada. La palabra dicotiledónea como Yan Tsé o Nefertiti, no me decían más que una marca de medicamentos. La pasión de la profesora de literatura por Tirso de Molina, me resultaba   una excentricidad de una señora en función gramatical.

¿Por qué no podemos fracasar nosotros, ante chicos de quince años? ¿Por qué debemos interesarlos?

Pero entonces qué hacer? Nada. Nada más que lo que hacemos. En cuanto a mí, quizás por razones de edad, no concibo adaptarme a los nuevos tiempos. No me dan ganas de seguir los consejos de los políticos de la educación. Quienes dicen que antes de enseñar una materia hay que escuchar a los alumnos. Acercarnos a ellos. Todo eso me parece una ideología legitimadora de todo tipo de mediocridades y facilismos. Fruto de un afán de pendeviejo por ser un profesor admirado y encantador a la manera de un Robin Williams en películas edulcoradas.  Creo que en estos años se ha inculcado una ideología derrotista y mezquina en nombre de derechos, poderes falsos, y una demagogia felizmente compartida.

Ideología pedagogista que oficia de policía educativa que habla de educar en lugar de  enseñar; que se olvida de la palabra “aprender” porque así como enseñar exige esfuerzo y actualizacion; que hace del alumno el centro de la escena y que lo invita a expresarse para hacer de la clase un pasatiempo de una ideología neorrousseauniana, caritativa y conductista; que cree que la escuela debe ser un ecualizador social y que se escuda en la pobreza para nivelar para abajo; o que hace de la educación una coartada para justificar explotación, marginación y miseria vital que nada tiene que ver con ella; que se place en la renuncia al pensamiento encarnado en el trincherismo binario: trabajo o juego; divertirse o aburrirse; profesión o vocación; ciudadanía o mercado; meritocrático o inclusivo.

En lugar de hablar de derechos y deberes, podríamos decirles a los jóvenes que ayuden a los profesores que aún quieren enseñar su materia, que compartan su esfuerzo por trasmitirles algo que cree importante, colaborar para dignificar su oficio, por no dejarlo solo dependiendo de un carisma personal o de la demagogia ante la total indiferencia de la sociedad.

Pero no, es tanto más fácil rendirse, y resignarse a que los que ingresan al profesorado lo hacen sin ganas, para asegurarse un sueldo mínimo y un puesto cómodo; y que los adolescentes están en otra cosa, y que la escuela sólo tiene sentido si se muestra la injusticia del mundo neoliberal y la esperanza de la patria grande y de los héroes y mártires de un panteón montado por todo tipo de manipuladores.

Es tanto más fácil plegarse a las tomas de los colegios, ir de la mano con los hijos para sumar indignados a la televisión; a reforzar la concepción de un mundo que engaña, que destruye, en el que la tarea de edificación de un ladrillo sobre otro, es un mito de Sísifo.

Repetir como si eso fuera joven el lema de la esclerosis troskista que dice que quien quiere ser bueno en un  mundo malo hace del mundo algo peor.

La palabra ideología ha transitado por los mismos canales que otras palabras cuando están en manos de ciertos personajes. Lo mismo ha pasado con los derechos humanos.

El problema es que la ideología no es una representación del mundo que guía nuestra conducta como sI fuéramos entes racionales programados de acuerdo a valores. La ideología no tiene otra función que la de un placebo que decora nuestros intereses. Es moralina confitada de la peor manera y  a la vez un aparato de censura.

Por mi parte, mientras viva en el mundo y no me retire a una cueva para esperar la muerte, si la salud me acompaña, no tengo más remedio que estudiar, y buscar prójimos a quienes mis estudios interesen.

No veo otra forma de hacerlo que exigiendo atención, no abdicar de la lucha contra la pereza, sumar voluntades en lugar de subordinar inteligencias, generar pasiones, comprometerse en la acción y en la palabra con la tarea,   inventar y descubrir mundos.

Me excusarán de que no hable de sociedad de conocimiento, de que la educación es lo único que nos saca de la pobreza y del atraso, si es mejor subsidiar la demanda de escolaridad que financiar la oferta, si es mejor la descentralización comunitaria o la estatización tradicional, y de otras cosas igualmente aplastantes. La vida continua.

 

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Después de Shakespeare ESTA NOCHE EN ANIMALES SUELTOS CON FANTINO….

17 comentarios

  • 1. rib  |  15 diciembre 2013 en 9:16

    educar no es dar una carrera para vivir
    sino templar el alma para las dificultades de la vida

    pitágoras

    p.d. : mala … mala ideología luego bueno yo

  • 2. philo  |  15 diciembre 2013 en 13:47

    La conferencia tiene conceptos buenos.

    Lo que me parece una tremenda estupidez es de sus cuestiones de edad y que no tiene fuerzas, PROFESORRR!!!! dejese de jorobar!!!!!! quien aún es capaz de tener una bella sonrisa, es capaz de todo.

    Nada de tanto pedagogo pensante, solo es necesario estar enamorada de la docencia y de los alumnos y vivir ese AMOR con entusiasmo.

    Es cierto que en como se dan las clases hay una falta de sentido, pero para que estamos nosotros?, para entender porque y darselo.

    Y en cuanto al fracaso me gusta la frase de Samuel Beckett
    “Fracasa, fracasa de nuevo, fracasa mejor”

  • 3. Lidia  |  15 diciembre 2013 en 16:26

    Comparto , nunca me gusto eso de ser la profe querida al estilo Robin Williams o Sandrini , nos ablanda a todos y no creo que para bien , tampoco ser un monstruo , distancia … acercamiento solo cuando es necesario ,nada de buscar complicidades , esa es mi metodología , y creo haber sido muy respetada en mis años de docencia
    Saludos

  • 4. Gustavo  |  15 diciembre 2013 en 19:09

    Yo creo que mejor que estudiar es educar. Porque estudiar es como que me suena a la secundaria, a estudiar para dar una prueba, para pasar de año. Como todo ser humano hay materias que me gustaban mas que otras. Las que me gustaban estudiaba y compendia el texto, me interesaba. En cambio las otras estudiaba casi de memoria para tener buanas notas. Es mas. Aprendi mas de historia argentina escuchando o leyendo a historiadores como Felipe Pigna que en la propia escuela. En la escuela me aburria. Eran todo batallas, nombres, cosas lejanas. En cambio ahora leyendo me parece interesante y me gusta. A veces pienso que los hechos se repiten. Antes eramos el granero del mundo y venia el contrabando por los tuneles de la plaza de Mayo. Ahora somos el mayor exportador de soja y tambien hay cosas de contrabando jaj
    Pero con la educacion hay que hacer algo urgente. Por mas que hablen lo contrario Argentina salio en el puesto 59, entre los ultimos. Algo no anda bien. Hay que capacitar mejor a los maestros. Aparte de duplicarlos para que a cada maestro se le simplifiquen las cosas y no tenga que estar yendo de escuela a escuela. Pagarles mejor. Aunque lamentablemente tampoco depende todo de ellos. La sociedad esta mal. Por ahi un maestro no le aprueba a un chico y vienen los padres a patotearlo. O le pegan los propios alumnos. La sociedad esta mal. Los que saqueaban no eran todos necesitados, muchos lo hacian simplemente por saquear. O los de Boca que rompieron todo en el centro. Algo no funciona. Y lamentablemente es dificil de coreregir. Porque cada uno se cree el dueño de todo, de hacer lo que se le cante, sin escuchar ni respetar al otro

  • 5. Leonor Liliana César Güerri  |  16 diciembre 2013 en 9:03

    Yo soy abogada, es decir, hice una carrera universitaria, pero al igual que Tomás, nada obtuve de la secundaria, y eso que la terminé en 1960. Creo que la terminé porque en ese entonces ni se me hubiera ocurrido abandonarla, no entraba eso dentro de las posibilidades de una chica de clase media en ascenso de esos años.
    Siempre digo que yo empecé a pensar cuando ingresé al ciclo básico de la UBA y un profesor nos habló de “organización social”, terminología que yo en mi vida jamás había escuchado (¡!).

  • 6. Juan Martin Masciardi  |  17 diciembre 2013 en 7:09

    Buen día profesor. ud. siempre tiene cosas interesante para decir sobre educación. aquí en mi provincia se hicieron dos grandes congresos nacionales sobre el tema, estaban orientados a la carrera de ciencias de la educación sobre todo. se establecieron talleres con adolescentes y niños. pero todo quedó ahí, porque no han cambiado nada de la problemática que describe aquí o en otras notas suyas sobre educación. conseguí homo academicus, lo tomé de la biblioteca de la alianza francesa en san juan, para leer en mis vacaciones. en cierto modo, también ahí se trata sobre educación y el sistema educativo.
    lo vi hace poco a ud. en un video sobre sartre en canal a. jajaja noté que tiene una foto del mismo en su estudio en un porta retrato.
    por último, no sé por qué a mi casilla de correo no me llegan notificaciones cada vez que sube algún post aquí en su sitió. Un abrazo y buen comienzo de semana.

  • 7. george  |  17 diciembre 2013 en 12:47

    Hey,…teacher.leave de kids alone….

  • 8. george  |  17 diciembre 2013 en 12:59

    Que pena,los políticos sí han percibido siempre qué quiere decir dicotiledónea.Una vez le pidieron a un senador que llegó a presidente le brindara a un joven integrante de la cámara dispuesto a dar un discurso una definición de Moral,y gustoso le contestó a ver..a ver…,ah¡,sí anote,moral:árbol,tipo arbusto,de la familia de las dicotiledóneas que da un fruto dulzón…

  • 9. Elías  |  17 diciembre 2013 en 13:46

    Los adolescentes aborrecen a los profesores porque la mayoría de los profesores ( sobre todo los de filosofía) aborrecen a la poesía.

  • 10. Sergio R.  |  21 diciembre 2013 en 13:48

    Me encantó. Doy clases e Ingeniería. Tengo comentarios… pero mas tarde. Un abrazo.

  • 11. juanelsantiagueño  |  21 diciembre 2013 en 19:44

    “En conclusión, la escuela secundaria ya fuere por las nuevas tecnologías o por cambios culturales, ha dejado de tener sentido…” Inobjetable.
    Ahora ¿como se entiende que importantes grupos de estudiantes y sus familias, cuyos hijos son los primeros de una larga descendencia en llegar a la escuela secundaria por primera vez, pelean contra viento y marea con los burócratas elitistas por acceder a las mejores escuelas públicas santiagueñas con muchas expectativas?
    ¿Contradicción, que le dicen?

  • 12. Sergio R.  |  25 diciembre 2013 en 20:17

    Qué buena conferencia Tomás, es brillante. Tal vez mi juicio de valor solo se deba a que coincido con todo lo que ahí expresás, además, me gusta tu sincericido acerca de la falta de ideas y propuestas para cambiar la escuela media. Pero pareciera que nunca funcionó la escuela media, sin embargo, es mejor tenerla que no tenerla. A veces pienso que mi gusto por al educación viene de lo mal que me enseñaron. Pienso que la escuela secundaria hace 30 0 40 años era tan aburrida para los adolescentes como ahora solo que, en esas épocas, la coerción paterna y social hacía que no tuviésemos opciones y la queja fuese infructuosa, por lo menos en la mayoría de los casos. Hoy los chicos tienen mas herramientas de protesta y má s poder. Es como con los gays, no es que haya mas ahora que antes, o curas pedófilos, solo que antes no salían a la luz.

  • 13. CREED BRATON  |  3 enero 2014 en 6:48

    Hola Tomás: trabajo de maestro de primaria desde hace 22 años…como vos pienso y admito mi fracaso como posibilidad de volver a empezar, rempujar si se me permite, etc. Desde mis inicios intento hablar de esta dificultad con mis compañeras (más del 98 por ciento es mujer)…me alegra empatizar con tu punto de vista…la seguimos pensando y trabajando…tengo demasiado que aprender y entrega que concretar con los chicos y sus familias y todo el entorno…Te sigo y leo, muchas gracias.

  • 14. silvia  |  12 enero 2014 en 17:43

    Hola Doctor Tomás: me reconforta que una voz potente como la suya hable por una cantidad enorme de profesores que coincidimos casi totalmente con sus perspectivas. Soy de Rosario, Santa Fe. Aquí lamentablemente asistimos desde hace unos años a la destrucción con la que el PSP ha arremetido contra la escuela pública secundaria, dónde las materias se han transformado en “espacios curriculares” de la nada. Todo en pos de “incluir” (obvia falsedad). Pero esto no les basta. Ahora van por el profesorado: seguirán bajando la carga de horas dsiciplinares para otorgársela a “espacios” tales como “cuerpo y movimiento”, donde los estudiantes -futuros profesores- deben “expresarse” bailando y franeleándose para ser “docentes integrales”…bla bla bla.
    Le comento esto porque se que Ud. apoya a Binner y al PSP. Pero supongo que lo hace porque desconoce cuán estafadores son estos también. Los K son una banda de patoteros brutos y choros desprolijos. Estos son una banda de mormones vigilantes e hipócritas. Choros de guante blanco.
    Bueno, ojalá lea estos comentarios.
    Sus reflexiones nos afirman a muchos en nuestra tarea de estudiar y enseñar. Gracias.

  • 15. silvia  |  12 enero 2014 en 21:36

    Hola Doctor Tomás: coincido con sus comentarios casi totalmente. los gobiernos estimulan el simulacro y la estafa educativa. Soy de Rosario, Santa Fe, y aquí, el PSP se ha enseñado contra el conocimiento. A fines de 2011 inició la reforma de planes de estudio del secundario liquidando las “materias” para convertir todo en “espacios curriculares” amorfos y vacíos de contenidos. Todo en pos de la falsa inclusión. Ahora van por más, con la destrucción del profesorado, donde los futuros profesores deberán acudir a “cuerpo y movimiento”, “itinerarios culturales” y una sarta de engendros para que no sean “intelectuales” sino “docentes integrales” que “comprendan y contengan” a los alumnos, al decir de ellos. Doctor, este es el PSP que Ud. avala, pienso que por desconocimiento… en fin. Gracias por apoyar la tarea de los que estudiamos y queremos enseñar.

  • 16. Tomás Abraham  |  13 enero 2014 en 10:39

    silvia
    no sé lo que es el PSP, y no me llama la atención lo que me cuenta. el anacronismo y las niñerías de las propuestas culturales y educativas del socialismo santafesino hace rato que las he criticado por escrito y en voz alta ante todos ellos. atte

  • 17. george  |  28 enero 2014 en 18:58

    Gustavo:El intelectual dice:”no creas en lo que piensas”,puesto que en ese momento estarías congelando lo pensado,lo condenas al estancamiento.La iglesia señala que eso es peligroso por cuanto instala un artero fundamentalismo,,el del relativismo.-Los intelectuales replican que Jehová cambió muchas veces el dogma,aparentemente después de una conveniente contemplación serena de sucesos.(Veamos que hay Ant.Testamento,Nuevo Testamento,Cartas apostólicas,etc.)-Así se pasó del Monocultismo al Monoteísmo,.Se promulgaron miles y miles de mandas y normas en el levítico y después se pasó a un solo mandamiento,”el del amor”.Los prelados preguntan que tipo de civilización puede fundarse en base a la duda permanente.Los intelectuales vuelven a aclarar que tomar las cosas literalmente no es buen camino,más bien lo que cuenta es la actitud de querer saber más y ADMITIR NUEVOS saberes lo que vale.Después de todo el propio Ratzinger en la encíclica “Deus Caritat Est” enseña que el juego está abierto y que falta mucho por ver aún como obra del amor,es decir habrá nuevos capítulos de la biblia,eso sí hay que esperar siglos.-


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