Impresiones de Puerto Stanley (Perfil 1/4/2012)

1 abril 2012 at 3:30 19 comentarios

Sería encantador decir que estoy en Puerto Argentino y no Stanley, pero nada realista. Este lugar de argentino no tiene nada y todo de una factoría británica. Luego de un par de días de estar aquí y llegando a una situación de encierro por falta de movilidad y compañía, en medio de la exacerbación local contra los argentinos que obligan a manejarse con discreción para no irritar aún más a quienes se sienten vejados, invadidos, agredidos, por nosotros – el plural se vuelve inevitable –, he tenido la dicha de encontrarme con colegas de otros medios nacionales y extranjeros.

La suerte me deparó la llegada desde el pueblo de Darwin del trío de France Press: Tomás, redactor uruguayo, Anthony, cameraman francés que vive en San Telmo, Martín, fotógrafo peruano que vive en Chile. Los tres de unos cuarenta años, trotamundos de agencia de noticias, vivos para los reportajes, alertas ante los detalles, rápidos para la primicia, es decir, para abreviar, todo lo contario de quien aquí escribe: un opinólogo ilustrado, o casi, que dice lo que piensa, piensa lo que los otros dicen, supone lo que no dicen, en lugar de callarse, escuchar y no opinar.

En realidad, aquí no se puede opinar mucho para no terminar en el agua como se dicen que terminan algunos marineros de los pesqueros que rodean las isla en busca de calamares, merluzas, y que parecen ser a veces tan maltratados a bordo que se arrojan por la borda- cuando no los arrojan – para llegar sin aliento a la costa malvinense como aquel tailandés que mató a otro marinero según él en defensa propia y que pasó un par de años en la cárcel de Malvinas junto a los otros dos reclusos sentenciados por abuso sexual.

Fue una suerte encontrarme con los muchachos de France Press, y con Mónica, una periodista brasileña nacida en California, casada con un argentino, que vivió años en Bélgica y Marruecos y que junto a Gabriel, un muchachón tierno, simpático y callado, argentino de familia uruguaya que aquí dice ser oriental para no tener problemas, están a cargo de un documental de cincuenta minutos. Ellos dos viven en una casa, Le Phone House, de una señora cuya sonrisa y cordialidad me desubicó después de la experiencia de la gerenta del hotel en el que pernocto – para quien soy un enemigo al que nunca le entiende nada a pesar de que practico un inglés aceptable que me corrige con grosería cada sílaba como para mandarla a enseñar lengua a la villa 21 –  y que es concuñada o algo así de los dos malvinenses que dejaron las islas tras dos argentinas, uno fue para Córdoba y el otro para Buenos Aires.

El amor no tiene fronteras.

No puedo dejar de hablar de los otros dos argentinos con los que formamos el pelotón patriótico la semana antes del dos de abril, Freddy del diario El Patagónico que se siente desilusionado por no haber encontrado estima alguna ni deseo mínimo de parte de los habitantes de ser algún día argentinos, y de Hugo,secretario deredacción de  la revista  Gente, un pibe gaucho celoso de su trabajo que ya estuvo hace cinco años por acá y que lamenta no poder ser acompañado por aunque fuere un veterano ex combatiente de los nuestros para recorrer los campos de batalla.

Lo que sí vi es a dos veteranos de guerra ingleses que se niegan a hablar con los periodistas extranjeros, uno porque dice que nunca habla, el otro porque no quiere hablar. Me los encontré en la Iglesia anglicana el domingo que fui a misa para poder hablar – yo que sí necesito hacerlo aunque sea dos veces por semana –  con alguien, aunque fuere con Dios, que es políglota, por suerte no me los presentó Richard que es el párroco, pero que volví a ver en mi caminata semideportiva por las calles del puerto a las siete de la mañana, siendo superado por los dos ex soldados cuyo trote tenía un ímpetu tal que podrían volver a invadir las islas treinta años después.

Gracias al prelado el miércoles tengo algo que hacer – hoy es martes – aunque no me parece una actividad acorde a mi investidura. En vistas a la preparación de un baile popular en el mes de mayo, para comienzos de la primavera, ese día a las 19.30hs, se reúnen un grupo demuchachos y chicas, algunos mayores también, a practicar en un salón de la iglesia, danzas folklóricas escocesas, a las que el amable Richard me invitó no sólo a contemplar sino a  participar activamente. No estoy para ponerme polleras al son de ninguna gaita ni acordeón, más aún en un ambiente en el que más vale estar atento con los pantalones puestos, pero iré para juntar material, labor que me doy cuenta que debe llevar a cabo todo buen periodista.

No soy especialista en Land Rover y menos con el volante a la derecha y la palanca de cambios invertida, incapacidad llamativa en un lugar en el que sólo hay Land Rover y Jeeps, más alguna Toyota cuatro por cuatro, por lo que fue para mi toda una aventura meterme en un rodado de éstos junto a los amigos de France Press para saltar sobre los montes aledaños a Stanley – por fin salí de este Alcatraz lluvioso! – hacia una ceremonia en el que las autoridades de Malvinas reciben de parte de una empresa que desarma minas y limpia terrenos de restos bélicos, la entrega de predios aptos para ser caminados sin perder medio cuerpo.

Llamamos un taxi, una potente camioneta Mitsubishi conducida por una señora de agradable presencia que todo el tiempo hablaba por celular auricular con su “boss” al que le decía “honey” y “darling”, hasta nosotros recibimos algún “honey”, lo que no impidió entre tantas expresiones melosas que la Mitsubishi genial para lucirse en un country de Pilar se hundiera en el barro apenas entrábamos en terreno fangoso rumbo al ágape con viento y frío. Por suerte la solidaridad isleña hizo que con una soga desenterraran a la señora que renunció a seguir viaje por el monte, y luego de pagarle cinco libras nos dejó en manos de un señor que con su esposa manejaba una Land Rover de la época de LuisVernet – ya que estamos en las islas hagamos un poco de historia – que a los tumbos nos llevó al encuentro.

Una buena parte de las fuerzas vivas de la Isla estaban allí, gobernador incluido, llegamos tarde al discurso y al canto patriótico, pero a punto para los sándwiches de atún y de huevo, y los cajones de cerveza. Los enviados especiales, los muchachos del jeep, los periodistas acreditados, se lanzaron como fieras, micrófonos y cámaras en mano, a reportear a diestra y siniestra. Ahí me di cuenta lo que es ser periodista, los seguí como pude pisando tierra movediza, con una libreta en mi mano para robar alguna información, acercarme a cualquier entidad notoria, y garabatear algo.

La atracción de la jornada eran el grupo de negros de Zimbabwe empleados por la empresa multinacional Bac Tec que desarma minas en todo el mundo. Así que lo único que hice fue sacarme una foto con los muchachos africanos que quizás salga en el diario tratando de recordar si alguna vez había visto jugar a su selección de futbol

Así anoté el nombre de Filemon Conanbembe, un negro grueso que había desarmado minas en medio planeta, y del único blanco del grupo, Gay Lucas, que se presentaba como el Ceo del la compañía, feliz por el trabajo concluido y a la espera de nuevos contratos ya que las cifras que se calculaban de las minas sepultadas en la isla aún no desactivadas llegan a miles.

Señales rojas distribuidas por doquier en toda la isla circunscriben las áreas por donde no hay que caminar. El terreno limpiado era un circulo de unos cincuenta metros de diámetro que era una `manga´ o ´corral` de piedra para ovejas construido hace siglo y medio que los campesinos kelpers usaban no sólo para encerrar ganado sino para esparcimiento, para degustar sus  ` barbecues´ con dos grados bajo cero. Llamaba la atención el apilamiento de rocas en esa muralla circular, una obra de enorme esfuerzo sólo entendible por la falta de madera. Lo que no se entiende es que casi todas las casas sean de madera a pesar de la falta de madera, lo que supone la importación de premoldeados residenciales de la lejana y vieja Inglaterra.

Dejo un momento este cuaderno de bitácora porque tengo una cita con el gobernador al que no tengo idea de preguntarle otra cosa que dónde está el baño.

No me fue mal. Hablamos de todas las cosas que no me interesan con amabilidad y dos tazas de té que aquí degusto con frecuencia sin temor a que me vuelva impotente de acuerdo a una creencia que siempre tuve vaya uno a saber por qué.

Linda residencia la del gobernador a la que llegué relajado hasta que me di cuenta de que no sabía su nombre ni lo sé aun, en donde me invitaron a sentarme en una silla que junto a profuso mobiliario de las salas y antesalas es de estilo neoclásico, es decir feo. Desde la arañas de bronce, a la moquete azul sobre las cuales dormían alfombras floreadas, hasta el placard en la que colocaron mi campera comprada hace veinte años en una fábrica de avenida Forest, placard que es lo único que me llevaría de la isla por lo amplio que parecía y por lo estrecho que es el que tengo en mi casa, todo se daba como lo previsto, me refiero a que no pasaba nada mientras una secretaria se excusaba  de que el gobernador estaba un poco atrasado y que me invitaba con un nuevo té con cookies en una vajilla de porcelana blanca con bordes dorados.

Elegante el gobernador con su traje oscuro con chaleco y llavero largo con la cadena fuera de su bolsillo, al que me presenté como un diplomático sin cartera, profesor de filosofía rumano de la universidad de Buenos Aires, acreditado por el diario Perfil a cubrir el  impresionante desarrollo de las Falklands islands como la venturosa futura Hong Kong del Atlántico Sur.

En realidad, en vísperas del viaje, y por el apuro del mismo ya que entre la invitación y mi pié en el avión apenas pasaron unas horas, aproveché el poco tiempo que tenía para repasar algunas escenas de una película de Peter Sellers que siempre ha sido mi modelo para las misiones secretas.

Una cosa señaló el gobernador anteriormente secretario de embajada en Hungría por lo que al decirle yo que es mi lengua materna me lanzó algunas palabras en esa lengua de la que sólo recuerdo “no quiero más sopa” y “en dónde está el perrito”, es que antes de la guerra, la economía malvinense era de tipo feudal. El gobierno británico para implantar en la isla una mínima fuerza económica otorgó por una ley de enfiteusis grandes extensiones de tierra a propietarios ingleses para los que trabajaban de aparceros los kelpers. Los nativos eran los gauchos de los ingleses. Luego gracias a la guerra cambia la política, se llega a un acuerdo con los viejos propietarios metropolitanos y se subdivide la tierra para que la trabajen los locales que cuidan a su medio millón de ovejas astutas, por necesidad de supervivencia, en alimentarse de lo poco tierno que puede tener un endurecido arbusto.

El nuevo sistema va tan bien que mal ya que en extensiones más pequeñas esta tierra dura como una roca y de pasto seco como paja arreciado por vientos y heladas, necesitaría de una tecnología de punta de la que los nuevos propietarios carecen en su mayoría.

De ahí que cobre sentido el reportaje que Mónica la brasileña y Gabriel el argentino declarado uruguayo le hicieron a un “farmer” cercano al aeropuerto, que tiene su finca en medio de la nada, y en la que cría unos chanchos, ovejas y pocas vacas, solo, sin personal que es muy caro, salvo un señor que por política social del gobierno isleño que le paga su sueldo trabaja para él por ser considerado “alcohólatra”, sin posibilidades de encontrar empleo ni de asistir a alcohólicos anónimos porque acá todo el mundo se conoce, que le da una mano a su patrón que a su vez cuida que no se tome toda la cerveza de la despensa.

Es toda una revolución la de criar chanchos en medio de una población para la que la panceta es lo que el pan ácimo para los judíos, para dar un ejemplo contrastante. Se me ocurrió calcular la cantidad de tocino que se ingiere aquí y el negocio que se puede hacer con proveedores uruguayos que saben del tema ya que nuestro hermano oriental lo usa para abrigar sus salchichas en los frankfurters y en la carne de sus chivitos, y llegué a una  cifra de importancia. Estos cálculos lo hago cuando tengo tiempo libre y cuando leo que Uruguay según versiones no comprobadas burla el bloqueo comercial que impone nuestro país a la isla y que provoca el odio de sus habitantes porque no sólo les encarece los alimentos sino que puede dejarlos como realmente sucedió: sin huevos!

Por recomendación de Tomás elperiodista uruguayo de France Press leo el número que tengo del Penguin News para informarme de algo que a pesar de recorrer el diario no había observado. En la maratón bautizada como la más ventosa y sureña del mundo realizada en Puerto Argentino en este mes de marzo se llevaron los principales galardones atletas argentinos. La victoria por equipos fue para el equipo argentino integrado por veteranos de guerra: Fernando Marino, LuisEscudero, Pedro Cáceresy Marcelo Vallejo. El grupo se llama: Dimos Todo. Creo que este logro deportivo que es algo más que deportivo merecería una atención más importante que la que se le dio.  La maratón de mujeres fue ganada por Claudia Camargo que casi le gana a todos los varones, segunda Carolina Rossi y tercera Marina Moro, todas argentinas. El tercer puesto para varones fue para el argentino Pablo Ureta.

Combinamos con el trío de France Press ir al cementerio de Darwin en donde están enterrados los soldados argentinos. Me acoplé a la propuesta porque quien nos habría de llevar es Sebastián  Sacodo, el argentino radicado en la isla que está a cargo del cuidado del cementerio. Los muchachos salían de su propia entrevista con el gobernador quien les manifestó que nada había que negociar con los argentinos porque todo estaba claro: ellos eran independientes y nada más debían consultar para confirmar que lo eran. Sin embargo desestimaba realizar una consulta popular o referendum porque aun sin confesarlo ante extraños, cree como otros que sí lo manifiestan, que la mayoría prefiere ser británica.

El viaje de una hora y media hasta Darwin muestra una vez más la dimensión de la isla, su enorme magnitud que a pesar de dejar ver el  mar a lo lejos, se extiende por llanuras deshabitadas, montes rocosos, y un clima inclemente de frío, viento y lluvias que ahora en marzo ya se siente.

Hablé todo el viaje conSebastián de treinta y dos años que vive hace once años en la isla, se casó con una  malvinense, dos hijos, una que va a la secundario en Stanley y el menor ala primaria. Tiene tres trabajos, el regular en la municipalidad,el segundo como guía turístico con su Toyota con tracción delantera modificable para no sé qué porque nada entiendo del tema, y el cuidado del cementerio de Darwin.

Los veranos va un mes con su familia a Buenos Aires a visitar padres y hermanos. Pero llegamos al cementerio en una zona en la que se combatió con ferocidad, cerca de Goose Green y otros nombres que vuelven a la memoria desde su origen de treinta años.

El rectángulo en el que una tras otra se siguen las cruces blancas en las que cuelgan rosarios y flores artificiales, también tienen algunas cartas recubiertas de plástico  que leí en donde hermanas les escriben a sus hermanos muertos diciéndoles que los extrañan, que recuerdan cuando se probaban el uniforme y la madre se lo ajustaba, y que la vida ya no es igual sin él. ¿Sentimos nosotros lo mismo? ¿Qué la vida sin esos más de doscientos que están allí y otros cuatrocientos que no están allí, ya no es la misma para los argentinos?

Las tumbas en las que dice “soldado argentino sólo conocido por Dios” es una muestra del abandono que padecieron miles de muchachos que murieron de hambre y de frío. Quien llega a Darwin ve a pesar de cuidado del cementerio financiado por el esmero que ponen en encontrar apoyo los familiares de la víctimas, siente el abandono de quienes no buscaron la guerra, que se la impusieron en una región que sólo a unos aventureros además de sádicos, se les ocurrió enviar a miles de soldados no adiestrados, sin logística, sin alimentos que salían a robar por las noches en las pocas granjas cercanas, y tantas cosas que los que han leído los informes apenas pueden creer.

Me decía Sebastián que llevaba con frecuencia veteranos a recorrer los lugares a los que habían combatido y que algunos no querían ir al cementerio a saludar a sus compañeros, no lo soportaban, otro sí querían ofrecerles su saludo.

En las placas al fondo de la hilera de tumbas están los seiscientos cincuenta nombres de los caídos en las batallas,  los nombres criollos, los García, González, Gomez, Lencina, Fernández, Estevez…se suceden por orden alfabético encabezados por Juan Omar Abraham, con quien no me une parentesco ninguno.

Triste, todo es triste, decir que una muerte así ha sido una muerte inútil no se puede decir porque trasunta un escepticismo que es insultante, pero si no es el furor que a uno le llega al ver la irresponsabilidad, el maltrato, la manipulación, la indiferencia por la vida del otro que se dice que hubo de parte de altos mandos respecto de muchachos sin apoyo logístico, con depósitos de comida en los almacenes del puerto que jamás les llegaban y anécdotas horrorosas de las que pueden enterarse quienes así lo quieran, si no es el  furor, es la tristeza, el luto.

Sebastián antes de irnos le saca unas fotos al cementerio para enviárselas a familiares para que de ese modo renueven su contacto con sus hijos y hermanos muertos.

Me contaba su vida enla isla. No se siente cómodo con los visitantes argentinos que parecen interesarse en el chisme y meterse en sus cosas, preguntarle qué es ser un argentino en medio de una comunidad extraña, si lo odian, si lo aman, no quiere que se entrometan en una vida que lleva con discreción, trabajando dignamente como argentino que hizo su lugar en las Malvinas, haciendo su casa con un crédito hipotecario que paga con sus tres sueldos y su mujer kelper con otros dos trabajos, como empleada en una compañía pesquera y unas horas en Lan los sábados.

Me dice lo mismo que dicen quienes se van a vivir a barrios cerrados, los que se alejan de las grandes ciudades, o quienes nunca salieron de ciertos pueblos. “Acá se vive tranquilo”, por los chicos, por la seguridad, porque no hay drogas, sin miedo, por la buena educación accesible. La sociabilidad es mínima, no son frecuentes a pesar de ser una   población pequeña en la que todo el mundo se conoce las visitas intempestivas a las casas ni las reuniones en casa de amigos. Es la costumbre europea de vivir puertas adentro y salir a emborracharse a los pubs.

Kelpers viene de Kelp que es un alga que flota alrededor dela isla. Algunos según Sebastián prefieren que los llamen falklanders o islanders, pero otros no se ofenden con el término. Hay que tomar en cuenta que hasta la guerra, los lugareños se sentían como ciudadanos de segunda categoría respecto de los británicos. Hoy todo cambió. Abunda el dinero en las arcas del municipio, el que reciben por las licencias de la pesca que les permiten llevar a cabo obras de infraestructura y mejorar educación y salud. Pero tienen un sueño a mi juicio delirante. Dicen que con las regalías petroleras recibirán desde el año 2016 diez mil millones de libras anuales, unos tres millones de libras, o cinco millones y medio de dólares por año y por habitante, y creen que los podrán disfrutar solos sin que nadie les perturbe el festín regalado y sin que cambie su modo parsimonioso y centrípeto de vivir.

Su horizonte administrativo es Noruega en que el dinero va a un fondo común destinado a planes de muy largo plazo.

O es un divague de pueblo chico o puede la isla llegar a convertirse en un nuevo paraíso fiscal, un sitio de extracción formidable de riquezas en manos de los más poderosos intereses corporativos y custodiado por las fuerzas armadas británicas  – que ya tienen un presencia importante –  solas o acompañadas.

No somos al parecer los argentinos quienes constituirán su preocupación futura en caso de ser tan ricos, sino aquellos que luego de despreciarlos durante décadas, los protegen

con aparente desinterés.

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Puerto Argentino: Un nuevo Poder (Perfil 31/3/2012) LA LECHUZA Y EL CARACOL ( Contrarrelato Político) Ed, Sudamericana.

19 comentarios

  • 1. mar  |  1 abril 2012 en 5:52

    Qué buena nota Tomás!!! Pese a que comprendo que ha representado para vos un gran esfuerzo estar allá, me alegra que te hayan pedido que vayas, porque tu mirada establece una diferencia con respecto a las otras notas periodísticas.
    Lo del cementerio de Darwin, de acuerdo, luto y dolor, muy doloroso. Murieron en el horror.

    Muy interesante la cuestión de la organización económica comandada desde Inglaterra. Finalmente, porqué iba a ser -aunque a tanta distancia- diferente la concepción de “propiedad” y de quiénes son los propietarios de la que rigió siempre en tierras inglesas?

    (me causó mucha gracia la ocurrencia sobre tu preginta al gobernador!… y tu “teoría” sobre el té, porque yo pensaba algo parecido de los hombres a quienes veía tomar té… no digamos que “impotentes”, pero al menos era un signo seguro de carencia de intensidad y savoire faire sexual…. jajaaaaa!… y tampoco se de dónde lo saqué).

  • 2. Camila  |  1 abril 2012 en 10:02

    Muy buenas ambas notas, hoy llegas!!! Abrazo. Camila

  • 3. Ma.Cristina  |  1 abril 2012 en 10:56

    Tomás, muy bien relatada la visita y el encuentro con diferentes personas, tan alejado del “las malvinas son nuestras” sin pensar en ellos.

  • 4. Masciardi Martin  |  1 abril 2012 en 13:10

    Complejo panorama. Muy buen trabajo profesor, gracias por compartirlo con todos y permitirnos ampliar nuestra perspectiva del problema. Abrazo!

  • 5. Gustavo Romero  |  1 abril 2012 en 13:12

    Amigos, les comento que ya pueden conseguir en la librería más cercana el nuevo libro de Tomás:
    “La lechuza y el caracol.
    Contrarrelato político”.

  • 6. Masciardi Martin  |  1 abril 2012 en 16:36

    Gustavo, gracias por el dato. No tenia idea. Gracias!

  • 7. Anonymous  |  1 abril 2012 en 16:44

    A juzgar por la expresión del Profe. la cosa está más que ful-era! Lástima!/Lastima!. Moraleja: poner en duda la veracidad y credibilidad de sus decires es una estupidez?!
    :-S

  • 8. Anonymous  |  1 abril 2012 en 17:06

    A contraluz hay libros que siguen pareciendo armas.
    “…existe una gran enfermedad que acabará sin duda con la virtud. El mundo continúa buscando con afán la novedad, y hay tanto peligro en envejecer sin mudar de costumbres como virtud en perseverar en una empresa….”

  • 9. Kevorkian  |  1 abril 2012 en 21:44

    Un periodista no me hace gozar asi…… bueno estoy exagerando , pero gracias por el viaje.

  • 10. Panchito  |  1 abril 2012 en 21:59

    En la otra entrada, nuestro amigo Tomás nos cuenta que por su edad lo confundieron con un veterano de guerra. Al ver las fotos esa confusión parece ser posible. Ahora, pregunto yo: el desembarco de Normandía ¿no fue un 6 de junio?

  • 11. Panchito  |  2 abril 2012 en 9:47

    Malvinas, tierra cautiva,
    de un rubio tiempo pirata.
    Patagonia te suspira
    toda la Pampa te llama.
    Saguirán las mil banderas
    del mar, azules y blancas
    pero queremos ver una
    sobre tus piedras, clavada.
    Para llenarte de criollos.
    Para curtirte la cara
    hasta que logres el gesto
    tradicional de la Patria.

    Ay, hermanita perdida
    hermanita vuelve a casa.

    “La hermanita perdida” (fragmento)
    A. Yupanqui. A. Ramírez

  • 12. Gustavo Romero  |  2 abril 2012 en 16:38

    Horror. Vergüenza. Tristeza.
    Un dictador con las manos manchadas de sangre es ovacionado por una plaza, por La Plaza, completamente llena.
    ¿El pueblo nunca se equivoca? ¿No nos acordamos de ésto?
    ¿Para cuándo una autocrítica honesta al respecto?
    ¿Y los intelectuales? ¿Cuándo harán una sincera autocrítica los intelectuales llamados progresistas que apoyaron la guerra de Malvinas (que fueron muchos, y que incluso llegaron a firmar cartas desde el exilio a favor de la guerra)?
    Mientras no advenga esta autocrítica, continuaremos en la farsa que siguió a la tragedia.

  • 13. Damian  |  2 abril 2012 en 20:20

    La guerra decidida por una cúpula de asesinos, borrachos y desquiciados robadores de bebes, en parte inducidos por la CIA, logró para GB lo que con la política le hubiese sido imposible. Solo ellos son responsables de semejante decisión, las cuestiones políticas se deliberan en el congreso, no por plazas llenas o vacías tampoco nadie puede atribuirse el conocimiento de la voluntad de una sociedad si no es en democracia.
    Comprendo que el reclamo de la cancillería es un por un inicio de negociaciones que incluye la determinación de los habitantes lejos de “el reclamo de soberanía a toda costa” Estos colonos que “quieren ser ricos” ¿? son cercados por una llamativa política que impide a los argentinos que pisan la isla comunicarse con sus pobladores.
    Justicia es el punto, el reclamo continental y siempre en paz.

  • 15. paula  |  5 abril 2012 en 23:14

    Un espanto, doloroso, esas flias no tienen consuelo, ver a sus allegados muertos en esa desproteccion. Ese loco delirante al que se le ocurrio mandarlos “al muere”, espero que no descanse en paz. El año pasado fui a ver “Las islas” al teatro y fue tal la angustia que no podia levantarme de la butaca se mostraba en la obra el horroroso sufrimiento de las flias hechas pedazos.
    Un disparate.
    Paula

  • 16. Liliana César  |  6 abril 2012 en 10:37

    Tomás ¿podrías averiguar si pasa algo con la página? No me llegan las actualizaciones hace días.
    Gracias.

  • 17. Tomás Abraham  |  6 abril 2012 en 13:40

    no encuentro problemas.

  • 18. Liliana César  |  7 abril 2012 en 16:54

    Gracias, ahora llegó. Imagino que algo se había borrado y se reanudó cuando volví a entrar. O se desconfiguró, o vaya uno a saber…

  • 19. Eugenio Luis Almada  |  14 abril 2012 en 17:24

    Excelente nota !!!!!!


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