Reflexiones en la hora de la muerte, por Gustavo Berti

10 diciembre 2012 at 19:35 28 comentarios

Hace unos días mi “ordenador” personal, ex–computadora, (Congreso de la lengua mediante) me jugó una mala pasada. El sistema de alerta de fechas ¿importantes? cobró vida anticipadamente y me advirtió, con gélida solemnidad, que en abril del 2013 cumpliría 48, sí, ¡cuarenta y ocho años! de ejercicio de la medicina. Demoré algunos días en darme cuenta que era más tiempo del que he compartido con mis padres, con mi esposa y con mis hijos. ¡Toda una vida! y no pude menos que preguntarme qué han significado para mí y para la sociedad en la que me hallo inmerso, todos estos años. ¿Me han cambiado en alguna manera? y, lo que es más importante aun ¿he sido capaz, en este destello fugaz que es la vida, de producir un cambio en el mundo en el que existo?
La mayor parte de ese tiempo lo he pasado muy cerca de la muerte. La de otros, por supuesto, y también cerca del sufrimiento de quienes permanecen de este lado del “abismo”, y cuando uno mira por un tiempo suficiente al “abismo”, como decía Nietzsche, éste termina mirando en uno, y es precisamente una faceta de este mirar y ser mirado por la muerte que hoy quiero compartir con los lectores.
Recuerdo, con exactitud increíble, una sola ocasión en que vi morir a una persona con una mueca de espanto, y la recuerdo por lo excepcional. En la trastienda de mi memoria afloran, sin que medie un recuerdo preciso, y justamente por su cotidianidad, lo apacible del último suspiro y en ocasiones el magnifico resplandor de la última mirada, quizás avizorando un porvenir desconocido aun para nosotros, e inmediatamente la paz reflejada en el rostro, incluso una ocasional sonrisa, mientras aquellos a quienes el visitante otorgaba un nombre con su presencia —viudas, huérfanos, y otros, excepto los hijos que al morir dejan a sus padres sin nombre alguno— se debatían en un mar de tristeza, lamentos y, en ocasiones, culpas.
He aprendido que los lazos de amor que unen a las personas con sus seres queridos no se cortan jamás, y lo he aprendido empíricamente al observar realidades que no se describen en los libros de texto, al ver personas en coma muy profundo, incluso en lo que llamamos muerte cerebral, responder a la caricia y la voz de sus seres queridos con señales tales como unas lagrimas que se deslizan por las mejillas, incluso un leve temblor muscular en un cuerpo totalmente fláccido hasta el momento, un pulso lento que se acelera o un pulso irregular que se normaliza ante la presencia esperada. Ante la presencia esperada, ante el permiso y la bendición que se espera y que a veces no llega.
También he aprendido que todas las personas luchan dignamente por permanecer de este lado de la vida, pero llega un momento en que esa lucha ya es imposible de sostener, y es en ese preciso momento en el que nada más las retiene, por supuesto de manera infructuosa, que las cuestiones afectivas no resueltas, las despedidas no realizadas, los perdones no concedidos, y los permisos no otorgados. ¿Acaso alguien podría creer que es posible dejar atrás amores y afectos de toda la vida y cruzar el gran río sin despedida alguna?
Por estas razones, a lo largo de los años, les he dicho a familiares cuyos seres queridos estaban muy cercanos a la muerte y para quienes la medicina no tenia ya nada que ofrecer, que tuvieran contacto físico con ellos, que los tocaran, los acariciaran y les dijeran que los amaban y los necesitaban de este lado de la vida, pero que si eso ya no era posible, que supieran que eran libres para partir y que lo harían con su permiso y su bendición para esa nueva vida que iban a comenzar.
Siempre me ha parecido una manera justa de expresar los sentimientos que afloran en la hora de la muerte y creo no equivocarme si afirmo que, de una manera que trasciende nuestro entendimiento racional y lógico, todos aquellos a quienes estas palabras fueron dichas realizaron su transición en el momento de su propia muerte y no en el momento de la “muerte de los médicos o los hospitales”
Estos hechos que hoy comparto con ustedes me han sido mostrados por todos aquellos que murieron bajo mis cuidados y a quienes no puedo menos que agradecer por sus, aunque silenciosas, no menos expresivas enseñanzas. Y las deposito sobre papel con la ilusión de ayudar a más personas de las que he podido llegar hasta ahora y pensar, de esta manera, que mi paso por la profesión y el mundo no es en vano.

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Información y Opinión (Perfil 9/12/2012) Muchas Felicidades

28 comentarios

  • 1. Luis de Benedetti  |  11 diciembre 2012 en 10:40

    Gracias Gustavo por este magnifico articulo. Yo estoy cumpliendo 43 años como medico en estos días de diciembre y puedo suscribir cada una de tus afirmaciones. Aprendemos de nuestros pacientes. La vida es un viaje de crecimiento espiritual y lo hacemos en compañía de otros seres queridos, que nos acompañan para siempre. Somos espiritus inmortales, vivíamos antes de nacer y seguiremos vivos después de morir aquí.

  • 2. magu  |  11 diciembre 2012 en 13:01

    Me conmueve este escrito, y siento lo mismo. Es indispensable que un paciente terminal (o en recuperación) reciba ternura, contacto de la gente que lo ama, (aunque esta gente esté peleada entre ella) y que el hospital donde está internado sea lo menos humillador e invasivo posible (tanto con el paciente como son sus visitantes). Hace más de 16 años que estoy alejada de mi profesión y prácticamente no leo libros sobre el tema. Pero le he propuesto la idea a una fisioterapeuta (el título es PSICOMOTRICISTA, carrera privada y nueva en el país), y ella hará una tesis para presentar en un congreso de medicina el año próximo: la propuesta es: que todos los estudiantes de medicina y carreras afines (llamadas paramédicas, y demás), hagan una materia (por llamarlo de algún modo) que los haga trabajar sobre las vivencias de la muerte de sus seres queridos, y las fantasías que tienen sobre las propias, también, sobre que sienten sobre LA VIDA MISMA, que puedan hablar sobre sus creencias espirituales y religiosas. Sobre que constituye para ellos la DIGNIDAD de LA PERSONA HUMANA. Para mí es muy necesaria imponerla (no como materia eliminatoria pero si obligatoria) dado la gran cantidad de estudiantes y profesionales materialistas, mercenarios, (que si pueden tener carácter para estar en contacto con la sangre pero bloquean sus propias emociones). He visto y experimentado mucho maltrato y abandono por parte de médicos , enfermeros y demás de sus pacientes hospitalizados, más que negligencia. … DESAMOR. Y me he preguntado ¿para qué o por qué siguieron esas carreras ¿. El mismo ejercicio de una profesión no da por hecho que la persona crezca espiritualmente, comprenda el sentido y el valor de LA PERSONA HUMANA, eso tiene que ser previo al estudio, por el contrario, a veces, el profesional puede ir insensibilizándose. Me han criticado con desdén esta idea, pero hoy más que nunca, la gente joven que ingresa a estudiar estas carreras, tendría que sincerarse sobre por qué lo hace, el ABORTO que antes era una palabra TABÚ, hoy es tema de debate, y a mí me sigue espantando que se hable de él como algo natural y no se haga campaña de control de natalidad. Un médico como BINNER puede decir que está bien drogarse, y no lo está. Hay crisis de valores entre los profesionales de la medicina, actualmente en este país.

  • 3. Lina Altieri  |  11 diciembre 2012 en 13:19

    Sí Gustavo, lo que decís es así y más.
    El tema da para mucho más que lo que se puede abarcar en un comentario, pero hay algo de lo que no tengo dudas y que quiero mencionar.
    Muchos años de experiencia hospitalaria y con pacientes psicológicamente muy dañados, me han hecho comprender que la ayuda en el tránsito también es necesaria, diría imprescindible, en los casos en que la persona ha decidido terminar con su vida por sí misma. De lo cual se habla poco, porque el suicidio sigue siendo tabú.
    Me refiero por supuesto al suicidio evidente y al encubierto, al que se lleva a cabo en un instante y al que se va desenvolviendo a lo largo de muchos años, a veces, de toda una vida.
    Muchas gracias por haber abordado este tema tan vital, porque -voy a escribir una perogrullada- la muerte es indisociable de la vida.
    Muy bueno tu artículo, además.

  • 4. mARCELO  |  11 diciembre 2012 en 13:55

    He visto a mucha gente morir ,es cierto lo que dice el Dr Berti los rostros del ultimo suspiro tienen una mirada de paz que realmente llama la atención ,a eso hay que agregar que hay varios fármacos que ayudan a ese estado , tanvieb puede ser como dice el Dr que quizás presientan o ven una paz de otro mundo que nosotros no comprendemos precisamente por estar en el mundo material , También e visto rostros horrendos , pero por lo general eran urgencuas baleados ,acuchillados ,insectos metido por el oído , se cayeron de un balcon ,accidente etc etc se ve de todo , pero la muerte siempre esta en los hospitales ,y nosotros como medicos hacemos lo posible para que no se lleve otra vida , por eso Salud colrgas como decía Ramon y Cajal un traguito chiquito de wiski y a operar señores ,que la parca no huela nuestros miedos humanos demasiado……. etc etc

  • 5. Gustavo Berti  |  11 diciembre 2012 en 14:19

    Hola Lina.Gracias por tu comentario. Tienes razón en que el tema del suicidio y del suicidio asistido es tabú. En ciertos estados de EE:UU está permitido pero el médico solo le proporciona los medios al suicida y este lleva cabo el acto. Es un tema que, tarde o temprano estrá en la palestra. Saludos

  • 6. Maria Cristina  |  11 diciembre 2012 en 15:03

    Gracias por compartir su experiencia y darnos las pautas para conducirnos en momentos límites.

  • 7. Florencia  |  14 diciembre 2012 en 11:52

    Excelente artículo.
    Es muy difícil leer sobre este tema sin sentir un nudo en la garganta. Tal vez sea la carcaza humana que nos hace temblar ante la mención siquiera de los finales, los atardeceres, las vísperas. Nuestros finales eventuales y los de los seres queridos. Creo que esos temblores no tienen solución, pero me parece un gesto de coraje soberano poder pensar un poco, sentir un poco, dejar de barrer esos pensamientos y sentimientos abajo de la alfombra.
    Hacerles frente, llamarlos por su nombre, mirarlos a los ojos no será suficiente para vencerlos, pero al menos, pisaremos con otra dignidad. Gracias por la claridad y el lenguaje directo, sencillo y sincero.

  • 8. magu  |  14 diciembre 2012 en 19:52

    La película “DARSE CUENTA”, de ALEJANDRO DORIA (con Brandoni, Grandinetti y China Zorrilla) recrea una hermosa relación entre un médico y enfermeras con un paciente abandonado por su familia que practicamente ya estaba dado por muerto (estaba en coma).
    Y aunque esto tiene que ver con la donación de órganos, recuerdo lo bien tratado que está este tema en JESÚS DE MONTREAL (película canadiense del año 85).

  • 9. Damian  |  16 diciembre 2012 en 12:53

    Gustavo de su primordial interrogante se desprende una preocupación trascendental que le dio a las escrituras el carácter de sagrado, comprendo su buena voluntad que no alcanza, tampoco con la utópica de todos. El destello fugaz nos fue dado sin sentido ¿Por qué debería tenerlo? muero en parte con el otro. La melancolía por la muerte, después del duelo, da risa. No somos lo fundamental del mundo.

  • 10. mar  |  16 diciembre 2012 en 13:55

    La invalorable experiencia.
    Dr. Berti,
    Es muy bueno el escrito, estoy segura que así ayuda a muchos más de los que ha asistido en forma personal.
    Sus descripciones me resultan conocidas, fundamentalmente tienen ese poco habitual efecto de acompañamiento que buscamos en el otro cuando se trata de experiencias frente a la muerte.
    Mi experiencia es mucho menor a la suya, sin embargo algunas han dejado un recuerdo imborrable, y cuando lo transmití, noté que pocos lo comprendían.

    En una oportunidad a través de una interconsulta, llego a una situación en la que encuentro a una mujer mayor con un estado clínico muy comprometido, con un bajo nivel de consciencia, en evidente estado terminal. En la habitación estaban sus 3 hijas mujeres de mediana edad, solteras, que siempre habían vivido junto a su madre. Ya solamente al escuchar que se referían continuamente a ella como mamita, me dió una punta del ovillo para empezar a pensar cómo ayudar.
    Residentes, enfermeras, etc. (todos) se sentían superados por las permanentes demandas de las hijas, que parecían no poder comprender la gravedad del estado de su madre. Digo “parecía”, porque así lo transmitían todos los profesionales, pero a mí me “parecía” que sí lo entendían, y que no lo querían aceptar y estaban aterradas. Pensé a su vez que la madre estaba sufriendo muchísimo, pero que no “se iba” por sus hijas, porque “se daba cuenta” pese a su escaso nivel de consciencia que ellas no lo podrían soportar.
    Cualquier profesional medio de la Psicología hubiera rápidamente catalogado el apego patológico de este núcleo de mujeres.
    ¿Qué pasaba si extraíamos esto de “lo patológico”? ¿y dejábamos sólo el amor, y el temor a la muerte?

    Despejé mi tarde para hablar con las hijas con más tranquilidad que lo que suele ser una mañana de hospital. Mi idea era que si comprendían que el amor no terminaba, que había llegado la hora de que su madre pudiera irse tranquila sabiendo que ellas la seguirían amando y que ellas estarían bien, podría darse vuelta la situación de extensa agonía. Fue una larga charla, y me fui del hospital con la incertidumbre de cómo se desarrollaría todo.

    La mujer murió 5 horas después. El residente que había estado de guardia esa noche, me dijo por la mañana que había sido todo tranquilo, y que las hijas expresamente le habían pedido que me dejaban sus saludos y agradecimiento.
    Mi hipótesis había sido que las hijas “no dejaban irse” a su madre y que a su vez ella “no podía irse” viéndolas así.
    ¿Sería así?
    Como siempre, me quedo con la duda.

  • 11. Viviana  |  16 diciembre 2012 en 15:38

    Hay crisis de egos entre los profesionales de todas las disciplinas en todo el mundo. El Ego es el enemigo más cercano y temido del Homo frente a otros Egos en ejercicio!
    Los médicos no son la excepción a ninguna regla de convivencia con uno mismo y con los demás. Humanos al fin de cuentas.

    http://artichoker.cemzoo.net/index.php?xfa-blog-entry/manual-de-suicidio.89182/

  • 12. Juan G  |  16 diciembre 2012 en 16:37

    Existen algunas gentes que se cansan de vivir, y viven la muerte con cierto alivio, en general los más viejitos, – como decía el otro día, la muerte de los mayores es como llegar a puerto- pero la muerte joven es antinatural, es como un camino que se corta, que queda trunco, como ese último cuadro que pintó Van Gogh antes de morir, un camino que se pierde entre los trigales amarillos de la vida, bajo un cielo tormentoso, y los horribles cuervos negros volando alrededor. La muerte joven no es natural, es como cortar un planta en la plenitud de su desarrollo.
    Eximio artículo, lo felicito Dr. Gustavo
    Saludos Cordiales

  • 13. Lu  |  16 diciembre 2012 en 17:39

    a mí también me pareció muy bueno, la forma clara, la sensibilidad con q está escrito, pero me cuesta pensar en la muerte, no me gusta pensar en la muerte… aunq es bueno prepararse un poco, pero nunca se está preparado para la muerte

    no sabemos nada de la muerte, es el gran misterio… la muerte es algo q nos deja perplejos, no lo podemos creer, no podemos creer q llega un momento en q todo se termina, en un instante, para siempre… q no va estar más…. y sin embargo todo sigue igual…. el mundo sigue igual….. y no lo podemos creer…. nos sentimos angustiados, solos, impotentes…. la muerte es más fuerte q todo, termina con todo… bueno, con todo menos con nuestros sentimientos….porq seguimos amando a los q se fueron, entonces podemos decir q el amor es más fuerte q la muerte

  • 14. Lu  |  16 diciembre 2012 en 17:42

    que pasó?

  • 15. Lu  |  16 diciembre 2012 en 17:59

    “La melancolía por la muerte, después del duelo, da risa. No somos lo fundamental del mundo.”

    y q dice de la utilizacion del duelo de más 2 años d hace cristina k ? tambien el da risa?

  • 16. Viviana  |  16 diciembre 2012 en 20:44

    Ay MARCELO: y si para no morir en el intento de sobrevivir pensamos en los hermosos momentos de la vida?

    http://m.youtube.com/watch?feature=related&v=-rCd5uGaM8s

  • 17. Gustavo Berti  |  17 diciembre 2012 en 11:00

    Damian: mis palabras solo fueron una descripción de datos empíricos obtenidos durante muchos años y solo intento compartirlos. No seremos lo fundamental del mundo pero en nosotros existe algo que se llama grandeza y eso también se manifiesta en el ultimo suspiro

  • 18. Gustavo Berti  |  17 diciembre 2012 en 22:02

    Hola Mar. creo que tus conclusiones son correctas, Al menos coinciden con mis vivencias. Creo que muchas prolongaciones innecesarias se deben a permisos no concedidos y a la espera de ellos por parte del ser muriente
    Muchos familiares quieren hacer “Todo” por miedo a que los consideren “desalmadas” y otros por que no quieren o temen asumir responsabilidades. Otros han estado lejos y sienten culpas por abandonos y quieren tener la ultima oportunidad de recomponer relaciones. Me parece que en todos los casos hay una negación de la muerte como parte indisoluble de la vida. En fin, es un tema muy rico y que da lugar a un debate serio. . Creo que seria interesante compartir experiencia vividas y que no figuran en libro alguno
    Agradezco tu comentario

  • 19. Gustavo Berti  |  17 diciembre 2012 en 22:06

    Gracais juan por tus palabrs

  • 20. mar  |  18 diciembre 2012 en 10:26

    Gracias Gustavo.
    Es cierto que no figuran en libro alguno.
    ¿Porqué no lo hace? Es un buen proyecto.
    Pienso que en este blog hay varios que podrían colaborar, empezando por Tomás que daría un marco filosófico a un tema que lo requiere.
    Vivencias, y conceptualizar la experiencia.¿Porqué no?

    Son días de corridas frente al fin de año, pero tal vez podríamos encontrar un espacio para tomar un café y conversar sobre ese libro que pienso que Ud. debería escribir. Le ofrezco mi estímulo y en lo que pueda, mi colaboración.
    Saludos

  • 21. Luis de Benedetti  |  18 diciembre 2012 en 10:44

    El tema ha sido tratado, entre otros, por Elisabeth Kübler Ross que fue una psiquiatra suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos. Así mismo fue pionera en el campo de investigación de las experiencias cercanas a la muerte, siendo actualmente reconocida como una figura de autoridad en la materia.
    Médica psiquiatra suiza, autora de On Death and Dying (1969), donde expone su conocido modelo de Kübler-Ross por primera vez. En esa y otras doce obras , (entre ellas La rueda de la vida y La Muerte, un amanecer) sentó las bases de los modernos cuidados paliativos, cuyo objetivo es que el enfermo afronte la muerte con serenidad y hasta con alegría. Falleció en agosto de 2004

  • 22. mar  |  18 diciembre 2012 en 12:15

    Por supuesto que están los trabajos de Kübler-Ross! y un poco antes que ella -que estaba en EEUU-, ya había empezado Saunders, una enfermera inglesa, quien en realidad fue la que verdaderamente impulsó a los “hospice” (para pacientes murientes). Aquí se organizaron algunas conferencias que fueron muy interesantes.
    La diferencia entre ellas, fue que Kübler-Ross fue avanzando en su pensamiento a favor de una idea sobre la inmortalidad de la consciencia (según ella, tenía la evidencia de quienes supuestamente se habían acercado al límite de la muerte y regresado).
    Saunders puso su energía en el desarrollo de los Hospice.
    Ambas abrieron a la reflexión sobre la muerte digna, y plantearon que debía superarse ese temor en los ámbitos médicos, que finalmente siempre conducía a una desatención de los enfermos en estado terminal.

    A mí me parece que el Dr. Berti puede aportar su experiencia.

  • 23. mARCELO  |  18 diciembre 2012 en 13:05

    como dice el filosofo Darío Stajzhrtzahgkjhplaxeshzyarz en su programa muy bueno de televivion “La gente quiere a los médicos que quieren a la gente; antes de ser un buen médico, se una buena persona.”
    salud y +viviana

  • 24. Gustavo Berti  |  18 diciembre 2012 en 20:08

    He tenido ocasión de entrevistar personalmente a mas de 20 personas que tuvieron una experiencia cercana a la muerte, algunos de ellos en el pos operatorio inmediato y una de ella analfabeta, lo que sugiere que no tenía noción previa que existiera algo similar en otras personas. Algunos me relataron experiencias que racionalmente serían tildadas de “locuras” pero luego pude corroborarlas. Esto me ha inducido a creer en algo más allá, tal como le sucedió a E.Kubler-Ross., pero como toda experiencia es intransferible solo puedo compartirla y cada uno ha de tener su propia creencia.

  • 25. magu  |  19 diciembre 2012 en 18:59

    Dudo que este comentario salga, pero quiero dejarlo asentado. La misma gente que aquí habló a favor de la soberanía argentina sobre las islas malvinas, y que ha impulsado a defenderla aún por la fuerza (guerra) si no se reconocen tratados o acuerdos. ¿Cómo piensan que estaría preparado nuestro país para atender a heridos de guerra como ocurrió en el 82 ?.
    Sobre las interpretaciones de la conducta emocional de los familiares de algunos pacientes moribundos, pienso (al menos por lo dicho aquí) que hay mucho más prejucio y bloqueo emocional, y faltta de empatía que de verdadera comprensión. Y aunque los profesionales sigan volcando sus experiencias en libros o en blogs. Creo que sería provechoso, que los estudiantes de estas carreras, pudieran, como piensa CHOPRA en VIVIR SIN CONDICIONES, sacar a la luz, sus propios miedos y ambivalencias sobre LA VIDA, y LA MUERTE, durante el transcurso de su formación, porque algunos no llegan a cuarenta años de profesión o lo hacen con más frustración y deformación profesional que amor, que no es el caso del autor de este post.

  • 26. mar  |  22 diciembre 2012 en 16:13

    Dr. Berti,
    No le haga caso a los comentarios absurdos y con mala onda.
    Saludos

  • 27. magu  |  22 diciembre 2012 en 17:35

    No critico al DR BERTI, por favor, no haga comentarios perniciosos ni mal intencionados

  • 28. Tomás Abraham  |  22 diciembre 2012 en 20:13

    El doctor Gustavo Berti ha fundado en nuestro país una de las instituciones más interesantes desde el punto de la filosofìa de vida, esa filosofia que no ha sido elaborada porque no es teórica, sino práctica. El grupo Renacer es un grupo de ayuda mutua para padres que perdieron a sus hijos. Me he acercado al doctor Berti y he conocido a otros de sus integrantes porque constituyen para mi un ejemplo del modo en que el dolor se piensa en nuestra sociedad. He reflexionado sobre el tema en m libro La empresa de vivir.


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