Entrevista revista Sophia (octubre 2013)

6 octubre 2013 at 11:46 13 comentarios

Entrevista revista Sophia

 

1. ¿Cómo ves la Argentina que se apresta a votar en octubre? ¿Te preocupa la coyuntura, o intentás mirar más allá?

 

Se vive en la coyuntura pero también se piensa en el futuro. Es imprescindible pensar en el futuro. Los intelectuales críticos, los universitarios, los politólogos, cuando piensan en los cambios que deberían acontecer abstraen la lucha de sectores, grupos, corporaciones que hay en la Argentina, y siembran en un campo llano y fértil a disposición de sus ideas. Hacen del país una maqueta y se autodesignan como sus ingenieros. Debe ser una tendencia derivada de nuestro paisaje pampeano.

Por lo que más me preocupa es el futuro. Lo que sucederá en octubre es importante pero volátil. La diferencia entre agitación y movimiento me ha servido para trazarme una imagen de la evolución de nuestro país. Octubre sirve para la agitación, pero no necesariamente mueve algo.

2. ¿Qué ideas o autores te inspiran para pensar una posible Argentina del futuro?

 

No encuentro pensadores totales. Cada uno de nosotros arma su botiquín hermenéutico y sale a la calle con lo que tiene. La mayoría de los autores o las ideas que circulan, se disputan el pasado. Tanto el del siglo XIX como el de hace cuarenta años. Respecto del futuro, me interesa en especial el punto de vista de los economistas y el de los ecologistas. Pero sin nombres propios. La producción de bienes como la protección de recursos son materia obligada y prioritaria para un país productor de commodities inserto en el mercado mundial.  De todos modos tengo mis faros, D.F. Sarmiento es uno, J.L. Borges es otro, Fernando Fader, Pío Collivadino y Tulio Halperín Donghi. Cuando me presente en el cielo si Dios es compasivo conmigo, y San Pedro o Jeremías me pregunten de dónde vengo, le diré que es del país de estos cuatro nombres.

3. En ese futuro hipotético, ¿vas alguna salida a la Argentina dicotómica de hoy?

 

Me interesa salir un poco del lugar común de estos últimos años que habla de dicotomías y trincheras. Creo que nos hemos instalado cómodamente en la idea de que si juntamos las orillas todo va a ir mejor. Por mi parte temo que ni las orillas se juntarán – ya que pueden hacerlo bajo las aguas y no es conveniente –  ni que ése sea el problema. Voy a ser más simple: tenemos agua limpia, tierra fértil, gases ocultos, metales andinos, una rica plataforma submarina…esos elementos estratégicos son el oro del futuro, el petróleo  y el caucho que posibilitaron la revolución industrial. Para que ese regalo de la naturaleza favorezca el desarrollo del país y el bienestar de sus habitantes se necesita capital, tecnología y recursos humanos. Evitar la contaminación, la desertificación, el saqueo de minerales y de la pesca es una misión ineludible. La política para llevarlo a cabo y cómo conseguir financiación y conocimiento es en lo hay que hay que pensar. A eso le llamo futuro, y sobre eso debe girar la discusión política.

Si ignoramos esta meta y creemos que todo debe decidirse en la defensa de derechos, profundizaciones de modelos, invitaciones al diálogo, himnos a la equidad, lamentos por la pobreza y loas por una mejor educación, seguiremos igual.

4. ¿Hay algo que los intelectuales puedan o deban hacer para ayudar a zanjar esa brecha, y despejar los antagonismos extremos?

 

Creo que no se trata, lo digo nuevamente, de colmar brechas, sino de cambiar el terreno de la discusión. Una política del futuro se encuentra con resistencias poderosas de la sociedad argentina. No me canso de repetir que el pregón por la necesidad de cambios, de modificar la matriz productiva, de reformar la educación, de una política fiscal progresiva, de la salud universal, y  de la plena ocupación, no tienen por obstáculo el estado ni el gobierno de turno, sino a la misma sociedad.

Los intereses privados y corporativos mandan y se ponen de acuerdo para no ceder terreno y reforzar posiciones. Cuando la presidenta llama a dialogar luego de las PASO a los verdaderos interlocutores de su gobierno, convoca a la dirigencia empresarial y a la sindical. No lo hace como antes que se llamaba a la Iglesia y a las fuerzas armadas, en eso hemos mejorado. Pero no invita a los partidos políticos. Más allá de la chicana evidente del rito, muestra cómo se mueve el poder en la Argentina. Cuando hay elecciones  hablamos de lo que quiere la gente; para gobernar, hablamos con los que pueden hacer y deshacer.

5. La escritora de ciencia ficción, Ursula Le Guin, le hace decir lo siguiente a uno de sus personajes (en una novela del ‘69): “No hablo de amor cuando hablo de patriotismo. Hablo de miedo. El miedo del otro. Y sus expresiones son políticas, no poéticas: hablo de odio, rivalidad, agresión”. Si tomamos en cuenta ese aspecto del patriotismo que da lugar a la xenofobia y el miedo, ¿tiene sentido, hoy, seguir sosteniéndolo como un valor?

 

No se trata desde mi punto de vista únicamente del patriotismo. Más aún creo que hoy en día la lealtad patriótica está subordinada a la identidad religiosa. Es la religión la que guía las voluntades en términos de identidad. Sin duda, no hay identidad, si no se crea la imagen del otro. En un mundo de un solo país no existiría el patriotismo.

Es muy difícil, casi imposible, que se pueda pensar en una idea de patria sin la presencia de un enemigo real o imaginario. Las naciones no surgieron por una creación burocrática sino por despedazamiento sangriento de imperios y luchas entre etnias y pueblos.

El proceso que vivimos parece inverso al que permitió el surgimiento de los estados nacionales una vez firmada la paz de Westfalia en 1648. Las guerras de religión habían desangrado a Europa y el pacto de tolerancia mutua y la separación entre iglesia y estado, crea el espacio de las monarquías absolutas y parlamentarias. Hoy la globalización financiera, el mundo corporativo trasnacional, la velocidad de las operaciones, la diseminación y privatización de armas nucleares, hace que hablemos de estados fracasados o débiles, estados que carecen de moneda y de control de la violencia en su propio territorio.

Entonces hablamos de civilizaciones y de religiones, de guerras santas y de choque de civilizaciones. La idea de patria queda algo anacrónica y lo apreciamos en la interdependencia de mercados y en la voluntad de no aislarse.

 

6. En ese sentido, la filósofa estadounidense Martha C. Nussbaum señala que, aun teniendo en cuenta los peligros de enseñar el patriotismo, “seguimos necesitando emociones patrióticas para motivar proyectos que requieren trascender el auto-interés”. Y acota que, así como un apego seguro a nuestros padres fortalece nuestra identidad y auto-estima, un apego saludable a una idea de nación puede otorgarnos la confianza necesaria para respetar a personas de otras nacionalidades. Aboga entonces por un “patriotismo compasivo y cosmopolita” basado en ideas como la de Martin Luther King Jr., quien dijo en 1967 y oponerse a la guerra era “el privilegio y la carga de todos aquellos que se sienten apegados a alianzas y lealtades más amplias y profundas que el nacionalismo, y que van más allá de las posturas y los objetivos auto-proclamados de la propia Nación”. ¿Estás de acuerdo con la necesidad de repensar el concepto de patriotismo que heredamos de nuestros padres?

 

No creo en la bondad ilustrada, ni en la maldad necesaria. Sino en políticas que pueden tener éxito o fracasar. Sostener que se está a favor de un patriotismo compasivo y cosmopolita es propio de conferenciantes internacionales. Sin desmerecer el pensamiento de Nussbaum. Creo sí en que hay gente idiota y peligrosa y otra que es generosa e inteligente.

Yo soy hincha de la selección argentina de futbol, pero no odio a ninguna otra selección; una persona que quiere pensar con libertad tiene sentimientos ambivalentes con su aldea. La ama y la odia, depende de la hora. Tiene una relación pasional, y a las pasiones, se sabe desde Aristóteles, no se las reprime, se las administra.  Pero, además, se las compensa con la identificación con el semejante, el punto de intersección con el dolor del otro.

El gran invento de la civilización occidental greco- judeo-cristiana, es la presencia del prójimo, eso que llaman “otro”. En ese sentido acepto la idea de Nussbaum: compasión, pero no en términos de patria, sino de vínculo personal con nuestro semejante.

Para el pensamiento oriental, el budista o el hinduísta,  al descartar la realidad del yo, al pregonar la abstinencia y el no necesitar nada, también disuelven al otro en el mundo de la ilusión cósmica. Los occidentales –  si existe una entelequia que se pueda llamar mundo occidental –  hemos aceptado el egoísmo, el instinto de conservación, el mundo de los intereses y el narcisismo primario y secundario. Estamos preparados para el altruísmo.

 

8. Has dicho alguna vez que “la fabricación de mitos se ha convertido en una inquietud intelectual en la era de la ciencia?” Sin embargo, ¿no estaremos necesitando los argentinos mitos más inclusivos y democráticos que los que recibimos en herencia y vemos perpetuados por ciertos partidos? Si tu preferencia es hablar de “Ideas” por sobre mitos, ¿cuál sería esa idea que podría venir a cambiar las cosas?

 

No es que prefiera hablar de ideas en lugar de mitos, sino que no existen más los mitos. No se fabrican religiones en un aula ni una consultoría. La idolatría contemporánea es mercantil y política. Un mito nos relaciona con el más allá, con alguna forma de trascendencia. Hoy en día lo que se quiere es fabricar creencias de laboratorio creyendo que se puede momificar el pensamiento. Ídolo que se levanta, no puede evitar tener pies de barro. De todos modos, es posible que la necesidad de adorar sea ineludible. Entregar el alma, después el cuerpo, etc. Pero, en lo que a mí respecta, lo reservo para mi círculo más proximo..

 

10. ¿Cuál es la Argentina que te reconcilia con la idea de patria y Nación?

Pienso en términos de sociedad e individuos, no en los de patria y nación. Nací en Rumania, soy judío, ciudadano argentino y mi formación filosófica la hice en Francia. Mi lengua materna es el húngaro. De patrias tengo bastante.

 

 

11. Te referiste alguna vez a una distorsión que ocurre en la opinión pública y de los medios hoy, que confunde el problema educativo con la falta de oportunidad. ¿Querría explicarnos cuál es, para vos, el verdadero problema educativo de nuestra sociedad?

Lo que me interesa es el tema del estudio. La palabra”estudiar” debería estar en boca de todos. Es algo maravilloso estudiar. Es lo mismo que experimentar, innovar, crear, pensar, hacer…todo eso es estudiar. Lo que exige esfuerzo, concentración, compromiso, un cierto grado de soledad, coraje para soportarlas frustraciones. La relación entre un  maestro y un alumno de cualquier nivel, en especial de la adolescencia hacia delante, es un vínculo en el que ambos recorren y descubren el mundo. No tiene nada de romanticismo. Es real. Aprender en que país vivimos, su geografía, su historia, incursionar en el mundo de  la vida, del modo en que nacemos, estudiar a las estrellas, la formación de los cristales, ser capaz de sumergirse en el mundo de la imaginación matemática…

Es decir, tener una idea del infinito que nos hace habitantes del mundo con conciencia de donde estamos en este período que nos toca vivir. No hay cultura del estudio, ni en mayores ni en jóvenes. Todo es “derechos”, un “a mi me corresponde”, la altanería estéril, y un coro que habla de educación para barrer y ocultar el desperdicio bajo la alfombra.

 

12. Hablaste más de una vez de la “estafa ideológica” generada por el gobierno. ¿Te parece que ha podido instalarla, también, a los ojos del mundo? ¿Cuánto tiempo es posible perpetuar una ilusión?

Una estafa no es una ilusión, es bien real. Este gobierno se sostiene moralmente por su política de derechos humanos a la vez que ha hecho un desfalco monumental a favor de los bolsillos de quienes nos gobiernan desde el 2003. La militancia al no poder resolver estos problemas de mala conciencia, se vuelve cada vez más agresiva y fanática al no poder llevar a cabo una autocrítica que los llevaría a replantearse todo nuevamente.

La decepción que tenemos cuando se cae un ideal, puede llevarnos a pensar y crecer, si tenemos el coraje de asumirla, pero también puede generar odio en quien no acepta perder esa autoestima ideológica que lo hizo sentir superior.

 

13. En relación al lugar de la mujer en nuestra sociedad, tenemos cada vez más políticas en lugares de poder, pero las noticias en los diarios dan cuenta de que siguen quemando mujeres o desapareciéndolas cada dos por tres. ¿Pensás que estamos cerca o lejos de una verdadera equidad de géneros?

 

No existe “la mujer”, hay mujeres. No existe “el niño”, hay niños. Se queman mujeres, se violan niños, se golpean ancianos. La lucha y la denuncia es contra la miseria humana y el sadismo. No hace falta hablar de equidad de géneros y otras justicias retóricas. Hay leyes, las mismas nos hacen iguales en trato y sueldos. Respetar la ley que nosotros mismos impulsamos es lo que hay que hacer. Para eso se necesita una autoridad fuerte que las haga cumplir, y una sociedad que tenga la costumbre de respetarlas.

 

14. Por último: tus afirmaciones nunca temen ser polémicas, ¿te molesta que te definan como un provocador?

Claro que me molesta. La palabra provocador se usa para descalificar a alguien y “amarillaearlo”, hacerlo personaje de historieta. Se desconoce así el trabajo de pensar y el tiempo que lleva emitir una idea de las cosas. Se degrada a quien se toma la responsabilidad de sostener su pensamiento aunque sea minoritario, reduciendo su labor a que sólo quiere llamar la atención.

En todo caso, yo “me provoco”, para no anestesiarme con los lugares comunes y el conformismo disimulado con novedades.

 

 

 

 

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Sobre la diversidad ONDA CORTA 23, por Ana María (AM)

13 comentarios

  • 1. Ezequiel  |  6 octubre 2013 en 13:10

    El problema es cuando se hace un diagnóstico desde el año 1966 es al revés los grupos de poder se abstraen de la lucha de sectores que hay en el país y siembran el inevitable prolegómeno que desde el el año 1945

  • 2. JuanMartin Masciardi (@MartMasciardi)  |  6 octubre 2013 en 13:40

    muy buena la entrevista. me gustaría leer más de la Revista Sophia. es una revista online?

  • 3. marlaw  |  6 octubre 2013 en 15:00

    Totalmente de acuerdo. Su lucidez provoca la sensación de bañarse en un manantial de agua clara y limpia

  • 4. Lidia  |  6 octubre 2013 en 16:33

    Usted es un apátrida Abraham , como nuestro Borges !!!
    “Nadie es la patria” ,,,,,,escribía nuestro genio universal
    Que es eso de “el otro es la patria ” ?? ,,,,,,no se , no lo entiendo , sospecho. Saludos Abraham,, me encanta la revista Sophia ,,nos ayuda a ser mas coquetas jaaa
    Lidia

  • 5. santiago  |  6 octubre 2013 en 22:40

    coincido en todo, me parecio muy buena la entrevista. el ultimo parrafo de la pregunta 12 y la pregunta 14 me parecieron de una profundidad muy escasamente vista.
    y muchas veces me parecio que a Abraham mucho no le gustaba Max Weber: cuando habla del porque las naciones no surgieron como una creacion burocratica sino a consecuencia del lio que había, es muy lucido tambien, eso aclara mi parecer bastante bien jajaja estoy de acuerdo con Abraham.
    muy bueno, un saludo.

  • 6. Elías  |  7 octubre 2013 en 8:17

    Estoy de acuerdo en que deberíamos madurar como nación y como personas, dejar de lado las falsas dicotomías y las divisiones que no nos han llevado absolutamente a ningún lado. Terminar de una buena vez con los odios rivalidades y agresiones entre hermanos.

    PD Ja! ayer las vacunamos a las gayinas, Llooora Riber, llooora. Viva Boca! Dale Boca!

  • 7. philo  |  7 octubre 2013 en 23:52

    Del punto 6 pasa al 8, el 7 (número sagrado) quedo fuera

    Por supuesto me centré en el 6, el tema me es sensible.
    La ciencia lo llama empatía, neuronas espejo, etc

    Prefiero como lo expone usted.

    Coincido con sus palabras, primero porque así lo siento y segundo porque simplemente sin el otro NO SOMOS.

    un saludo profe

  • 8. elayer  |  9 octubre 2013 en 13:55

    Interesantes preguntas y respuestas, me dejaron pensando en varios temas, uno de ellos el de los mitos. Tampoco a mí me gustan los mitos, por el contrario pienso que muchas veces se usan para engañar, que no hay nada bueno detrás de los mitos, lo relaciono con la palabra cuentos. Este gobierno kirchnerista, por ejemplo, está llenos de mitos (cuentos), es puro mito …mitos mentirosos y oportunistas… pero me parece que a veces son necesarios los mitos, los mitos buenos y verdaderos, como el de Sarmiento, que era el de la educación, el progreso, el estudio, el trabajo. Me parece que hay mitos buenos y mitos malos.

    Creo que sería muy bueno encontrar un mito bueno hoy, algo que nos sirva de guía, de orientación. Un mito en definitiva es una idea, una idea fuerza, que en lugar de presentarse en forma abstracta como todas las ideas, se presenta en forma de “cuento” para que sea más fácilmente captada, comprendida y absorbida por la masa…

  • 9. santiago  |  9 octubre 2013 en 14:00

    Hola Philo, relacionandolo con un concepto que Abraham toco en este post, cuando dice: “es posible que la necesidad de adorar sea ineludible“. Cuando habla sobre este tema yo lo creo asi, es ineludible, pero hay dos maneras de adorar, de creer, te voy a contestar algo que me escribiste en el post ese sobre Shakespeare el cero y la nada y todo eso, que quedo al final del post y que recién vi hace unos dias tu respuesta.
    Primero, Sí Philo, voy a lo que dije arriba, siempre creemos, eso es inevitable, pero si es evitable ser supersticiosos. No es lo mismo superstición que creencia.
    Explico lo que quiero decir: es inevitable creer porque en un primer momento no tenemos tiempo para cotejar lo que nos enseñan nuestros padres, nuestros profesores, nuestros pares, nuestra sociedad, simplemente aceptamos o no aceptamos lo que estos nos enseñan, nos muestran porque vemos en esos significantes por ellos mostrados la posibilidad de algo que nos sirve a nosotros o algo que no nos sirve. Vamos seleccionando rapido, sin pensar casi, nos mueve la emotividad -mas en la infancia- o un raciocinio interesado. Estas verdades que vamos a llamar verdades inmanentes, aceptamos porque “creemos” que esas enseñanzas nos van a servir para entendernos con nuestros padres, para aprobar un examen, para ser aceptados socialmente por nuestro circulo o simplemente cuando preguntamos algo en una ciudad que desconocemos, para guiarnos objetivamente digamos. Uno aprende tal comportamiento del padre para caerle bien a el, una se traga tal concepto y luego lo escupe en una hoja para aprobar un examen, uno sigue tales tendencias culturales para ser reconocidos por sus semejantes como un par. Todo esto siempre en una posición acrítica, solo considerando si me conviene o no temporalmente hablando, objetivamente para la sociedad en la que estamos inmersos, palo y a la bolsa, no profundizamos en esas verdades enseñadas, solo las aceptamos porque creemos que en lo mas o menos inmediato nos van a servir para algo: y que esta bien que nos sirvan, digamos que estamos en el paradigma de la “productividad” capitalista ajajaja.
    Pero sí existen la posibilidad de otras verdades, que vamos a llamar verdades trascendentes, verdades que aprendemos cotejando, criticando lo que nos quieren decir nuestros “significantes sociales” (padre, maestro, par, ciudadano) mas allá del circulo emocional-social de si nos conviene o no aceptarlas. La creencia en estas verdades es ciertamente mas incomoda que las anteriores pues no controlamos su utilidad para nuestra vida social- emocional con el resto de nuestros semejantes, son creencias en las que no controlamos su “efecto util” pues al necesitar creerlas y no poder saberlas -ya que el tamaño de lo que creemos es in-cotejable en la vida cotidiana y no solo es una cuestión de sensación de falta de tiempo como en las anteriores verdades- sigo diciendo, al necesitar creerlas no solo por una cuestión temporal, ciertamente conducen nuestra vida por lugares no del todo planificados por nosotros mismos. Nosotros solo aceptamos seguirlas a esas creencias, nunca va a haber una garantía de saber sobre ellas, pues su saber es mas grande de lo que puede abarcar nuestra limitada mente, solo vamos a sentir, intuir si estamos en la verdad o no, y esto siempre va a ser de forma subjetiva. Cuando estamos en camino, creyendo sobre estas verdades hablamos de verdades trascendentes porque trascienden nuestro ser, nuestra comprensión, nuestro tiempo, y en este caso no hay superstición en la creencia solo hay un reconocimiento de lo limitada que es nuestra capacidad de comprensión, y un consecuente accionar sobre el reconocimiento de dicha limitación.
    Pero sí caemos en la superstición cuando nos basamos en las verdades inmanentes para creer que ellas son la unica verdad, en esencia lo que sucede es que creemos que no tenemos mucho tiempo para pensar (meditar, rezar, orar, comunicarnos con lo trascendente) para profundizar, cuando solo nos sentimos obligados temporalmente, cuando solo nos impele una especie deber moralino o interesado hacia lo que sucede en el momento, a lo que en apariencia solo se puede demostrar en el momento, en el hoy, cuando nos pasa de solo tomar nuestras decisiones basadas en estas verdades aceptamos caer en una creencia inmanente, eso es lo que yo llamo caer en la superstición. Kierkegaard decía:

    “La superstición atribuye a la objetividad el poder de la cabeza de Medusa, el poder de petrificar la subjetividad. Y esta falta de libertad no permite ya al hombre destruir el hechizo.”
    Kierkegaard sabía de lo que hablaba.
    Un saludo.
    Philo si queres que te envíe esa teoría rustica mía, este es mi mail santiagofvn@hotmail.com, mándame un mail a esta dirección así te lo puedo mandar a tu mail, (por si no queres que tu mail se vea por acá).

  • 10. elayer  |  9 octubre 2013 en 17:49

    Claro que un mito no es algo tan fácil de crear, no es simplemente algo que se pueda enunciar, algo prefabricado, artificial, como estamos acostumbrados a ver los últimos tiempos, sino que es el resultado de una auténtica forma de ser, de pensar y fundamentalmente de actuar. Los mitos no se pueden inventar, tienen que ser producto de algo genuino, de una lucha de toda una vida por algo. Digamos que Sarmiento no dijo “voy a encarnar el mito de .. bla, bla bla”, sino que fue y actuó de determinada manera, dio el ejemplo a través de su acción y de su pensamiento, no solo se quedó en sus palabras, aunque sus palabras fueron muy buenas también, fue además un genial escritor. Comparando su figura con los que gobiernan ahora se ve una distancia infinita, sería muy bueno tener un presidente de su nivel, es increíble la decadencia de los gobernantes actuales, realmente hemos involucionado mucho.

  • 11. george  |  9 octubre 2013 en 18:47

    La decepción que provoca el hecho que se nos caiga un ideal puede llevarnos a una nueva oportunidad o hundirnos en las profundidades.
    Puede motivarnos a cambiar,a replantearnos nuestro yerro.Eso hizo M.de Unamuno después del sesgo fanático del fascismo.Eligió apartarse y tomar su compromiso,no importa equivocarnos,sino reírnos de nuestros yerros y aún más también de nuestros aciertos,no sea cosa que nos la creyamos.

  • 12. elayer  |  9 octubre 2013 en 18:58

    Miguel de Unamuno también decía, “el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando.”. Lo digo porque acá se trato el tema del patriotismo y veo cierta relación.

    Con respecto a lo que dice George, no creo que tengamos que agrandarnos por nuestros aciertos y menos reírnos de nuestros errores. Creo que hay gente que se ha equivocado mucho, ha hecho un gran daño, y tiene que hacer una profunda autocrítica, aunque están muy lejos siquiera de reconocer los errores.

  • 13. santiago  |  25 octubre 2013 en 18:48

    Siguiendo el tema de la subjetividad que nombre arriba disiento en algunos puntos.
    El reconocimiento del otro solo se dio con mayúsculas con Jesús, aunque el cristianismo muchas veces falló y falla en esto. En los griegos y en el judaísmo el tema de quien es el otro esta sujeto a la interpretación de la ley, en esto primero se da la cuestión de quien es el otro según la ley. Jesús fue quien planteo la cuestión de que la ley se aplica igual para todos sean de la raza que sean, de la edad que sean, de la religión que sean, porque la ley para El no tiene que ver con lo humano nada mas, tiene que ver también con lo sagrado (ver Mateo 22:36-40, y la parábola del buen samaritano, y el caso de la pecadora que van a apedrear por adultera y la famosa frase: “ el que este libre de pecado que tire la primera piedra”)
    .
    Y creo que la “inviolabilidad del cuerpo” occidental es todavía bastante pobre. En general no hay protección a los niños que están por nacer y hay diferencias en el caso de ser ciudadano de un país o no serlo por ejemplo.
    Un saludo.


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