Los tiempos de la historia (Perfil 8/9/2013)

8 septiembre 2013 at 9:32 31 comentarios

 

Los tiempos de la historia

 

Me pidieron que escriba sobre estos treinta años de democracia. Pero hablar del pasado es lo que solemos hacer. Pelearnos sobre lo que nos pasó se lleva gran parte de las energías políticas. Pensar en lo que vendrá exige hablar sobre lo que queremos y cómo conseguirlo.

Pasaron muchos gobiernos, pero la sociedad parece reproducir los mismos mecanismos que la instalan en hábitos esclerosados. Cambiar de tema no es fácil, remover estructuras mentales menos.

La palabra “Futuro” tiene un sonido raro, como si le escucháramos por primera vez. Antes de introducirla en la nota, sigamos el dictado convencional para comenzar desde el principio.

 

Pasado

La caída de Alfonsín fue el fin del sueño socialdemócrata. Los modelos políticos españoles e italianos de Felipe González y de Benito Craxi que se evocaban en aquellos tiempos se derritieron como si fueran de cera. En el año 1985 el discurso de Parque Norte se basaba en una idea de modernidad cultural fundado en valores de pluralismo, tolerancia y equidad. Cuatro años más tarde la realidad estaba lejos de reflejar a una sociedad pacificada. La Tablada y los escombros junto a los cadáveres eran recorridos por un presidente atrapado y sin salida acompañado por un coronel siniestro: Seineldín.

Esa pretensión socialdemócrata era compartida por el peronismo renovador. Bajo el paraguas de Antonio Cafiero como la otra cara del alfonsinismo, la oposición se organizaba de la mano de jóvenes políticos como Manzano y Grosso. La demolición del sistema progresista y reformador generó una figura llamada Carlos Menem que llegaba a la presidencia invocando a Facundo Quiroga, a la gesta malvinense y con la promesa de la nacionalización de todos los bienes británicos.

En pocos años la campaña nacional, popular, rosista, caudillesca, hizo lugar al jolgorio de las relaciones carnales convertidas en una deuda impagable.

Hecha la incipiente experiencia política postdictadura, busquemos los términos precisos para calificar a los primeros mandatarios de la nueva democracia. ¿Fueron malos? ¿Demonios? Uno es calificado como el presidente de la hiperinflación, de la obediencia debida y del punto final. El otro es recordado por ser el de la entrega, el desguace, la frivolidad y la corrupción. Uno el del estado de sitio y el de la ingobernabilidad, el otro el de Río Tercero y la Amia. Por lo tanto, el consenso de la mayoría los tildó mientras eran operativos de enviados del mal.

(Ciertos homenajes póstumos a ex presidentes son en su mayoría  procesos melancólicos cuando no hipócritas)

La Alianza fue el fin de otro sueño: el de la importancia de la ética en política, y el de la creencia de que los males del poder provienen de la corrupción. La invocación de la mano limpia concluyó en las coimas del senado y en la confiscación del dinero de los ahorristas.

En consecuencia para la crónica reciente el relato del pluralismo, de la integración al mundo y de la ética terminó por engendrar monstruos. Así se consideraron los primeros veinte años de la democracia argentina.

Después se produjo la gran mutación. Hace diez años se hablaba de anomia, de anarquía, de estado fracasado. También de trueque, gatos asados, y de muerte por hambre en el NOA. Hoy se anuncia que aquella Argentina de la miseria sólo quedará atrás si este modelo de crecimiento con inclusión sigue vigente y regente para siempre.

¿Habrá sido así la historia de los primeros veinte años de democracia? ¿Y así también los últimos diez?

Desde mi punto de vista el gobierno de Alfonsín tiene sus méritos. Juicio a las Juntas, apertura y reforma universitaria, creación del Mercosur, pregón insistente sobre las virtudes de la democracia republicana.

¿Qué decir de las trece huelgas generales de la CGT entre 1984 y 1988 cuando dos décadas después a la reacción del campo por medidas fiscales inconsultas y arbitrarias se la condenó por ser destituyente? ¿Cómo calificar la animadversión de una Iglesia representativa de poderosos sectores económicos y políticos ante un gobierno que había legislado el divorcio y presumía de una tradición laica? ¿Qué decir de un ejército con poder de fuego y redes de apoyo político en la sociedad civil que en nombre de Malvinas, el nacionalismo popular y otras consignas redituables amenazaba con quebrar el gobierno constitucional? ¿Del vaciamiento bancario? ¿De la condena de la Sociedad Rural?  ¿Del sistema de creencias y de conveniencias de la sociedad argentina en los primeros años de la democracia?

¿Y Menem? ¿Tan condenable fue que luego de que el país se desangrara y murieran miles de personas asesinadas de los modos más sádicos imaginables, quisiera dar muestras de una reconciliación y de la superación de cuarenta años de odio entre peronistas y antiperonistas? ¿Nada hay que reconocer, ni mérito alguno que destacar, en haber logrado un sistema de alianzas militares que le permitieron aislar y desarmar el último intento de un golpe de Estado fascista preparado por Seineldín en vísperas del arribo del presidente de los EE.UU?

No es una afirmación frívola afirmar que la historia argentina diagramada desde el poder con el maquillaje de algunas academias es una novela. Un relato de ficción. La historia es para nosotros lectores de la argentinidad un motivo de alta intensidad emocional al tiempo que un entretenimiento compartido. Si bien ha sido escrita por cientos de historiadores, a veces parece que todos pudieran ser resumidos en el  nombre de un bardo cuyas palabras hicieron a un pueblo: Homero, si quieren, agreguen Simpson.

Es posible que de todos los universos imaginados desde que Scheherezade iniciara su relato  de las mil y una noches, en el caso nacional, la historia sea para nosotros el género que enmascara con un cuento de hadas una realidad no santa, cuya consecuencia es la postergación del pensamiento y la captura de nuestro sueño.

No distinguimos entre historia y hagiografía. Nuestra formación escolar añora la vida   beatífica de los tiempos coloniales.

El revisionismo histórico se ha concentrado en denunciar el monopolio portuario y atacar las pretensiones hegemónicas de los porteños. Convirtió el espíritu de sospecha de la hermenéutica del siglo XIX en pereza intelectual y no sólo por su contribución al agregado de feriados. Como dijo Halperín Donghi, bajo cada monumento se busca alguna miseria.  Sus ideales oníricos imaginan una patria federal con artesanías pujantes, saladeros dinámicos, siestas coloniales, atardeceres pampeanos, estancieros verdaderamente criollos e historiadores subsidiados. Todo su arsenal crítico se invierte en  achacar la culpa de nuestros inútiles devaneos y estancamiento a la generación del ochenta, a su política de integración al mercado mundial liderado por el imperio británico y a la indiscriminada política inmigratoria.  Cuando no al ideal civilizatorio de Sarmiento con la boca cerrada y los ojos vendados ante nuestra actual integración “bolivariana” al mercado mundial liderado por China.

Nacionalismo con chicana se ofrece a granel para felicidad de muchos. Así se narra el relato actual desde el poder con el agregado del setentismo que sostiene que en un país con tanta desigualdad el sistema representativo no es más que un despacho de contadores al servicio de la oligarquía, y que la justicia social sólo llega de la mano de un jefe absoluto conductor y protector de los pobres.

Este tapiz termina de tejerse con residuos mal digeridos  del socialcristianismo tradicional  y con el armado de la nomenclatura propia de un supremo soviet.

¿Por qué un país como el nuestro que ha crecido según el relato oficial a tasas llamadas chinas, en las que en  diez años ha mejorado la vida de casi toda la población, en el que la agro-ganadería se ha enriquecido, los industriales con plantas en actividad, las clases medias reconstituído su sistema tradicional de consumo vía automóviles, electrodomésticos y turismo, los educadores mejorados sus salarios, los trabajadores vueltos a reinsertar en el proceso productivo luego de años de depresión, cuál es el motivo `por el que en lugar de vivir en una sociedad apaciguada, dispuesta a dialogar sobre su pasado, rectificar errores, reconocer pasos en falso, sospechar de los fanatismos, consolidar el progreso, se encuentra hoy en un clima de odio social, político y en una batalla cultural que fracciona la sociedad en bandos enemigos?

Porque el espíritu de revancha es para muchos conveniente.

Presente

Nuestra sociedad no ha modificado su matriz productiva desde 1929. Depende de sus materias primas para financiar bienes de capital, tecnología y energía. Sus partidos políticos tradicionales tienen acta de defunción. La política depende de los recursos del Estado desde el gobierno central a las intendencias. La Caja distribuye y construye poder. El funcionamiento de las instituciones ha ingresado en un camino regresivo peligroso. Caudillos con matones al servicio de un jefe en una red de mandos piramidal con mecanismo totalitarios dependen de un sistema coercitivo de lealtades. El problema  se agrava porque los cabos de esta red están sueltos y dispersos. Es un andamiaje que se ha infiltrado en las fuerzas de seguridad, en la protesta social, en los clubes de futbol, en las zonas marginales, en el narcotráfico.

Vivimos en una supuesta democracia de tipo plebiscitaria reforzada por el poder de resonancia de medios masivos  de comunicación y de sus recursos periodísticos. Funciona a golpes de efecto con una justicia y una ley bifronte. La presidenta al anunciar que la constitución no se reformaría, dio el guiño que muchos esperaban para que se inicie la operación clamor.

Este tipo de democracia tiene algunas consecuencias. Uno es la desaparición del Estado. Al menos de un estado configurado en lo que se llama democracia republicana. No se trata sólo de la división de poderes que garantiza los derechos ciudadanos, y mucho menos de la apropiación estatal de fuerzas productivas ni de recursos estratégicos, sino de algo más cotidiano, vital e imprescindible: del monopolio de la violencia bajo el imperio de la ley.

Se lo llama seguridad, y se intenta hacer creer que es un problema inventado por los ricos, los rubios, o por la oposición. Se oculta que los delitos más salvajes se perpetran en los barrios marginales y lo padecen los sectores más humildes. Para desdibujar su realidad se nos compara con la ciudad de San Pablo para mejorar la imagen de una vida pretendidamente sosegada.

Por otro lado se niega un clima de embrutecimiento generado por un pensamiento que ha reemplazado la crítica por la delación, el fanatismo y las amenazas, que se justifican en nombre de una concepción de la política como espacio en el que se agudizan los conflictos en el que uno solo de los protagonistas queda en pié.

Se insiste que en nuestro país hay libertad de prensa, que nadie está en la cárcel por sus opiniones, y que la crítica al gobierno es sostenida, corporativa, artera. Se nos presenta un poder que hace gala de generosidad porque presta la libertad – supuestamente un derecho inalienable – sin dejar por eso de alimentar una especie de odio cívico, interciudadano, que parece serle útil a facciones encumbradas en el estado a las que les redituan las divisiones.

El “vamos por todo” no es mera retórica. La implosión del sistema de seguridad y la distribución anárquica de armas de fuego son una realidad. Además, las condiciones emergentes para focos de violencia que ya se perciben están legitimadas por lo que se llama “el relato”.

Liberación o dependencia, pobres contra ricos, oligarquía contra pueblo, estado contra mercado, monopolios contra gobierno, el reciclaje del vocabulario setentista con la imagen de Evita Montonera y del Tío Campora envasado, ofrecen una inmejorable liturgia para los nuevos factores de poder.

Vivimos tiempos de cruzada ideológica que rememora la de la década anterior a la bautizada de maravillosa, como lo fue la revolución argentina del Opus Dei de los sesenta. Este gobierno como aquel hace de la cultura un aparato de estado con la misión de elaborar un relato fundacional. Por supuesto que hay diferencias ideológicas entre los cursillos de la cristiandad y las clases de camporismo en las escuelas, la cara y seca de un solo canon, con la convicción compartida de la importancia de una batalla cultural para regenerar a la nación. Y la matriz ética es idéntica: búsqueda de herejes y traidores, en un caso ateos, marxistas, hippies, judíos, en el otro gorilas, los de la Corpo, destituyentes y neoliberales. El mismo maniqueísmo, la misma profecía salvacionista encarnada en un nuevo santo llamado Nestornauta.

Es cierto que ningún poder se establece sin relatos. Pero no es lo mismo un gobierno que deja en la sociedad civil la creatividad y la responsabilidad de sus producciones culturales potenciando su realización con el apoyo estatal de acuerdo a un abanico amplio de tendencias estéticas e ideológicas, y otra la de un estado ocupado por un grupo que se arroga una misión histórica regeneradora.

Distribuida la baraja social de un modo bélico que separa leales de  traidores,  la simulación – inmejorable palabra originada en un libro de R.Terragno – consiste en acusar al bando contrario de agresión y arrogarse la voluntad pacificadora. “A nadie han tratado tan mal” es la persistente queja de la víctima en su función actoral.

Tenemos la particularidad de que nos gobierna un tipo de político que hace de la confrontación y del sectarismo su modo exclusivo de perpetuarse en el poder. Pero todo tiene un límite.

Quizás los que hoy presiden la república piensen que también deberán retirarse aunque fuere por un tiempo. Especularán con un caos futuro. Menem le entregó a de la Rúa una bomba de tiempo. Deuda externa, déficit fiscal, recesión económica. Hoy la política económica del modelo kirchnerista se saca el antifaz con su adhesivo de crecimiento con inclusión y queda la cara descubierta y tajeada de una economía convertida en un casino. Este gobierno en caso de no seguir ya prepara su bomba de tiempo para que le estalle al que venga. Desde una justicia deformada – en la que jueces y fiscales se juegan la vida cada vez que los ocupantes del poder son investigados – convertida en un monstruo jurídico, a una economía diagramada por fulleros, con su timba de patacones verdes por ahora demorados, desabastecimiento, controles a viajeros, lavado de dinero y fuga precipitada de capitales generados por la corrupción.

Futuro

El futuro, hermosa palabra. Nuestro país no termina con el kirchnerismo. La corrupción tampoco termina con el kirchnerismo. Además no se trata de corrupción sino de impunidad. Lo que este gobierno inauguró – de un modo semejante al de Menem – es un nuevo robo para la corona con fiesta y algarabía. Nadie oculta su enriquecimiento personal salvo los mecanismos puestos en funcionamiento para lograrlo. Pero lo que también introdujo es un cambio en el relato. Pasó de la frivolidad menemista a la moralidad de los derechos humanos y a la prédica igualitaria legitimada por héroes y mártires del pasado. Por eso llevó a cabo una estafa ideológica. Un lenguaje emancipador que encubre negocios personales por parte de personajes camaleónicos.

Pero hablemos del futuro, nuestro tiempo ausente. Argentina es una reserva natural en un planeta que se agota. Agua dulce, tierra fértil, minerales estratégicos, energía, plataforma submarina con riqueza pesquera. Esta inmensa riqueza ha permitido que se organice una economía extractiva. Se chupa lo que hay. Se contamina el agua, se malgasta energía, se desertifican los suelos, y se deja contrabandear la pesca.

Si queremos que estos dones terrestres redunden en beneficio de la sociedad se necesitan capitales, tecnología y recursos humanos. Por lo tanto obliga a ubicarse de un modo tal en el mercado mundial que permita el acceso a las mencionadas fuerzas productivas. Para lograrlo nuestra nave nacional debe arriar la bandera del patrioterismo y enarbolar otra, quizás la celeste y blanca sin tanto griterío y un poco más de seriedad.

Los vociferantes que hablan de los imperios, de lo mal que se portan los ricos, de los abusos que se permiten los gigantes, olvidan el sentido de las proporciones. La política tiene un principio ineludible: saber quien se es, con qué se cuenta, y que puede hacerse.

Nuestro país puede ser original en cómo destruirse. Lo ha hecho en su medida y armoniosamente con sus riquezas y su pueblo. Pero no es tan inventivo en cómo construirse. Inserto en mercados continentales a merced de la demanda global, su margen de maniobra tiene un radio de giro muy corto. El delirio de grandeza y la bravata  compensatoria terminan no en el mito heroico, sino en la mitomanía.

Nadie quiere pensar en el término de veinte años, pero esos veinte de todos modos ocurrirán, y cada vez más rápido, en especial cuando se mira para atrás. Proyectar sólo para dos como se hace, de acuerdo al calendario electoral, es más agitación que movimiento.

No es fácil pensar en el largo plazo. Invocar un posible consenso sobre políticas de estado no debe ser una salida retórica. Hay una costumbre entre politólogos – ya sean  académicos, periodistas o políticos profesionales – de diseñar planes faraónicos desde migraciones poblacionales, nuevos mapas regionales, planes de seguridad, ingresos al mercado mundial con productos de alto valor agregado, todos los ingredientes del orden y el progreso de los argentinos, que dignifican simposios y textos ritualmente correctos.

Esta tendencia del idealismo racionalizado no toma en cuenta algo básico: los factores de poder. Argentina no es un desierto que haya que poblar, ni siquiera lo era en tiempos de Alberdi. La sociedad no es una materia prima que se pueda moldear de acuerdo a una ingeniería progresista que supone el triunfo de la cordura.

Los gobiernos de nuestro país se encontrarán con resistencia gremial y corporativa absoluta si se quiere mejorar el funcionamiento de sectores de la economía y de la sociedad. Negociar con los centros dispersos de poder será una imposición para que un nuevo elenco que comience un período presidencial se proponga terminarlo.

La sociedad no está dividida en clase media, pobres e indigentes. El tejido social tiene un entramado bastante más sutil con varios filamentos por debajo de la superficie.

Hablar de los pobres sin serlo es un deporte muy practicado. Lo ejercemos con la habilidad que tiene el tero,  ave símbolo de la protesta generalizada. Su graznido es el de los grupos de interés que se ponen de acuerdo en oponerse a lo que aparentemente los daña, pero nunca hablan de lo que los beneficia. En realidad, nadie querrá ceder nada de lo obtenido ni en espacios de poder ni en recursos.

Por eso necesario que se piense al país con visión de futuro. Como lo hicieron algunos grandes de nuestra historia. Fuimos un país en el que millones de habitantes vinieron a “poner”, dinero, trabajo, ideas, proyectos, esfuerzo, en el que poco y nada se pedía salvo trabajo, libertad y paz. Nuestros padres y abuelos vinieron de lugares de hambre, persecución y guerra. Ese país tenía futuro. No era un país en el que se “sacaba”  dinero, riquezas, inteligencia. Hemos pasado del arraigo a la fuga. Revertir ese proceso es la tarea.

 

 

 

 

 

 

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King Lear: un objeto filosófico. Tercera Parte La adulación

31 comentarios

  • 1. Ana María Serra  |  8 septiembre 2013 en 10:11

    Excelente; ojalá quienes dicen tener vocación política lean este texto y reflexionen.

  • 2. Marcelo Grynberg  |  8 septiembre 2013 en 10:58

    Debemos concluir de la seccion Presente de su artiuclo, que hemos regresado al “estado de naturaleza”, la guerra de todos contra todos, de la que hablaba Hobbes ? (tiempos de Shakespeare).

  • 3. rib  |  8 septiembre 2013 en 14:13

    la industria no ha dado fruto …

    http://www.revistacriterio.com.ar/iglesia/%C2%BFpor-que-jesus-maldijo-una-higuera/

    es la hora del mal genio ???

  • 4. Leonor Liliana César Güerri  |  8 septiembre 2013 en 16:57

    La mejor descripción de nuestro país la dio Malraux cuando dijo que Buenos Aires era la capital de un imperio que no llegó a construírse. O el chiste mexicano que dice que el mejor negocio es comprar un argentino por lo que vale y revenderlo por el precio que él cree que vale.
    Cristina Kirchner es un ejemplo prototípico de esa mentalidad pueblerina y acomplejada. Pero claro que no es la única, ni mucho menos. Ni mucho menos…

  • 5. Elías  |  8 septiembre 2013 en 17:42

    Bettino Craxi creo que es el nombre correcto.
    “Los tiempos de la historia” es un gran título, su desarrollo idem. ¿La gran columna de opinión del año?

  • 6. JuanMartin Masciardi (@MartMasciardi)  |  8 septiembre 2013 en 21:14

    En lo que respecta a esto 30 años de democracia los pienso como una mentira. Un engaño. Y es que pienso que el problema va más allá de quienes nos gobiernan o nos gobernaron. Pienso que el problema es social y nos involucra a todos. La solución, no la veo y tampoco la tengo. No sabría que responder.

  • 7. elayer  |  8 septiembre 2013 en 21:16

    Excelente nota Profesor. Esta es la verdadera tarea de un intelectual, ayudar a esclarecer el pensamiento para poder ver lo que hay que hacer para construir un futuro mejor para todos, es esto lo que necesitamos.

    Ojalá que muchos lo lean y aprendan de sus bellas y sabias palabras. Gracias.

  • 8. mARCELO  |  9 septiembre 2013 en 20:29

    yo creo que las discusiones futuras – van a ser bravas- por mas disparatado que sea esto que escribo, es lo siguiente : separarnos de una buena vez por todas de Buenos Aires , hacer otro pais y que Buenos Aires quede como una especie de Uruguay , tiene como y con que “serlo”
    Las Viejas discuciones -por mas que en el presente parezcan ridículas – siempre vuelven y van a volver , no tenga ninguna duda que aquello de Bueno Aires – Interior , va a volver , “remasterizadamente”,, viejas batallas

  • 9. Claudia  |  10 septiembre 2013 en 9:25

    Muy buen título para un libro profesor, Gracias por compartir su pensamiento
    M. Saludos

  • 10. philo  |  10 septiembre 2013 en 18:02

    profesor me hizo reflexionar….. Mario Bunge refiriéndose al avance tecnológico dijo ” el hombre de estos tiempos es un cavernícola frente a una computadora”

    …..hace rato vengo pensando si el sistema de representación herencia de las revoluciones del siglo XVIII ya no está caduco….el avance científico tecnológico es brutal……sabe que me parece que nuestros políticos además de eternos reversionistas también son trogloditas, no creo que puedan seguir gobernandonos esta especie de monos con navajas ( en este preciso momento estoy escuchando con estupor a Maduro)

    ….de todos modos soy optimista, creo que la vida es para adelante, siento que vienen grandes cambios ……

  • 11. Juan Martin Masciardi  |  11 septiembre 2013 en 12:13

    profesor Abraham, que pase un feliz día del maestro. abrazo grande.

  • 12. george  |  11 septiembre 2013 en 18:48

    Philo:Bunge es el que dijo que la psicología no es una ciencia?,que Freud no descubrió el subconsciente ni nada, y que nos debemos aún un conocimiento científico de la realidad argentina?

  • 13. Francisco  |  11 septiembre 2013 en 20:14

    Ley de causa y efecto, principio de acción-reacción, karma o como quieran llamarle, somos como una tragedia de Shakespeare, hechos que producen consecuencias. No hay destino, hay libre albedrío. Elegimos mal, elegimos gobernantes incapaces y corruptos, que década tras década se van superando en incapacidad y corrupción, hasta lo que hemos llegado en la actualidad, que si lo miramos objetivamente – apartándonos del efecto acostumbramiento – es realmente obsceno. Y todo esto con la complicidad y el apoyo de muchos, a los que no llamo trogloditas, son simplemente malas personas.

    Es hora de romper ese círculo vicioso, transformarlo en un circulo virtuoso, donde haya gente que quiera venir a poner y no a sacar, como bien dice Abraham.Tan simple como eso. Pero si hacemos siempre lo mismo obtendremos siempre los mismos resultados, como decía el sabio Einstein. Sinceramente no tengo muchas esperanzas en que esto suceda, ya soy viejo y he visto tantas veces esta historia, más la esperanza es lo último que se pierde.. dicen

    Por lo pronto vemos este final de ciclo que es como una representación del último acto de Macbeth, donde estos siniestros personajes se retuercen en el escenario, sus máscaras comienzan a caer, dejando al descubierto sus verdaderas caras… bueno, eso le pasa a algunos, para mí cayeron hace mucho tiempo.

    Si tan solo hubiésemos seguido el consejo de aquel filósofo de la península ibérica que nos dijo hace ya tantos años: “Argentinos, a las cosas”.. seguramente otra sería la historia, estaríamos hoy entre las primeras naciones del mundo ya que nos sobran recursos tanto naturales como humanos para estar en dicho lugar.

    Sin más que decirle, solo felicitarlo por su brillante escrito, que espero haya muchos más de esta índole, aunque supongo debe ser difícil pues se nota claramente que hay aquí mucho trabajo, además de talento. Y concuerdo grandemente con que el titulo elegido es soberbio, ideal para un nuevo libro a escribir en el futuro. No comprendo porque en Perfil lo cambiaron, lo alargaron perdiendo la fuerza que tenía en un principio, sospecho que los tituleros de dicho diario poco saben de literatura.

    Cordialmente,
    Francisco

  • 14. Francisco  |  11 septiembre 2013 en 20:43

    Dos pequeñas obsevaciones que me quedaron en el tintero, para no pecar de obsecuente, cosa que tanto criticamos a los adictos a este gobierno.

    1. No comparto lo que sugiere en cuanto a que esta década K fue buena en el aspecto económico. Cuatro de cada 10 niños viven en la pobreza. Los jóvenes que no trabajan ni estudian son más que los que había 10 años antes. Gran parte del mejoramiento del empleo se debe al aumento del trabajo en negro y del empleo público. Las villas y sus pobladores se multiplicaron. La vida humana vale poco a manos de la inseguridad y del narcotráfico. Los índices de pobreza son iguales o peores que en la década menemista…. Podría seguir largo rato enumerando este tipo de cuestiones que marcan claramente que su gestión no fue nada buena en la parte económica, más aún teniendo en cuenta que han gozado (y desperdiciado) de un período en que las condiciones internacionales los favorecieron ampliamente.

    2. No creo que puedan volver a gobernar los kirchneristas. Creo que correrán la misma suerte de Menen, a lo sumo podrán obtener una cifra cercana al 20% pero ante un ballotage les sería imposible ganar. Se repite la misma historia, a mi juicio.

    Lo último, me causó mucha gracia lo de Operación clamor, es una broma? …Operación clamor para que se vaya!.. puede estar tan alejada de la realidad esa señora para pensar algo semejante ?

  • 15. philo  |  11 septiembre 2013 en 22:33

    ya sabia que alguien iba a saltar cuando nombre a Bunge, jajaja

    de todos modos, Freud descubrió el inconciente? en todo caso elaboro una teoría

    en todo caso todo son teorías

    Bunge no es santo de mi devoción, pero la idea de que manejamos un aparato del cual no tenemos la menor idea de como funciona, me pareció interesante,

    la máquina de tejer observandola podíamos inferir como funcionaba.

    pero cuando tomamos el smartphone somos como los cavernícolas de 2001 cuando cae el monolito,jaja, no se usted pero a mi me parece “cosa e mandinga” jajaj

  • 16. george  |  12 septiembre 2013 en 16:19

    Está bien Philo:Êse es el punto precisamente,creer que lo que distingue al hombre avanzado del salvaje sea la tecnología.Más avanzados son los drones,que ocupan el lugar de los archiconocidos brulotes del siglo XVII,a la vez que cabal ejemplo de la peor brutalidad que nos aleja cada vez mas de lo humano.La experimentación científica avanza cada vez más pero no es garantía de humanidad.Un hemisferio cerebral crece desmedidamente EN DESMEDRO DEL OTRO,Atte.

  • 17. Santiago K  |  12 septiembre 2013 en 16:27

    Me da placer leer estas notas… me da lástima ser sociologo tendria que haber sido Ingeniero..

  • 18. philo  |  13 septiembre 2013 en 18:42

    Hombre salvaje? hombre avanzado? me gusta llamarlo hombre a secas.
    Realmente cree que es la tecnología la que nos aleja de lo humano? tanto poder le asigna a la tecnología? en todo caso la tecnología y la ciencia ( EJ. una vacuna, tomografo o un celular) nos hacen la vida práctica un poco más fácil.(aunque no tengamos idea de como funcionan)
    A mi manera de ver si me alejo de lo humano es responsabilidad mía que soy humana y no de mi labtop

    De todos modos como siempre que uno dice algo, el otro entiende algo diferente. Creo que no nos entendemos usted y yo. Tal vez…… hasta decimos lo mismo,

    saludos

  • 19. mARCELO  |  13 septiembre 2013 en 22:11

    Viejas discusiones trae philo al blog ,,,,,es lo que yo escribi en mi comentario anterior ,,,,,,,, ,”Las Viejas discusiones -por mas que en el presente parezcan ridículas – siempre vuelven y van a volver”
    Salud y Bon nui para todos /as !!!!

  • 20. mARCELO  |  13 septiembre 2013 en 22:12

    .

  • 21. Alejandro A  |  15 septiembre 2013 en 18:08

    En palabras de Darcy Ribeiro ( -“De la revolución agrícola a la termonuclear” – Centro Editor de América latina 1971) la posesión de la tecnología impide el esclerosamiento social forzando la redistribución de los frutos del trabajo, de la las oportunidades del ejercicio del poder y del disfrute del prestigio social/entre clases dominantes.
    Si esto fuese así, pareciera que sí diferencia a unos mas civilizados de otros menos…

  • 22. ricky carrizo  |  15 septiembre 2013 en 18:22

    Tomás: en buena hora la “batalla cultural” sin torturas ni desaparecidos.
    Odios y divisiones: por Dios estás describiendo al mundo que fue y que será. Somos y seremos “socius malorum”.
    De Schopenhauer: ” Supongamos un demonio creador. A él le podríamos gritar, mostrándole su creación:
    – Cómo te atreviste a interrumpir el reposo sagrado de la nada para hacer surgir una masa tal de desgracias y angustias?”

  • 23. Elías  |  15 septiembre 2013 en 21:47

    No hace falta que lo diga Schopenhauer, cualquier hijo de vecino sabe que con Massa, van a seguir las desgracias y las angustias…

  • 24. rodolfo lópez  |  16 septiembre 2013 en 11:59

    Elías, Massa sería sólo posta que permite dejar de currar con torturados y desaparecidos. Allí se bajan los estafadores. Se les termina el boleto (final del mitre).

  • 25. santiago  |  16 septiembre 2013 en 13:11

    “Nadie quiere pensar en el término de veinte años, pero esos veinte de todos modos ocurrirán, y cada vez más rápido, en especial cuando se mira para atrás.”
    Esa frase está muy bien, todo el artículo es muy bueno pero esa frase es justa porque denuncia exactamente el problema en el que estamos.
    Un saludo.

  • 26. george  |  16 septiembre 2013 en 17:50

    Philo:Ja,Ja, muy bueno, o a la inversa como dijo J.P.Sartre cada vez que dos se ponen de acuerdo seguro que es un malentendido.-Atte.

  • 27. Elías  |  16 septiembre 2013 en 18:21

    Rodolfo: por favor no sea localista: ¿a usted le parece que Massa va a terminar con el cuento del Tío?

  • 28. aletheia  |  17 septiembre 2013 en 3:24

    cualquiera será mejor

  • 29. rodolfo lópez  |  17 septiembre 2013 en 12:41

    Elías, por partes, creo que Massa pincha, sin proponérselo, el actual cuento del Tío, que es perverso porque degrada lo sagrado. En octubre lo voto después veré. Ud sabe no creo en peronismos.

  • 30. santiago  |  30 septiembre 2013 en 17:22

    La última oración de pasado y la primera oración de presente son tremendas jajajaja. NADIE quiere pensar, parece que TODOS los que se expresan políticamente prefieren odiar, todos, nadie reconoce nada, LA ESTUPIDEZ es complicada -sobre todo, porque el mono-que-especula debe aparentar que sabe-. Esto vale tanto para la oposición como para el oficialismo. Lo del papa Francisco calmo, mejor “domestico” un poco los ánimos, espero que sirva para algo.

  • 31. santiago  |  30 septiembre 2013 en 17:44

    Agrego: “el mono-que-especula debe aparentar que sabe” y solo buscar imponer y dañar a partir de ese engañoso saber. La venganza no sirve para nada y menos la venganza en nombre de la historia, la verdad, Dios o uno mismo, eso es solo orgullo estúpido.

    Es la columna del año, Elías.


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