La metafísica fantástica (Perfil 12/5/2013) Del No y las sombras

12 mayo 2013 at 8:53 36 comentarios

La metafísica fantástica

 

Para quien tenga la idea de que un filósofo se ocupa de todo porque todo lo sabe, quien se lo imagina como una enciclopedia viviente, está invitado al mundo de Leibniz. Bienvenidos sean los que quieren saberlo todo y con exactitud. No conocemos detalles de su pericia en arte manuales, ya que en caso de tenerla nos encontraríamos con un Robinson Crusoe que conquista una isla desierta gracias al fruto de su habilidad. Pero si más allá del arte de los masones en la antigua acepción de albañilería, se tratara solamente de administrar un espacio virgen y dejar en un par de manos, además de una única cabeza, la gobernabilidad de un territorio, su dispositivo jurídico, el cálculo matemático indispensable para el desarrollo de inventos que mejoren la productividad tecnológica, la implementación de un sistema de defensa moderno, el adecuado adiestramiento de las tropas, la política de relaciones exteriores para contribuir al equilibrio entre las principales potencias, la elaboración del canon apropiado para trasmitir una enseñanza religiosa que haga honor a Dios, la educación de las almas para que la obediencia no se base en el temor y la esperanza sino en el bien por sí mismo, la conexión directa con esferas ocultas mediante procedimientos que los alquimistas conocen bien, la creación de una metafísica que presente un orden del mundo en el que cada cosa esté en el lugar que el gran Acreedor dispuso para su mayor disfrute,  estas y otras cosas más que contemplará el insaciable turista de la filosofía, apenas conforman una  parte de la preocupación y de la ocupación de Gottfried Wilhem Leibniz.

Basta comparar la envergadura de sus propósitos con la ontología débil de nuestros días, con el quehacer fragmentario de una filosofía vacilante, la mirada corta de la filosofía restringida a dar consejos para una buena vida y a relamerse en público con retazos de un escepticismo ligero. Si pusiéramos en contacto a este monumento del saber clásico con un posmoderno mediático, se apagarían todas las luces, el cortocircuito sería inmediato. Demasiados volteos tiene este Leibniz, con su cálculo infinitesimal, su análisis matemático diferencial, sus ideas de derivadas, su crítica a la olla a presión, sus recomendaciones a Luis XIV para que invada Egipto, su proyecto de una lengua universal que tenga con el pensamiento la transparencia de los ideogramas chinos y  los jeroglíficos egipcios respecto de sus idiomas, un exceso de potencia tiene este hombre que recreó en innumerables tomos el cosmos tal como Dios decidió fabricarlo.

Con Leibniz llegamos a la cumbre de la locura racional de occidente, claro, antes de Hegel y su Emperador. Pone la ciencia galileana y en tiempos de Leibniz, newtoniana, a los pies de Dios, muestra que el conocimiento es una misión divina del hombre que en nada contradice el mandato de las alturas sino que, por el contrario, lo enaltece, expresa  hasta en sus mínimos detalles el funcionamiento del universo en el que “todo en todas partes es como aquí”, sintetizado en el fragmento 67 de su Monadología: “Cada porción de la materia puede ser concebida como un jardín lleno de plantas, y como un estanque lleno de peces. Pero cada rama de la planta, cada miembro del animal, cada gota de sus humores, es también un jardín o un estanque similar”.

Esto es literatura fantástica, rama de la metafísica, si invirtiéramos la conocida intuición de Borges, una propuesta de un surrealismo hipersofisticado legado por los artefactos glamorosos de Raymond Roussel. Es un jardín de las delicias. Finalmente: ¿qué es una mónada? Una porción de universo en el que se expresa la totalidad de lo que es de un modo distinto a todas las otras mónadas del infinito cósmico. Cada habitáculo cerrado llamado mónada contiene el Todo pero de un modo diferenciado, singular e irrepetible. A esta concepción se la llama perspectivismo. El lugar que define a esta esfera que no tiene ventanas y que no se comunica con el exterior, se denomina un punto de vista. Gilles Deleuze, maestro mayor de obras en la lectura de Leibniz, dice que el universo está surcado por puntos de vista que han de ser habitados por las mónadas. Los lugares están diagramados, y a nosotros se nos ha encomendado ocuparlos. Una vez instalados allí, nuestro periscopio anímico o espiritual, verá el mundo de acuerdo a su posición. Para algunos los detalles más salientes por estar más cerca serán tales, para otros serán cuales. La lejanía se verá más opaca, confusa, el sonido preclaro se hará con la distancia sordina, clamor, rumor.

Las mónadas son absolutas, no hay otra cosa lo que hay en ellas. Pero son limitadas ya que no contienen todos los puntos de vista posibles ni siquiera los reales. Se definen por su posición. El único ser que tiene una visión de conjunto, aquel que es el espectador del movimiento universal de las esferas danzantes en el líquido amiótico de la creación, es Dios. Pero este Señor, no es la mónada gigante dentro de la cual se mueven las infinitas otras, el universo no es una cúpula. No más Aristóteles. Leibniz es un filósofo que pertenece – de acuerdo a Émile Bréhier – junto a Eckhart, Böhme y Bruno, a los filósofos del infinito apasionado.

Leibniz no es Spinoza – a quien conoció y luego ignoró por conveniencias políticas – su Dios no es una abstracción llamada naturaleza inmanente a los procesos que la manifiestan. El Dios de Leibniz no está “en” las cosas, sino, vaya a saber por qué, encima de ellas. Lejos, tan lejos, que nos resulta incomprensible adivinarlo. No porque la realidad, ya lo vimos, no pueda ser conocida, sino porque nadie puede saber la razón por la que Dios decidió que el mundo sea lo que es. Así lo quiso y nada más. Eligió este mundo entre una infinidad de mundos posibles. Decidió que éste es el mejor. Se le ocurrió por su divina providencia que en éste los elementos que lo forman componen la mejor unidad concebible. Que nadie venga con argumentos soberbios a desafiar la sapiencia divina y a interrogar, tal Job en penuria, la razón por la que existe el mal, el sufrimiento, o el por qué de un Adán pecador. Nosotros los hombres tenemos la miopía que le debemos al cuerpo, ese pequeño animal simiesco al que nos destinaron. Sólo Él lo ve todo y todo lo calcula. No se pueden evaluar los elementos uno por uno. Sólo vale el resultado que da la operación del conjunto.

Aquello que nos indigna no es más que una disonancia funcional al acople perfecto de la sinfonía universal.

Leibniz me hace pensar en Hieronymus Bosh, en su jardín de las delicias, en sus infiernos, en sus poblaciones flotantes envueltas en clepsidras transparentes, en un mundo de burbujas.

No hay vacío, nos dice Leibniz. Todo está lleno. Entre una cosa y otra hay una distancia infinitamente pequeña. No la podemos percibir. El continuo es una aproximación. Cada vez más cerca, infinitamente más cerca. Estamos ante un nuevo Zenón.

Dios es perverso. Goza con nuestra fragilidad. Nosotros vemos las cosas por separado. Hay saltos, vacíos, rupturas, nuestro ser conciente tiene la consistencia de un embutido  picado grueso. Dios dice que está bien, que no hay que descartar la grasa entre las carnes. Le parece útil que veamos las cosas por separado y que nos dispongamos a juntarlas. Favorece, dice Leibniz – que de voluntades divinas parece entender un poco –  nuestro espíritu de conquista.

Si Dios eligió este mundo como el mejor de los mundos posibles, si nada puede cambiarse en él sin que se modifique el conjunto, si el efecto mariposa es la ley que determina las acciones y reacciones, nosotros sus criaturas, estamos destinados a cumplir con lo que Dios manda, y nada de lo que hagamos tiene valor. No hay premios ni castigos, y el mazo ya ha sido distribuído.

Terrible problema teológico el que ninguna Teodicea, ni la misma que escribió Leibniz, puede descifrar con facilidad. Las idas y venidas de nuestro filósofo para encontrarle una vuelta a este asunto de la Fortuna y de la voluntad divina, el del libre arbitrio y la fatalidad, que el protestantismo en su versión calvinista actualizó de un modo urticante, lo lleva a hablarnos de inclinación. Hay destino, pero inclinado.

Las fichas están jugadas, aunque Dios concede su gracia a los empeñosos que no renuncian a orar y obrar para el bien de su reino. La perpendicular que nos baja del mandato del cielo y signa nuestro porvenir, puede inclinarse y convertirse en una diagonal benevolente para recompensar nuestros esfuerzos.

Los ditirambos entre la nomenclatura matemática y la metafísica, entre la ontológica y la moral, constituyen una de las características de los grandes sistemas filosóficos del siglo XVII, antes de que el empirismo inglés haga su crítica a la metafísica y despierte a la filosofía de su letargo que Kant llamó “dogmático”.

Pero estos próceres lejos estaban de repetir un dogma. No eran escolásticos. Debían enfrentar el desafío baconiano de las pruebas de la “experimentación”. Ellos mismos eran grandes científicos. Cuando bajan a la tierra de los valores, el de la moral, eligen su modelo, y hasta su estética.

Descartes es la rectitud, la recta, la geometría plana, la mecánica. Su arquitectura es la Renacentista de Bruneleschi, sus jardines tienen figuras geométricas y la “mathesis universalis” que programa consiste en una serie simultánea de formas combinadas por diferencias mínimas y repeticiones menguantes. El universo de Leibniz es curvo. Es el barroco. Su figura es el pliegue. Un pliegue que al desplegarse encuentra nuevos pliegues. La mecánica deviene dinámica. El círculo se hace elipse y los atributos, hipérboles..

¿Por qué algo más bien que la nada?, pregunta Leibniz, y resume así con este enunciado la clave por la que se  ingresa a la metafísica. Deleuze la llama ratio essendi. ¿Por qué esto en lugar de lo otro? La ratio existendi. ¿Por qué un nombre para cada cosa? Ratio cognoscendi. ¿Por qué si el nombre y la cosa son indiscernibles y diferentes de los otras unidades, sus diferencias se hacen infinitamente pequeñas en la regresión de la serie causal? La ratio fiendi.

Toda proposición verdadera es analítica. Los predicados están incluidos a priori en el sujeto. El mundo leibniziano es un remolino. Nos traga en el infinito. Las diferencias son envanescentes. Se llega a la continuidad por la disolución infinita de las diferencias. Es un universo de aproximaciones. El mar es un infinito perceptivo de gotas que chocan entre sí. Escuchamos el mar pero no el infinito de gotas. Nuestra representación es inconsciente. No tenemos conciencia del proceso oceánico. Percibimos su efecto. El clamor marino. Del mar total a la gota de agua. La molécula más cercana – ejemplo ilustrado por Deleuze – a nuestro cuerpo, al rozarse con el mismo, produce un  incremento supletorio que marca la diferencia puntual en el indiferenciado magma.  El infinito de pequeñas percepciones deviene un acto consciente.  No hay relación de partes sino derivación. Quizás la teoría económica de la utilidad marginal haga eco a este modelo epistemológico.

Además de un filósofo metafísico y matemático, hay un Leibniz político. Filósofo cortesano, al servicio de protectores y príncipes, personal vitalicio de la casa de Hannover, brega por la unidad y la supremacía del Imperio romano-germánico. Entidad avejentada, anacrónica, ya inútil, con pretensiones caducas, se sostiene por un hilo en su lucha contra las nuevas potencias. Después de la paz de Westfalia que pone fin en el año 1648 a la guerra de treinta años, Europa será la de los Estados. Francia es el fantasma que inquieta al imperio y a Leibniz. El emperador es un mandatario de una entidad compuesta por cientos de unidades con autonomía creciente que poco caso hacen de una verticalidad simbólica. El cisma cristiano le plantea a Leibniz dilemas de difícil resolución. Busca conciliar posiciones en aras de una nueva unidad que agrupe la diversidad de credos al interior de una gran cristiandad.

Su mundo monádico en donde cada elemento tiene el lugar agenciado por un Dios que todo lo sabe, le sirve de espejo para idear un imperio ordenado de acuerdo a una voluntad al menos colectiva en la que los grandes se unan frente al Turco invasor.

No es democrático como Spinoza, ya que considera al buen ciudadano como la antesala del faccioso. El gobierno aristocrático le parece un ideal irrealizable. La tábula aplicable a la selección del personal quedó allá lejos y hace tiempo perdida como un arca diluviana. Mejor le parecen los gobiernos absolutos que no tienen la crueldad de los tiranos romanos y que con consejeros sabios que sepan de todo y sean devotos servidores, gobernarán del mejor modo posible.

Leibniz es conocido como el filósofo de la armonía universal.

 

 

Del

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36 comentarios

  • 1. Misia Pectina  |  12 mayo 2013 en 11:57

    excelente!

  • 2. Gustavo Romero  |  12 mayo 2013 en 12:24

    Precioso Prólogo a Leibniz.
    No hay creación más linda que los conceptos de un filósofo.
    Abrazo

  • 3. Philo  |  12 mayo 2013 en 13:18

    PROFESORRRRRRRRRRRRRRRRR
    Aún no pude comprar su libro estoy en medio de un trabajo que consume todas mi horas.
    Gracias por este adelanto, lo devoré con pasión.
    Es simplemente perfecto.
    Siempre amé a Leibniz.
    Y usted siempre fue uno de mis grandes amores intelectuales aún vivos, pero con esto ha subido de posición en mi escala.
    Me encanto!!!!!

  • 4. Ma.Cristina  |  12 mayo 2013 en 14:03

    Gracias por compartir su trabajo y para que conozcamos a Leibniz (parece ser que ambos despiertan amores apasionados en Philo)

  • 5. Elías  |  12 mayo 2013 en 14:21

    Philo, usted que se ha sumergido en las -a veces obscuras- aguas del pensamiento tomasiano y ha salido fresca como una lechuga: me podría definir qué entienden los amigos filósofos por “metafísica”.
    La molesto por esta inquietud, pues consultado el diccionario de la RAE, dice: Parte de la filosofía que trata del ser en cuanto tal, y de sus propiedades, principios y causas primeras.¡¿WHAT?!

  • 6. Juan Sin Tierra  |  12 mayo 2013 en 17:10

    i GRANDE MAESTRO !!!!

  • 7. Lina Altieri  |  12 mayo 2013 en 19:42

    coincide con los Upanishads, revelados milenios antes

  • 8. Juan Martin Masciardi  |  12 mayo 2013 en 22:58

    muy bueno su texto profesor. qué bueno es verlo haciendo filosofía con su prosa siempre atrapante y clara. rindo filosofía moderna en la mesa de julio. después de las vacaciones de invierno. materia larga y compleja es la que debo armar. estoy cursando gnoseología y eso me ayuda, ya que estoy estudiando a los modernos, en mi armado de dicha materia. espero poder leer pronto su libro. siempre es bueno verlo a usted hacer filosofía. le mando un abrazo grande.

  • 9. Philo  |  13 mayo 2013 en 8:06

    Elías yo vivo la luz y la oscuridad en un continuo, jajaaj me encanta sumergirme en la oscuridad y ver que en el fondo esta la luz e ir hacia ella,jajaj otro día me pongo filosófica y le contesto,jajaja pero hoy me levante con ganas de jugar,jaja

  • 10. mARCELO  |  13 mayo 2013 en 13:08

    Vivimos en el peor de los mundos posibles ,hay mundos paralelos , la angustia en un freno una barrera para no terminar todos absolutamente locos y ahogados en el mas terribles de los infiernos ,asi que ya se sabe la “angustia” tiene su por que , esa angustia no nos permiti insidir en esos mundos ¿Por Que?

  • 11. Ma.Cristina  |  13 mayo 2013 en 15:31

    Tomás, anoche, cuando Elisa Carrió dijo que lo que está en crisis es el sistema y eso es lo que hay que cambiar, lo recordé a Ud.

  • 12. Tomás Abraham  |  13 mayo 2013 en 15:42

    a mi me hacía acordar a don quijote.

  • 13. elayer  |  13 mayo 2013 en 15:59

    No me parece que Carrió se parezca a Don Quijote de La Mancha, de todos modos es mejor parecerse a Don Quijote que a Al Capone.

  • 14. Philo  |  13 mayo 2013 en 16:36

    .

  • 15. Gustavo Romero  |  13 mayo 2013 en 17:05

    Hay que cambiar el sistema.
    Sí, el capitalismo.

  • 16. Gustavo Romero  |  13 mayo 2013 en 17:53

    ¿Cómo se combate a las mafias, es decir, a las estructuras empresariales, políticas, sindicales, culturales que en forma piramidal y autoritaria conducen los hilos de la población?

    Como afirman Deleuze y Guattari en El AntiEdipo:
    “El problema fundamental de la filosofía política sigue siendo el que Spinoza supo plantear (y que Reich redescubrió): «¿Por qué combaten los hombres por su servidumbre como si se tratase de su salvación?» Cómo es posible que se llegue a gritar: ¡queremos más impuestos! ¡menos pan! Como dice Reich, lo sorprendente no es que la gente robe, o que haga huelgas; lo sorprendente es que los hambrientos no roben siempre y que los explotados no estén siempre en huelga. ¿Por qué los hombres soportan desde siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, hasta el punto de quererlas no sólo para los demás, sino también para sí mismos?”.

  • 17. george  |  13 mayo 2013 en 20:25

    Yo no sé si la causa libertaria de Karl Hess es el camino,lo cierto es que para combatir el capitalismo no alcanza con eliminar la propiedad privada.Recordemos que supuestamente con su terminación se inaugurtaba una nueva era sin egoísmos y de concordia.Pero pronto se supo de rencillas en el paraíso.No había armas,.ni propiedad privada,ni bancos,había almas,,y por lo tanto pasiones.Es que la principal circunstancia es una que no pueden cambiar Mark ni Engels,En la revolución cubana del Che estaban convencidos que no cerraba sin armas,las mismas que venían del norte,La pistola preferida del Che era una Beretta.No hay vuelta atrás del mundo perfecto que anunció Huxley,Aldous.Un saludo profesor.

  • 18. marlaw  |  14 mayo 2013 en 1:34

    En respuesta a Gustavo Romero pienso que lo que los hombres buscamos y me incluyo en esa búsqueda, por eso utilizo el plural, es alguna certeza, que nos sirva de tabla, para aferrarnos a ella y no naufragar. En este sentido, cada quién se aferra a la que tiene mas cerca, o a aquello que a sus ojos sirve o desempeña esa función.

  • 19. MaCristina  |  14 mayo 2013 en 7:47

    Ah! Gustavo Romero es peronista …”combatiendo al capitaaaall…!”

  • 20. Elías  |  14 mayo 2013 en 8:55

    Resulta inevitable realizar analogías inservibles entre la filosofía de Leibniz y la realidad política argentina:

    a)Es de conocimiento público, que los revolucionarios de La Cámpora viven en Puerto Madero, un lugar lujoso, limpio, bien iluminado y sin delincuencia, es decir en el mejor de lo mundos posibles.
    b)Identidad de los indiscernibles : dos seres son idénticos sí y solo si comparten los mismos negocios y las mismas propiedades (Baez-Kirchner)
    c)Principio de razón suficiente: debe existir una razón suficiente (a menudo sólo por Dios conocida) para que siempre nos gobiernen los peronistas.

    Con respecto al plano metafísico, continúan las analogías: si cambiamos unas pocas palabras, veremos que la definición que nos da la RAE coincide con los programas de investigación de Lanata : “Trata del ser en cuanto tal, de sus propiedades, su falta de principios y sus causas judiciales

  • 21. Tomás Abraham  |  14 mayo 2013 en 10:52

    todo iba bien en relación a la metafìsica hasta que apareció lilita carrió de la mano de maría crtistina y volvimos a la rutina de siempre, al embrutecimiento con lo ya sabido,lo ya hablado, a la rutina antik, a nuestra cultura sólo inspirada en la tele y en la radio, y listo, felices en casa con nuestra indignación bien acomodada y nuestras resistencias al sistema ya masticadas e inocuas.
    el capitalismo puah, el sistema puah, y a pensar lo ya repensado sin avanzar ni abrir en nada el bocho.
    el problema no es el capitalismo, entelequia del siglo XIX, sino la economía. un mundo sin economía , sin dinero, sin empresas, sin mercado, esa utopía profesoral nada tiene que ver con la vida, ni con los hombres, ni con los bolsillos,
    el desprecio por la economía es una herencia del sistema rentista del hidalgo español que está en la base de la ideología argentina anticapitalista.
    de ahí a reventar el mundo de gases o sepultar a los indios de bangla desh bajo los escombros de multinacionales que pagan dos dólares por día, hay un trecho que sólo se puede franquear con investigaciones serias. .

  • 22. george  |  14 mayo 2013 en 11:33

    Bueno profesor,quiero entender que alude a la entelequia como invención o quimera,y no en su acepción filosófica de cosa real cuya actividad la confirma en sí misma.Pienso con toda simpleza de conocimientos que el capitalismo es un producto de la eterna lucha de las pasiones dentro alma humana,que en otros siglos alumbró otros engendros como el feudalismo,en otros esclavismo,en otros anteriores salvajismo y tantos más. Los grandes descubrimientos aportaron lo suyo para cambiar de sojuzgamiento.Un día nos dimos cuenta que terminaba el geocentrismo,eramos muy pequeños.Otro día que el hombre es apenas un derivado de un primate,otro día que hay un saber que no manejamos que aparece en su esplendor cuando dormimos.Así llegamos al hoy,donde somos libres para ser esclavos,esclavos concientes.Cada vez menos deciden por masas cada vez mayores,y nos quejamos desde nuestro sillón frente al vidrio o el LCD.Nuestros ojos se vuelven vidriosos.Y qué lindo es no decidir,y tener derecho a protestar,y quejarnos por la corruptela de los jerarcas.Voy a tener que agrandar la pàred del living para que entre el nuevo LCD.Me debo olvidar de Sartre,para qué dijo: “el que entre dos opciones no está eligiendo ninguna,ya tomó una dedcisión”.saludos

  • 23. Arielo  |  14 mayo 2013 en 11:57

    Abraham, me permito discrepar, el problema no es la economía, que no es más que un estudio en sí; sino la aplicación de políticas económicas con intereses, para mi, errados.
    Existen innumerables Hidalgos de la Mancha, observados a la distancia por Cervantes (el que lucha contra molinos, el que lucha contra gigantes, etc).
    Si coincido con Émile Bréhier (que respondería mejor la pregunta de Elias que el DRAE), en que Leibniz pertenece con Böhme y G. Bruno. Será por eso que a mi me hace acordar a las emanaciones de los místicos judios, en cambio?

  • 24. Elías  |  14 mayo 2013 en 14:04

    Le dije a Ma Cristina que en vez de escuchar todo el santo día a Chiche Gelblung se pusiera a leer: ¿Qué es metafísica? de Heidegger, pero no me hace caso. Así anda el país…

  • 25. Gustavo Romero  |  14 mayo 2013 en 17:04

    OK. Discutamos Leibniz. Cuando decís “Toda proposición verdadera es analítica”, estás realizando una afirmación que merece ser desarrollada, porque a simple vista es errónea.
    La distinción entre verdades de razón y verdades de hecho es clave en este contexto. Es cierto que para Dios todas las verdades son analíticas; pero para los hombres no, y requieren de las llamadas verdades de hecho para finalmente remontarse, si es posible en el análisis de los conceptos, hasta la verdad analítica (cosa que no siempre es posible dada la finitud de la naturaleza de las creaturas, para quienes el análisis de los conceptos, la descomposición puede llegar a ser infinita).
    Por otro lado, quisiera comentar algo con respecto al sistema de la comunicación de las sustancias, que se conoce con el nombre de la armonía preestablecida.
    Leibniz entiende, en principio, por “armonía universal” el hecho de que exista “lo más posible”, que todo lo que pueda existir sea efectivamente. Pone esto como el principio de su filosofía. Podría tomarse de aquí una nueva explicación de cómo es que Leibniz llega a concebir una pluralidad de sustancias después de que Spinoza presentó aquella unidad tan estricta de la sustancia. Leibniz introduce un principio diferente, junto a aquel principio lógico que decía que debe seguirse con férrea necesidad de la esencia primero sus atributos y luego sus modos, que es un principio de una necesidad moral o de elección. Este principio hace racionales ciertas posibilidades de elección que no son necesarias desde el punto de vista lógico en sentido estricto. Es decir, dada una esencia cualquiera, excepto la de Dios que implica su existencia, el hecho de que llegue a la existencia o no depende en Spinoza del universo general de los modos que va a esconder en sí una razón para que esa esencia llegue a la existencia o va a esconder en sí una razón que impida que esa esencia llegue a la existencia. Lo mismo dice Leibniz, cuando dice que es la posibilidad general de armonía, la posibilidad de sumar más ser a la universalidad de ser ya existente, lo que va a dar la razón de que haya mayor cantidad de existencia. Tanto es así que todo lo posible pretende existir. Éste es un principio de la filosofía leibniziana. Y va a existir sólo si es armónicamente compatible, si puede entrar en armonía, con la infinita y máxima pluralidad posible de otros existentes (lo com-posible).
    Esta tendencia a la efectiva realización, a la actualización de posibilidades, se basa en el principio de lo mejor, en este principio de orden no estrictamente lógico sino moral, esta necesidad moral que hace que ser sea mejor que no ser. Cuanto más ser haya, más perfección habrá en el universo. Entendemos que Dios actúa atendiendo a este principio, que es el de alcanzar la mayor perfección posible con el mínimo esfuerzo. Por tanto, Dios va a hacer existir la mayor cantidad de mónadas con la única condición de que sean armonizadas.
    Acá viene, por una parte, esta novedad que trae Leibniz respecto de Spinoza, que es la pluralidad de sustancias, que se hace necesaria desde el punto de vista de lo mejor. Esto ya lo decía Giordano Bruno en “El infinito universo y los mundos”, cuando decía que Dios no les mezquina el ser a los infinitos mundos y por eso hay que suponer que son infinitos, porque su potencia se despliega mucho mejor en esta infinitud. No aceptaría la restricción o limitación de referirse a uno sólo.

  • 26. MaCristina  |  14 mayo 2013 en 17:49

    Tomás, me permito hacerle notar que el que habló de Capitalismo fue Gustavo Romero y para él fue mi respuesta irónica. Y siempre
    voy a defender lo que pienso más allá de programas y políticos. A partir de ahora voy a leer a los que saben más que yo y me abstendré de comentar.

  • 27. rodolfo lópez  |  14 mayo 2013 en 19:40

    Yo estaba conforme con mi indignación, con mi resistencia, con mi asco masticado largamente, pero nació Azul y eso dejó de tener sentido. (Ma Cristina: Lucía es mi sobrina, Azul es su hija. Gracias).
    El texto de Tomás Abraham permite también huir de las pequeñeces cotidianas miserables; sin hijos de carne y hueso, con la luz de su inteligencia generosa que alumbra nuestra inteligencia.
    Como lo hizo -y hace- el cálculo infinitesimal de Leibniz.
    Gracias Tomás

  • 28. Gustavo  |  14 mayo 2013 en 20:35

    Bueno yo dese que tengo uso de razón siento hablar de la existencia de un Dios. Dios que nunca lo vi, no se si es una fuerza, un ser animal, si esta en el cielo, aquí en este mundo pero invisible a nuestros ojos, en medio de los mares, etc. Solo escuche lo que dicen las religiones, pero después de lo demás a veces dudo de su real existencia. Y si estuvo alguna vez no se si nos segura aguantando jaja. Porque el supuestamente nos dio este planeta para que lo cuidaramos, convivamos entre todos. Y nosotros hicimos y hacemos todo lo contrario. Depredamos, contaminamos, destruimos. Y ni siquera nos conformamos con matar amimales o vegetales, sino hasta entre los propios seres humanos. A lo mejor Dios, si existio alguna vez, se canso en un momento de toso esto y dejo el planeta a la deriva. Por eso estamos como estamos jaja
    No se… es algo que muchas veces pienso. Obvio que no todos tiene por que pensar del mismo modo. Si por ahí esto ofende a alguien pido disculpas

  • 29. Elías  |  15 mayo 2013 en 8:37

    Siempre me pregunto que haría Borges en determinadas circunstancias, acometer tal presunción, pero siempre lo realizo. Me parece que a Borges no le hubiesen molestado algunos comentarios, es más, tal vez algunos de ellos le habrían hecho esbozar una débil sonrisa.Claro era Borges. Parecería, que a los pensadores actuales, sólo les queda por invertir las frases más conocidas de el autor de El Aleph, agregar dos o tres datos sacados de sus bibliotecas, y con eso, considerar que han escrito una obra maestra. Y lo que es peor: seguramente se creen que han escrito un texto genial, cuando en realidad es un escrito que no soporta una segunda, o con mucho empeño una tercera lectura. Como en el famoso cuadro de Miguel Ángel, parecería que el dedo índice del Creador no ha llegado a tocar el dedo índice del pensador y por lo tanto no le ha alcanzado a transmitir la energía vital, la genialidad que convierte un texto destinado al olvido en uno inmortal.

  • 30. Elías  |  15 mayo 2013 en 8:46

    Ja! pensé que no entraban los comentarios. Para que se entienda la frase correcta sería: ” es un disparate acometer tal presunción”.
    El resto creo que se entiende.
    Chau!

  • 31. Philo  |  15 mayo 2013 en 10:04

    Ma Cristina no me parece bien que te abstengas de comentar.

    Todos tenemos (equivocados a no) un visión del mundo y lo que deseamos para este.

    No importa si sabemos más o menos, es en la diversidad de opiniones y con TOLERANCIA (este es el verdadero problema ya que es un elemento escaso en el planeta)que se intenta la comprensión y revisión de lo pensado, que surge lo nuevo, que se encuentran las soluciones.

    Uno de mis lemas: (de Malalai Joya, valiente mujer afgana) “Pueden matarme, pero no callar mi voz “

  • 32. Gustavo Romero  |  16 mayo 2013 en 9:06

    Lo que quise decir es que no son equivalentes las afirmaciones:
    1) “Toda proposición verdadera es analítica” y
    2) “Toda proposición analítica es verdadera”.

    La afirmación 1 es falsa porque hay proposiciones verdaderas que no son analíticas (como es el caso de las llamadas por Leibniz “verdades de hecho”. Salvo para Dios, para quien todas las verdades son analíticas, los hombres tienen verdades de razón y verdades de hecho).
    La afirmación 2 es correcta, ya que si una proposición es analítica, es necesaria, y verdadera.
    Vamos, a ver quién se prende a discutir Leibniz. Empecemos por “Discurso de metafísica” o por “Monadología”.

  • 33. Francisco  |  16 mayo 2013 en 11:36

    Interesante entrevista del Prof. Tomás Abraham.

  • 34. Francisco  |  16 mayo 2013 en 11:39

    Interesante entrevista a TA.

  • 35. rib  |  16 mayo 2013 en 14:31

    a mi me parece que
    las proposiciones analíticas no son verdaderas
    aunque acaso sean sagradas, dogmáticas o axiomáticas

    no puede ser empíricamente probado que el fin
    sea idéntico o por lo menos semejante al principio
    ya que ambos son incomposibles o bien
    se excluyen mutuamente por
    un cambio inmediato

    precisamente leibniz no quiso saber
    de las razones o de los principios pre-establecidos
    de su dios infinito

    pero él fue un funcionario divino … f(dios)

  • 36. george  |  16 mayo 2013 en 18:10

    Contertutilo Philo:La TOLERANCIA no tiene nada plausiible desde el punto en que es la suma conveniencia de quién la practica.Es pura especulación.Tuvo su momento de gloria en la Europa feudal,en tiempos de la paz de Augsburgo.Tuvieron que aguantar al protestante disidente como quién toma un remedio amargo,de lo contrario se quebraba el reino(Dieta de Worms;de Spira,etc.etc.) . Después vino la guerra de los treinta años (Munchen y Osnabruck)y la consecuente Paz de WEstfalia y se avanzó hacia la diversidad.Todo muy bien,pero nadie se acerca siquiera al tábano de Atenas,ése no practicaba la conveniencia,lo que es la medida de la razón práctica.Parece que el hombre fue uno de los pocos que practicó la razón pura(no especulativa)Predico el bien ,y soy coherente(pretendo la cohesión o sea la no división del propio ser),si no devuelvo mal por mal al vecino no es porque me prometieron un paraiso o la vida eterna sino tan sólo porque no me quiero contradecir no fomento la violencia,de hecho,moral,etc.En fin,no me tomen muy en serio,un saludo


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